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Historia 18295 — capítulo 2
1
Uniones y Decepciones
- Queridos Hermanos... –comenzó a hablar el sacerdote- ...estamos todos reunidos aquí, para unir en sagrado matrimonio a este hombre con esta mujer.
Muchos de los invitados se hallaban conmovidos por tan bella ceremonia, Seamus Finnigan que se encontraba sentado en primera fila, del lado del novio, sacó una videocámara muggle y comenzó a grabar con insistencia a la pareja; el sacerdote continuo hablando...
- ... Ellos se encuentran aquí, libremente, para expresar ante esta comunidad, sus votos.
Dean volteó a ver a Parvati, le tomó las manos, la miró con todo el amor que sentía y completamente nervioso, sintiendo como las piernas le temblaban como si estuvieran hechas de gelatina, comenzó:
- Yo; Dean Thomas; te tomó a ti, Parvati, como mi esposa; y juro ante Dios que estaré siempre a tu lado... -siguió hablando, mientras sacaba un precioso anillo de oro y se lo colocaba en el dedo anular de la mano izquierda- ...en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, para amarte y respetarte, todos los días de mi vida.
Dean apenas podía contener el aliento; Parvati apretó con fuerza la mano derecha de Dean y también sacando un anillo y colocándoselo en el mismo dedo de la misma mano que a ella, comenzó a decir sus votos:
- Yo; Parvati Patil, te tomó a ti, Dean, como mi esposo; y juro ante Dios que estaré siempre a tu lado, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, para amarte y respetarte, todos los días de mi vida.
Apenas pudo terminar, ya que la voz comenzaba a temblarle de la emoción y de sus ojos, unas lagrimas cristalinas amenazaban con salir.
- Parvati y Dean, han declarado ya sus votos, han intercambiado anillos –dijo el sacerdote- por lo tanto, en nombre de Dios, yo los proclamo Marido y Mujer; lo que Dios a unido, que no lo separe el hombre. Ahora, ya puede besar a la novia!
Dean sonrió; estaba realmente feliz. Tomó a Parvati con ambas manos, la miró con infinita ternura; Parvati no pudo evitar estremecerse por completo, como cuando él la había besado por primera vez; Dean se acercó a ella lentamente y de forma delicada, la besó dulcemente.
Todos aplaudieron y la música comenzó a sonar.
- Les presento al Sr. y a la Sra. Thomas! –agregó el padre con emoción.
Parvati y Dean saludaron; salieron de la iglesia sonriendo con emoción. Seamus grababa a la pareja de cerca.
Todos los invitados siguieron a los recién casados hacia la salida; los escoltaron hacia una carroza blanca, tirada por dos corceles del mismo color, que pronto abordaron entre una lluvia de arroz y de aplausos.
-
Los veremos en la fiesta! –dijeron ambos novios y se fueron.
-
No vas a la fiesta? –dijo Seamus a Ron, notando que éste, se preparaba para irse a casa
-
No lo sé –dijo Ron pensativo- Cho esta algo enferma y me gustaría pasar la tarde con ella; ya sabes, por si necesita algo.
-
Oh, vaya –se lamentó Seamus- Dale mis saludos; y dile que espero que se mejore.
-
Gracias –dijo Ron estrechándole la mano a Seamus en señal de agradecimiento- Nos vemos.
-
Hasta luego!
Ron se apresuró a llegar a casa, para ver a su adorada Cho.
El pelirrojo llegó pronto, sacó unas llaves y abrió la puerta con cuidado, no quería hacer ruido, pues que tal que despertara a Cho y no quería molestarla.
Entró a la casa con cautela, se dirigió en silencio hacia la habitación donde ambos dormían y abrió la puerta de la recamara...
Más le hubiera valido no abrirla.
En la recamara se encontraban dos personas... ambas, acostadas sobre la misma cama, parecían estar enredadas entre sí.
Ron abrió los ojos lo más que pudo, pues en ese instante, su mente insistía en que, lo que estaba presenciando no podía ser real, simplemente no podía ser verdad!
Cho Chang se hallaba en la cama, completamente desnuda, con todo el cuerpo cubierto de sudor, agitándose, acompasadamente sobre un hombre blanco, de cabellos rojos y ondulados; su físico era parecido al de Ron; y como no podía serlo, si se trataba de su propio hermano Percy.
Ambos amantes voltearon y de pronto dejaron de entregarse al amor, dándose cuenta de que su bajeza había sido descubierta.
Ron se quedó parado, mirando la escenita con asombro por unos cuantos segundos, después pareció reaccionar, salió de la habitación azotando la puerta con intensa rabia, pero a la vez con dolor. No se sentía bien; de repente no podía respirar, el aire era demasiado pesado y un dolor agudo comenzó a perforarle el pecho. Como un autómata, comenzó a revolver las cosas de la casa, las cosas de Cho.
A continuación, Cho salió de la habitación, envuelta en sábanas.
-
Ron... –dijo ella avergonzada- yo...
-
Sigue ahí dentro? –dijo Ron con odio, dirigiéndose con mirada peligrosa hacia la habitación.
-
No, él... desapareció... –agregó Cho angustiada, sabía perfectamente que hubiera pasado si Percy se hubiera quedado; Ron lo habría acabado a golpes.
-
Es un cobarde –dijo Ron para sí mismo; luego, comenzó a sacar toda la ropa y los zapatos de ella.
-
Ron... Yo... perdóname! Yo... déjame explicarte...
Ron la no escuchaba, tomaba lo que podía de las cosas de Cho y las arrojaba a la calle...
-
Que.. que haces? –dijo ella, con lagrimas en los ojos. Lagrimas falsas.
-
no es evidente? –dijo Ron decepcionado- Te vas!
-
Pero, Ron; sabes que no tengo sitio donde quedarme!
-
Puedes quedarte con Percy, ya que has intimado taan bien con él! –dijo Ron con sorna; luego, la tomó de un brazo y la sacó a la calle, sin importarle que se encontrara descalza, solo vestida por una sábana- O bien, puedes irte a las calles y vivir como lo que eres.
-
Una perra? –dijo ella con tristeza y a la vez con enojo.
Ron la miró con rabia, con una infinita rabia contenida; pero a la vez con decepción; jamás se imaginó que la mujer que amaba y que hasta hace unos momentos había considerado la mujer de su vida, le hubiera hecho tal canallada.
- Iba a decir callejera; pero el significado es el mismo, verdad? –dijo con cierta aversión en su mirada- Nunca pensé que fueras tan ruin, tan perversa, tan baja. Vete de aquí, no quiero volver a verte. Jamás!
Cerró la puerta con fuerza. Se recargó sobre la puerta y se soltó en un silencioso llanto; se sentía dolido, engañado, humillado, pero lo peor, se sentía totalmente decepcionado; él había creído en ella; le habría confiado hasta su vida y ella había resultado una traidora.
[Esto no me volverá a pasar] pensaba Ron seriamente [No volveré a confiar en nadie, nunca más!]
Mientras tanto, en el hospital San Mungo, la doctora Halley Potter se dirigía con prisa hacía la cafetería del hospital; estaba muriéndose de hambre, ya que de tanto trabajo que tenía, no había podido ir a desayunar, ni a comer; ya eran las siete de la tarde y su estomago se encontraba protestando. Sin embargo, cuando llegó a la cafetería, se encontró con una larga fila de clientes, también hambrientos.
La fila no avanzaba con rapidez y Halley se estaba desesperando; cuando al fin había llegado a la caja, una voz femenina se escuchó en los altavoces de todo el hospital:
“Dra. Potter, se le solicita en piso de Medicina Interna, urgentemente!”
- Diablos! –dijo ella para si misma y salió corriendo hacía el piso de Medicina Interna.
Un par de ojos, azul intenso, la observaba desde lejos.
Unas horas más tarde; ya cuando la guardia había terminado, Halley se dirigió a su oficina, donde la esperaba una cama pequeña que siempre usaba para descansar un poco en las guardias; entró desganada pues se encontraba muy cansada y le dolían los píes; cuando de repente descubrió que, sobre su escritorio se encontraba un delicioso sándwich de tres pisos, con papas a la francesa y una rica malteada de vainilla. Halley sonrió, tomó los alimentos, pues se encontraba realmente hambrienta y se durmió.
A la mañana siguiente, Alexander Louthd, un medimago joven, de pelo negro intenso y bellos ojos grises, buscaba a la Dra. Potter.
-
Aquí estas? –dijo él al encontrarla curando a un paciente
-
Termino esta curación y nos vamos –dijo ella
-
OK
Después de terminadas sus tareas; Halley se reunió con su novio.
-
Como te fue ayer, amor? Cuantos corazones salvaste?–preguntó la chica, mientras lo saludaba con un beso en los labios.
-
Bien! –dijo el abrazándola- operé los 3 que tenía programados, ah, y llegó uno de urgencias, fue por eso que no pude venir anoche a verte.
-
Bueno, pero... te dio tiempo para el detalle de la cena, no? –dijo ella sonriéndole, mientras lo abrazaba- Eso te disculpa –agregó, fingiendo un poco de enojo.
-
El detalle de la cena? –dijo él sin comprender.
-
Si, ya sabes; -explicó Halley- El sándwich, la malteada... Tú me llevaste la cena ayer.
-
Nena; yo estuve operando todo el día y toda la noche –dijo Alexander- Yo no te lleve nada.
-
No? –dijo ella extrañada, mientras caminaban hacia la calle.
-
No –aclaró él- Tal vez te confundiste.
Halley ya no dijo nada; si Alexander no le había llevado la cena, entonces quien?
Por otro lado; en Hogwarts; Fleur se encontraba totalmente agobiada por la enorme cantidad de trabajo que le había asignado el profesor Snape; tenía que realizar el inventario de todas las hierbas existentes en el almacén de Hogwarts; el problema en sí, no era contar las plantas o registrarlas, el problema era, más bien, reconocerlas, pues había algunas que eran muy parecidas entre si y además, Fleur no era una experta en Herbología. Apenas llevaba registradas 81 y todavía le faltaban unas 778.
[A este paso voy a tegminag magñana!] pensaba Fleur, mientras trataba de adivinar que tipo de planta tenía enfrente, comparándola con algunas fotos de un viejo libro de herbología.
En ese momento, Neville iba pasando por ahí en compañía de Luna Lovegood y se dio cuenta de que Fleur se encontraba en un dilema.
- Hola! –saludó Neville cordial a la bella francesa- Que haces?
Fleur que se encontraba demasiado ocupada, lo miró molesta. ¿Qué no era obvio lo que estaba haciendo? Tenía que ordenar todo y terminar lo antes posible!
-
Ogdenando un poco! –respondió con desdén, luego agregó para si misma- que planta será esta?
-
Es acónito! –se apresuró a decir Neville, haciendo uso de su muy vasto conocimiento sobre herbología.
De repente, el semblante de Fleur cambió por completo; ¿Cómo había podido olvidar que “el gordito” era profesor de Herbología!? Volteó a ver a Neville y con mirada coqueta, agregó:
-
Merci! – después, con su semblante más inocente y su tono de voz más cautivador, agregó- mmm, me preguntaba, si, mm...
-
que? –dijo Neville interesado. Luna miró a Fleur con rostro de desaprobación y un poco de ira contenida.
-
No, nada! –dijo Fleur fingiendo ingenua timidez.
-
No, adelante! Que ibas a decir? –animó Neville.
-
Ella no quiere decirte nada –intervino Luna un poco molesta- Ya vámonos.
-
En realidad... –continuó Fleur- ... estaba pensando que, ya que usted es espegto en plantas, podría ayudagme un poquito?
-
Claro! –aceptó Neville contento. Por fin podría tener un acercamiento con la chica de sus sueños.
-
Pero Neville... –intervino Luna- ...dijiste que revisaríamos lo del programa académico!
-
Claro que si no puedes pues... –agregó Fleur con su mirada más dulce.
-
No, claro que puedo! –se apresuró a responder el chico- Luna, revisaremos después el programa; no es muy urgente sabes?
Luna lo miró con tristeza por unos segundos; luego se dio media vuelta y se alejó:
- Como quieras!
Neville y Fleur se pusieron a trabajar. El chico pensaba que esta sería una oportunidad perfecta para entablar conversación y conocerse mejor; así que comenzaron a hablar. Estuvieron platicando como 1 hora; aunque el que en realidad hablaba era Neville; Fleur solo se limitaba a responder con monosílabos.
-
...fue así como gané el primer lugar internacional! –explicaba Neville emocionado, describiendo cada detalle de cómo había vencido a su rival en el concurso mundial de herbología, durante 3 años consecutivos.
-
Ah si –musitaba Fleur con desinterés- em... voy pog un refrigerio, si?
-
Si –dijo Neville- debes estar hambrienta! Debes comer algo!
Fleur se levantó de su asiento y salió del almacén. Neville continuo trabajando; le resultaba fácil reconocer las hierbas; pasaron 10 minutos, luego 15, luego otros 15 y Fleur no aparecía; para cuando Neville se dio cuenta de que lo habían dejado colgado con todo el trabajo, ya había pasado más de 2 horas y media.
Neville dio un resoplido de resignación. Claro, como una hermosa mujer como ella iba a entablar una relación con un hombre como él?
-
Demasiado bueno para ser cierto –se dijo así mismo decepcionado.
-
Todavía sigues aquí? –dijo una voz desde la puerta.
Neville respondió apenado, al darse cuenta de que era Luna la que le hablaba:
-
Ya casi termino; solo me faltan 53 hierbas.
-
Y donde esta la “franchute”? –dijo Luna molesta- Te dejó solo aquí, haciendo su trabajo?
-
No, no! Como crees?! –se apresuró a justificar el muchacho- la mandé a descansar un rato por que si estaba un poco cansada.
Luna miró a Neville y sonrió levemente negando con la cabeza.
- Ay, Neville! –dijo la rubia en un suspiro- Haber, te ayudo a terminar.
Estuvieron otra hora arreglando todo mientras platicaban de las clases, del sueldo y del nuevo espectáculo de “Las brujas de Macbeth”.
-
Listo! –dijo al fin el profesor- Terminamos!
-
Si –dijo Luna- y, no es por ser mala onda, pero creo que sería bueno que fuera la ultima vez que te ofreces a ayudar a Fleur.
Neville sonrió, asintiendo con la cabeza.
- Vamos te invito a cenar! –dijo Neville
Ambos profesores salieron de la escuela para ir a cenar. Neville ya no se sentía tan decepcionado. Después de todo, había disfrutado esa hora platicando con Luna.
[Nunca pensé que fuera tan divertida] pensó el joven.