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A Pirates Life — capítulo 1
El reino se desperezaba con la llegada del amanecer y el lo alto de la Isla de Olimpia, en una de las ventanas del enorme palacio del gobernador, la luz del sol se colaba por la ventana de la habitación de una joven deseada por muchos de los muchachos de todo el pueblo.
Su cabellos dorados se reflejaban con la pequeña franja de luz que se colaba en la habitación. Lentamente la franja de luz se fue ensanchando hasta reflejar en uno de los ojos de la joven que se abrió al instante.
Se levantó de la cama dejando que su blanco camisón le cubriera las piernas y el pelo rubio le cayera por los hombros. Abrió la ventana y miró anhelante el mar que se abría ante sus ojos grises. Se sentía encerrada y en una jaula. Y el mar se le antojaba.
Llamaron a la puerta, y una de las doncellas entró para ayudarla a ponerse el vestido que había elegido su padre para la ceremonia que tendría lugar ese día en la plaza de su preciado reino. Salió a los jardines y paseó por ellos como si fuera la última vez.
-Annabeth- la llamó su padre. El hombre tenía los mismos cabellos que su hija, pero los ojos azules. - Hija mía, ¿qué hacéis aquí?-
Debería mencionaros que su padre era el más preciado rey, Frederick II, desde su propio reino hasta el otro lado del gran océano. La reina, Atenea, era una de las doncellas más bellas e inteligentes de todos los reinos de la zona. Mientras que sus hermanos pequeños Bobby y Mathew, a su corta edad, se preparaban para servir a su padre en la marina real.
-Nada padre, tan solo paseaba.- contestó Annabeth devolviendo la mirada al mar.
-Hija, el comodoro Luke te busca- dijo su padre acercándose a ella.
-Padre, el comodoro Luke es un gran hombre, pero, yo no le amo. Os lo ruego, no me obliguéis a casarme con él.- suplicó Annabeth.
-Lo siento hija, pero es mi deber- dijo su padre. Annabeth se retiró del jardín hacia los grandes salones casi corriendo, no quería casarse con Luke. No le amaba, solo era su amigo.
En los salones la reina Atenea esperaba a su hija para dar las clases de protocolo real.
-La postura Annabeth, siempre te falla la postura, ¿esperas que el comodoro Luke te pida matrimonio con esa postura?- replicó Atenea.
-Madre, ya te he dicho que no quiero casarme con el comodoro.- dijo Annabeth.
-Pues te aguantes jovencita, ya hemos tenido esta conversación- respondió la reina.
Sí. Podría decirse que la vida de la princesa Annabeth era perfecta. Tenía una familia maravillosa, era heredera de un grandioso reino y estaba a punto de comprometerse con uno de los hombres más respetados de la armada de su padre. Su vida era perfecta, salvo por el hecho, de que ella no la quería.
El anunció de la ceremonia de compromiso antes de la boda era tradición en su rieno y todos los reinos vecinos estaban enterados e iban a asistir. Más de una vez, Annabeth quiso escapar hacia el mar, siempre era el mar. Soñaba con surcar los mares libre y fuera de todo aquel mundo de protocolos y príncipes y princesas en el que vivía.
En definitiva, la vida en el reino era de los más pacífica, salvo quizá, por los piratas.
Lejos de allí, en los mares con los que la joven soñaba, navegaba un barco negro y más rápido que el viento, con las velas más asombrosas que nunca nadie había visto jamás.
-¡Todo a babor!- gritó el joven que iba al timón.- ¡Sin rumbo fijo, iremos donde el mar nos lleve! Mover vuestros asquerosos culos perros sarnosos-
-Capitán Jackson, señor- gritó la segundo de a bordo para hacerse oír con el oleaje.- Se me ha informado de que hay una gran ceremonia en el reino de Olimpia, todos los reinos vecinos están invitados-
Los ojos verdes del capitán destellaron con fiereza. Su pelo negro se movía con el viento y la brisa le daba en la cara. El capitán miró a su segunda de a bordo, su pelo rojo destellaba y se movía a causa del viento.
-Bien, señorita Dare- dijo el capitán.- Solo puede significar una cosa. -
-Un motín- gritó un de los jóvenes de su tripulación, Leo Valdez.
-Exacto Valdez,¡ cambiemos el rumbo!- dijo el capitán.
-Percy- dijo un joven rubio que se situaba a su lado- Habrá muchos guardias.-
-¿Y cuándo los guardias han sido un problema para el capitán Jackson, Jason?-
-Cierto mi capitán- dijo Jason con malicia.- Ni toda la armada de Olimpia podría acabar con uno de los mejores piratas del ancho mar-
-Thalia- gritó el capitán.- ¿Hacia dónde?-
- Todo a estribor- gritó la joven de oscuros cabellos.
-¡Todo a estribor, perros sarnosos!- un gritó de afirmación sonó en la cubierta del Mestizo, uno de los barco más temidos de todo el océano.
Percy miró al horizonte y suspiró hondo, eso era lo que más le gustaba, sentirse libre y poder gritarlo a los cuatro vientos. Esa noche habría un motín.