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La otra Gilbert: The Love Sucks — capítulo 1

Tercera temporada.

Capítulo 1:

"The Birthday"

Luego de una larga caminata desde mi casa hasta la casa de Huéspedes, ver la entrada fue hermoso. Las piernas me ardían, pero me había ayudado: bajar los buenos desayunos que preparaba el tío Ric, no era fácil.

Cuando estaba acercándome al pórtico, el teléfono comenzó a sonar. En la pantalla figuraba el nombre de Caroline seguido de su número.

-Hey.-saludé cuando atendí.

*-Necesito que me digas de color será el vestido que usarás en la noche.-*dijo, omitiendo mi saludo.

-Mmm, todavía no tengo muy en claro nada.-respondí, ladeando la cabeza.-Con Elena estuvimos hablando y con todo lo que estuvo pasando, una fiesta no es lo más apropiado.-de mi bolsillo saqué las llaves de la casa.

*-¡Gilbert, no todos los días se cumplen 18 años!-*exclamó.-Aparte, al mal tiempo, buena cara.-

Suspiré mientras sostenía el teléfono contra mi hombro y le daba una vuelta a la llave. La cerradura produjo un clack.

-No estoy segura.-insistí, empujando la puerta hacia atrás.

-De acuerdo. Yo me encargo de los preparativos, ustedes solo pónganse algo bonito y asistan.-

-Por favor, que sea algo pequeño.-especifiqué, pero conociéndola sería un tanto en vano insistir.-Tener a medio Mystic Falls dando vueltas alrededor de nosotras…no es algo que nos plazca.-

-*Déjenmelo a mí.-*iba a replicar algo más, pero cortó. Separé el celular de mi oreja y me quedé unos instantes mirando la pantalla;sí dejábamos todo en sus manos, era seguro que el pueblo entero vendría a celebrar con nosotras.

Me encogí de hombros y me adentré al recibidor. Por la oscuridad que había en la sala, debía de suponer que Damon no estaba despierto y si lo estaba, no se había tomado el trabajo de correr las cortinas.

 Dejé el celular y las llaves sobre una mesilla y me acerqué a la ventana que tenía más cerca. Al hacer a un lado la pesada tela, la luz del sol ingresó con demasiada fuerza e iluminó todo a su alrededor.

¿Cómo siendo un día tan bonito, no porque sea mi cumpleaños, la casa debía de estar a oscuras?

-Buenos días.-me disponía a correr la segunda cuando miré por encima de mi hombro. Damon estaba en el recibidor y al parecer sin camisa.

-Buenos días.-respondí, dándole la espalda.-Venia a…-corrí la segunda cortina y voltee del todo. Por un momento no supe que decir; Damon no tenía camisa….más bien, no llevaba ropa pero se notaba que se había bañado, o todavía estaba, y había olvidado sacarse la espuma.-Ohm…-boquee varias veces y aparté la vista. Terminé por aclararme la garganta y darle la espalda.

-Creo que deberías aprender a llamar a la puerta.-comentó, vagamente.- ¿Qué pasaría si estuviera indecente?-

-Ya lo estás.-masculle. Me acomodé un mechón de cabello.-Aparte, es mi casa también.-repuse. Repiquetee mis dedos a los costados de mis piernas.-Hazme el favor y cúbrete.-pedí.

-Oye, no hay nada que no conozcas.-me sonrojé violentamente, muy violentamente.

-Damon.-murmuré, frunciendo el ceño.

-Bien, bien.- ¿le parecía divertido?-Pásame la toalla que está cerca del sillón.-miré de costado, sin animarme a ver hacia atrás. Me tapé los ojos y estiré mi brazo, alcanzándola. Sin mirar hacia donde apuntaba, la lancé hacia atrás. Una vez que escuché que aterrizó, apreté los ojos y aguardé.- Listo.-anunció.-

Al principio, dude, (conociéndolo, tenía muchos motivos para hacerlo). Luego fui dándome vuelta lentamente y abrí los ojos. Al menos se había cubierto de la cintura para abajo.

-Elena me dijo que Liz le dio una ubicación para seguir buscando.-murmuré, sacando un papel de mi bolsillo trasero.-En Memphis.-

-Otro callejón sin salida, querrás decir.-dijo él, acercándose y sujetándose la toalla.

-Eso no lo sabes.-repuse.

-Oh, claro, tal vez esta pueda ser.-ironizó, sacándome el papel de la mano.-Después de dos meses, esta puede ser la pista que nos diga si Stefan está con vida y a salvo, viviendo en Graceland.-

-¿Podrías al menos ponerle un poco de entusiasmo a la situación, no?-inquirí, frunciendo el ceño.-Durante estos dos meses he estado ayudando a Elena en todo lo que pude, no puedo permitir que siga sufriendo.-Damon me miró de arriba abajo.-De acuerdo, si no piensas acompañarnos, iremos solas.-

-¿Y dejar que Klaus se entere de que lo están rastreando?-cuestionó.-Cree que están muertas. Dejémoslo de esa forma.-añadió.

-Oye.-pasé mis manos por su cuello y pegué mi pecho al suyo. La espuma desapareció en mi ropa.-Es una nueva pista, ¿sí? No hemos tenido una en mucho tiempo.-bajé la vista y me mordí el labio.-Hay veces en que pienso lo mismo que tú, pero trato de apoyar a mi hermana.-ladee la cabeza.-Además, si tú estuvieras en la posición de Stefan, él no descansaría hasta encontrarte.-Damon suspiró.

-Está bien.-sus manos rodearon mi cintura.-Lo revisaré, si encuentro algo, se los haré saber.

-Gracias.-sonreí.

-Cambiando de tema…-Damon sonrió aún más, empujándome hacia uno de los sillones.-Conseguí lo que me pediste.-

-¿El regalo de Elena?-asintió.-Ahh…-suspiré, tirando la cabeza hacia atrás.-Me salvaste.-

-Admito que al principio no tenía idea de que podría ser, pero tuve algo de ayuda.-comentó.

-¿Andie?-volvió a asentir. A estas alturas, la pordiosera ya no significaba ningún peligro para mí.- ¿Y qué hay de mi regalo?-quise saber.

-Bueno…-Damon colocó sus labios sobre los míos y terminó por empujarme hacia el sillón. Mi espalda chocó contra los mullidos almohadones. Mis manos se aferraron a su desnuda espalda.-….tú tendrás que esperar hasta la noche.-respondió, al separarse lentamente.

..*

Luego de que la casa de Huéspedes hubiera quedado vacía con mi hermana, nos dispusimos a custodiar que los preparativos, para esta noche, no se pasasen de la raya.

-¿Cómo les fue con el tema de la nueva pista?-preguntó Care, separando los vasos de plástico.

-Al principio Damon se resistió a hacerme caso.-murmuré, atándome el cabello.-Pero terminó aceptando. Él y Alaric fueron a investigar.-

-¿Se resistió?-inquirió Elena.

-Ajam.-asentí, apilando servilletas.-Cada vez que toco el tema de Stefan, siento como que tuviera que luchar con él.-

-Quizá no quiere que lo encuentren.-acotó Tyler, trayendo cajas.

-¡Hey!-reprochó Caroline, dándole un golpe en hombro. Elena bajó la vista.

-¿Qué?-cuestionó él.-Está claro que tiene interés por las dos, ¿no es así?-aparté la vista, obviamente incomoda.

-La única razón por la que Stefan se fue con Klaus fue para salvar la vida de su hermano.-repuso Lena.-Quiero decir, confíen en mí, Damon quiere encontrarlo.-

-Pero varias veces he visto que tenías el deseo de besarlo.-insistió Tyler.-Probablemente jugó con tu cabeza.-

-¡Tyler!-chilló Care. Ella se volvió hacia nosotras con gesto abatido.-Lo lamento.-

-No me preocuparía por ello.-aseguró Elena.-Sí, quise besarlo, pero no fue nada importante.-enarqué una ceja y la miré de reojo. Seguramente mi expresión quería decir: "Ah, ¿sí? ¿Y eso cuando pasó?". Aparté la vista y me centré en las servilletas. Tyler se encogió de hombros dejando una caja de cervezas en el suelo. Continuamos con lo que estábamos haciendo en completo silencio.-Oh…-Elena dejo un paquete de platos de plástico y metió su mano dentro de un bolsillo.-Acabo de perder una llamada de Bonnie.-anunció Ahora regreso.-rodeó algunas cajas y salió al recibidor.

Una vez que quedamos los tres solos, Caroline se volvió hecha una furia hacia Tyler.

-¡Solo porque te diga cosas, no significa que tienes derecho para hacérselas saber!-reclamó.

-Hey.-intervine.-Está bien, no pasa nada.-

-Lo lamentó.-murmuró Ty. Le guiñé un ojo y seguí con lo mío.-Ohm…-miró su reloj.-Tengo que correr a casa si quiero cambiarme y traer a Sophie a tiempo.-

Entre las dos intercambiamos una mirada.

-¿Vas a traer a una cita?-pregunté.

-Mejor dicho, ¿la zorra de Sophie es tu cita?-cuestionó Care. La miré asombrada: ¿acaso mi rubia amiga estaba celosa?

Ambos se miraban tensamente; obviamente, yo estaba de sobra.

-Ohm…-con el pulgar señalé la salida.-Creo que voy a ir a… ver que ropa usaré está noche.-me excusé, dejando la bolsa de vasos y saliendo al recibidor.

Elena se hallaba afuera, hablando por teléfono. Subí a mi habitación. Como Matt y Jeremy estaban ocupados con el Grill, y Bonnie estaba en casa de su padre, solo nosotros cuatro estábamos a cargo de la fiesta. Casi que había olvidado cuan caótico podía ser organizar un evento tan sencillo como lo era un cumpleaños.

Cerré la puerta a mis espaldas y me pasé las manos por la cara. Rebusqué en mis bolsillos y saqué el celular. Me llevé una enorme desilusión al no ver ni un mensaje de Damon o Alaric. Tenía la esperanza de que aquella nueva pista nos llevase a algo.

Apoyé la cabeza contra la puerta y suspiré.

Mi celular vibró. Cuando lo desbloquee, vi un mensaje que solo contenía un "abre la puerta". Enarqué una ceja y obedecí. Me sorprendí enormemente al encontrarme a Elizabeth al otro lado; en sus delgados brazos, cargaba una caja cuadrada blanca.

-Bueno, ¿te harás a un lado o qué?-preguntó, con gesto insistente. Me corrí, permitiéndole pasar. Ella ingresó y depositó la caja sobre la cama. Soltó un suspiró y se acomodó el cabello.

-¿Qué eso?-pregunté, cerrando nuevamente la puerta.

-Bueno, digamos que Damon se acordó un poquito tarde que era tu cumpleaños.-respondió.-Me pidió, más bien, me exigió que te comprase algo.-se encogió de hombros.- Se ve que confía demasiado en mis gustos.-mientras se abanicaba con una mano me dediqué a contemplarla; a pesar del calor, ella llevaba un jean negro, una camiseta de tirantes del mismo color, un fino saco de redecilla y unas zapatillas blancas. Sobre su pecho brillaba un colgante en forma de búho con una gema de color turquesa en el centro.

-Ohm… ¿a quién debería agradecerle?-pregunté, mientras me acercaba a la cama.

-Dile gracias a él, pero dame el crédito a mí.-respondió, atándose el cabello en una despeinada cola de caballo.- ¿Y?-inquirió.- ¿Qué esperas para abrir tu regalo?-con el mentón señaló la cinta color salmón.

Me arrodillé en el colchón y acerqué la caja hacia mí. Con la punta de los dedos tiré la cinta y deshice el moño. La tela cayó por los costados. Tomé los lados de la tapa y tiré para arriba. En el interior había papel de regalo en color violeta claro. Corrí los pliegues hacia un costado y descubrí lo que había adentro.

Los ojos se me abrieron como platos de la emoción.

-¡Es hermoso!-exclamé, contemplando aquel vestido blanco.

-Está hecho por una de las mejores costureras de Chicago.-explicó Beth, recargando su cuerpo contra una pared.-Es de seda china.-añadió.

-Debió de haber costado una fortuna.-murmuré, acariciándolo con la punta de mis dedos. Era condenadamente suave.

-No lo es, si tienes tus métodos de pago.-

-¿La hipnotizaste?-pregunté.

-Me sorprende que no me conozcas.-repuso, limpiándose las uñas con gesto despreocupado.

-Lo suponía.-admití. Saqué el vestido en su totalidad y lo extendí sobre la cama.

-De hecho, Damon me lo pidió hacía meses.-murmuró, sentándose en la cabecera.-Creo que fue antes de toda la cosa de Klaus, el sacrificio y bla, bla, bla.-estaba demasiado absorta.-Oh, y esto es de mi parte.-del bolsillo de su jean sacó una fina cadena de plata.-Me lo regaló mi madre cuando cumplí 17 y bueno, como no tengo hijas, creo que a la única que lo puedo dar es a ti.-extendió la mano y me lo entrego. Era un relicario parecido al de Elena, solo que esté llevaba una flor de plata y un rubí color sangre a un costado.

-Wow…-miré ambos regalos, sin saber que decir.-…gracias.-ella sonrió de lado.

-Bien…-pasó sus palmas por su camiseta y separándose de la pared.-Supongo que debo irme.-anunció.- Deje a Katherine sola; temo que haya cometido alguna estupidez sin mí.-la miré a los ojos; hoy los tenía más claros que nunca, casi que parecían ser trasparentes.-Nos vemos, Gilbert.-me despedí de ella con leve asentimiento.

..*

Tras haber tardado casi toda la tarde en decorar la casa, logré darme una ducha. Era agradable la sensación de las gotas de agua fría cayendo por mi espalda y relajando todos mis músculos. Cabía destacar que era un día peculiarmente caluroso.

Luego de haberme envuelto en una toalla, reaparecí en mi habitación. Tenía la ventana abierta y por ella pasaba una leve ventisca veraniega. Busque la ropa interior más cómoda, ya que para estar varias horas de pie era preferible estar con algo agradable bajo la ropa, y luego abrí la caja para sacar el vestido.

Al ponérmelo sentía como si fuera parte de mi piel. ¡Era demasiado perfecto!

Luego de haberme peinado, rizos; obviamente, me senté en el taburete junto al espejo y comencé a maquillarme. No quería parecer un payaso, así que opté por algo natural.

Cuando terminé de aplicarme el rímel, escuché la puerta abrirse.

-Debo admitir que haberle confiado esta tarea a Elizabeth, fue lo más acertado que pude haber hecho.-levanté la vista hacia el espejo y a través del reflejo vi a Damon; estaba parado junto al marco. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho y una sonrisa ladeada.

-Sigo preguntándome a quién debo agradecerle.-murmuré, mirando por encima de mi hombro.

-Obviamente, a mí.-respondió, acercándose.-La verdad que te queda mucho mejor de lo que había imaginado.-comentó, colocándose detrás de mí. Posó sus manos sobre mi estómago y pegó su pecho a mi espalda; reposé mi cabeza contra él, mirándolo por el reflejo.

-Se parece al de Marilyn Monroe.-

-Era la idea.-sonreí de lado.

-¿Podrías colocarme el collar que está sobre la mesa de luz?-pregunté, mirando hacia arriba.

-Con gusto.-Damon me soltó y regresó a los pocos segundos; para ese instante, ya estaba de pie frente al espejo. Él se volvió a colocar detrás de mí, corriendo mi cabello hacia el costado. El roce de sus dedos contra mi cuello me hizo cosquillas. Sentí frío cuando la flor reposó sobre mi pecho.-Listo.-anunció, depositando un beso entre mi hombro y mi cuello.

Voltee para quedar frente a él. Entrelacé mis manos a la altura de su nuca y pegué mi pecho contra el suyo; él me abrazo por la cintura.

-Gracias.-murmuré.-No solo por el vestido, sino por todo lo que has hecho por nosotras en estos dos meses.-Damon sonrió.

-Era lo menos que podía hacer por dos damas en apuros.-lo abracé, depositando mi mejilla y mi oído contra su pecho.- ¿Vamos yendo?-preguntó.

-Claro.-me separé de él, mientras enlazaba mi mano con la suya y salíamos de la habitación.

A medida que avanzábamos por el rellano superior, el ruido de la música y de las voces de los invitados, fue aumentando de volumen. Al bajar por las escaleras nos encontramos en el descanso con dos chicas que pertenecían al club de lectura. El recibidor estaba medio vació; había globos y habían colgado una pancarta que decía "Feliz cumpleaños, Elena y Kim, las queremos". No me cabía duda de que había sido idea de Caroline. A cada paso alguien me felicitaba. Al llegar a la sala me sorprendí al ver la cantidad de gente que había. Era como si toda la escuela estuviera reunida en la casa. Tanta congregación era un poco intimidante. Casi en el centro de la sala vi a un grupo, más que seguro del equipo de football, ovacionando a un chico que se encontraba de cabeza y tomaba del pico de unos de los barriles de cerveza; estallaron en exclamaciones cuando éste se bajó y alzó los brazos a modo de victoria. Damon tuvo que detener a una chica cuando ella le había arrebatado una de sus preciadas botellas de bourbon.

-¡Hey!-entre medio de toda la multitud, logramos ver a Caroline y más atrás se hallaba Elena; sin duda mi melliza tenía la misma expresión que yo.- ¿Les gusta?- tuvo que gritar para hacerse oír.

-Ohm…supongo.-respondí, encogiéndome de hombros.

-¿Elena?-Care volteó hacia ella, con una sonrisa radiante.

-No voy a contestar a eso.-dijo, frunciendo el ceño.- ¿Esto es "mantenlo pequeño"?-preguntó.

-Vamos, Lena.-exclamé.-Ésta es nuestra noche; no importa si medio Estados Unidos está aquí, solo vamos a pasarla bien.-me puse de puntillas y besé la mejilla de Damon, para luego enlazar mi brazo al de Caroline y el otro al de mi hermana.

A pesar de todas las cosas malas que nos habían pasado; ésta fiesta nos ayudó un poco a aflojar toda esa tensión y a distraernos. Saludamos a casi todo el mundo, me saqué fotos con casi todos; había una muy linda con Tyler, que sin duda terminaría estando en mi perfil de Facebook.  Caroline nos alcanzó algunos vasos de cerveza y rápidamente nos pusimos a tono con la fiesta.

Casi diez minutos después, la cabeza comenzó a dolerme, pero aún seguía sonriendo. Habían abierto los ventanales y corría un poco de aire. Salí, con la intención de estar sola un momento y poder respirar. Allí, había más invitados y sentados sobre la baranda de concreto se hallaban Damon y Alaric.

-Hola, cumpleañera.-saludó Ric.

-Vaso.-pedí, alargando mi mano hacia Damon. Me lo entregó, sin decir nada. Me terminé el resto de whisky y suspiré.-Elena dice que Jeremy está fumando de nuevo.-murmuré.

-¿Es un buen escondite?-preguntó Damon.

-No seas tonto.-repuse.-Es serio.-me volví hacia Alaric.-Elena quiere que hables con él. Eres su ejemplo a seguir.-devolví el vaso y di media vuelta.

Había cumplido la cuota de aire y era hora de volver a la fiesta.

De nuevo en el interior, seguí sacándome fotos, riendo con los invitados y aceptando felicitaciones. Le informé a Elena que había hablado con Alaric y pareció quedar u poco más relajada. Mientras conversaba con las chicas del equipo de porristas, me urgieron las ganas de ir al baño. Me excusé y subí al segundo piso. Al alejarme del ruido, los oídos comenzaron a zumbarme.

Me metí en mi habitación y procuré colocarle el pestillo; lo que menos que quería era tener un ebrio intruso. Fui hasta el baño. Tarde dos minutos y luego me paré frente al espejo, abrí la llave del agua y me lavé la cara. Al volver a verme, tenía todo el maquillaje corrido. Fruncí el ceño y tomé una toalla para sacar los restos negros que me caían de los ojos. Bajé la vista y humedecí un poco la tela para volvérmela a pasar. Al levantar la cabeza, vi a través del espejo, una figura que se hallaba detrás de mí.

..*

Desperté con insoportable dolor de cabeza. Era como si tuviera un pájaro carpintero repiqueteando en todo el interior de mi cráneo y era realmente molesto.

Pude descifrar que no estaba en la casa de Huéspedes ya que no sentía la música ni la abrumadora marea de invitados.  En donde me encontraba, hacía frío, como si estuviese encendido el aire acondicionado. El piso, pegado a mi mejilla, estaba completamente helado.

Me llevé una mano a la frente; comenzó a palpitar. Me reincorporé como pude y me sostuve de lo primero que estuvo a mi alcance. Solté un gemido y me sostuve la cabeza con ambas manos. Era como si me pusieran entre dos gongs chinos y los golpearan al mismo tiempo.

-Dave, estoy en el trabajo, por favor.-habló una voz.- ¿Podemos hacerlo mañana? Tengo una fiesta a la que ir y tú tienes una vida.-noté el sonido de un par de tacones.-Está bien, muy bien, adiós, adiós, adiós.-

-¿Andie?-fue lo primero que se me vino a la cabeza. La aludida salió de entre las sombras.

-Kim, ¿qué estás haciendo aquí?-preguntó, tomando su bolso.- ¿Damon está contigo? ¿Vinieron a buscarme?-

-Ohm…-cerré los ojos y traté de pensar algo.-Te voy a ser sincera.-hablé.-No tengo ni la más pálida idea de que hago aquí.-añadí.-Hace dos minutos estaba en la casa de Huéspedes y ahora estoy…aquí.-miré a mi alrededor.- ¿Y dónde exactamente "aquí"?-

-Estás en el estudio.-dijo. Ladee la cabeza, más confundida aún.-Estás donde trabajo.-

Volví a echarle una mirada a mí alrededor. Ahora sí podía distinguir las cámaras, las luces y la pantalla.

-¿Cómo llegué hasta aquí?-y como si no bastara con un dolor de cabeza, una brillante luz nos cegó a las dos. Como instinto levantamos las manos con la intención de cubrirnos los ojos.

-¿Hola?-llamó Andie, tratando de espiar por entre sus dedos. Nadie contestó. La miré de reojo.- ¡Esto no es divertido, mis retinas se están quemando!-

Intentamos corrernos, pero la luz nos siguió.

-¡Ya basta!-pedí, entrecerrando los ojos.- ¡No es gracioso!-

-¿Quién eres?-insistió Andie. De nuevo, nadie respondió.- ¡Quienquiera que seas, ¿qué demonios estás haciendo?!-

De pronto, la luz se apagó.

Tragué saliva y miré a mí alrededor, al tiempo que me acercaba a Andie.

-¿Hola?-la tomé del brazo y con un tenue movimiento de mi cabeza, le indiqué que retrocediéramos. Tal vez tendríamos tiempo de salir por la puerta y escapar. Estábamos a no menos de dos metros de la salida.

-Corre.-murmuré, soltándola y caminando hacia atrás. De golpe, giré y eché a correr tan rápido como los tacos me lo permitían. Andie iba pisándome los talones, hasta que cayó de bruces al suelo. Me detuve, casi me cayendo también, y regresé junto a ella.-Vamos.-la tomé del brazo nuevamente y la luz volvió a encenderse. Era tan intensa, pero logré distinguir una sombra.-Tenemos que irnos.-la apremié, haciendo fuerza hacia arriba y ayudándola a ponerse de pie. Una vez que se pudo sostener por su cuenta, volvimos a correr. La figura estaba detrás de nosotras. Volviendo la vista al frente, confiaba en llegar a la puerta. Al segundo, choque contra algo y no pude evitar soltar un grito de terror. Reboté y Andie se estrelló contra mi espalda. Tras varios intentos, parpadee y me llevé la sorpresa de mi vida.- ¡Stefan!-chillé. Por un momento me dieron ganas de abrazarlo y de llamar a Elena avisándole que él estaba aquí, pero me contuve; algo en su mirada me decía que no era el mismo.- ¡Te hemos buscado por todas partes! ¿Dónde estabas?-

Los músculos de su rostro estaban tensos y su mirada daba miedo.

-¿Stefan?-preguntó Andie. Se me escapó un grito ahogado al ver como sus ojos se iban llenando de minúsculas venitas rojas.

-Corre.-ordené, retrocediendo. Stefan se adelantaba.- ¡Andie, corre y llama a Damon!-grité. Ella soltó su bolso; segundo más tarde escuché el sonido de sus tacos. El que había sido mi amigo seguía frente a mí. Levantó la comisura y me enseñó sus dientes.-Stefan, detente.-pedí, colocando mi mano entre nosotros.-Soy Kim, por favor no…-él se lanzó sobre mí y no evité gritar, nuevamente, cuando sus dientes se clavaron en mi piel. Stefan pesaba demasiado por lo que terminó derribándome y tirándome al suelo. Sujetó mis manos y se prendió de mi cuello; el sonido que hacía al beber de mi sangre era asqueroso. Forcejee, patalee y grité, pero él no me liberaba.

Soltó un gemido y luego levantó la cabeza; tenía los labios rojos y las venas de sus ojos se habían oscurecido. Alargó su mano hasta mi cuello y me arrancó el collar que me había regalado Beth.

-Estás libre de verbena.-gruñó. Gotitas de mi sangre cayeron contra mi mejilla. Me tomó del mentón y me obligó a mirarlo.- Te quedarás aquí.-ordenó. Su pupila se dilató.-No te moverás, no gritarás ni llamaras por ayuda.-tragué saliva en seco y asentí.-Realmente no quiero hacer esto, pero Damon debe entender que no quiero que me encuentren.-se puso de pie, y me tomó del brazo parándome también.-Enseguida regreso. Iré por Andie.-

..*

-Stefan.-miré para abajo. No llegué a distinguir nada; era demasiada la altura a la que me encontraba.

-Hola, hermano.-una corazonada me decía que Damon había venido a buscarnos. Andie temblaba a mi lado. La sangre seguía resbalándose por mi cuello y manchaba mi vestido, obviamente arruinado.

-No me has escrito.-sí, era la voz de Damon. Él estaba aquí.- No llamaste.-

-¡Tienes que dejar de seguirme!-gruñó Stefan.-Pero gracias por preocuparte. He estado bien; causando algunos problemas.

*-¿Con quién? ¿Con Klaus?-*volví a mirar hacia abajo.- ¿Se supone que me tengo que preocupar de lo que piensa?-

-Lo que se supone que tienes que hacer, es dejarme ir.-repitió.

-Vi tu obra de arte en Tennessee.-murmuró Damon.- Te la estás jugando, amigo mío. Sigue así y no habrá que salvar.-

-Mira, el tema es, no necesito ningún salvamiento.-repuso Stefan. Tenía unas inmensas ganas de gritar y pedir auxilio, pero estaba obligada a mantenerme en silencio.-Solo quiero me dejes ir.-

-Oh, tengo una cumpleañera en casa que no me va a dejar hacer eso.-replicó Damon.-Y creo que su hermana tampoco va a dimitir.-

-Sabes, tal vez no he dejado muy en claro mi punto.-sentí un profundo vacío en el estómago.- ¡Hey, Andie, Kim! ¿Siguen ahí?-gritó Stefan.

-¿Damon?-sollocé.-No podemos movernos.-me mordí el labio y cerré los ojos.

-Nos ha dicho que no podemos movernos.-lloriqueó Andie.

-¡No, no, no, está bien, mantengan la calma!-ordenó Damon.-Esto no es divertido, hermano.-

-Vamos.-insistió Stefan.-Esto es divertido.-apreté mucho más los ojos. Andie seguía temblando.- ¡Hey, chicas, pueden moverse ahora!-

-¡NO!-gritó Damon. Dimos un paso hacia adelante. Mi pie no tocó nada sólido, solo el aire.

-¡Solo puedes salvar a una, hermano!-canturreó Stefan. En cuanto di un segundo paso, me dejé caer. Sabía que iba a estrellarme contra el suelo. Sabía que eso pasaría. Apreté los parpados y en cuanto menos lo pensé, algo me sostuvo.- ¡Excelente, elección, mi hermano, excelente!-

-Todo está bien, todo está bien.-sentir la voz de Damon, me dejó mucho más tranquila. Mis manos se aferraron a sus brazos; mis uñas se clavaron en ellos.

-¿Y Andie?-sollocé.

-No mires, no mires.-él me ayudó a ponerme de pie, ocultando con su mano mi flanco izquierdo.-No mires.-

-Quiero que me dejes solo, Damon.-él me apretó contra sí, cuando Stefan se colocó frente a nosotros.-O la próxima vez, tendré que matar a Kim.-me dieron escalofríos y repulsión cuando el que había sido mi amigo, me acarició la mejilla.-Y no me apetece hacerlo.-

Apoyé mi frente contra el pecho de Damon. Nuevas lágrimas comenzaron a salir.

-Ya se fue.-me susurró.-Te llevaré a casa.-me abrazó.- Ven.-

Intenté caminar, pero las piernas me flaqueaban. Él me tomó en brazos y me condujo hacia el auto. Una vez que me depositó en el asiento, le sujeté la mano.

-No me dejes.-musité. Damon me besó la frente.

-Debo ir por Andie.-murmuró, acomodándome el flequillo hacia un costado.-Prometo regresar lo más pronto posible.-

Me recosté en el respaldo del asiento y traté de controlar mi respiración. Al mirarme al espejo, noté que tenía el hombro del vestido manchado de rojo y dos enormes agujeros en el cuello. Todavía seguía manando sangre. Intenté tocarla con la punta de mis dedos y no pude evitar gemir de dolor.

Escuché un golpe sordo y me sobresalté. Aparté la mirada del espejo y miré para todos lados. Era la cajuela. Damon rodeó el auto e ingresó al asiento del conductor.

-¿Estás bien?-preguntó, cerrando la puerta. Negué varias veces y me pasé las manos por el rostro.-Espera.-de la guantera sacó un pañuelo; lo humedeció un poco con su saliva y empezó a limpiar la sangre.-Casi que te agarró la vena carótida. Tuviste suerte.-

-¿Suerte?-repetí.-Yo no llamaría suerte. Andie está muerta y yo lo habría estado de no haber sido por ti.-tragué saliva.-Eso no es suerte.-

-Hey.-colocó una mano en mi mejilla y se inclinó hacia adelante.-No permitiré que vuelva a pasar lo de recién; lo juro.-me acomodé en el asiento, de modo que pude abrazarlo.

-Gracias.-sollocé, apreté los ojos y las lágrimas cayeron por mis mejillas. Se separó de mí y me besó; había un gusto salado.

-Tengo que llevarte a casa antes de que tu hermana me mate.-murmuró, apoyando su frente contra la mía.-Pero primero tenemos que hacer esa herida se cierre.- se mordió la muñeca y dos puntitos rojos surgieron de ella.-Bebe.-pidió. Acerqué mi boca a su piel y absorbí la sangre. La punzada fue cesando y la herida se terminó cerrando.

Como presentarse a una fiesta con el vestido manchado de sangre despertaría sospechas, Damon me llevó a mi casa para que pudiese cambiarme y pretender que nada pasó; seguir festejando hasta que todo acabase.

-¡Kim!-exclamó Caroline, tomada de la mano de Tyler.- ¿Dónde estabas? ¡Te perdiste el pastel!-boquee varias veces.- ¿Qué pasó con tu otro vestido?-

-Alguien me tiró un poco de cerveza encima y tuve que ir a cambiarme.-mentí. Me aferré a Damon.

-Bueno, creo que alguien tuvo diversión está noche.-observó Tyler con mirada cómplice y picara.-Hicieron lo mismo que haremos tu y yo ahora, Care.-le plantó un besó en la boca y se despidieron de nosotros.

-Quiero irme.-murmuré.-Quiero ir a dormir.-Damon pasó su brazo por encima de mis hombros, pegándome a él.

-Trata de sonreír.-me susurró.

A cada persona que nos encontrábamos en el camino, le sonreía y trataba de aparentar estar disfrutando de la fiesta. Llegar al recibidor, fue lo más glorioso que pudo haber pasado y subir las escaleras fue un milagro. La música se iba perdiendo a medida que subíamos.

-¿Quieres dormir conmigo?-preguntó. Asentí mientras él le daba la espalda a la habitación.-Hey.-se alejó un poco de la puerta y tomó mi rostro entre sus manos.-Todo estará bien.-me besó nuevamente; esta vez fue un poco más lento y pausado.-Prometo cuidarte para toda la vida, bebé.-asentí, apoyando su frente contra la mía.

-Jamás me dejes.-musité.

-Jamás.-repitió. Volvió abrazarme y luego abrió la puerta. Una vez dentro de la habitación, descubrimos a Elena en el interior. Ella sostenía unos cuantos papeles en la mano y tenía cara de pocos amigos.- ¿Qué? ¿Qué estás haciendo aquí?-preguntó, cerrando la puerta.

-¿Por qué no me lo dijiste?-cuestionó Lena.- ¿Por qué lo mantuviste en secreto?-

-¿Qué es eso?-quise saber.

-Elena, no estoy de humor para hacer esto.-repuso Damon.-Tuvimos una mala noche.-

-Durante todo el verano, cada vez que he venido con una pista, me hiciste sentir como una idiota esperanzada.-reclamó mi hermana.

-Fuiste una idiota.-replicó él.-Todos lo fuimos.-

-Dime lo que sabes.-pidió ella.

-Sé que necesitas volver a tu fiesta, Elena, y yo debo de quedarme con tu hermana.-respondió.

-Se supone que estamos juntos en esto.-insistió Lena.- ¿Por qué no me has dicho que has estado siguiendo las victimas de Klaus?-

-¡Por qué no son las victimas de Klaus!-replicó Damon.- ¡Son las victimas de Stefan!-

El rostro de mi hermana se contrajo.

-¿Qué?-

-Ha estado dejando restos de cuerpos de arriba debajo de la costa oriental.-

-No…no, te equivocas.-Elena negó varias veces con la cabeza.

-He visto esto pasar antes. Él accionó el interruptor, full blown desgarrador.-le arrebató los papeles de las manos.-

-Damon, detente.-pedí, interponiéndome entre él y mi hermana.

-¡No, ella debe parar!-exclamó.- ¡Debes dejar de buscarlo, Elena!-gruñó.- ¡Por Dios santo, hace no menos de media hora mató a Andie e intentó hacer lo mismo con tu hermana!-bajé la vista y sentí la cara ponerse roja.- ¡Deja de esperar que él vuelva a casa, ¡solo detente! ¡Stefan se ha ido y no volverá!-añadió Damon.-No mientras vivas.-

..*

Luego de que todos se hubieran ido, Elena decidió irse también a casa. Yo, por otro lado, me quedé junto a Damon.

La sala había quedado hecha un asco. De la cocina traje una bolsa y comencé a juntar la mayor cantidad  de vasos posibles. Sabía perfectamente que no terminaría esta noche, pero al menos quería alivianarme la tarea para mañana.

Estaba algo paranoica; sentía pasos cuando sabía perfectamente que solo había dos personas en la casa. Damon estaba arriba y podía escuchar claramente sus movimientos.

Seguí metiendo vasos y botellas vacías dentro de la bolsa. Me dolían horrores los pies, por lo que decidí sacarme los zapatos y continuar descalza. La pancarta se había caído y habían arrancado la parte de "las queremos". Solo quedaban nuestros nombres.

El teléfono comenzó a vibrarme. Dejé la bolsa en el suelo y lo saqué. En la pantalla figuraba el nombre de Stefan, su número y una foto nuestra. Las manos me temblaron al sostener el celular.

Damon no podía tener razón; una parte de mi amigo debía quedar en el interior de aquella persona que había intentado matarme. O tal vez….sí se había extinguido y pasarían meses, años o siglos antes de que él volviese a ser el Stefan que yo una vez conocí.

Apreté los labios, cerré los ojos y corté la llamada.

..*

¡Hola!

¡Oh, sí! Tercera temporada de la novela, y sí, hay Kim para rato, jajaja.

Espero que les haya gustado y nos vemos en el próximo capítulo.

¡Besos!

Ropa de Kim: