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Historia 180614 — capítulo 6
-Hoy tengo el día libre, tomate el día y te quedas conmigo- ronroneó Ginny.
Como jefe de la oficina de aurores no debería faltar a la oficina solo porque sí, pero era complicado negarse considerando que sus opciones eran salir a la congelada calle repleta de nieve o quedarse en su habitación, calefaccionada, en su cómoda y amplia cama, entre las sábanas con el cuerpo desnudo de su mujer pegado al suyo.
-Estas haciendo que sea irresponsable- reprochó, sin queja alguna y acariciando sus muslos.
-¿Yo hago semejante cosa?- le sonrió con picardía. -Lamento que me encante estar con mi esposo.
-¿Con ese idiota? No entiendo que le ves- Ginny rió.
-Ni se te ocurra decirle, pero solo estoy con él porque está muy bueno- Harry soltó una carcajada.
-¿Solo por eso?
-Bueno, también es bueno en el sexo- confesó.
-Yo puedo superarlo- insinuó.
-No necesitamos juegos para que me digas que estás loco por mi y te mueres por hacerme tuya.
Harry la besó y la acomodo sobre él.
-Que suerte que tengas tantas virtudes, porque si fuera por humildad...- ironizó.
-Mira lo que soy y mira el esposo que tengo, puedo permitirme un poco de arrogancia- se sentó a horcadas y el ojiverde sintió la sangre dirigirse a su entrepierna ante la vista de su pelirroja desnuda y sentada sobre él sin pudor alguno, después de todo, era el único que conocía ese cuerpo perfecto y Ginny confiaba en él más que en ninguna otra persona en el mundo, y el sexo, aunque lo disfrutaran como locos, también se había vuelto un refugio para ambos cuando estaban tristes o furiosos, el pequeño cuerpo de Ginny se había vuelto su escape y su consuelo siempre que lo necesitara, como también su lugar de paz y la mejor forma de festejar cualquier buena noticia.
Harry lamió su cuello y beso sus pecas, mientras la pelirroja se movía sobre él.
Tenía una devoción absoluta por esta mujer. Amaba con cada fibra de su ser como se sentía estar unido a Ginny de cada manera humanamente posible. Nunca se había sentido tan hombre en su vida como la primera vez que escuchó a Ginny gemir su nombre, una y otra vez, y se había vuelto su sonido favorito.
Los músculos de Ginny contrayéndose a su alrededor y él descargando su esencia en el pequeño rincón de la pelirroja que solo él conocía.
Se recostó en su pecho exhausta.
-Deberíamos faltar al trabajo más a menudo. Todos los días, por ejemplo- sugirió con una risita.
-Sería una gran idea- acarició la espalda desnuda.
-Hazme masajes- pidió, Harry obedeció, acariciando sus omóplatos con ambas manos, relajando los músculos tensos- puedo oír tu corazón- comentó distraída, con la cabeza en el pecho de Harry.
Harry siguió masajeando hasta que sintió como la respiración de la pelirroja se hacía regular, ella siempre se dormía unos cuantos minutos sobre él después de tener sexo por la mañana, una simple costumbre que él disfrutaba.
-Tenías razón pelirroja, me vuelves loco- murmuró contra su cabello pelirrojo, antes de besarla en la frente.
Dedicado a Marellipujato por la palabra sabanas y a AbiGrosPotter por pecas.