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El nieto de Harry Potter — capítulo 15
El pavo está buenísimo, se nota que lo ha hecho mi tía Kate, la esposa de mi tío James. Arthur, a mi lado, está comiéndoselo como un auténtico animal, aunque las únicas que parecen darle importancia son mi tía Kate y mi abuela.
-Oye Arthur -dice mi abuelo-, me he enterado de que has entrado en el equipo de quidditch como cazador y, según me ha dicho tu padre, fueron unas pruebas muy duras. ¿Es verdad o solo lo decía para chulear de que su hijo ha entrado en el equipo de quidditch?
-Es verdad, Orion y yo logramos entrar aunque había mucha gente luchando por el puesto-dice mi primo sacando pecho.
Se muy bien que me ha nombrado a mi porque sabe como es mi relación con los abuelos y, al igual que su padre, odia que se comporten así conmigo.
-Impresionante, Arthur. Deberías esforzarte mucho, si no el año que viene te quitarán el puesto.
-Igual de impresionante que Orion, papá-dice mi tío James.
-Claro, claro. Bueno Arthur, si quieres durante las vacaciones podríamos jugar un partido con el resto de la familia, para que vayas entrenando-dice mi abuela.
Mi tío James abre la boca para hablar de nuevo, pero niego con la cabeza mirándolo. Es inútil hacer algo, siempre he tenido asumido que iba a tener que aguantar esto y por soportarlo otra vez no me pasará nada. ¿Me duele?, por supuesto, pero es algo que no puedo remediar y cuanta menos importancia le de mejor será para todos. Además, estoy seguro de que a mi madre también le duele presenciar estas escenas y se que si ve que no les doy mucha importancia le molestará menos. El único nuevo viendo esto es Matt, que no dice una sola palabra. Seguramente no sabrá que pensar.
El resto de la cena transcurre con tranquilidad, dentro de lo posible. Los adultos se han quedado charlando en el salón mientras el resto nos hemos ido a una de las habitaciones de arriba. Mientras Tyler y Jane hablan entre ellos, Arthur y yo nos entretenemos jugando al ajedrez mágico. Jamás entenderé por que a mi primo le gusta jugar a esto si siempre le gano yo.
-Seguro que has hecho trampa-dice Arhtur mientras vuelve a montar sus figuras, después de haber perdido por décima vez seguida.
Al final, tal y como dijo mi madre, nos quedamos a dormir en la casa de mis abuelos. No hay ningún adulto que esté en buenas condiciones para conducir, así que ni siquiera han tenido que discutirlo entre ellos. Si me hubiesen preguntado mi opinión, hubiese dicho que podríamos haber llamado un taxi, pero no lo han hecho. Tanto mi madre como Matt y yo nos quedaremos en su antiguo dormitorio, donde hay un sofá cama donde ya he dormido un par de veces.
Mientras mi madre está en el lavabo, Matt se sienta en el sofá cama para quitarse los zapatos.
-Tu madre no me dijo que tus abuelos eran así contigo.
-¿Qué esperabas? No se lo menciones, es un tema sin importancia.
Se muy bien que él no piensa lo mismo y quiere decirme algo, pero en ese momento entra mi madre en la habitación y tiene que cerrar la boca. Mientras que Matt y yo vamos a dormir en calzoncillos, mi madre lo hará con una camiseta de deporte que lleva en la casa de mis abuelos desde que se fue, hace ya tantos años.
-Buenas noches-dice apagando la luz después de que nos hayamos metido en las camas.
Por la mañana, me despierta Matt zarandeándome. Ya está vestido.
-Levántate y vístete, nos tenemos que ir a casa.
-¿Qué hora es?
-Las doce.
Abro los ojos, parpadeando varias veces, hasta que me acostumbro a la luz que entra en la habitación. Bostezando, me pongo la misma ropa que usé ayer. Mi madre no está en el dormitorio.
Matt me coge del brazo y me saca de la habitación, mientras yo no paro de bostezar. Cuando llegamos a la planta de abajo, encuentro a mi madre discutiendo con el tío James en la cocina.
-¡Lo han vuelto ha hacer!-dice con los puños cerrados.
-Ya lo sé, y lo siento mucho de verdad, pero ya no podemos hacer nada. Será mejor que...
Al verme, mi tío se calla y mi madre se gira. Nada más verme, la expresión de su rostro cambia de furia a tristeza. Ya se lo que ha sucedido, es extraño que no suceda. Solo me hace falta echar un rápido vistazo por la cocina para confirmar mis sospechas.
-No se por qué le dais tanta importancia.
Es lo único que soy capaz de decir antes de bajar la mirada y concentrarme en no cambiar el color de mi pelo. Mis abuelos, junto a mis tíos Albus y Lauren y el resto de mis primos, se han ido a pasar el día juntos a algún lado, olvidándose de mi.
-¿Nos podemos ir a casa y ver una película en la tele?-digo mirando a mi madre.
Lo mejor es no darle importancia, o al menos eso es lo que siempre intento con todas mis fuerzas. Mi madre asiente, mientras mi tío suspira. Tomando la iniciativa para que no se entretengan, cojo las llaves del coche y abro la puerta principal para marcharme, pero una mano me lo impide.
Es Kreacher, que me ha agarrado la manga de la camisa. Lleva una bolsa llena de galletas en el brazo y una pequeña caja en la mano derecha.
-Para usted, señor Orion. Kreacher se lo ha preparado todo esta mañana...mientras los otros mocosos malolientes se marchaban ha hacer el idiota junto a los amos.
Las últimas palabras de Kreacher son en voz baja, pero todos las escuchamos. Yo tengo que aguantar la risa. Sin duda alguna, Kreacher es lo mejor de la casa de mis abuelos.
-Espero que le gusten...los otros se han quedado con las galletas más rancias que Kreacher ha podido encontrar.
Hay ocasiones en las que Kreacher me encanta, y esta es una de esas ocasiones. Cojo la cajita y la bolsa y le digo:
-Gracias Kreacher, eres muy amable.
-No tiene que agradecérmelo, señor...¿por qué tienen que venir tan a menudo los mocosos malolientes en lugar de él?
Mi madre me coge del brazo y me saca de la casa. A ella, al contrario que a mi, no le gusta mucho Kreacher, sobretodo cuando se pone así. Nunca le he preguntado el motivo, pero creo que es porque solo se comporta así conmigo, si fuera por ella o por cualquier miembro de mi familia, Kreacher tendría cinta aislante pegada en la boca para no hablar.
Al llegar a casa, me voy directo a mi habitación para quitarme toda la ropa y ponerme el pijama. No aguanto ni un minuto más esa ropa. Bajo al salón corriendo, con las galletas que ha hecho Kreacher todavía metidas en la bolsa. Estoy deseando tomármelas con un vaso de leche para desayunar.
-¿A dónde crees que vas?-dice mi madre cruzándose de brazos delante de la cocina.
Al igual que yo, ella ya se ha cambiado, pero lleva puestos unos vaqueros y una camiseta que parecen indicar que bajo ningún concepto vamos a pasar el día en casa.
-Pues...
-Vístete, vamos a dar una vuelta
-Pero...
-Nada de peros, ponte algo y baja. Tienes dos minutos, si no estás listos cuando hayan pasado, yo misma subiré para vestirte como si fueras un niño pequeño.
No hace falta que lo repita dos veces. Vuelvo a subir las escaleras corriendo y entro en mi habitación, dejando las galletas en la cama y abriendo el armario. Cojo lo primero que veo sin fijarme mucho en lo que es, cuando mi madre dice que subirá en dos minutos lo dice en serio, ya lo ha hecho un par de veces.
Llego al salón justo cuando han pasado los dos minutos, con las galletas en la mano. Puede que Kreacher sea muchas cosas, pero es un estupendo cocinero si se lo propone.
-Mételas en un tarro y ven, Matt ya debe de estar esperándonos.
-¿Esperándonos?
- le pregunto mientras guardo todas las galletas excepto una.
-Está abajo, en su coche. Ha ido deprisa a su casa para hacer no se que cosa.
Ambos nos subimos en el ascensor y bajamos hasta la puerta principal del edificio, donde tal y como ha dicho mi madre nos está esperando Matt, apoyado en su coche. No se por qué, pero creo que no solo vamos a dar una vuelta.
El callejón Diagon está abarrotado de gente, todo el mundo mira los escaparates y señala varios de los artículos que hay expuestos, mientras que otras personas salen de las tiendas con lo que parecen ser los regalos navideños. Mi madre y Matt, mientras tanto, caminan entre todo el gentío, conmigo detrás. Me cuesta mucho no alejarme de mi madre, pero lo consigo, y cuando por fin se detienen, no puedo evitar sonreír de alivio.
-¿Hemos venido al callejón Diagon solo para venir a una cafetería?
-Sí y no. Verás, después de ver la escena de ayer y la de hoy en la casa de tus abuelos, me pareció que podríamos hacer algo los tres juntos para intentar olvidarla. Mientras volvía a mi casa, pensé que lo mejor sería hacer un día familiar. Se que es extraño que te lo diga yo, que apenas os conozco a ti y a tu madre-dice Matt-, pero creo que lo mejor sería pasar los tres el día juntos haciendo algo que nos guste a todos.
-¿Lo dices en serio?-pregunto emocionado.
-Sí, quiero que disfrutes de la Navidad y te olvides de lo que ha pasado-dice mi madre-, que te haya tenido siendo muy joven no es motivo para que te traten así.
¡Muchas gracias a todas las personas que habéis agregado esta historia a favoritos, os lo agradezco! Espero que sigáis disfrutando de la historia :)