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El amor imposible de Draco Malfoy. — capítulo 3
-Aviso: Todos los personajes y lugares (salvo algunos creados por mí) son propiedad de Joanne Rowling, aquella mujer que tanto nos ha hecho reír, llorar, enojarnos, sonreír… etc, yo sólo los puse a jugar en mi mente-
Hermione se sintió desfallecer ¿qué le iba a decir? ¿Draco Malfoy, amarla? ¡No! Tenía que ser de alguien más.
-¿Un libro? No, para nada -mintió Hermione
-¿Segura?
—¿Perdiste tu diario, Malfoy? —entró Ron desafiante.
—¿O a lo mejor perdiste tu lista de impuros? —agregó Ginny
Hermione se levantó y su mochila calló dejando a la vista los libros que tenía. Draco se puso rojo de ira… ¿o vergüenza? ¿Y si Hermione lo habría leído? Rápidamente lo tomó y cerró los ojos con dolor.
—Granger ¿a parte de sangre sucia… mentirosa? —escupió Draco
—¿Cómo te atreves, Malfoy? —dijo Harry alzando su varita
—Ella me mintió, si lo llegaste a leer Granger, déjame decirte que es el mayor insulto a la memoria de Crabbe.
—¿Crabbe? ¿Vicent Crabbe? ¿Tu amigo?
—Sí, él jamás nos dejaba leer eso, y aún muerto respetamos esa decisión.
Hermione se sintió mal por dos razones y de dos formas diferentes, el hecho de insultar la memoria a Crabbe leyendo sus cosas privadas la hacían sentir como una profanadora y la otra es que de alguna u otra forma le causaba repulsión de que Crabbe pudiera sentir algo por ella. Pero algo no cuadraba.
—Entonces ¿por qué lo tienes?
—Zabini lo tenía, el me pidió que lo dejara en Hogwarts, para que nadie pudiera leerlo.
Ya le encontró sentido, Malfoy enojado salió dejando a cuatro Gryffindors y una Ravenclaw sin palabras.
—¿Leíste el diario, Mione? —preguntó Luna
—No, sólo lo iba a llevar a cosas perdidas —mintió Hermione.
La idea de que alguien realmente la amara le causó una sensación agradable, pero todo tiene su límite ¿no? Vicent Crabbe, nunca fue precisamente del agrado de Hermione y honestamente del de nadie, dejó de pensar en esa idea. Este año no había más preocupaciones, ya no estaba Voldemort, por fin tendría un año tranquilo en Hogwarts.
La nueva directora Minerva McGonagall había presentado a los nuevos maestros, Snape se fue por petición de los padres y durante el tiempo fuera trató de limpiar su imagen, ahora estaba en la academia de aurores y su maestra no era nada más que Nymphadora Tonks.
El nuevo maestro de DCAO era de nuevo Remus Lupin, lo cual llenó a Harry de mucha emoción, pero lo que sorprendió aún más a Harry fue el hecho de ver a su padrino sentado y presentado como profesor de transformación. Sirius no le había mencionado nada al respecto, pese a que Harry se quedó a vivir con el en Grindmauld place. Ron estaba jugando con una copa vacía que estaba en frente suyo y de un momento a otro desviaba su mirada a la mesa de Ravenclaw mientras que Hermione le prestaba atención al sombrero seleccionador y su discurso de nuevos tiempos, terminada la selección, la directora presentó a los premios anuales femenino y masculino.
—A pesar de que ellos no asistieron el año pasado me gustaría informar que los premios anuales, son la señorita Hermione Granger de Gryffindor —aplausos y gritos se oían— y el joven Draco Malfoy de Slytherin —aplausos de decencia se escucharon— por excelente rendimiento académico y modelo de alumnos. Al fondo de la mesa de Gryffindor se escuchó gritar a Colin Creevey que Malfoy fue un mortífago, los murmullos estallaron y Malfoy se comenzaba a sentir miserable, alzó la vista hacia la mesa de Gryffindor y vio como Hermione lo veía con pena, después de todo lo que le ha hecho, de como se ha portado ella desbordaba bondad… él no se merecía eso. Creevey tenía razón. La directora los mandó a callar, explicando que Draco Malfoy había enmendado su error, Harry en parte sabía que es verdad, después de todo, en la mansión Malfoy no lo delató.
Terminada la presentación apareció comida en sus platos y asombro por parte de los estudiantes nuevos, Sirius y Lupin se acercaron hacia Harry, este dolido porque Sirius no le había contado nada solo agachó la cabeza
—¡Haaaarry!—gritó su padrino—¿qué pasa no estás feliz de verme?
—Claro… solo que me pregunto por qué no me contaste
—Harry, queríamos darte una sorpresa, pensamos que te agradaría.
Y era verdad Harry estaba muy feliz de poder compartir más tiempo con Sirius y Lupin, sin más se levantó de la mesa y los abrazó.
Terminado el banquete los premios anuales se dirigieron al despacho de la directora para ubicarlos en su nueva sala común, esta se localizaba en la torre junto a la de Ravenclaw, pero opuesta a la de Gryffindor para tristeza de Hermione, pero de alegría para Draco pues estaba bien lejos de las mazmorras, siempre odió ese lugar. Llegaron al hueco del retrato que resultaba ser Sir Cadogan. Hermione rodó los ojos ¡cómo le desagradaba esa pintura!
—Honor y lealtad —dijo Draco.
—Vamos, muchacho, ven y enfréntate como un hombre, pelea, pelea —dijo Sir Cadogan.
—Honor y lealtad —dijo Hermione.
—¿Te escudas en una muchacha? ¡Qué cobarde! ¡Pelea, pelea!
—Honor y lealtad —gritaron Draco y Hermione al mismo tiempo.
Sir Cadogan malhumorado abrió el retrato.
Cuando entraron se fijaron que esta sala común era realmente hermosa, era circular con tapiz púrpura, dos escritorios, un largo sofá, un gran estante de libros, una gran chimenea, un inmenso ventanal y una pintura de los fundadores, al fondo había dos grandes escaleras de caracol que llevaban a los dormitorios. Hermione quedó fascinada, especialmente por el estante, miraba con gran emoción su al rededor.
—Malfoy, no te ves contento ¡mira este lugar! Es espléndido, me encanta.
A Draco más bien le emocionaba el hecho de compartir ese lugar con Hermione.
—Granger, ya que me veré obligado a compartir un año contigo, será mejor que nos llevemos bien ¿no lo crees?
Hermione se sentó en el gran sofá y suspiró
—Malfoy, hemos convivido más de seis años juntos y nunca nos hemos llevado bien ¿qué tendrá de diferente este?
—No lo sé, digo vamos a vernos todo el tiempo… además me preguntaba eso porque eres prácticamente la única que conozco aquí.
—Malfoy…
—Olvídalo… sólo era una idea.
Hermione sintió una lástima tan profunda.
—No, claro que estoy de acuerdo. Compartir esto contigo será… interesante —sonrío— pero antes te quiero pedir una cosa.
—Lo que tú quieras, Granger.
—No más sangre sucia.
—No más —respondió Draco.
A la mañana siguiente Draco se levantó muy temprano, ya no podía dormir más, se dirigió al baño y vio al espejo ¡cuán demacrado estaba! Nunca había estado así de delgado, quería cambiar ese aspecto, miró el reloj, cinco de la mañana, vaya, tomó una sudadera y su escoba y bajó al campo de Quidditch, le dio quince vueltas a la cancha trotando, después hizo una serie de abdominales, sentadillas y lagartijas, no había perdido su físico, eso le agradaba, tomó su escoba, la montó, golpeó el piso y se dispuso a volar, siempre que volaba se acordaba de su ángel de ojos castaños, de lo bonita que se veía durmiendo, el día anterior, había llegado temprano al expreso de Hogwarts, pero a eso de las 10:30 se le antojó un café, el del tren apestaba así que rápidamente bajó por uno, cuando volvió encontró a Hermione dormida encima de su mochila… pero su diario no estaba, enloqueció inmediatamente, si alguien lo leía estaba perdido, se sentó en el asiento frente a ella y la contempló dormir, tenía la boca medio abierta y murmuraba algo, estaba sonrojada posiblemente por el calor que le producía ese saco y todo su cabello suelto, sonrió, Hermione Granger era posiblemente la mujer más linda que haya existido nunca. La dejo dormir, se le notaba muy cansada así que se dispuso a leer un libro que tenía por ahí y al cabo de cuatro horas la despertó.