Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Sentencia de amor · de

Sentencia de amor — capítulo 3

Las cosas no estaban saliendo para nada como Hermione las había planeado, la guerra había terminado, ¿entonces por qué rayos no tenía paz? Estaba sentada en una mecedora en la terraza de su habitación en el 12 de Grimund Place.

Desde que la guerra había terminado y había descubierto que sus padres habían muerto, Harry la había invitado a vivir con él, sostenía sobre su mano izquierda la invitación de Hogwarts para recuperar su año perdido, días antes ya había hablado de esta opción con Harry y Ron, estos ya les habían dicho que aceptarían la invitación del ministro para entrar directamente a la academia de aurores. Claro que ella también había recibido un pase directo para estudiar en cualquier academia y trabajar directamente en el ministerio, pero había optado por regresar y concluir de la forma adecuada sus estudios, pero ahora con el "pequeño detallito" de la custodia de su temible profesor, al parecer no sería posible su sueño. En su mano derecha sostenía una foto donde se estaba besando con Ron, la chica no podía evitar llorar, ¿Por qué hacer el bien era tan complicado y doloroso?

Toc toc toc , el ruido de la puerta la sacó de sus pensamientos - adelante - seco sus lágrimas.

Harry entró lentamente a la habitación de la castaña, la encontró sentada en la terraza, se dirigió a ella - sé que es una pregunta tonta, pero ¿Cómo estás? - ella se paró al  lado de él, no pudo evitarlo y comenzó a llorar nuevamente.

A Harry se le partió el corazón, sentía que en parte era culpa de él que ella estuviera así, se sentó sobre la mecedora y la para sentarla sobre sus piernas y la acunó sobre su pecho, no tenía palabras para consolarla, él era el mayor testigo del amor que su amiga le profetizaba a Ron desde hacía 4 años, se limitó acariciar la espalda de la chica, ella lloraba escandalosamente. Así pasaron unas horas hasta que Hermione entre sollozos se quedó dormida, Harry la cargo hasta su cama y la arropó, la miró unos segundos y depositó un beso sobre su frente y salió de la habitación.

Hermione durmió toda esa tarde y noche, cerca de las 8 de la mañana se levantó y tomó una ducha larga, se vistió sencilla, jeans de mezclilla, playera polo y una cazadora color café, solo desenredó su cabello y salió de su cuarto sin mirarse al espejo, bajó hasta la cocina y en esta se encontraba Harry desayunando sobre la barra.

-Buen día - saludó el chico, la miro detenidamente, lucía terrible su amiga.

-Qué hay - contestó ella mientras se preparaba un café.

-Yo Hermione, mmm lo siento - tomo su mano sobre la barra.

-No es tu culpa, el también hizo una promesa, y no la quiere cumplir - dijo sin más levantando sus hombros, vertiendo azúcar en su café.

-Si yo no hubiera presionado al ministro el no hub…

-Si tu no hubieras presionado al ministro ahora Snape estaría preso en Azkaban, hiciste lo que tenías que hacer - suspiró profundo - y yo lo que debía que hacer - tomó de un solo sorbo su café y se puso de pie.

-¿Adónde vas? - le inquirió él .

-Debo buscar a Snape, han pasado tres días desde la audiencia y no sé nada de él, no tardará en presionar el ministro queriendo saber nuestra ubicación - subió el cierre de su chaqueta y salió, para ser una mañana de agosto el clima era fatal.

Parada sobre la acera se dio cuenta que no tenía ni la mínima idea de dónde buscar a Snape, de hecho no sabía nada de él, salvo que había sido su temible profesor de pociones, que había estado enamorado perdidamente de la madre de su mejor amigo y que era el hombre más valiente que ella jamás había conocido. Suspiró profundo y se dirigió a la casa de la maestra Minerva, esta se ubicaba en un viejo pueblo a las orillas de Londres, la casa era de construcción antigua, de tan solo 4 pisos, pintada en color rojo con blanco (muy Gryffindor), tocó a la puerta, de inmediato le abrió la profesora Minerva.

-Pase - le hizo espacio para que pasara - ¿a que debo su amable visita señorita Granger? - le señaló un sillón para que esta tomara asiento.

-Gracias, pero será rápido - contestó sin sentarse - ¿sabe usted dónde puedo encontrar al profesor Snape? - le preguntó.

El semblante de la profesora se entristeció ante esa pregunta, ella había estado presente en el juicio de Snape y sabia de la desdicha de la chica

  • deberías reconsiderarlo - le pidió.

-No tengo nada que pensar - contestó lo más amable que pudo.

-Tan solo eres una niña Hermione, tienes todo un futuro por delante, ¿Por qué echar a perder así tu vida? - intentaba hacer razonar a la castaña, no era el futuro que quería para su alumna más brillante.

-Desde que Sirius escapó de Azkaban la seguridad se reforzó al triple, ahora solo bastan dos años para que un prisionero sucumba ante la locura, 5 años para que intente suicidarse y 8 años para que se vuelva un dementor, Snape fue condenado a 10 años - Minerva palideció al oír esto - él salvó mi vida en tercero, quinto y sexto grado, y estuvo dispuesto a dar su vida en séptimo para que nosotros cumpliéramos nuestro destino, yo solo - meditó un poco - tengo que pasar el resto de mi vida con él, es lo mínimo que puedo hacer, le debemos mucho.

Minerva jamás se había sentido tan orgullosa de un alumno como lo estaba ahora-en la calle de la Hilandera - le informó.

Hermione asintió con la cabeza - gracias - se dirigió a la salida.

-Señorita Granger - le habló, la castaña se giró mientras abría la puerta - dígale que cuenta con dos plazas - la castaña asintió.

En la calle de la Hilandera

Snape se encontraba sentado sobre su sofá de una pieza, justo enfrente de la puerta, tenía una resaca horrible por los dos días anteriores que había pasado bebiendo, miraba fijamente al espejo que tenía junto a la puerta, este le permitía ver todo lo que pasaba a fuera de su casa.

Hermione llevaba media hora caminando de un lado para otro frente a la puerta de Snape, no sabía qué decirle, ni cómo iniciar plática, no era algo fácil, Cómo iniciar una plática donde el tema principal era ¿Cuándo nos casamos?, se paró frente a la puerta, buscó al león que llevaba dentro y tocó, no obtuvo respuesta, tocó otras tres veces y nada, sabía que Snape no se lo pondría tan fácil, suspiró largo y profundo y tomó el picaporte, lo giro y empujó la puerta lentamente ingresó despacio y silenciosamente, como ladrón, todo estaba en penumbras, abrió la puerta completamente para alumbrar y dejarla así por si necesitaba salir corriendo, la habitación se ilumino un poco, lo necesario para dejar todo visible, sin avanzar escudriño el lugar, olía a mucho alcohol y humedad, había mucho polvo y objetos rotos, como si dentro de la casa se hubiera desenvuelto una pelea, su vista llegó hasta el sofá que estaba frente a ella a unos 4 metros, ahí sentado se encontraba su temible profesor Snape, lucía terrible, su cabello largo y negro estaba hecho un verdadero desastre, ja y decían que el cabello de ella parecía de espantapájaros, su barba crecida lo hacía ver más viejo y parecerse a los vagabundos, los primeros botones de su levita, capa y camisa estaban desabrochados, sobre su mano izquierda sostenía una copa vacía y en la derecha su varita, lo miró a la cara y sintió como esos ojos negros de él la taladraban, su mirada era fría y penetrante, la chica trago en seco y avanzo unos pasos mientras se retiraba un mechón de su cara - mmmm - intentaba hablar.

Snape la miraba con desprecio, la había observado detenidamente todos esos minutos que ella se había paseado a fuera de su puerta, cuando la chica entró pudo visualizar que lucía fatal, tenía sus ojos muy rojos e hinchados, parecía que había llorado por horas, lucía pálida y cansada, su cabello estaba hecho un desastre por el aire que azotaba a fuera, había jurado que no tendría el valor de entrar, "veamos cuánto aguanta mi presencia" - para eso estuvo paseando frente a mi puerta durante minutos, para solo entrar y tartamudear, dígame acaso no tiene nada mejor que hacer que acechar mi puerta, o se ha vuelto tan indeseable que ni el pelos de zanahoria tolera su presencia  que ha decidido venir a fastidiarme a mí - le dijo en su forma tan habitual de hablar, frío y déspota.

El león que la castaña llevaba dentro se convirtió en un pequeño gatito y salió huyendo, la chica sintió sus palabras como un navajazo a la yugular, profundo, doloroso e insoportable, sus ojos se cristalizaron y comenzó a llorar, bajó su cabeza, dio media vuelta y se marchó, ni siquiera se tomó la molestia de cerrar la puerta.

Snape sonrió maliciosamente, con un movimiento de su varita su puerta se cerró de golpe, lleno su copa de más whisky y la ingirió de un solo trago.

-Severus Snape muy mal hecho - escuchó la voz que provenía de un cuadro que estaba tapado con una tela larga y oscura a sus espaldas.

-No empieces Albus - contestó de mala gana Snape.

La tela cayó al piso y se mostró el retrato de Albus Dumblendore, era la viva imagen del anciano meses antes de su muerte - sabes el gran esfuerzo que resulta para esa pequeña - le reprocho con voz suave y tranquila.

-Nadie se lo pidió - rebatió Snape.

-Con mayor razón deberías valorar su acción - le contestó Albus.

-Simplemente porque no me dejan morir tranquilo en Azkaban, acaso es mucho pedir - bebió otra copa de whisky.

-Sabes que te mereces algo mejor que eso, ya es momento que vivas tu vida - le pidió con compasión.

-Y vivir mi vida significa estar a la orden y merced de una mocosa mandona, controladora e insufrible sabelotodo, por Merlín, que tengan piedad de mí y mejor me condenen al beso del dementor - dijo con amargura Snape.

-Hijo, sabes que ella es más que eso, acaso no tuvo la sensatez e inteligencia para descifrar todas tus pistas que le dejaste durante todos esos años, tú mismo reconociste un día la intuición tan perspicaz que tenía la joven

  • le recordó el anciano.

-Acaso nunca vas a dejarme en paz Albus, qué caso tiene que hayas muerte sin aun atormentas mi vida - le reprocho pasando una mano sobre su cabello

-Minerva te ha dado las plazas para enseñar pociones y defensa contra las artes oscuras, ya sabes cuándo debes presentarte - esto fue más como una petición.

Snape ya iba a replicar cuando sintió que la presencia de Albus había desaparecido, estrujó la copa hasta que la volvió añicos y se puso de pie.