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Historia 180614 — capítulo 14

Harry había aprendido a mirar muchas cosas de Ginny, cosas que antes nunca había mirado.

Desde que habían estado juntos en Hogwarts todo había cambiado para ellos, incluso ahora que la guerra los había separado.

Pero el ojiverde miraba mucho más a la pelirroja, más de lo que siquiera ella podía imaginarse, porque era la única forma en que se permitía tenerla, mirarla no hacía daño.

Sabía que no era discreto, sabía que Hermione, Ron, Fred, George e incluso Molly y Arthur notaban que él se quedaba mirándola todo el rato, embobado y enamorado como nunca pensó que llegaría a estar. La miraba cuando ayudaba a su madre con la comida, olisqueando las ollas y robando algunos ingredientes que comía a escondidas de Molly. La miraba cuando se sentaba en el borde de la ventana, respirando aire fresco y con el sol dándole a su cabello pelirrojo más brillo del usual. La miraba por las mañanas cuando se levantaba en su pijama de breteles finos que dejaba a la vista las preciosas pecas que adornaban sus hombros y su escote.

La miraba porque la amaba y se resignaba solo a mirarla precisamente porque la amaba.

Ginny era risa y era fuego, era pura pecas y ojos chocolate, era valentía inagotable a pesar de no llegar al metro setenta, era una preciosidad interna y externamente.  Y él lo sabía porque la había mirado más que nadie.

Nadie iba a fijarse en ella como él, cientos de hombres la miraban en Hogwarts pero solo veían su carcasa y se imaginaban las cosas que nunca iban a tener porque le pertenecían a él. ¿Qué podrían saber ellos de si Ginny era sexy o no? Si nunca la habían tenido después de los entrenamientos ayudándolo a quitarse el uniforme del equipo... Ellos no sabían lo fuerte que era aquella pequeña mujercita, no sabían lo leal y testaruda que podía ser.

No negaba que le gustasen y encantasen aquellas curvas pequeñas pero peligrosas que adornaban el cuerpo de Ginny, ese ojito derecho que sabía guiñar con picardía haciéndolo tartamudear, por supuesto que no lo negaba. Pero había tanto más en ella, tanto cerebro y tanta voluntad, fortaleza y tanto amor que parecía imposible que todo estuviera en aquel cuerpecito que él conocía de memoria.

Ginny era la mujer de su vida y lo sería siempre, y deseaba, más que nada en el mundo, sobrevivir a la guerra para poder ser el hombre de su vid...

Sus pensamientos se cortaron cuando ella salió corriendo del baño, mojada y cubierta con una toalla para meterse en su cuarto y cerrar la puerta.

Su pequeña pelirroja era, además de todo aquello, despistada hasta lo increíble, por eso (y después de mirarla tanto) sabía que cada noche después de la cena ella tomaba un baño y siempre se olvidaba la ropa en su cuarto. Y también sabía, que esa pequeña traviesa estaba al tanto de que la miraba y que por eso cometía esos olvidos.

Sonrió.

Tal vez Ginny también lo mirase mucho.

Dedicado a MaryPPotter que sugirió la palabra.  Se que con la palabra Fuego se esperaban otra cosa, pero la verdad se me hizo muy tierno este drabble.