Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← El lado sexy de Lily Evans · de

El lado sexy de Lily Evans — capítulo 1

James sabía que Lily Evans era sexy ¿de acuerdo? Lo sabía desde sus doce años cuando las curvas precoces y pubertales comenzaron a aparecer, todavía recordaba como Lily pasó medio año vistiendo sweaters para ocultar sus nuevos atributos, pero había cosas que superaban su imaginación, momentos en los que Lily sobrepasaba cualquier cosa que él pudiese haber fantaseado.

Cuando Lily aceptó salir con él, paso toda la noche sin dormir pensando en cómo sería la cita, seis años de espera habían dado sus frutos y dentro de pocas horas la pelirroja pasearía por Hogsmade con él. ¿Sus expectativas? Estar con ella toda una tarde, poder abrazarla y hacer lo posible por conseguir una segunda cita.

El corazón le latía a mil por segundo cuando la vio bajar las escaleras, todo parecía bien con su falda tableada y sus zapatos bajos, pero la cosa se complico cuando vio su blusa, era rosada, sutil y femenina, pero el fruncido a la mitad remarcaba su estrecha cintura y su escote...¡Merlín, tendría que ser ilegal que una pelirroja usara una blusa como esa en una primera cita si no quería matarlo! Si, era un caballero, realmente lo era, pero no pudo evitar quedarse mirando el borde de encaje de la blusa.

-Quise ponerme bonita para la cita, espero haya funcionado.

-S..si- además de idiota enamorado, tartamudo.

-Por cierto... ¿James? Si buscabas mis ojos, están un poco más arriba.

Idiota, enamorado, tartamudo y sonrojado hasta el alma.

__

James no podía agradecer más su suerte, Lily y él estaban tomando helados, solos en la terraza de la heladería(privilegio que solo tenían los amigos de Florean Fortescue) y la pelirroja no hacía más que reír e incluso había contado tres ocasiones en que lo había mirado y pestañeado con coquetería.

-¿Saldremos el próximo sábado?- preguntó.

-James, hace casi dos meses que salimos cada semana, ya tienes un lugar fijo en mi agenda.

-¿Tienes agenda?

-Claro, soy una chica muy ocupada. Entre tantas citas que tengo debo organizarlas, no quiero dejar plantado a ningún chico- la risa de James se desvaneció y frunció el ceño. Lily rió- ¿De verdad te crees eso? Nadie más que tú tiene mi atención- James sintió que se le iba el aire de los pulmones cuando ella se acercó peligrosamente a él, ¿iría a besarlo? pero no apoyo sus labios, sino que saco su rosada lengua y le dio una lamida traviesa y atrevida en su labio. -Tenías helado.

James sonrió y la tomó de la nuca para besarla, Lily respondió el beso sin esperar ni medio segundo. ¡Estaba besando a Lily Evans! Y notaba la tierna pero arrasadora inexperiencia de la pelirroja, ¡Estaba dándole su primer beso a Lily Evans! el beso se cortó poco a poco.

-¿Yo también tenía helado?- preguntó con picardía al separarse.

-Si claro...helado.

 __

 Odiaba, de verdad detestaba, a la gente prepotente y estúpida, él sabía que era un poco terco y bastante arrogante pero de ahí a creer que sabía hacer todo mejor que todos había un trecho.  La espalda le dolía por la estúpida Bludger que el estúpido McLaggen había enviado en su dirección, había gente mala que se merecía su desprecio (Snivellus, por ejemplo) pero McLaggen era tan irritante que la molestia que le causaba sobrepasaba cualquier otra sensación.  ¡Quería el puesto de guardián, maldita sea! ¿Qué demonios hace un prospecto de guardián bateando una bludger? Todos los McLaggen eran así, conocía a su padre y también a su hermano menor, eran de lo más insoportable.

El caso es que había pasado de un humor genial por las pruebas de Quidditch, donde todos lo adulaban ya sea por ser un merodeador, el capitán o por tener a la chica más hermosa del colegio sentada en las gradas saludándolo (y todos saben lo mucho que a James le gusta ser adulado), a estar tirado en su cama boca abajo con un dolor en la espalda jodidamente molesto y un humor de perros.

¿Qué culpa tienen los pobres perros? Eso es muy insultante de tu parte, cornamenta.  habría dicho Sirius.

El buen canuto, probablemente estaría persiguiendo a McLaggen insultándolo a él y a cuatro generaciones de su familia, mientras el querido Lunático lo sostenía para que no le parta la cabeza al idiota.

Remus Remus Remus, a veces deberías dejar que Sirius le parta la cara a un idiota, solo de vez en cuando.

Escuchó la puerta abrirse.

-¿Le rompiste la nariz a McLaggen?- murmuró con enfado.

-Me abría gustado, pero soy algo bajita como para llegar hasta su nariz- la vocecita de Lily llegó a sus oídos, era increíble como esa voz que tantos años le había gritado ahora fuera tan tierna y cómplice. Sintió sus pasos y luego el colchón cediendo ante el peso. -¿Como estas?- se le erizó el pelo de la nuca cuando Lily deslizo su mano por la espalda desnuda, justo donde había recibido el golpe- ¿Te duele mucho, cariño?

-Creo que la molestia hace que el dolor no sea tan... ¿Lily qué haces?- su voz sonó ronca, Lily estaba sentándose ahorcadas sobre su trasero, quedando sobre él en una postura algo comprometedora. -Oh mierda- un gemido de gusto se le escapó de sus labios cuando Lily comenzó a masajear su maltrecha espalda.

-No hice todo el camino desde el campo de quidditch hasta aquí para no ayudarte, déjame mimarte un poco y verás que el dolor y la molestia se van- ¿cómo podía ser tan seductora? sus manos resbalaban por la piel, junto con algún beso en su nuca que lo hacía estremecer.

Oh Merlín, quizás podría perdonarle a McLaggen algunos golpes más si Lily lo cuidaba de esta manera.

__

Había cosas que se podían soñar, como Lily aceptando ir a su casa en el lago en vacaciones.

Había cosas que no se podían imaginar, como Lily tomando sol junto al lago en vacaciones.

Cuando la invito, realmente no pensó en el hecho de que se quitaría la ropa para nadar (Si bueno, ella era la inteligente de la pareja y en defensa de James, su brillante cerebro parecía fugarse a Alaska si hablaban de Lily sin ropa) por eso experimento varias vergonzosas y descontroladas erecciones viendo a su pequeña pelirroja en traje de baño (¡De dos piezas!) Era casi como verla en ropa interior y eso lo desquiciaba bastante.

-¿James? ¿A donde vas?- Pocas cosas son tan malas como que te atrapen cuando tienes un amigo pidiendo atención desesperadamente en tus pantalones.

-Yo..mm... tengo que hablar de pechos...hechos, hechos que mi padre ha tenido en el trabajo, eso- James no era para nada torpe con las mujeres, nunca lo había sido, era seductor y hasta manipulador, pero Lily medio desnuda y mojada borraban la cordura de cualquiera que digne llamarse hombre.

-¿No puedes dejar esos hechos para después? Metete conmigo al agua, esta deliciosa- ¿arrastraba las palabras para torturarlo más o solo lo hacía sin notarlo? -Ven, me siento sola.

Que se lo que merlín quiera.

Se metió al agua, rogando porque el agua fría enfriara mucho más que solo sus  pies.

-¿Tus padres están en casa?- preguntó Lily acercándose.

-Si, ellos están durmiendo la siesta, ya sabes- la pelirroja asintió y lo rodeó con un brazo.

-¿Por qué me esquivas? ¿Te arrepientes de invitarme?- un pucherito fatal.

-Claro que no pelirroja, ¿cómo puedes pensar eso?- la abrazo, olvidándose de cualquier otra cosa, al demonio sus desesperaciones, tenía a Lily ahí, como tanto la había deseado y no iba a dejar pasar esos momentos con ella escondido bajo la ducha fría.

-James, ¿por qué te avergüenzas de que yo te guste así?

-¿Así?- repitió nerviosamente.

-Así, somos novios, se supone que debemos gustarnos así, eres el primer chico que me gusta así.

-¿Yo te gusto así?- bien, su ego recibía caricias.

-¿Como no habrías de hacerlo? ahora, explícame como yo provoco esto- pasó sus dedos por el borde del traje de baño.

-¿No lo sabes?- Lily estaba en terreno peligroso, pero ella no parecía estar insegura, más bien divertida.

-Claro que lo sé, compre este traje de baño carísimo para eso, pero mi economía sufrida necesita escuchar que esta surgiendo efecto.

James proceso las palabras, su pelirrojita era un pequeño demonio con cara de ángel, soltó una risotada antes de besarla.

-Nena, no te haces una idea el efecto que da.

-Me lo imagino, el efecto esta contra mi muslo en este momento.


Siempre había sabido que Lily era sexy inconscientemente ¿sí? Pero realmente nunca pensó lo sexy que podría ser a consciencia.

Había tocado el paraíso con la mano cuando lo hicieron por primera vez, pero su pequeña y virgen Lily había estado bastante asustada como para ser atrevida, pero ahora que ya lo habían hecho un par de veces la pelirroja estaba haciendo honor a su casa, era una leona.

Lily Evans no era una mujer sumisa, jamás lo fue y jamás lo sería, y él jamás querría que lo fuese, le gustaba que Lily se dejara llevar pero también que ella tuviera la iniciativa, y si que la estaba teniendo en los últimos días.

Nunca, ni en sus mejores sueños, imaginó que la pelirroja rompería todas las reglas habidas y por haber para hacer el amor. Seguía siendo la misma prefectita perfecta de siempre, pero no eran pocas las veces que se escapaban para hacer cosas a escondidas.

-Que ciervita más preciosa veo por aquí- abrazó a Lily por detrás.

-¿Ciervita? ciervita y cornamenta, ¿no es muy cursi eso, James?- rió. El mundo era un lugar más hermoso cuando ella reía.

-Puede que sea cursi, soy un novio cursi ¿no es lo que todas las chicas quieren? Mira como te envidian esas muchachitas- en efecto, un grupo de alumnas de tercero miraban con recelo a Lily y con anhelo en su dirección.

-Me alegra que seas cursi, porque si vamos por la modestia...

-¡La modestia es una manera de mentir, querida pelirroja! Si soy genial y sé que soy genial ¿por qué tendría que ocultarlo? Sería como negar lo bien que te queda esa ropa- puso las manos justo en el hueco de su cintura. -Muy bien, en realidad.

-Es solo el uniforme, James.

-Si...-no estaba escuchando, estaba jugueteando con el cabello pelirrojo y olfateando el perfume de su cuello.

-¿Recuerdas que estaba avergonzada porque solo tenía estupidas bragas blancas?- murmuró con una sonrisa.

-Unas adorables bragas blancas, todavía guardo una en mi mesa de noche.

-Eso es algo raro, ¿por qué las guardas?

-Son las de tu primera vez, hubiese guardado las sábanas si los elfos no las hubiesen quitado- James hizo un puchero, bien, puede que sea algo extraño, pero esas sábanas con esas pequeñas gotas de sangre (gracias al cielo que no eran más) eran lo último que Lily tendría de su inocencia, una inocencia que él le había robado y que la atesoraba.

-Bueno, el caso es que no podía hacer cositas con mi novio siempre con bragas blancas o rosadas.

-No entiendo demasiado el punto de conversar de sus tiernas bragas.

-El problema es ese, eran demasiado tiernas. -Le dio un beso húmedo y atrevido- fui de compras.

-¿De compras? Lils, no podemos salir del castillo, no muy lejos al menos- agregó con una sonrisa de lado.

-Se puede comprar por catalogo, ahora, ¿vamos a tu cuarto a que te muestre mis adquisiciones?- ¿cómo podía hacerle acelerar el corazón de esa forma? Asintió y fue, sin soltar su mano, hasta la habitación que compartía con los merodeadores, trabó la puerta y se sentó en la cama.

Lily parecía emocionada y tenía un brillo seductor en su mirada.

James sintió la sangre espesarse cuando ella se paró frente a él para quitarse el sweater y desprenderse botón a botón de la camisa, un brasier color violeta oscuro que resaltaba en su piel blanca y su pecas. La pollera siguió a la camisa.

Ya de por sí, Lily Evans era sexy por naturaleza y le quitaba el aire, lo excitaba y lo emocionaba como ninguna otra mujer.

Pero ahora, ahí, con ella desnudándose para él y dejando a la vista el mejor conjunto de lencería que había visto jamás, ya ni tenía adjetivos para describirla.

-Pelirroja, vas a matarme- Lily rió halagada y divertida, se sentó a horcadas sobre él y lo beso, mordiendo su labio.

Merlín santo. Tendría una tarde ocupada.