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La tercera generación: 24 años después — capítulo 54
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¿Qué pasa si me pillan durmiendo aquí? - Susurró Lizzy mientras entraban al dormitorio de James.
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No te pillarán, tranquila.
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Murmuró él. Se acercó a su cama y cogió el pijama que la chica le había dado aquella misma tarde. - Vamos al baño para que puedas cambiarte.
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¿No te fías de nosotros, James? - Fred enarcó una ceja.
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Más bien poco, pero de todas formas necesita su intimidad, Lizzy es una dama. - Dijo él de forma maliciosa, lo que provocó que la chica lo golpeara en el brazo.
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No te atrevas a repetir eso. - La morena negó con la cabeza. - Anda, vamos.
Los dos se dirigieron hacia el baño, donde el pelinegro ayudó a la Ravenclaw a deshacerse de su vestido. Lizzy suspiró al notar cómo se desprendía, por fin, de todo el peso con el que había estado cargando toda la noche. James, al verla así, no pudo evitar subirla al lavabo y besarla. Ella río y apoyó sus manos en sus hombros, correspondiendo su beso. Cuando se separaron por falta de aire, la chica saltó de nuevo al suelo y comenzó a vestirse. James negó con la cabeza, pero se vistió también, con una sonrisa tonta dibujada en sus labios. Volvieron al dormitorio una vez hubieron terminado y, cuando entraron, Lizzy colgó su vestido con cuidado en un gancho en la pared mientras James deshacía la cama. Fred y Jordan ya se habían acostado y habían corrido sus respectivas cortinas.
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Estoy agotada. - Confesó ella en un susurro. - Estas fiestas me matan.
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Pues vamos a dormir entonces. - James dio un par de golpecitos en el colchón y ella se metió en la cama y dejó que él la arropara. - ¿Bien, así?
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Perfectamente. - Lizzy sonrió y, con un movimiento de varita, corrió también las cortinas de aquella cama. - Muffliato. Así no molestaremos a nadie.
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¿Tú no tenías mucho sueño?
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El mayor de los Potter enarcó una ceja, divertido.
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Pero un ratito de charla aguanto. - Lo besó y sonrió. - ¿Sabes que Vic me ha pedido que sea una de sus damas de honor?
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¿En serio? - James abrió los ojos, sorprendido.
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Sí, yo tampoco me lo esperaba, supongo que es su forma de darme la bienvenida a la familia, ¿tú vas a ser uno de los padrinos de Teddy?
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No uno, sino el padrino. - Contestó él, orgulloso. - Los demás son secundarios, yo soy el más importante.
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Va a ser genial, ya verás, además, empiezo a tener ganas de contarle lo nuestro a todo el mundo. - Lizzy comenzó a dibujar círculos con su dedo en la palma de la mano de James. - Seguro que todos se lo toman bien.
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¿Con todos te refieres a tu familia al completo? - Preguntó el Gryffindor.
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Oh, eso. - Ella suspiró. Era imposible que no se hubiera dado cuenta, además conociendo a su abuela… - ¿Te ha dicho algo mi abuela Charlotte?
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Que tiene grandes planes para ti y que me aleje, ¿de qué se supone que va? - No quería sonar brusco, pero sus palabras le habían molestado mucho.
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Ella es la última de una de estas grandes familias de sangre limpia y para ella todo eso de los matrimonios concertados es normal.
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Pero yo creía que tu abuelo era nacido de muggles.
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Y lo es, aquí viene la parte divertida, se fugó con él porque sus padres no les permitían casarse, quisieron desheredarla pero al ser su única heredera al final la perdonaron y, como a ella le ha ido todo tan bien, tiene la absurda teoría de que todos los demás debemos hacerle caso porque sus decisiones siempre son correctas. - Lizzy suspiró. - Quiso elegir tanto a la esposa de mi padre, como a la de mi tío, pero mis padres empezaron a salir en cuarto curso y mi tío murió en la Guerra, así que no pudo hacerlo. De todos modos, mi madre le parecía encantadora y aprobaba a su familia, así que no tuvo muchos problemas. A mí lleva intentando casarme con Giorgio desde que tengo uso de razón.
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¿Y por qué nadie hace nada por impedirlo? ¿Por qué no me lo contaste?
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Bueno, si no te dije nada fue porque no quería que te escandalizaras. Eran cosas familiares que debía solucionar yo solita. Y, con respecto a lo otro, para casarme antes de cumplir los 17 necesitaba un permiso que mis padres se negaron a firmar, diciendo que era demasiado joven para poder afrontar los deberes del matrimonio. Y sí, lo dijeron así. - James negó con la cabeza al escuchar aquello. - Tuvieron una gran discusión cuando yo tenía 15 años, pero al final consiguieron evitarlo y ahora no puede casarme con nadie que yo no quiera. Sinceramente, aunque me quite la herencia haré lo que me plazca, puedo ganar mi propio dinero y no estoy dispuesta a ser propiedad de nadie.
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Esa es mi Lizz. ¿Y los Cavalli no se imaginan que después de tantos años no van a conseguir su objetivo?
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Creo que hoy se lo he dejado bastante claro a Giorgio, gracias al compromiso de Teddy y Victoire, pero de todas formas, mi abuela siempre los entretiene con nuevas negociaciones para que no se den cuenta de lo que realmente ocurre.
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Me parece muy mal que te vean como una simple moneda de cambio.
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Ellos son ricos y quieren que su hijo tenga una mujer de buena familia de la que pueda presumir en las fiestas y mi abuela quiere casarme "bien", con alguien adinerado y que provenga de una familia importante. - La voz de Lizzy era ahora solo un murmullo. - Él quiere una cara bonita, no una persona que piense, alguien capaz de defender sus valores y de valerse por sí misma.
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Al menos ahora estás a salvo, ya no vas a caer en sus garras. - James la abrazó y depositó un casto beso en su frente.
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No es tan malo. - La morena movió la cabeza y se encogió de hombros. - Es simpático y a veces incluso divertido.
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No esperes que me caiga bien. - El pelinegro arrugó la nariz. - Al menos no habrá intentado propasarse contigo, ¿verdad?
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No, además, solo nos hemos liado una vez.
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¿Qué?
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Oh, venga ya, no te hagas el sorprendido. - La chica lanzó una carcajada. - Tenía 15 años, era una preciosa noche de verano, él era mayor, italiano y estaba buenísimo.
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Me parece increíble que le dieras esperanzas.
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No lo hice, le dejé claro que no iba a volver a pasar, que una noche tonta la tiene cualquiera y aquello no había significado nada para mí. Fui muy sincera con él, aunque creo que no le hizo mucha gracia.
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A veces puedes llegar a ser un poco brusca. - James suspiró. - De todas formas, me alegra saber eso y, mucho más, que estés ya libre de esa amenaza.
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Siento que hayas tenido que pasar por esto, para mi abuela Charlotte soy una dama que solo un caballero del más alto nivel puede tocar, pero aún así la quiero. Supongo que ya me he acostumbrado, por suerte mi abuela Anne es completamente distinta a ella y, por eso mismo, la adoro.
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También he estado hablando con ella.
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Has hablado demasiado con mi familia hoy. - Murmuró la chica por lo bajo. - A ver, ¿qué te ha dicho?
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Que apuesta por mí y que sabe que puedo hacerte feliz.
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Es demasiado lista.
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Lo sé. - James suspiró. - Dice que no hay más que ver la forma en la que te miro y tu sonrisa al verme.
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Qué mona. - El chico puso los ojos en blanco, pero se mordió la lengua a tiempo. Si supiera que lo de la apuesta era algo literal… - Supongo que después de todo lo que pasó en las vacaciones de Pascua se habrá dado cuenta de que te quiero.
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¿Qué pasó? - Arrugó el ceño sin poder evitarlo. No le había contado nada de esos días.
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Nada, estuve bastante deprimida, creo que se dio cuenta de que algo pasaba cuando empecé a lavar los platos de forma voluntaria y sin utilizar la magia. Y también el hecho de le gruñera a mi madre cuando me preguntó por ti puede que tenga algo que ver. Creo que dije algo como "es un gilipollas" y "no pienso volver a hablarle jamás", algo así fue porque me gané uno de sus "¡Elizabeth!". Ya sabes, se escandaliza por cualquier cosa. - Puso los ojos en blanco y comenzó a reír.
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Eres única, ¿lo sabías? - Negó con la cabeza. - ¿Así que no pensabas volver a hablarme en la vida?
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Ese era mi plan, me habría aburrido bastante, pero mi orgullo habría quedado intacto.
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Por suerte para ti, fue el mío el único que hubo que pisotear.
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No seas tonto, sabes perfectamente que me encantó lo del partido.
Lizzy lo besó y él correspondió a su beso con ternura. Claro que lo sabía, no habría vuelto con él si no. Siguieron besándose hasta que, de repente, un bostezo se le escapó a la chica, lo que provocó las carcajadas de ambos.
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¿Qué ha sido eso? - Preguntó James, haciéndose el sorprendido.
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Cuando dije que estaba cansada, lo decía de verdad. - Se defendió ella, todavía riendo y secándose unas lágrimas que se le habían escapado. - Creo que lo mejor será que nos vayamos a dormir.
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Sí, estoy de acuerdo. - James la besó una vez más antes de abrazarla. - Buenas noches, Lizz.
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Buenas noches, Jamie.
James fue quien la despertó por la mañana. Susurró su nombre todas las veces que hicieron falta y la zarandeó un poco hasta que consiguió que sonriera y, lentamente, abriera los ojos.
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Buenos días. - Murmuró.
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¿Lista para volver a las clases?
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Por supuesto. - Se desperezó y descorrió las cortinas. Fred y Jordan se estaban levantando con cara de resignación, pero la Ravenclaw no se fijó en ellos. Su mirada se quedó fija en la cama más alejada, desde donde McLaggen la miraba con la boca y los ojos muy abiertos. - Buenos días chicos, Cormac.
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Lizzy… - El chico carraspeó sin saber qué decir, ni qué hacer. No entendía que hacía una chica de sexto año de Ravenclaw en los dormitorios de los chicos de séptimo año de Gryffindor, aunque luego recordó que desde el partido estaba saliendo con James Potter y todo pareció cobrar sentido. Se puso de pie y cogió su uniforme. - Si me disculpáis, voy al baño a cambiarme.
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Adiós, McLaggen. - James sonrió, todavía tumbado en la cama y Lizzy lo fulminó con la mirada. - ¿Qué?
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Así que querías que durmiera aquí por esto. - Negó con la cabeza.
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Bueno, tú misma dijiste después del partido que habías montado ese espectáculo para alejar a las chicas de mí, era mi turno de hacer lo mismo.
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Creo que ese día tú también lo hiciste. - Arrugó la frente pero, de repente, empezó a sonreír y un escalofrío recorrió al chico de arriba abajo. ¿Qué estaba tramando?
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¿Qué pasa ahora, Lizz?
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Tú te has tomado tu venganza contra Cormac, deja que yo me tome también la mía.
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¿Contra quién? - Era una pregunta tonta, pero tenía que preguntarle.
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Annabeth Meadow, ¿quién si no? ¡Y ahora arriba, tenemos que vestirnos!
Los dos se pusieron de pie y comenzaron a coger las prendas de su uniforme mientras Fred y Jordan salían a cambiarse fuera pero, cuando Lizzy fue a coger su corbata descubrió que no estaba. Miró rápidamente a James y vio que este la sostenía en alto.
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Devuélvemela inmediatamente.
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¿Y si no quiero?
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James, no puedo ir sin corbata, podrían llamarme la atención.
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Mala suerte. - Él sonrió y la colgó en la pared con un hechizo. - Me gustan los colores, me la quedo.
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Te daré una luego, pero dame esa. - Le pidió ella.
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Llévate esta. - Le tiró una corbata de Gryffindor. - Estoy seguro de que te quedará muy bien.
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Te odio. - Dijo ella refunfuñando antes de comenzar a vestirse.
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Me quieres, pero vale, di lo que tú quieras.
Una vez terminaron de vestirse, bajaron con sus cosas a la Sala Común y se sentaron en uno de los sofás. Todavía era temprano y Lizzy sabía que Annabeth seguiría arriba. Esperaron media hora hasta que la vieron aparecer y la morena se lanzó a los brazos de James y lo besó con pasión. Él negó con la cabeza pero le siguió la corriente, al fin y al cabo, él había hecho lo mismo. Annabeth tardó un rato en reaccionar, se quedó mirándolos con la boca muy abierta y una expresión enfadada. Odiaba a aquella niña desde hacía años y ahora sus sospechas se habían confirmado: entre ella y James siempre había existido algo. Cuando se separaron, Lizzy enarcó una ceja y ella se marchó del salón maldiciendo por lo bajo.
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¿Te sientes mejor ahora?
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No, parece que tengo tres años, pero al menos ya estamos en paz. - Volvió a besar a James, aunque ahora con ternura. - Anda, bajemos a desayunar, me muero de hambre.
Si el miércoles tocó un Scorose, hoy toca un ¿Jizzy?
Espero que os haya gustado y ya sabéis, dejad vuestros comentarios que no os cuesta nada y a mí me hacen mucha ilusión ;)
El lunes publicaré el siguiente pero por la tarde-noche (hora española) probablemente. Así que nada, disfrutad del puente y cuidado con lo que hacéis en Halloween ;)
Muchos besitos,
María :)
PD: Solo 9 capítulos ;)