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Historia 178253 — capítulo 4

Durante la cena Kyla se sentó lo mas alejada de mi posible. Me miraba con terror cada pocos minutos, me gusta que las personas me tengan miedo. A los señores Stone no se les pasó inadvertido esto. -¿Que te pasa, Kyla? -preguntó el señor Stone.-Nada -dijo casi con un murmullo -en serio, no es nada. Ninguno de ellos quedó completamente convencido de que fuera verdad pero no insistieron sobre el tema. -Mañana su padre y yo vamos a salir. Kyla, necesito que cuides de tus hermanos.-Ehhh, no puedo -no creo que se atreva a quedarse sola conmigo otra vez -tengo que ir a casa de Andrea para terminar un proyecto de la escuela.-De acuerdo, entonces llamaremos a la niñera -dijo el señor Stone.-Tampoco se puede, esta de viaje -le dijo su esposa -lo mejor es que llamemos a la abuela. Esta ansiosa por conocerte, Tom.-¡Si, la abuela! -gritó Brad emocionado. Había oído un par de cosas sobre la abuela, todas de parte de Robin y Brad. Según era la madre de la señora Stone, su nombre era Ruth, era viuda y muy cariñosa. No sabía muy bien como me llevaría con ella, esperaba que no me molestara. Al día siguiente, que también era fin de semana, Brad se paso toda la mañana corriendo y gritando de un lado a otro. Ya me había sacado de quicio y estaba de mal humor cuando llego la abuela. Era una anciana delgada, con una blusa con flores, cabello canoso y corto, pantalón blanco y una enorme bolsa. Robin y Brad salieron corriendo a saludarla, Kyla fue tras ellos mas despacio. La abuela les sonrió y los abrazó bastante fuerte. -¡Como están, mis niños! ¡Cuanto han crecido, casi no los reconozco! -tenía una voz aguda que me puso de peor humor.-¡Abuela! -gritaron Brad y Robin al mismo tiempo.-Hola abuela -dijo Kyla alegre pero sin alzar la voz.-Tengo algo para ustedes -dijo mientras revisaba en su bolsa. De ella sacó un par de pistolas de juguete y se las dio a Robin y Brad. Ellos se emocionaron aún mas en cuanto las vieron. A Kyla, en lugar de juguete, le dio un billete de unas cien libras y ella se lo agradeció con un abrazó. -Espero que les gusten.-¡Es fabulosa! -dijo Robin -¡eres la mejor! Yo seguía dentro de la casa observando desde la ventana. No quería salir. Vi como ella y los otros venían hacía la casa. Yo me fui a mi cuarto, realmente no quería conocerla. No me gustan las muestras de afecto, no me gusta que me toquen y estaba seguro de que ella iba a hacerlo. Pude oír como alguien subía por las escaleras y caminaba hacía mi cuarto. Le había puesto seguro así que ella tuvo que tocar antes de entrar. Me resigne a que no podía esconderme en mi cuarto por siempre y abrí al puerta. Antes de que pudiera decir cualquier cosa ella me abrazó con mucha fuerza, no le devolví el abrazo y me separe de ella. -¡¿A quien tenemos aquí?! -dijo sonriéndome.-Él es Tom -dijo Robin.-Que bonito nombre, ven allá abajo con los demás, quiero conocerte. Ya me estaba doliendo la cabeza por oír su voz. Estaba malhumorado y aún así deje que me arrastrará abajo. Kyla ya se había ido y los señores Stone lo habían hecho antes de que llegara la abuela así que esperaba que fuera una tarde condenadamente larga. En la sala estaba Brad sentado en el suelo rodeado de juguetes, Robin estaba junto a él. La abuela se sentó también con ellos. -Vamos a dejar que Tom escoja el primer juego, ¿que quieres hacer? -me preguntó sin dejar de sonreír.-Hagan lo que quieran -no quería sentarme en el suelo así que no lo hice.-¿No quieres jugar a algo? -dijo un tanto sorprendida.-No.-Bueno, si te animas eres bienvenido. Quería estar solo y en silencio así que salí al patio y comencé a recorrer el bosque que rodeaba la casa. Pasaba mucha parte de mi tiempo libre allí, no solo por la soledad sino por que había encontrado a alguien con quien hablar. Me paré junto a un árbol y revise si había alguien cerca, por suerte solo estaba yo. -Ven -dije en Parcel. No paso mucho tiempo antes de que una serpiente marrón apareciera. Me senté en las raíces del árbol y deje que la serpiente me trepara por el brazo. Descubrí que puedo hablar con las serpientes en uno de los viajes al campo que hacían en el orfanato, es una de mis habilidades favoritas. -Hace un tiempo que no venías -me dijo la serpiente.-Solo fueron tres días, no es tanto en realidad, he estado ocupado.-¿Quien es el humano que ha llegado?-Su abuela.-¿No también es tu abuela?-Supongo.-¿No deberías estar con ellos?-No, es mejor estar aquí.-No eres como los demás.-¿Te acabas de dar cuenta de eso?-dije sarcástico. La serpiente me siseó molesta. De pronto tuve una idea. -Vamos a hacer algo.-¿Que es?-Algo divertido, pero tienes que quedarte quieta hasta que yo te diga. Me levante con todo y la serpiente y fui a la casa. Podía oír sus risas desde afuera. Fui hasta la ventana de la cocina, que por suerte estaba abierta, y metí a la serpiente dentro. -Dales un buen susto de mi parte.**-Como ordenes.

Me alejé de la casa y esperé. Los gritos no tardaron en aparecer, al principio eran de miedo pero luego se oyeron desesperados. Entré en la casa y vi a Brad sentado en el suelo gritando y llorando mientras se sujetaba el tobillo, la abuela estaba junto a el llamando a una ambulancia y Robin solo observaba la escena. Vi a la serpiente en un rincón y rápidamente la guardé en mi bolsillo. Ya sabía lo que había pasado y no pregunté. Los señores Stone y la ambulancia no tardaron en llegar. Se llevaron a Brad en la ambulancia, la señora Stone no paraba de llorar. -¡Todos al auto! -ordenó el señor Stone. Eso hicimos y él condujo como loco hasta el hospital. Ya allí, todos estaban ansiosos por saber del estado de Brad, a excepción de mi claro. La señora Stone le había llamado a la madre de Andrea y ahora Kyla estaba con nosotros. Finalmente, el doctor llegó con los análisis de Brad. -¿Como está mi hijo? -preguntó el señor Stone.-Esta estable, lo tendremos en observación un par de días. Me di cuenta de un detalle, la serpiente aún estaba en mi bolsillo. Me dedique a parecer tranquilo pero ligeramente preocupado. La serpiente me pedía que la sacara pero yo no podía hacerlo ni responder a sus preguntas. Estaba tan ocupado fijándome en la serpiente que no me di cuenta de las miradas de sospecha que me dedicaban varias personas en la sala de espera del hospital. 


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