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Nuestras decisiones nos definen — capítulo 4

Ha pasado más de un mes desde que sucedió el incidente con Val… y realmente no creo que vaya a haber algún cambio, nos evitamos, lo que más me duele es que hay veces que pasamos uno al lado de otro y al menos con ella, no veo intenciones de que las cosas mejoren.

He estado pensando seriamente pedir un cambio de casa o algo por el estilo porque siento que el mayor problema es que me la puedo topar en demasiados lugares: la sala común, la mesa en el comedor, en los pasillos yendo a clases porque para mí mala suerte tenemos las mismas clases, no a la misma hora ya que no vamos en el mismo año, pero su clase es a antes o después de la mía, es imposible no encontrarla, ha habido veces que prefiero llegar tarde que topármela. En fin, ha pasado un mes y ya no sé qué hacer.

Más tarde ese día, decidí ir a hablar con (Mcgonagall) para hacer mi cambio de casa, caminé por la sala común y al salir por el retrato de la señora gorda la vi, caminando hacia mí. La primera vez que nos topamos solos, la mayoría de las veces que nos veíamos iba ella con alguien más o yo con alguien más.

Mi mente se paralizó, no sabía qué hacer, mi primer reflejo fue bajar la cabeza y hacer como que no la había visto mientras mi subconsciente solo me decía "Habla con ella" pero mi moral me lo impedía, era horrible, no sabía qué hacer, son de esas veces que quisieras desaparecer, pero por lo pronto tenía que hacerle frente, era un adulto ya, no podía seguir corriendo de mis problemas.

Levanté la cabeza y la vi; igual que siempre, Tenía el cabello lacio, café claro, casi rubio, los ojos, color miel, un color que te hipnotizaba apenas la vieras; tenía unos pantalones de cuero negro, una ombliguera blanca y una chaqueta negra. Dios mío, quería matarme, iba a tener que pasar en frente de ella; me armé de valor y por fin caminé hacia ella…

En ese momento pasó por detrás de mi Bridget, solo sentí un golpe en la cabeza mientras me rebasaba. Era cómoda mi relación con ella, me había ayudado a superar la ausencia de Valerie, aunque era una espada de doble filo ya que era también la mejor amiga de Valerie; sentí un gran alivio cuando se dispuso a hablar con ella, hasta que noté su voz entrecortada.

  • ¿Lo hiciste? - dijo con la voz quebrada.

-Si, a partir de mañana pertenezco a Ravenclaw. - respondió ella con un sollozo.

No podía creerlo, Valerie se iba a Ravenclaw; y aunque realmente era yo quien quería eso en un principio, no podía creerlo. Bajé a toda prisa el tramo de escaleras que me quedaban y conteniendo la rabia pasé por un lado de las dos, me dirigí al único lugar que sabía que me podría expresar tranquilo. Pasé por el patio del colegio y mientras los ojos se me llenaban de lágrimas recordaba en cada uno de los lugares del castillo en los que había estado con Valerie. La fuente en la que celebramos cuando Gryffindor ganó la copa de Quidditch, recuerdo que esa vez estuvimos platicando un buen rato, jugando, hasta que a la señorita se le ocurrió que necesitaba un baño… estuvimos castigados más de un mes por eso, pero gracias a ese castigo nos hicimos tan buenos amigos.

Seguí caminando y conforme más lo hacía, más dolía, volteé a la izquierda y vi la estatua del hipogrifo que está antes de la salida lateral del castillo; recordé cuando estábamos aprendiendo levitación avanzada con Flitwick, la hice enfadar y me dejó colgado del hipogrifo tres horas hasta que se le pasó el enojo y decidió devolverme mi varita. La vez que nos quedamos a pasar navidad juntos en Hogwarts y en vez de comer en el Gran Comedor con todos, fuimos con los elfos a las cocinas y fuimos a comer a la cabaña de Hagrid.

No podía más, corrí lo más rápido que pude hasta que llegué al sauce boxeador, ahí ya no pude más, recordé cuando había encontrado a Valerie sentada ahí, fue la última vez que hablamos, cuando cometí esa tontería de dejarme llevar por mis impulsos, gracias a eso la perdí, aunque ahora que me pongo a pensar, nunca supe que hacia ahí. Bueno, ya no importa… levité la rama de siempre y la puse en el pequeño orificio para inmovilizar al sauce, me dispuse a entrar.

Ya cuando estuve adentro, saqué el pequeño saco de box que había traído dos veranos atrás para estas ocasiones, lo colgué y me dispuse a "desquitarme" con él. Empecé a lanzar hechizos a diestra y siniestra, menos mal que le había puesto un hechizo de irrompibilidad y por ocasiones como esta, valen la pena.

De repente sentí unos pasos…

Nota del Autor:

Hace mucho que no subía, pero prometo ser más constante desde ahora.

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Dedicatorias:

Realmente no tengo ninguna en especial hoy, digamos… a ti, ente que me estás leyendo, nunca te vayas. :3