Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Leyendo la vida del chico de la cicatriz del rayo · de

Leyendo la vida del chico de la cicatriz del rayo — capítulo 18

¡Hola a todos! Bueno, por fin he terminado este capítulo. No es el más largo de los que he escrito, pero a mí se me ha hecho eterno porque siempre me ha parecido que este capítulo tiene poca acción, como si pasase muy lento. Pero bueno, ya por fin lo he terminado. Lo siento si tiene alguna errata, pero es lo que ocurre cuando lo haces por la noche cuando se supone que estás durmiendo. Además, he creído que la mayoría preferiría leer de una vez un nuevo capítulo antes que esperar hasta mañana para que lo revisase a fondo.

¡Espero que os guste!

Todo el texto en negrita y los personajes pertenecen a J. K. Rowling

Leyendo la vida del chico de la cicatriz del rayo

Nicolás Flamel

- Bien, creo que ya hemos descansado lo suficiente - dijo el director dando una palmada -. Esta pausa ha durado más de lo previsto así que no vamos a poder terminar el libro hasta después de la cena. ¿Quién quiere leer ahora?

Hubo una pausa en la que nadie se atrevió a ofrecerse. Los últimos capítulos habían sido un poco… tensos.

- Yo - se oyó una voz.

No se sabía si estaba más sorprendido el Gran Comedor o el propio Neville por haberse atrevido a levantar la mano. Parecía como si no pudiese creer que esa palabra hubiese salido de su boca.

- ¡Excelente, señor Longbottom! - dijo Dumbledore, enviándole alegremente el libro volando con un ademán de la varita -. Cuando usted quiera, le estamos esperando.

  • Eh... Vale - Neville sacudió la cabeza para librarse de la expresión de sorpresa y buscó la página que tocaba.

Nicolás Flamel

  • ¡Encontrasteis quién era! - exclamó Tonks con los ojos muy abiertos. Su pelo se volvió de un rosa muy chillón.

  • No sé por qué te sorprendes. Con lo cabezotas que son - dijo Charlie, pero no tenía la misma chispa de antes. Parecía que entre lo que les había dicho Ron hace un rato y la derrota sufrida a manos de un niño, a su orgullo le estaba costando superarlo.

  • ¿No dijisteis que fue gracias a Neville?

  • preguntó Ginny curiosa.

  • ¡Es verdad! - exclamó George.

  • Este capítulo te viene perfecto entonces, Neville - sonrió Fred.

  • Yo sigo diciendo que yo no hice nada...

  • musitó el chico por lo bajo, devolviendo la vista a la lectura.

Dumbledore****hab ía convencido a Harry de que no buscara otra vez el espejo de Oesed,

  • Menos mal - suspiró Sirius, masajeándose las sienes de la cabeza con las yemas de los dedos.

Había sido bonito que Harry viese a James y Lily pero la obsesión de Harry se había vuelto preocupante. Por mucho que le doliese, mejor que no les viese de nuevo antes de que se volviese loco.

y durante el resto de las vacaciones de Navidad la capa invisible permaneció doblada en el fondo de su baúl.

  • ¡¿Qué?! - exclamó el animago, levantando la cabeza de golpe. Todos se giraron sobresaltados hacia él -. ¿No volviste a usar la capa?

Sirius miraba a su ahijado como si le hubiese pegado una patada a un cachorro.

  • Sirius, si salía de noche con la capa, iba a acabar yendo en busca del espejo y eso es justo lo que intentaba NO hacer - replicó Harry poniendo los ojos en blanco.

  • Pero... Pero... ¿No fuiste a explorar el castillo con ella? - preguntó desesperado. No le entraba en la cabeza que no hubiese salido de la torre a la primera oportunidad.

  • No, Sirius. Ya estaba suficientemente cansado con los entrenamientos de Wood y... otras cosas, para perder horas de sueño paseando por los pasillos - dijo Harry pasándose la mano por el pelo.

  • ¿Otras cosas, pequeño Harry? - preguntó Fred con una sonrisa traviesa.

  • ¿Qué otras cosas estabas haciendo de noche? - insistió George haciendo sonrojar a Harry.

  • ¡No es eso! - protestó Harry, tratando de ignorar cómo se estaba ruborizando y lanzándoles un cojín que había sacado de Merlín sabe dónde porque los sofás no tenían.

  • ¿Y qué es eso? Nosotros no hemos dicho nada - replicó George atrapando el cojín antes de que les golpease y haciéndolo desaparecer con su varita.

  • ¿En qué estás pensando, Harry? - dijo Fred haciendo lo posible para no echarse a reír al ver que la cara de Harry se volvía aún más roja.

  • Fred, George - intervino su madre para rescatar al pobre Harry.

Harry deseaba poder olvidar lo que había visto en el espejo, pero no pudo. Comenzó****a tener pesadillas.

La sonrisa de los gemelos flaqueó.

  • Oh, vaya. Eso no mola

  • dijo George con una mueca.

  • Ya. Lo que estaba pensando Harry era mucho más divertido - dijo Fred, rompiendo el momento sombrío cuando todos se echaron a reír. Todos menos Harry, que volvía a ruborizarse hasta estar tan rojo como el pelo de Ron.

Una y otra vez, soñaba que sus padres desaparecían en un rayo de luz verde, mientras una voz aguda se reía.

Esto acabó con el humor muy rápido. No se podía hacer bromas sobre esto, definitivamente no.

  • Merlín, todavía no me puedo creer que lo recuerde... - murmuró Remus. Tenía un aspecto mucho más cansado que cuando había llegado el día anterior.

  • Son solo pesadillas. No lo recuerda... - empezó Sirius poco convencido.

  • Sí lo recuerda, Sirius. Es la única forma en que puede saber el color del Avada Kedavra cuando no sabe ni que existe esa maldición ni que fue esa la que mató a James y a Lily

  • le interrumpió el hombre lobo en un susurro. Los demás no tenían por qué oír esa conversación.

—¿Te das cuenta? Dumbledore tenía razón. Ese espejo te puede volver loco**— dijo Ron, cuando Harry le contó sus sueñ****os.**

  • Menudo tacto, Ronnie. Harry te cuenta un problema que tiene y tú vas y le dices eso - Bill puso los ojos en blanco exasperado.

  • ¿Hablaste con Ron de eso? - preguntó Hermione ignorando al mayor de los hermanos Weasley.

  • Ron me preguntó - Harry se encogió de hombros.

  • Pero tú odias hablar de cualquier cosa que te sea un problema. ¡Y Ron jamás querría tener una conversación de esas voluntariamente! - exclamó Hermione mirando en shock a los dos chicos. Era casi divertido, verla girarse hacia uno y otro lado porque ella estaba sentada en medio de los tres, pero ambos supieron que no era momento de reírse.

  • Ron insistió - murmuró Harry sonrojándose un poco.

  • Tú también habrías insistido, Hermione, si le hubieses oído despertarse gritando el resto de las vacaciones de Navidad - explicó Ron en un murmullo.

La primera noche que había tenido esas pesadillas había sido horrible. El grito de Harry le había despertado bruscamente, pero no se había atrevido a acercarse a él. Solo se había quedado sentado en la cama escuchando hasta que la respiración de su amigo se había calmado y supo que se había dormido de nuevo. Solo entonces se había vuelto a dormir y no lo había mencionado al día siguiente.

Sin embargo, la segunda noche no había podido quedarse sentado esperando. Harry se había despertado gritando igual que la noche anterior, pero no había querido arriesgarse a volver a tener pesadillas. Ron le había oído bajar a la sala común así que después de un rato se había levantado y le había seguido. No había dicho nada, sólo había puesto un tablero de ajedrez delante de él y habían estado jugando toda la noche hasta que se habían despertado los gemelos.

Eso había ocurrido igual la noche siguiente, pero Ron no había bajado el tablero de ajedrez. Se había sentado al lado de Harry en el sofá, los dos con las rodillas contra el pecho y los ojos fijos en las llamas de la chimenea. Si les había dado por echarse una siesta aquel día, nadie lo supo excepto ellos y ninguno habló de por qué.

La cuarta noche algo había cambiado. Tal vez la pesadilla había sido peor que de costumbre, tal vez Harry tenía un mal día o tal vez el peso de tantas pesadillas y poco descanso por fin había sido demasiado para el chico.

Aquella noche Harry no había bajado a la sala común al despertarse gritando. Ron había oído la respiración de su amigo acelerarse aunque estaba obviamente intentando reprimirlo. Se había acercado en silencio a la cama de Harry cuando ya estaba claro que no lo podía controlar y, al abrir las cortinas, se había encontrado a su mejor amigo sentado mirando al frente. Estaba tan pálido como las sábanas y los ojos muy abiertos en una expresión de puro pánico a pesar de no estar viendo nada.

Inmediatamente, el pelirrojo se había sentado a su lado y le había pasado el brazo por los hombros. No se sabría seguro quién de los dos estaba más sorprendido cuando Harry se había girado hacia él, escondiendo la cara en el hueco de su cuello y estallando en sollozos. No eran sollozos exactamente, simplemente su cuerpo temblaba de pies a cabeza tan violentamente que los dos chicos se movían. Y se agarró a Ron con todas sus fuerzas, como si fuera lo único que estuviese impidiendo que se hundiese de nuevo en las pesadillas, y el pelirrojo no tardó ni un segundo en rodearle también con sus brazos. Se recostó contra la cabecera de la cama, con Harry apoyado en él y poco dispuesto a soltarle, y así se pasaron el resto de la noche.

Sin decir ni una palabra.

No hacía falta, ni se podían encontrar aunque se buscasen. ¿Qué le podías decir a tu hermano cuando estaba sufriendo tanto, tan obviamente? ¿Qué le podías decir si no sabías seguro qué era lo que no le dejaba tranquilo? Solo podías estar ahí para él de cualquier forma que le ayudase.

¿Necesitaba pensar en otra cosa? Jugaban al ajedrez. ¿Necesitaba compañía? No había problema, el fuego tenía un efecto hipnótico que hacía que no te cansases de mirarlo. ¿Necesitaba un abrazo para saber que no estaba solo? Ron estaba ahí para dárselo, para recordárselo una y otra vez hasta que se le grabase en esa cabeza dura que tenía, para mantenerle entero mientras Harry hacía todo lo posible por no derrumbarse.

Haría cualquier cosa que estuviese en su mano para ayudar a Harry, aunque no supiese qué hacer. Si necesitaba alguien con quien hablar, él le escucharía, pero no iba a forzarle a ello. No sobre algo que lo tenía tan machacado. Harry ya se lo contaría si quería. De momento se contentaría con ayudarle de otras formas. Merlín, le cantaría una nana para dormir si eso hacía que no tuviese pesadillas. No soportaba ver a su hermano así.

Así que cuando, horas después, con el sol ya en lo alto a pesar de que no se habían movido de la cama ni se habían soltado, Harry empezó a hablar, Ron escuchó en silencio. Siguió en silencio mientras Harry le contaba sobre qué tenía pesadillas, siguió en silencio cuando empezaron de nuevo los temblores y siguió en silencio hasta que se calmó de nuevo. Solo entonces había hablado Ron.

  • Harry, tienes que olvidarte de lo que viste en ese espejo. No digo que olvides a tus padres, eso nunca, pero Harry... - Ron se mordió el labio indeciso. Estas conversaciones se le daban fatal, pero era Harry. Saltaría a un abismo detrás de él con los ojos cerrados aunque le dijesen que no había fondo -. Ese espejo... Estas pesadillas, Harry, no son buenas...

Harry bufó suavemente, demasiado cansado para hacer un comentario. Aun así, Ron le entendió.

  • Ya, ya sé que sabes que no son buenas - dijo con una diminuta sonrisa que en seguida desapareció -. Pero tú no te estás viendo, Harry. Llevas días comiendo menos que cuando estabas obsesionado con el espejo porque las pesadillas te hacen perder el apetito en el desayuno y la cena. ¡Harry, ya eres demasiado canijo como para perder comidas!

El intento de humor quedó fallido por la preocupación que teñía las palabras de Ron.

  • Y si sigues sin dormir, vas a dejar de funcionar. ¿Te das cuenta? Dumbledore tenía razón. Ese espejo puede volverte loco - estas tres frases eran las únicas de toda la conversación que aparecían en el libro y menos mal. Era una conversación que ni Hermione sabía que habían tenido.

  • Harry, ¿qué quieres que haga? ¿Cómo te ayudo? No... - a Ron se le cerró la garganta. Estaba desesperado por ayudarle, pero no sabía cómo. Y lo último que quería era perder a Harry y eso era lo que iba a ocurrir al final como no consiguiesen cortar esto antes de que fuese demasiado tarde -. No... No quiero perderte, Harry - confesó cerrando los ojos y abrazando a su amigo con más fuerza.

Harry también le abrazó con más fuerza, pero no tenía respuesta. No sabía cómo pararlas. Solo sabía que no podía expresar lo agradecido que le estaba a Ron por estar con él todas las noches, por no enfadarse porque no le dejase dormir una noche completa con sus gritos, por quedarse abrazándole toda la noche (a pesar de que lo qué pensarían otros si les veían) y por no forzarle a hablar antes de que estuviese listo. No sabía qué había hecho para merecer a Ron como amigo, pero iba a dar gracias por ello todos los días.

Se habían levantado para bajar a comer y habían estado toda la tarde como si nada hubiese pasado, jugando al snap explosivo con Fred y George. Esa noche, habían acabado abrazados de nuevo en la cama de Harry, pero, agotados, se habían quedado dormidos. Había ocurrido así todas las noches a partir de esa, o bien acababan en la cama de Harry, o el chico se había arrastrado a la cama del pelirrojo y Ron le había hecho sitio hasta que cabían los dos. Y eso no siempre paraba a las pesadillas, pero no había tantas y era más fácil sobrellevarlas.

Cuando habían vuelto el resto de estudiantes, Harry, instintivamente, había dejado de despertarse gritando. Seguía despertándose sobresaltado, pero en silencio. A lo mejor era por la costumbre de no gritar cuando tenía pesadillas en Privet Drive, porque eso ponía de muy mal humor a los Dursley. Y aun así, Ron, instintivamente, se despertaba cuando Harry tenía una pesadilla. Parecía saberlo, tener un sexto sentido solo para detectarlas porque normalmente el pelirrojo dormía como un tronco y nada le despertaba. Las pocas veces en las que no se despertaba, Harry se iba a la cama de Ron.

Lo habían mantenido en secreto durante meses hasta que habían acabado las pesadillas, teniendo cuidado de que ninguno de los otros compañeros de habitación les oyese o les viese meterse en la cama del otro y levantándose siempre antes que el resto. Nadie lo sabía todavía. Era su secreto. Algo que seguían haciendo cada vez que uno de los dos tenía pesadillas. No era como si les diese vergüenza porque el resto podían pensar lo que quisiera si con eso se ayudaban el uno al otro, pero así se ahorraban tener que dar explicaciones.

Hermione, que volvió el día anterior al comienzo de las clases, consideró las cosas de otra manera. Estaba dividida entre el horror de la idea de Harry vagando por el colegio tres noches seguidas («¡Si Filch te hubiera atrapado!****» )

Los gemelos se echaron a reír por lo bajo. Esta sí que era la Hermione que conocían. Lo de prenderle fuego a Snape tenía que haber sido el impulso del momento de querer salvar a Harry. Hermione, futura prefecta perfecta, jamás se saltaría las normas, mucho menos haría una cosa así otra vez.

y desilusionada porque finalmente no hubieran descubierto quié****n era Nicol ás Flamel.

  • ¿No me digas que de verdad esperabas que lo descubriesen? - preguntó Bill escéptico, alzando una ceja.

  • Cosas más raras se han visto - se encogió de hombros sin mirarle apenas.

Ya casi habían abandonado la esperanza de descubrir a Flamel en un libro de la biblioteca,

  • No me extraña - resopló Sirius -. Lo que me sorprende es que todavía os quedase esperanza después de tanto tiempo.

aunque Harry estaba seguro de haber leído el nombre en algú****n lado.

  • Y nosotros seguimos sin acordarnos de dónde - gimió Charlie.

  • ¿Estáis seguros de que se ha mencionado en el libro? - preguntó Tonks -. A mí no me suena.

  • A mí sí, pero no sé de qué - Remus se cogía el pelo entre las manos tratando de recordar, pero era imposible. Por un momento se preguntó si el hechizo no estaba afectando solo a Harry porque él parecía sufrir lo mismo que el Harry del libro. Sin embargo, se deshizo de esa idea casi en seguida.

  • Sí que ha salido. Lo hemos leído en voz alta - dijo Harry mirándoles divertido.

Cuando empezaron las clases, volvieron a buscar en los libros durante diez minutos durante los recreos. Harry tenía menos tiempo que ellos, porque los entrenamientos de quidditch habían comenzado también.

  • ¿Entrenamientos de quidditch? - dijo George horrorizado.

  • Querrás decir torturas semanales - Fred se llevó la mano al pecho dramáticamente.

  • ¿Cómo he podido confundirme? - replicó Harry poniendo los ojos en blanco.

  • No lo sé - respondió Fred como si hubiese sido una pregunta de verdad.

  • Fue la peor época de entrenamientos en mucho tiempo - dijo George con un escalofrío.

  • Seréis quejicas - murmuró Oliver por lo bajo. Se quejaban por todo, pero luego bien que les gustaba cuando aplastaban al resto de los equipos.

Wood los hacia trabajar más duramente que nunca. Ni siquiera la lluvia constante que había reemplazado a la nieve podía doblegar su á****nimo.

  • ¿Que estuvisteis entrenando con la que estuvo cayendo esos días? - preguntó McGonagall horrorizada.

Todos les miraban como si estuviesen locos de remate.

  • ¿Cómo se te pudo ocurrir hacer una cosa así, Wood? - McGonagall comenzaba a enfadarse una vez superada la sorpresa.

  • Los equipos profesionales entrenan sin importar el tiempo que haga - replicó Oliver sin darse cuenta de lo cerca que estaba McGonagall de castigarle.

  • ¡No sois un equipo profesional, Wood! Tenías jugadores de primer y segundo año - le regañó desesperándose con la actitud del chico. Le había elegido como capitán por el entusiasmo que ponía, pero a lo mejor era demasiado entusiasmo.

  • Han demostrado que son tan capaces como los demás - respondió Oliver mirando orgulloso a Harry y a Katie. Los dos se sonrojaron un poco pero tenían enormes sonrisas -. Y además así estamos preparados por si en el partido hace ese tiempo.

  • ¿Y si alguno se llega a poner enfermo, Wood? - preguntó McGonagall frunciendo el ceño -. ¿Qué habrías hecho si alguno se pone enfermo un par de días antes del partido?

Oliver dudó en ese momento. Por suerte no había ocurrido, pero ¿y si llega a haber pasado? Eso habría sido un desastre. En ese instante de duda el resto del equipo de Gryffindor salió en defensa de Wood. Sus entrenamientos eran una tortura, pero sabían que no podían tener un capitán mejor.

  • Profesora, creo que no he visto a un capitán preocuparse tanto por sus jugadores - dijo Angelina estirando un poco la verdad.

  • Puede que pierda un poco el norte cuando se obsesiona con el partido, pero jamás haría algo malo para nosotros - sonrió Katie mirando a Wood.

  • Sabemos que hemos dicho que es una tortura - empezó Fred.

  • Pero es una tortura que soportamos voluntariamente - terminó George.

  • Si no fuese así, profesora, ¿de verdad cree que no somos capaces de pararle los pies a Oliver si se le olvida lo que es de verdad importante? - preguntó Harry con una sonrisa.

  • Con los gemelos y ese de ahí - dijo Alicia señalando a Harry divertida -, no tenemos ningún problema.

McGonagall les miró suspicaz, pero era imposible no ver que estaban siendo sinceros. Les gustaba tener a Oliver como capitán y, mientras ninguno tuviese quejas, ella no pensaba intervenir. Además, hacía años que el equipo de quidditch de Gryffindor no era tan bueno.

Los Weasley se quejaban de que Wood se había convertido en un fanático, pero Harry estaba de acuerdo con Wood.

  • ¡¿Qué?! - exclamaron los gemelos y las tres cazadoras de Gryffindor.

  • ¿Cómo podías estar de acuerdo? - preguntó Alicia con los ojos como platos.

  • Si había días en los que había casi que arrastrarse para llegar a la sala común - dijo Katie horrorizada.

  • No quería que Slyrherin ganase de nuevo la copa - dijo Harry en un murmullo.

  • Sí, bueno, eso no salió como pensábamos - dijo Oliver sin pensar.

Harry hizo una mueca, sintiendo una ola de culpabilidad. No había salido como pensaban porque él había estado en la enfermería.

  • ¡Oliver! - exclamó Angelina dándole un golpe en la cabeza.

  • ¡Auch! ¡Hey! - protestó frotándose la nuca. Se giró molesto hacia ella, pero se achantó al ver a las tres cazadoras y, peor, a los gemelos fulminándole con la mirada -. ¿Qué pasa? Es cierto.

  • Eres imposible - bufó Angelina poniendo los ojos en blanco.

Si ganaban el próximo partido contra Hufflepuff, podrían alcanzar a Slytherin en el campeonato de las casas, por primera vez en siete añ****os. Adem ás de que deseaba ganar; Harry descubrió que tenía menos pesadillas cuando estaba cansado por el ejercicio.

Su equipo de quidditch abrió mucho los ojos ante este descubrimiento. Así que no era solo por Slytherin... Más bien, eso era probablemente solo una excusa. Por muy terribles que hubiesen sido esos entrenamientos, todos ellos habrían sufrido el doble de ellos si con ello Harry conseguía dejar de soñar una noche con la muerte de sus padres.

Las cosas tenían mucho más sentido si era por eso ya que había sido casi preocupante ver al más pequeño del equipo esforzarse y entrenar hasta que casi no podía andar de vuelta al castillo. Es más, habían tenido que hablar discretamente con Wood (más bien amenazarle con los gemelos) para que aflojase un poco. El pobre Harry acababa todos los días agotado.

Entonces, durante un entrenamiento en un día especialmente húmedo y lleno de barro, Wood les dio una mala noticia.

  • ¿Peor que la que les tuviste que dar cuando les dijiste que iban a entrenar en ese tiempo? - preguntó Tonks sarcásticamente. Estaba viendo de reojo cómo Harry temblaba ligeramente, intentando envolverse discretamente en su túnica. Obviamente, estaba helado.

  • Esa no fue la peor - la contradijo Fred.

  • La peor es la que viene ahora. Aún no me creo que fuese cierto - George sacudió la cabeza incrédulo.

Se había enfadado mucho con los Weasley, que se tiraban en picado y fingían caerse de las escobas.

  • ¡Fred! ¡George! ¿Cómo se os ocurre hacer eso? ¿Y si os hubieseis caído de verdad? - les regañó su madre.

  • No nos íbamos a caer, mamá - dijo Fred poniendo los ojos en blanco. Su madre se preocupaba demasiado.

  • Pero necesitábamos reírnos de vez en cuando en el entrenamiento - dijo George.

Habían buscado una forma de hacer reír a los otros miembros del equipo, sobre todo a Harry, y cuando el chico se había reído por primera vez en días... Bueno, digamos que no pensaban parar. Habían seguido haciéndolo hasta que Harry estaba más ocupado no cayéndose de la escoba por las carcajadas que buscando la snitch (y aun así la había atrapado un par de veces... Ese chico era increíble).

Si a cambio habían recibido la furia de Wood... Era un precio que estaban dispuestos a pagar para hacerle reír después de días serio, con enormes ojeras y comiendo menos que de costumbre.

—¡Dejad de hacer tonterías!— gritó— . ¡Ésas son exactamente las cosas que nos harán perder el partido! ¡Esta vez el árbitro ser á Snape, y buscará cualquier excusa para quitar puntos a Gryffindor!

  • ¿Quejicus quiso ser árbitro? - exclamó Sirius pillado totalmente por sorpresa -. ¡Pero si ni siquiera le gusta el quidditch!

  • No creo que sea porque de pronto le guste, Sirius - dijo Remus fulminando con la mirada a Snape. Si le ocurría algo de nuevo a Harry...

  • ¿Pero no se atrevería a hacer nada de nuevo, no? - dijo Charlie, sonando casi como una pregunta. Tampoco habría pensado que ocurriría nada la última vez, pero cada vez que pensaban eso se equivocaban.

  • Estarán todos los profesores más pendientes de Harry por si alguien vuelve a intentar algo - Bill tuvo una palabra de consuelo para todos.

  • Aun así, es ridículo que sea árbitro. ¡No es ningún secreto que Snape odia a los Gryffindor! - protestó Tonks.

Incluso McGonagall, que no solía compartir la opinión de la estrafalaria metamorfomaga en muchas cosas, asintió de acuerdo. Ella había ido a quejarse a Dumbledore de ello, pero el director solo había sonreído de esa manera que tanto le sacaba de quicio y le había dicho que Severus se lo había pedido y él no veía nada de malo. Todo ello mirándola por encima de las gafas con los ojos brillando hasta que ella se había hartado y había salido del despacho molesta.

George Weasley, al o ír esas palabras, casi se cayó de verdad de su escoba.

George se sonrojó ligeramente hasta que oyó a su hermano.

  • Conque no os ibais a caer, ¿eh? - les pinchó Percy con una sonrisa. Qué bien sentaba tomarles el pelo después de todas las bromas que le gastaban a él.

  • No nos caímos - replicaron los dos a la vez.

—¿Snape va a ser el árbitro?— Escupió un puñado de barro— . ¿Cuándo ha sido árbitro en un partido de quidditch? No será imparcial, si nosotros podemos sobrepasar a Slytherin.

  • Aunque no pudieseis, no va a ser imparcial - dijo Charlie mirando mal al profesor de Pociones.

  • A mí me preocupa más Harry que la copa de quidditch - musitó Neville por lo bajo, sin atreverse a expresar su opinión más alto. Ya se estaba ruborizando furiosamente al darse cuenta de que algunos le habían oído.

  • ¿Pero no te acuerdas de ese partido, Neville? - le dijo Hermione con una sonrisa amable -. ¿No te acuerdas de lo que pasó?

Neville la miró confundido durante un segundo, intentando recordar.

  • ¡Oh! - exclamó, abriendo mucho los ojos. Se le borró la expresión preocupada y apareció una enorme sonrisa.

  • ¿Eso significa que en este capítulo sí nos podemos relajar? - preguntó Charlie esperanzado.

  • Eso creo - respondió Neville más tranquilo.

El resto del equipo se acercó a George para quejarse.

— No es culpa mía**— dijo Wood****— . Lo que tenemos que hacer es estar seguros de jugar limpio, así no le daremos excusa a Snape para marcarnos faltas.**

  • Como si eso fuese a ayudar mucho - refunfuñó Sirius por lo bajo. Ahora que sabía que su ahijado iba a estar bien, podía dedicarse a despotricar contra Snape por todos los puntos que hiciese perder a los leones.

Todo aquello estaba muy bien, pensó Harry; pero é****l ten ía otra razón para no querer estar cerca de Snape mientras jugaba a quidditch.

Los demás jugadores se quedaron, como siempre, para charlar entre ellos al finalizar el entrenamiento, pero Harry se dirigió directamente a la sala común de Gryffindor; donde encontró a Ron y Hermione jugando al ajedrez. El ajedrez era la única cosa a la que Hermione había perdido, algo que Harry y Ron consideraban muy beneficioso para ella.

  • ¡Hey!

  • ¡Hermione!

Los dos chicos protestaron frotándose la nuca, donde la niña les había golpeado.

  • ¿Cómo que es beneficioso para mí perder en ajedrez? - preguntó indignada.

  • Eres buena en casi todo, Hermione - dijo Ron fulminándola todavía con la mirada.

  • Y así no se te sube a la cabeza, si hay algo en lo que no eres la mejor - explicó Harry alejándose un poco de ella por si se enfadaba.

  • ¡No me importa que Ron sea mejor que yo en ajedrez! - protestó Hermione, ruborizándose ligeramente. No se le subía realmente a la cabeza, ¿verdad?

  • Pero sí te importa que se te dé fatal - soltó Ron sin pensar, haciendo que la chica se pusiese aún más roja.

  • Ron... - empezó Harry sacudiendo la cabeza resignado.

  • ¡No se me da fatal! - le reprochó ella al pelirrojo.

  • ¡Sí se te da fatal! Tanto como a Percy - replicó Ron.

  • ¡Hey! - protestó este indignado.

  • ¡Eso no es cierto! - dijo ella ignorando el comentario.

  • Un poco sí, Hermione - intervino Harry suavemente -. Pero nos da igual. Sigues siendo muy buena en otras cosas.

Harry aguantó la respiración, esperando no haber dicho algo que lo hiciese peor, pero Hermione solo resopló y se cruzó de brazos. Harry suspiró, sabiendo que en el futuro cercano les esperaban muchas partidas de ajedrez a los tres. Hermione podía aceptar que no se le daba demasiado bien, pero entonces no iba a dejar de intentar mejorar.

— No me hables durante un momento**— dijo Ron, cuando Harry se sentóal lado—. Necesito concen...— vio el rostro de Harry****— . ¿Qu****é te sucede? Tienes una cara terrible.**

  • Ya se ve lo concentrado que estabas, hermanito - se mofó Percy poniendo los ojos en blanco. Nunca iba a entender la poca capacidad de concentración de sus hermanos. Él, cuando estaba estudiando, no prestaba atención a nada más. Podían tirar una bomba fétida a su lado y él no se enteraría.

  • Que estuviese concentrado no significa que no viese nada más - espetó Ron, con sus orejas poniéndose rojas -. Y si tú hubieses visto la cara de Harry en ese momento, también te habrías olvidado de todo lo demás.

  • ¿Tan mala cara tenía Harry? - preguntó Neville curioso. Él no había notado nada.

  • ¿Ves la cara que tiene ahora? - preguntó Ron inclinándose hacia delante para poder ver a Harry, sentado al otro lado de la chica. El chico aún seguía temblando ligeramente, lo que significaba que en el libro seguía teniendo frío, y estaba algo pálido. Más o menos, era como si estuviese pillando algo y necesitase un día de irse pronto a dormir -. Pues esto no es nada comparado con la que trajo aquel día.

  • No estaba tan mal - musitó Harry por lo bajo, ruborizándose al sentir las miradas preocupadas sobre él.

  • Eso lo dices porque tú no te viste - resopló Hermione exasperada.

En tono bajo, para que nadie más los oyera, Harry les explicó el súbito y siniestro deseo de Snape de ser á****rbitro de quidditch.

  • ¿Siniestro? Súbito sí... - repitió Fred alzando una ceja.

  • Pero tanto como siniestro... - dijo George.

  • Claro, como no fuisteis vosotros a los que intentaron tirar de la escoba... - replicó Harry sin inmutarse.

  • Touché - respondieron los gemelos con una sonrisa.

— No juegues**— dijo de inmediato Hermione.**

  • ¿Cómo que que no juegue? - exclamó Wood indignado -. ¿Y entonces qué pasa con el partido?

  • Oliver... - suspiró Katie resignada, pero no añadió nada más.

— Diles que estás enfermo**— añadió Ron.**

  • La señora Pomfrey se daría cuenta en seguida de que no es cierto - desechó la idea Remus.

  • No hay casi nada que se le escape a esa mujer - Sirius sacudió la cabeza.

— Finge que se te ha roto una pierna**— sugirió****Hermione.**

  • Igual que antes. La señora Pomfrey lo sabría en cuanto le viese - suspiró Remus.

  • Y aun así, ¿cómo vas a fingir haberte roto una pierna? - preguntó George perplejo.

  • Y Harry no es tan bueno actuando como para intentarlo - dijo Fred negando con la cabeza.

— Rómpete una pierna de verdad**— dijo Ron.**

  • Una vez más, la señora Pomfrey lo arreglaría con un toque de varita. En unos minutos dejaría de tener excusa - negó Charlie.

  • Pero si se la rompiese justo antes del partido... - empezó Ron, defendiendo su idea.

  • ¡¿Pero cómo va a hacer eso?! ¿Cómo se te ocurre intentar poner una excusa para librarte de un partido, Potter? - intervino Wood fulminando a los tres con la mirada.

  • ¡Pero si yo no he dicho nada! - protestó Harry indignado.

  • Como si no conocieses a Harry, Oliver - dijo Angelina poniendo los ojos en blanco.

  • Él jamás se saltaría un partido por una cosa así - dijo Alicia. Recordaba perfectamente cierto partido con una bludger loca que perseguía a cierto buscador hasta que este acabó en el hospital.

— No puedo**— dijo Harry****— . No hay un buscador suplente. Si no juego, Gryffindor tampoco puede jugar.**

  • ¿Y es más importante el quidditch a que te puedan matar, Harry? - preguntó Molly angustiada. Si por ella fuese, no le habría dejado jugar después de lo que pasó.

  • ¡Claro que sí! - exclamó Oliver como si fuese obvio, sin pensar realmente lo que había dicho. Alicia le dio un golpe en la nuca de nuevo -. ¡Ay! ¡Hey! ¿Y ahora qué he hecho? ¿Qué os pasa a todas hoy con lo de darme en la cabeza?

  • Cállate. Solo... cállate. Cierra el pico, Wood - espetó Alicia enfadada.

Oliver, sabiamente, le hizo caso. Si ya estaban empezando a llamarle por su apellido, significaba que estaban muy molestas y entonces no faltaba mucho para que empezasen a amenazarle con la varita.

  • El equipo contaba conmigo, señora Weasley - dijo Harry, enviándole una sonrisa agradecida a Alicia -. No iba a defraudarles.

  • Pero, Harry, querido...

  • No pasó nada - intervino Ron impacientemente -. Harry estuvo perfectamente todo el partido y ya está.

En aquel momento Neville cayó en la sala común.

  • Perdona, ¿qué? - dijo Tonks alzando una ceja -. ¿Cómo que "cayó" en la sala común?

  • ¿Cayó del techo? - preguntó Bill confundido. Eso no tenía sentido.

  • ¿No querrás decir que entró? - preguntó Angelina.

  • No, definitivamente caí en la sala común - dijo Neville sonrojado hasta las orejas, apenas levantando la vista del libro.

Nadie se explicó cómo se las había arreglado para pasar por el agujero del retrato, porque sus piernas estaban pegadas juntas, con lo que reconocieron de inmediato el Maleficio de las Piernas Unidas. Había tenido que ir saltando todo el camino hasta la torre Gryffindor.

Todos se echaron a reír, imaginándose al pequeño alumno de primer año, algo gordito, entrando a saltos en la sala común. Todos excepto Neville, que se puso aún más rojo y ahora seguro que no iba a levantar la vista o era posible que las lágrimas hiciesen su gran aparición al oír al colegio reírse a su costa, y el trío de oro, que había visto de primera mano lo desanimado que se había quedado Neville aquel día. Ahora iba a ser peor.

Los tres estaban fulminando a todos los que seguían riéndose, pero nadie se daba cuenta.

  • No me acordaba de eso

  • rio George.

  • Fue épico - sonrió Fred, sin darse cuenta de que las ganas que tenía el trío de oro de maldecirles. ¿No tenían ojos en la cara? ¿No se estaban fijando en cómo se estaba encogiendo Neville en el asiento?

  • ¿Qué pasó? - preguntó Charlie con una amplia sonrisa.

  • Ya lo veréis - espetó Harry de mal humor.

  • Y no fue épico. Fue horrible - dijo Hermione mirándoles con tanta furia que desaparecieron las sonrisas de inmediato. Por fin.

Sin embargo, el daño ya estaba hecho. Toda la confianza que Neville había ido ganando (y no era mucha) en lo que llevaban de lectura por haberle invitado a unirse y todo eso, se había ido a la basura. El pobre chico estaba tan rojo que parecía que iba a explotar y parecía hacer todo lo posible por desaparecer.

  • Pero... - empezó Bill con el ceño fruncido. ¿Qué tenía de malo reírse de una broma?

  • Cierra el pico, Bill - espetó Ron furioso.

  • Neville, sigue leyendo

  • dijo Hermione suavemente.

Todos empezaron a reí****rse, salvo Hermione, que se puso de pie e hizo el contramaleficio.

  • Bien hecho, señorita Granger - sonrió orgullosa la profesora McGonagall, antes de mirar con desaprobación al resto de su casa -. Lo que me sorprende es que nadie más lo hiciese. Me esperaba más de mis leones. No creía que se fuesen a reír de un compañero de esa forma.

Los Gryffindor bajaron la cabeza avergonzados. Era algo que solo conseguía McGongall con muchos de ellos (aparte de Dumbledore, pero él era otra historia). No era como si siempre consiguiese que se avergonzasen de sus acciones, pero las pocas veces que sonaba así de decepcionada con ellos, no fallaba nunca.

Además, ahora que lo mencionaba, no decía mucho de su casa que no ayudasen a un otro Gryffindor cuando estaba en un apuro. ¿No se suponía que tenían que estar unidos ante todo? Iban a tener que esforzarse por cambiar eso...

Las piernas de Neville se separaron y pudo ponerse de pie, temblando.

Más de uno quiso preguntarle si estaba bien, sobre todo cuando estaban viendo cómo estaba ahora, sin levantar la cabeza en ningún momento. No había apartado los ojos de las páginas desde que había leído que había caído en la sala común.

Sin embargo, no era como si tuviesen algún derecho a preguntarle. No cuando ni siquiera se habían preocupado por averiguar qué le había pasado en un primer lugar.

Bajaron la cabeza avergonzados. No podían volver a hacer una cosa así. Los leones tenían que aprender a no abandonar de esa forma a ninguno de ellos... Tenían que aprender esa lección costase lo que costase...

—¿Quéha sucedido?****— preguntó Hermione, ayudándolo a sentarse junto a Harry y Ron.

— Malfoy**—respondi ó Neville temblando****— . Lo encontr****é fuera de la biblioteca. Dijo que estaba buscando a alguien para practicarlo.**

  • ¡Malfoy! - gritaron muchos Gryffindors. Sabían que lo que habían hecho entonces no estaba bien, pero ahora que sabían lo que había pasado, no iban a dejarlo pasar.

Los Slytherin cerraron filas. Estaban más acostumbrados a cuidar de las otras serpientes.

  • ¿Qué? Ha pasado año y medio. No tenéis derecho a indignaros ahora - replicó Malfoy en un tono de superioridad. Le encantaba restregarles que la supuesta perfecta casa no había actuado tan perfectamente -. No os preocupasteis en su momento. No tenéis derecho a hacerlo ahora.

  • Nosotros sí nos preocupamos, Malfoy. ¿Significa eso que Ron, Hermione y yo sí tenemos derecho a vengarnos en nombre de Neville? - espetó Harry sacando la varita.

  • ¡Señor Potter!, le tendré que castigar si maldice al señor Malfoy - advirtió la profesora McGonagall, lamentándolo mentalmente. No quería castigarle por defender a un compañero, pero no le iba a quedar otra opción si lo hacía delante de todos.

  • Pues castígueme, profesora. Me quedé con las ganas de maldecirle hace dos años, pero vale la pena que lo haga por Neville - respondió él tranquilamente, mirando calculadoramente al rubio. Estaría encantado de pasarse el año que viene entero limpiando calderos (como estaba seguro que iba a pasar si Snape tenía algo que decir) si con eso Neville se sentía mejor.

  • No importa, Harry - murmuró Neville. Estaba conmovido porque Harry estuviese dispuesto a ello, pero no podía permitir que le castigasen por él. Le bastaba con saber que estaba dispuesto a ello.

Harry guardó a regañadientes la varita. No estaba de humor para tonterías en esos momentos.

—¡Ve a hablar con la profesora McGonagall!—lo inst óHermione— . ¡Acú****salo!

  • ¿Crees que es buena idea? - preguntó Tonks dubitativa.

  • Bueno, ¿tienes alguna otra idea? - replicó Hermione a la defensiva.

  • Podría plantarles cara

  • sugirió Tonks débilmente. No le veía mucho futuro a esa posibilidad.

  • Sin ofender, pero Neville no tiene pinta de ser de los que plantan cara a gente como Malfoy - dijo Charlie.

  • Entonces no conocéis a Neville - espetó Harry, acabándosele la paciencia. ¿Es que nadie veía lo genial que era Neville? ¿De verdad solo le veían como un chico pusilánime que dejaba que le pasasen por encima? ¡No era un Gryffindor por nada! ¡Solo necesitaba confianza y ciertamente no se la estaban dando!

Nadie supo qué responderle a Harry. Estaban francamente incómodos al verle tan molesto en favor de Neville y no sabían qué hacer. Todos compartían la opinión de Charlie, pero no iban a decirlo en voz alta. No iban a arriesgarse a que Harry les mandase un maleficio y, si se fijaban en la forma en que su mano no hacía más que ir hacia su bolsillo, estaba a punto de hacerlo.

Neville negó con la cabeza.

— No quiero tener más problemas— murmuró.

  • No serían más problemas, señor Longbottom - dijo la profesora McGonagall. Cómo le habría gustado saberlo antes para poder ayudarle. Habría tenido castigado a Malfoy durante un mes si lo hubiese sabido.

  • Gracias, profesora, pero no creo que eso fuese a arreglar nada - respondió Neville en un murmullo que apenas se oyó. Seguía tan ruborizado como antes y solo quería que terminase esa parte de la historia.

McGonagall bufó para sí misma. Ya verían si servía de algo o no. Como viese al señor Malfoy hacer una cosa así de nuevo, le iba a tener castigado todos los fines de semana que le quedaban en Hogwarts, y le iba a dar igual que Severus se enfadase por qué se perdiese los partidos de quidditch.

—¡Tienes que hacerle frente, Neville!— dijo Ron—. Est á acostumbrado a llevarse a todo el mundo por delante, pero ésa no es una razón para echarse al suelo a su paso y hacerle las cosas más fáciles.

  • ¡Ron! - exclamó su madre.

  • Sí, sí, lo sé. Lo podría haber dicho de otra forma, pero no quita que no sea verdad - dijo Ron rápidamente, antes de que pudiese soltarle todo el sermón.

  • Y luego te hice caso - musitó Neville enviándole una pequeña sonrisa. Las palabras de Ron habían dolido como una bofetada, pero le habían servido para darse cuenta que necesitaba defenderse a sí mismo y que no podía seguir escondiéndose detrás de otros. Aun así, lo que había dicho el pelirrojo solo lo habría hecho todo peor de no ser por lo que había dicho Harry justo después.

  • Y tanto que me hiciste caso - sonrió Ron como un maníaco. Era uno de sus mejores recuerdos, el de Neville y él contra Malfoy y sus dos gorilas.

— No es necesario que me digas que no soy lo bastante valiente para pertenecer a Gryffindor; eso ya me lo dice Malfoy**— dijo Neville, atragantá****ndose.**

  • No pienses eso, Neville - dijo Luna poniéndole una mano en el hombro -. El Sombrero nunca se equivoca. Si estás en la casa de los valientes, debes tener algo muy especial dentro o jamás te habría puesto ahí aunque se lo hubieses pedido.

  • Pero yo no sé lo pedí... - dijo Neville malinterpretando a la chica.

  • Entonces mejor todavía

  • respondió ella con una amable sonrisa -. Los nargles no te influenciaron para pedírselo, solo dejaste que el Sombrero te colocase donde quisiese y lo hizo. Los nargles no pueden afectar al Sombrero Seleccionador porque tiene demasiada magia para ello, así que no hay duda de que la decisión que tomó es la correcta. Eres valiente, Neville, pero aún no te lo crees.

Neville la miró perplejo. Solo había entendido parte de lo que había dicho la rubia (¿qué demonios eran los nargles?), pero sus palabras le habían afectado tanto como las de Harry. ¿Podía ser que de verdad estuviese en la casa correcta?

Harry buscó en los bolsillos de su túnica y sacó****una rana de chocolate, la última de la caja que Hermione le había regalado para Navidad. Se la dio a Neville, que parecía estar a punto de llorar.

— Tu vales por doce Malfoys**— dijo Harry****— . ¿Acaso no te eligió para Gryffindor el Sombrero Seleccionador? ¿Y dónde está****Malfoy? En la apestosa Slytherin.**

Neville sonrió al recordar de nuevo esas palabras, aunque jamás las había olvidado. Había sido la primera vez que alguien le había dicho que valía para algo, que le había apoyado en vez de limitarse a decirle que dejase de llorar y se hiciese un hombre. Era la primera vez que alguien había conseguido subirle el ánimo tan rápido y había admirado a Harry desde entonces.

No le admiraba por ser el niño que vivió, ni por nada de eso. Le admiraba porque era como una roca, un pilar en el que apoyarte. Harry lo había pasado muy mal (y con estos libros se estaba dando cuenta de cómo de mal exactamente), pero seguía siendo una persona increíble, capaz de consolar a otros y ponerse en su lugar. En aquel momento supo que seguiría a Harry al fin del mundo si se lo pidiese, y probablemente aunque no lo hiciese. Le seguiría, no por ser el salvador del mundo mágico, sino por ser su ídolo, el ídolo de Neville Longbottom y su amigo, su primer amigo, aunque Harry no lo supiese.

  • Gracias, Harry - murmuró Neville, a pesar de haberle agradecido ya aquel día.

  • No hay problema, Neville - sonrió Harry -. Al final fue mejor darte a ti la rana de chocolate - dijo como si supiese un secreto.

Neville devolvió la sonrisa, dándose cuenta de que Harry no entendía realmente por qué le estaba dando las gracias. Pero bueno, ¿qué más daba? Algún día a lo mejor se lo explicaría.

Neville dejóescaparuna d ébil sonrisa, mientras desenvolvía el chocolate.

**— Gracias, Harry... Creo que me voy a la cama... ¿Quieres el cromo? Tú los coleccionas, ¿**no?

El trío de oro se inclinó inconscientemente hacia delante, deseando que lo dijesen ya para ver las reacciones de todos. Iba a ser épico.

Mientras Neville se alejaba, Harry miró el cromo de los Magos Famosos.

— Dumbledore otra vez**— dijo****— É l fue el primero que...**

Buf ó. Miró fijamente la parte de atrás de la tarjeta. Luego levantó la vista hacia Ron y Hermione.

—¡Lo encontré**!****—susurró— .**

  • ¿A Dumbledore? - preguntó Dean frunciendo el ceño confundido -. ¿Pero no decías que ya lo tenías?

  • ¿No lo abriste en el tren hace un montón de capítulos? - preguntó Seamus haciendo memoria.

  • No me refiero a Dumbledore. A otra persona que no encontrábamos - respondió Harry impacientemente, haciéndole un gesto a Neville para que siguiese leyendo cuanto antes.

¡Encontréa Flamel!

  • ¡¿Qué?! - exclamaron muchos, pillados completamente por sorpresa.

  • ¿Cómo que encontraste a Flamel? ¿No era el cromo de Dumbledore? - preguntó Bill confundido. ¿Se habían saltado parte de la lectura? ¿Había habido un salto en las páginas? ¡No tenía sentido!

  • No, estaba en el cromo de Dumbledore - explicó Harry intentando conservar la paciencia. ¿Por qué no dejaban que siguiesen en vez de tener que oírlo todo dos veces?

Os dije que había leído ese nombre antes. Lo leí en el tren, viniendo hacia aquí. Escuchad lo que dice:« El profesor Dumbledore es particularmente famoso por derrotar al mago tenebroso Grindelwald, en 1945, por el descubrimiento de las doce aplicaciones de la sangre de dragón ¡y por su trabajo en alquimia con su compañero Nicol ás Flamel!».

  • Vaya, sí que había aparecido en el libro - dijo Charlie perplejo.

  • Pero eso tampoco ayuda mucho. Hay decenas de libros sobre alquimia en la biblioteca - dijo Alicia frunciendo el ceño.

  • Pero Nicolás Flamel es una de las figuras más importantes en el campo de la alquimia, por no decir la más importante. ¡Ahora me acuerdo! - dijo Percy hablando muy rápido, emocionado y molesto consigo mismo. Ya podía haberse acordado hace un rato...

  • Bueno, no te lo guardes para ti mismo. ¿Quién es? - le urgió Oliver impacientemente.

  • Lo van a contar ahora en el libro - intervino Ron, aburrido -. ¿Podemos seguir para no tener que oír la explicación dos veces? Viene justo ahora.

Hermione dio un salto. No estaba tan excitada desde que le dieron la nota de su primer trabajo.

Hermione se sonrojó ligeramente, dándole un empujón a Harry en el hombro.

  • ¡Harry! - protestó débilmente. No podía negar que había estado nerviosa, pero no tenía que decirlo...

  • Lo siento, Hermione, pero sabes que es cierto - dijo Harry riéndose -. Nos volviste locos a todos los del curso.

—¡Esperad aqu í!****— dijo, y se lanzó por la escalera hacia el dormitorio de las chicas. Harry y Ron casi no tuvieron tiempo de intercambiar una mirada de asombro y ya estaba allí de nuevo, con un enorme libro entre los brazos.

Todos parpadearon perplejos, sin saber qué decir. Sí que estaba excitada, sí...

—¡Nunca pensé en buscar aquí!—susurr ó excitada— . Lo saqué de la biblioteca hace semanas, para tener algo ligero para leer.

  • ¿Eso es ligero? - preguntó en shock Angelina. Si lanzabas eso probablemente haría tanto daño como una bludger. Si conseguías lanzarlo, claro...

  • Solo era para cuando me aburría antes de irme a dormir - explicó Hermione encogiéndose de hombros.

  • ¿Lees sobre alquimia antes de irte a dormir? - preguntó Sirius sorprendido.

  • No sólo lee sobre alquimia. Tenemos la habitación llena de libros de todos los temas que te puedes encontrar en la biblioteca - dijo Parvati poniendo los ojos en blanco.

  • Los hay en todos lados, hasta en el baño - se quejó Lavander. Le ponía de los nervios a veces, pero qué se le iba a hacer. No podía enfadarse con ella mucho tiempo cuando las había ayudado a las dos tantas veces con los deberes.

  • Solo se me ha olvidado una vez un libro allí cuando entré con él en la mano a lavarme los dientes y salí con prisa porque llegaba tarde - se defendió Hermione ruborizada.

  • Merlin, Hermione, sabía que estabas loca por los libros, pero esto llega a nuevos niveles... - dijo Dean con los ojos como platos.

  • Hey, déjala. Tú obsesión con el fútbol tampoco es pequeña. Tienes las paredes de nuestro cuarto llenas de pósters de equipos, y ni siquiera se mueven - intervino Ron en defensa de su amiga.

  • No lo decía como algo malo - se apresuró a asegurar Dean.

**—¿Ligero?— dijo Ron, pero Hermione le dijo que esperara, que tenía que buscar algo y comenzó a dar la vuelta a las páginas, enloquecida,**murmurando para s í misma.

  • ¿Cómo que enloquecida?

  • preguntó Hermione frunciendo el ceño.

  • Viendo cómo pasabas de rápido las hojas, un poco sí lo parecías - se justificó Harry mirándola con cautela -. Me sorprendió que pudieses fijarte siquiera en lo que ponía en cada página...

  • No tenía que leerme la página entera - Hermione puso los ojos en blanco.

Al fin encontr ó lo que buscaba.

—¡Lo sab ía! ¡Lo sab ía!

—¿Podemos hablar ahora?****— dijo Ron con malhumor. Hermione hizo caso omiso de él.

  • Eso no es nada nuevo - les pinchó Harry con una sonrisa. Era divertidísimo verlo, por lo menos hasta que uno de los dos se enfadaba de verdad y comenzaban a discutir en serio.

  • Tú cállate, Harry. Que a ti te hace lo mismo a veces - replicó Ron sin poder evitar sonreír.

  • Yo no soy la única que lo hace - se defendió Hermione -. Harry también lo ha hecho alguna vez.

  • ¡Eso no es cierto! - protestó él.

  • Sí lo es, colega - le contradijo Ron.

  • ¿Nos vais a dejar seguir leyendo? Nosotros queremos saber quién es Nicolás Flamel - intervino Ginny fulminándoles con la mirada.

—Nicol ás Flamel—susurr ócon tono teatral**— es el único descubridor conocido de la Piedra Filosofal.**

Aquello no tuvo el efecto que ella esperaba.

En el Gran Comedor tampoco hubo el efecto que quería. Solo algunos Ravenclaws y algunos de otras casas de los cursos más altos empezaron a hablar animadamente, entendiendo claramente a qué se referían.

  • ¿Qué demonios es la Piedra Filosofal? - preguntó Seamus confuso. Se había quedado igual que antes de saber quién era Nicolás Flamel.

  • Ahora lo explica - dijo Neville, habiendo leído un poco más adelante.

—¿La qué**?****— dijeron Harry y Ron.**

—¡Oh, no lo entiendo! ¿No sabé****is leer? Mirad, leed aqu í.

Empujó el libro hacia ellos, y Harry y Ron leyeron:

El antiguo estudio de la alquimia está relacionado con el descubrimiento de la Piedra Filosofal, una sustancia legendaria que tiene poderes asombrosos. La piedra puede transformar cualquier metal en oro puro. También produce el Elixir de la Vida, que hace inmortal al que lo bebe.

Se ha hablado mucho de la Piedra Filosofal a través de los siglos, pero la única Piedra que existe actualmente pertenece al señ****or Nicol ás Flamel, el notable alquimista y amante de la ópera. El señor Flamel, que cumplió seiscientos sesenta y cinco años el año pasado, lleva una vida tranquila en Devon con su esposa Perenela (de seiscientos cincuenta y ocho años).

  • Vaya, no me extraña que alguien quiera robar la Piedra Filosofal - dijo Tonks con los ojos como platos.

  • Tener todo el oro que quieras y vivir eternamente. Lo que me extraña es que no hayan intentado robarla antes - dijo Bill perplejo.

  • Lo que yo no me puedo creer es que todas esas horas en la biblioteca no os sirviesen para nada - rio Fred.

  • Lo encontrasteis en una rana de chocolate - río George, encontrando la situación como de chiste.

  • Es la suerte de Harry. Os dijimos que no fue gracias a mi método ni al de Hermione que lo encontramos

  • sonrió Ron.

  • Y os dijimos que Neville nos había ayudado - dijo Hermione mandándole una sonrisa al chico.

  • Si Malfoy no me hubiese hechizado aquel día... - dijo Neville perplejo.

  • Probablemente yo ni habría mirado el cromo cuando me hubiese comido las ranas de chocolate de Hermione, que, como dije, fueron el regalo perfecto - dijo Harry mirando a los demás, que estaban sorprendidos al ver que habían tenido todas las pistas delante y no las habían sabido unir.

  • Entonces también es gracias a Malfoy que lo encontrasteis - replicó Neville con una sonrisa.

  • Ugh, no gracias. Fue gracias a ti - dijo Ron fingiendo un escalofrío.

  • Pero tiene gracia que solo ahora lo hayamos averiguado nosotros. Lo teníamos delante de nuestros ojos y no nos hemos fijado - dijo Luna moviendo la cabeza al ritmo de una melodía que estaba cantando en su mente.

  • ¿Qué? ¿Cómo que lo teníamos delante? Hemos tenido pistas, pero no era tan fácil relacionarlas - dijo Percy, algo herido en su orgullo por no haberlo descubierto. Él siempre se había preciado de no ser nada malo resolviendo enigmas.

  • Neville, ¿puedes cerrar el libro un momento, por favor? - pidió Luna haciendo sonreír al trío de oro. Parecía que la rubia lo había descubierto hacía mucho rato. Neville hizo lo que pedía confuso -. ¿Puedes leer la portada, por favor?

  • Harry Potter y la Piedra Filosofal - leyó Neville, dejando a todos helados en el sitio.

  • Estaba en el título del libro... - dijo Bill perplejo. No se sentía tan idiota desde hacía mucho tiempo.

  • Fue lo primero que leímos - dijo Remus, con ganas de levantarse y darse de cabezazos contra la pared. Él mismo había leído ese título.

  • No me puedo creer que lo hayamos pasado por alto - musitó Sirius con los ojos como platos. ¿Qué estaba mal en la cabeza de tanta gente que nadie se había dado cuenta excepto una niña de primer curso? O era una niña realmente muy especial, o eran todos muy idiotas.

  • Yo tampoco - dijo Harry, rompiendo por fin a reír. Llevaban mucho rato reprimiendo las carcajadas ellos tres.

  • Todo el rato p-pidiéndonos miles de veces que os lo dijésemos y lo habéis tenido en vuestras manos todo el tiempo - dijo Ron entre risas.

  • Me siento una inútil - el único motivo por el que no se estaba ruborizando Katie era porque nadie más había caído en la cuenta.

—¿Veis?— dijo Hermione, cuando Harry y Ron terminaron**— . El perro debe de estar custodiando la Piedra Filosofal de Flamel. Seguro que le pidió a Dumbledore que se la guardase, porque son amigos y porque debe de saber que alguien la busca. ¡Por eso quiso que sacaran la Piedra de Gringotts!**

  • ¿Eso quiere decir que fue Snape el que entró en Gringotts? - Moody miraba suspicaz a Snape, como considerando si era capaz o no.

  • Ehh... Se va a explicar todo más adelante - dijo rápidamente Harry, pillado por sorpresa. Parece que el viejo auror no iba a dejar eso pasar, y Harry no esperaba que lo hiciese, pero no pensaba que iba a sacar esas conclusiones tan pronto.

—¡Una piedra que convierte en oro y hace que uno nunca muera!— dijo Harry— . ¡No es raro que Snape la busque! Cualquiera la querría.

  • Yo no sé qué haría si tuviese todo el oro que quisiese - dijo Luna pensativa -. Es más responsabilidad de la que parece. A lo mejor me iría con mi padre a buscar los snorkalks de cuernos arrugados en verano. Lleva años ahorrando para hacer el viaje...

  • Yo me compraría una escoba. La mejor que hubiese - dijo Ron imaginándosela, con los ojos brillantes y una sonrisa soñadora.

  • Nosotros abriríamos una tienda de artículos de broma - dijo Fred, con un brillo decidido en los ojos.

  • Una aún mejor que Zonko - dijo George. No sabían cómo lo iban a hacer, pero era su sueño para el futuro.

  • Podríamos renovar la casa y hacerla un poco más grande para que tuviésemos todos más sitio, ¿no crees, querida? - sonrió Arthur mirando a su mujer.

  • Y podríamos ir a visitar más a menudo a Bill y a Charlie - suspiró ella.

  • Yo lo ahorraría - declaró Hermione, haciendo que la mirasen exasperados, pero poco sorprendidos. No les extrañaba con esta chica que siempre planificaba para el futuro -. Lo guardaría para algo que valga la pena más adelante.

  • Hermione, tendrías todo el oro que quisieses. No te haría falta ahorrarlo - dijo Ron poniendo los ojos en blanco.

  • Bueno, entonces supongo que por fin podría comprarme todos los libros que quisiese. Hay tantos temas sobre los que quiero investigar que no sabría por cuál empezar. Y tendría que conseguir algo para guardarlos. He oído hablar sobre bolsos o mochilas en lo que cabe cualquier cosa, aunque tal vez sería mejor uno de esos baúles que dicen que tienen varios compartimentos lo suficientemente grandes para que incluso una persona quepa dentro. Así estarían más ordenados y podría buscar los que quiero más fácilmente... - a medida que iba hablando, lo iba haciendo cada vez más rápido. Estaba demasiado entusiasmada con las posibilidades para darse cuenta de las expresiones aturdidas de todos.

  • Vale, vale, lo hemos pillado. Muchos libros. No me sorprende - la cortó Ron al ver que no tenía intención de parar pronto.

  • Señores, si no les importa, a algunos de nosotros nos gustaría continuar la lectura. Ya podrán seguir con sus fantasías más adelante - intervino McGonagall antes de que pudiesen seguir divagando. No era como si de verdad fuesen a tener todo el oro del mundo...

— Y no es raro que no pudiéramos encontrar a Flamel en ese Estudio del reciente desarrollo de la hechicería**— dijo Ron****— .É l no es exactamente reciente si tiene seiscientos sesenta y cinco años, ¿verdad?**

  • Todas esas horas perdidas... - dijo Tonks con una mueca.

  • Si ya me parecía horrible que hubiesen pasado ahí tanto tiempo... - George se estremeció.

  • Ahora resulta que fue por nada - dijo Fred sacudiendo la cabeza como apenado por el trío.

A la ma ñana siguiente, en la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, mientras copiaban las diferentes formas de tratar las mordeduras de hombre lobo, Harry y Ron seguían discutiendo qué harían con la Piedra Filosofal si tuvieran una. Hasta que Ron dijo que él se comprar ía su propio equipo de quidditch

  • ¿Qué ha cambiado? - preguntó Bill curioso -. Ahora querías una escoba.

  • Prefiero ser capaz de entrar en vez de básicamente comprar mi puesto como otros. Y para eso necesito una escoba - Ron se encogió de hombros, fulminando rápidamente al rubio con la mirada, para que no quedasen dudas de sobre quién estaba hablando.

y Harry record ó el partido en que tendría a Snape de árbitro.

  • Es verdad. Se me había olvidado con todo lo de la Piedra Filosofal - Katie abrió mucho los ojos sorprendida.

  • Y pensar que los demás del equipo no teníamos otra preocupación en la cabeza aparte de que Snape iba a ser árbitro - Angelina sacudió la cabeza, sintiéndose irracionalmente culpable. Ella no podía haberlo sabido.

  • No sé cómo pudo estar centrado para coger la snitch - murmuró Alicia mirando al más pequeño del equipo con una mezcla de cariño y asombro.

— Jugaré — informó a Ron y Hermione—****. Si no lo hago, todos los Slytherins pensarán que tengo miedo de enfrentarme con Snape. Les voy a demostrar... les voy a borrar la sonrisa de la cara si ganamos.

  • Y les borraste la sonrisa - sonrió Oliver mirando orgulloso a su buscador.

  • Pero aun así nos tuviste preocupados ese partido - dijo Hermione con una mueca -. Casi hubiese preferido que no hubieses jugado.

  • ¡Hermione! - exclamó Ron, mirándola como si le hubiese traicionado.

  • ¡Oh, no me vengas con esas, Ronald Weasley! ¡Tú estuviste tan preocupado como yo! Tú también le intentaste convencer de que no jugase - dijo Hermione girándose hacia él con el ceño fruncido. Harry podía imaginársela perfectamente con las manos en la cadera si hubiesen estado de pie.

  • Eso no es cierto - musitó Ron sonrojado, apartando la mirada de todos.

— Siempre y cuando no te borren a ti del terreno de juego**— dijo Hermione.**

  • Hermione, eres todo positivismo - dijo Fred poniendo los ojos en blanco.

  • Todos sonrisas y alegría - dijo sarcástico George -. ¿Así le subes el ánimo?

  • No estaba intentando subirle el ánimo. Quería que supiese seguro lo que estaba arriesgando al jugar

  • replicó Hermione molesta.

Sin embargo, a medida que se acercaba el día del partido, Harry se ponía más nervioso, pese a todo lo que le había dicho a sus amigos. El resto del equipo tampoco estaba demasiado tranquilo. La idea de alcanzar a Slytherin en el torneo de la casa era maravillosa, nadie lo había conseguido en siete años, pero ¿podrían hacerlo con aquel árbitro tan parcial?

  • ¿No veis algo realmente raro en esa frase? - preguntó Angelina con la garganta cerrada, abrumada por la revelación que acababa de tener.

  • Sí - logró decir Katie con una mueca.

  • Yo no veo nada raro en esa frase - dijo Oliver mirándolas confundido.

  • ¿No te das cuenta de la diferencia de prioridades, Oliver? - preguntó Alicia con una mirada triste -. ¿No ves que nosotros nos preocupábamos por una copa, por unos puntos, mientras el más pequeño del equipo se estaba preocupando por si le volvían a intentar matar? ¿No ves lo ridículo que es?

  • Ahora que lo dices...

  • dijo Wood, algo avergonzado consigo mismo.

  • Vosotros no lo sabíais. No sabías que yo estaba pensando en eso, creíais que tenía en la cabeza lo mismo que vosotros - intervino Harry.

  • Eso no cambia nada, Harry - Fred negó con la cabeza, frunciendo el ceño.

  • Nosotros también estábamos ahí cuando habían intentado matarte en el partido anterior, y ni siquiera volvimos a pensar en ello una vez que atrapaste la snitch - dijo George, sintiéndose culpable.

  • No importa, chicos - trató de consolarles Harry, queriendo quitarles la culpa de encima.

  • Sí, importa, Harry. No nos hemos comportado como un equipo precisamente - le contradijo Angelina, mirándole con determinación -. Pero eso va a cambiar a partir de ahora. La copa no importa nada si pone en riesgo a alguien. Y me da igual lo que digas, Wood - advirtió girándose hacia él y fulminándole con la mirada como advertencia.

  • No iba a decir nada - se defendió Oliver débilmente.

Harry no sabía si se lo imaginaba o no, pero veía a Snape por todas partes. Por momentos, hasta se preguntaba si Snape no lo estaría siguiendo para atraparlo.

  • ¿En serio? ¿Te estaba siguiendo? - preguntó Sirius fulminando con la mirada al profesor de Pociones.

  • Sirius, déjalo. Por favor. Solo hasta el final del libro - pidió Harry, no queriendo montar una escena por algo que no era otra cosa que un malentendido.

Además de que se estaba dando cuenta de lo que había pasado de verdad. Estaba reevaluando todo lo relacionado con Snape que había ocurrido en esos dos años. Echando la vista atrás, las cosas se veían de un modo muy distinto y, aunque seguía sin caerle bien ese hombre, no podía decir sinceramente que le odiase.

  • Hasta el final del libro - accedió su padrino a regañadientes, sacando a Harry de sus pensamientos.

Las clases de Pociones se convirtieron en torturas semanales para Harry, por la forma en que lo trataba Snape. ¿Era posible que Snape supiera que ellos habían averiguado lo de la Piedra Filosofal?

Snape se contuvo para no soltar un bufido. Estaba molesto consigo mismo porque, a pesar de haberles estado vigilando muy de cerca a esos tres (sobre todo a Potter), no se le había pasado siquiera por la cabeza que pudiesen haberlo averiguado. Claro, él no estaba intentando ver si lo sabían o no, pero aun así...

Solo había sabido que estaban tramando algo. Estaban escondiendo algo y él quería saber qué era porque no iba a permitir que causasen problemas en una clase donde manejaban sustancias que podían ser peligrosas. Por eso había sido más duro que de costumbre con Potter. La intimidación era una buena forma de que no se atreviesen a hacer nada y la mejor forma de intimidarles era quitarles puntos por cualquier error, por mínimo que fuese, para que supiesen que tenía un ojo puesto sobre ellos.

Puede que pareciese un amargado por ello, que le tenía manía a ese chico (que se la tenía), pero si con eso evitaba que bromeasen en su clase en vez de leer las instrucciones con atención, le daba igual lo que pensasen. Bueno, le daba igual lo que pensasen unos niñatos que estaban todavía en el colegio de cualquier forma, bromeasen o no.

Harry no se imaginaba cómo podía saberlo... aunque algunas veces tenía la horrible sensación de que Snape podía leer los pensamientos.

  • Es ilegal, señor Potter - dijo Kingsley calmadamente.

  • ¿Eso quiere decir que es posible? - preguntó Harry horrorizado, mirando alternativamente al auror y a su profesor de Pociones.

  • Es una rama de la magia muy complicada, señor Potter, y no todos son capaces de dominar siquiera los conceptos básicos por lo que no se ofrece en Hogwarts. Se llama Legeremancia

  • explicó el auror -. Pero es ilegal ponerla en práctica sin el permiso de la otra persona, especialmente cuando estamos hablando de niños, o a no ser que sea en circunstancias muy especiales.

  • ¿Y Snape puede hacer eso? - preguntó Ron, tan horrorizado como su mejor amigo. Se estaba planteando si presentarse siquiera a Pociones el curso siguiente. Prefería suspender directamente la asignatura antes que tener al murciélago de las mazmorras en su cabeza.

  • ¡Ron, el profesor Snape! - le corrigió su madre, aunque ella miraba al hombre pensativa. No se atrevería realmente a hacer algo así, ¿no?

  • ¿El profesor Snape puede hacer eso? - repitió Ron automáticamente, sin cambiar la expresión.

  • Sí, señor Weasley - respondió Snape, haciendo un esfuerzo enorme para sonar educado por estar delante de todos. Y el esfuerzo que tuvo que hacer para no poner los ojos en blanco al ver cómo el horror de casi todos los alumnos se multiplicaba fue todavía mayor -. Podría hacerlo si quisiera. Afortunadamente, no es necesario. Se os ve en la cara, mocosos, cada vez que planeáis algo.

  • ¿No se puede hacer nada para evitar la intrusión de otros en tu mente? - preguntó Hermione, tratando de no mostrar lo perturbada que le dejaba la idea de no tener privacidad en su propia mente.

  • Hay otra rama de la magia que es igual de complicada que esta porque igual que es difícil entrar en la mente de alguien, de la misma forma, es difícil evitar que entren en la tuya

  • dijo Kingsley dubitativo -. Se llama Oclumancia.

El trío de oro intercambió una mirada, decidiendo una cosa en ese mismo momento. Hicieron una promesa que pensaban cumplir: iban a aprender Oclumancia, no solo para por si acaso en las clases de Pociones, sino porque iban a estar en el centro de la guerra y tenían que saber protegerse al menos así. Tenían muchos secretos que preferían que siguiesen siéndolo.

Harry supo, cuando le desearon suerte en la puerta de los vestuarios, la tarde siguiente, que Ron y Hermione se preguntaban si volverían a verlo con vida.

  • No exageres, Harry - bufó Hermione poniendo los ojos en blanco.

  • No nos estábamos preguntando eso - resopló Ron -. Nos preguntábamos cuántos días tendrías que quedarte en la enfermería.

  • ¡Ron! - exclamó Hermione, girándose hacia él escandalizada.

  • ¿Qué? ¡Es cierto! - protestó el pelirrojo.

  • Oh, muchas gracias. Eso inspira mucha confianza - dijo Harry sarcástico, pero sonreía divertido.

  • Bueno, colega, el primer partido no fue muy bien - se justificó Ron, inclinándose por delante de Hermione para mandarle una media sonrisa a Harry.

Aquello no era lo que uno llamaría reconfortante. Harry casi no oyó las palabras de Wood, mientras se ponía la túnica de quidditch y cogía su Nimbus 2.000.

Ron y Hermione, entre tanto, encontraron un sitio en las gradas, cerca de Neville, que no podía entender por qué estaban tan preocupados, ni por qué llevaban sus varitas al partido.

  • Ahora sí que lo entiendo de sobra - dijo Neville sacudiendo la cabeza -. Lo que me extraña es que solo estuvieseis preocupados y no histéricos.

Los demás solo estaban manteniendo la calma porque ese partido solo se recordaba cómo uno de los más cortos de la historia de Hogwarts. Nada más. Sino fuese por eso, si no supiesen con total seguridad que Harry iba a estar bien, Neville estaba seguro de que todos estarían ansiosos en el borde de sus asientos.

  • Lo estuvimos, Neville

  • le aseguró Ron, recordando, cuando practicaban el maleficio de las piernas unidas mientras Harry estaba en el entrenamiento, las veces que o él o Hermione habían entrado casi en pánico al imaginarse lo que pasaría si no podían proteger a Harry. Había sido en una de esas ocasiones cuando ambos se habían dado cuenta de que, por muy mal que se pusiesen las cosas, no iban a abandonar a Harry. Les daba igual pasarlo mal, les daba igual tener que evitar ataques de pánico o sufrir heridas. Estaban juntos en esto e iban a terminarlo juntos.

  • Siempre hay que llevar la varita encima, chico - ladró Moody mirando a Neville con desaprobación -. Que sea un partido de quidditch no quita que no pueda haber una emergencia en un momento inesperado.

  • Estaban en primero, Alastor - le recriminó McGonagall -. Aunque tuviesen la varita, tampoco sabían hacer muchas cosas con ella.

  • ¡Eso no es excusa! ¡La varita siempre encima! Si no la tienes tú, otro podría cogerla y le estás dando un arma a tu enemigo.

  • Están en el colegio. Nadie les va a quitar la varita ni la va a utilizar contra ellos.

En ese instante Harry estuvo a punto de abrir la boca para contradecir a su profesora. Eso no era exactamente cierto, pensó recordando a Tom Riddle en la Cámara de los Secretos el día anterior. Sin embargo, prefirió guardar silencio porque solo conseguiría preguntas que no pensaba responder y lo iban a leer de todas formas más adelante.

  • ¡Me da igual si están en el colegio o en su propia casa! ¡La varita siempre encima! No sabes cuándo van a ir a por ti. ¡ALERTA PERMANENTE! - bramó sobresaltando a todos -. El día que os ataquen por sorpresa en un sitio que considerabais seguro y no podáis defenderos a vosotros mismos o a otros porque os habéis dejado la varita en otra habitación, os acordaréis de esto.

Nadie supo qué responder. Era cierto que si eso llegaba a ocurrir lo iban a lamentar y se iban a acordar de Ojoloco Moody en sus últimos momentos, pero era vivir demasiado paranoico. No podías estar esperando un ataque a la vuelta de cada esquina, no podías pensar lo peor de cada persona que conocías.

Lo que Harry no sabía era que Ron y Hermione habían estado practicando en secreto el Maleficio de las Piernas Unidas.

  • ¿Por eso llevabais las varitas? - preguntó Neville, frunciendo el ceño confundido -. ¿Y para qué queríais practicar ese maleficio?

  • Estoy seguro de que ahora se explica, Neville - dijo Hermione, evitando deliberadamente mirar a Harry.

Harry les miraba pasmado, con una sospecha tomando forma en su cabeza, pero no podía ser cierto, ¿no? No las llevaban porque estaban planeando lo que él creía que estaban planeando, ¿verdad?

  • Vosotros no... - empezó dubitativo.

  • Ahora se explica, Harry - repitió Hermione, aún sin mirarle.

Se les ocurri ó la idea cuando Malfoy lo utilizó con Neville, y estaban listos para utilizarlo con Snape, si daba alguna señal de querer hacer dañ****o a Harry .

Todos les miraron pasmados. Una cosa era prenderle fuego a un profesor a escondidas (¡y que fuese a Snape les daba muchos puntos!), pero atacar abiertamente delante de todos...

Wow... simplemente... wow. No sabían si echarse a reír, estar horrorizados o sentir admiración hacia esos dos amigos. Cualquiera querría amigos que estuviesen dispuestos a hacer eso por ti.

  • ¿Vosotros...? Vosotros... ¿Ibais a maldecir a Snape? ¿Delante de todos? - preguntó Harry perplejo. Sabía que habían estado preocupados por él, pero no sabía que tanto.

  • ¿Para impedir que te tirasen de la escoba? Maldeciríamos a Dumbledore y al ministro de magia si hiciese falta - respondió Ron, antes de tirarse rápidamente hacia el director -. Sin ofender, profesor.

  • No hay ofensa, señor Weasley. Le aseguro que conozco unos escudos excelentes - dijo Dumbledore sin perder la sonrisa.

Nadie hizo caso de Fudge, que farfullaba incoherentemente ante la falta de respeto.

  • Sí, bueno, eso claro. Casi seguro que no conseguiríamos maldecirle - murmuró el pelirrojo sonrojándose.

  • Pero os habrían expulsado... - protestó Harry sin saber cómo reaccionar.

  • Sí, bueno, hay cosas por las que merece ser expulsado - dijo Hermione, frunciendo el ceño pensativa -. Me alegro de que no hiciese falta recurrir a eso al final, pero habríamos seguido adelante con ello. Lo habría odiado y habríamos echado de menos Hogwarts, pero tú no serías solo una mancha en el suelo.

  • ¿Y lo que dijiste después de encontrarnos a Fluffy? - insistió Harry. ¿Adónde había ido aquella chica cuya peor pesadilla era la posibilidad de ser expulsada?

  • ¡Estaba asustada aquella noche, Harry! - exclamó ella -. ¿De verdad crees que me importa más Hogwarts y aprender magia que tú o que Ron?

Harry abrió la boca, pero la cerró inmediatamente. No, claro que no. Si él habría hecho lo mismo, ¿por qué se sorprendía de que ellos lo hiciesen?

  • Hogwarts no sería Hogwarts sin ti, Harry. Ni Hermione ni yo querríamos volver si no estuvieses - dijo Ron muy serio, a pesar de lo mucho que se estaba ruborizando al admitirlo. ¿Qué?, él no estaba hecho para decir ese tipo de cosas en público. Bueno, en ningún momento, pero menos en público.

— No te olvides, eslocomotor mortis— murmuró Hermione, mientras Ron deslizaba su varita en la manga de la túnica.

  • Merlín, lo estabais planeando de verdad - dijo George, al parecer recuperando su voz solo ahora.

  • ¿Qué ha pasado con nuestra futura perfecta perfecta y nuestro hermanito? - preguntó al aire Fred, mirando perplejo a ambos.

  • Se dieron cuenta de lo que de verdad importa - respondió Hermione sin inmutarse -. Pero creo que eso lo acabamos de aclarar con Harry - añadió poco dispuesta a repetir la conversación.

  • Lo siguiente que sabremos es que empezarán a gastar bromas, hermano - le dijo Fred a George.

  • Y tendremos competencia dentro de poco - añadió George mirando calculadoramente al trío de oro.

  • Señores, ¿les importa si continuamos la lectura? - intervino McGonagall reprimiendo un escalofrío al imaginarse al trío de oro uniéndose a los bromistas del colegio. Estaba bastante segura de que entonces o bien ella se tendría que ir del colegio por motivos de salud o bien el castillo no aguantaría mucho en pie.

—Ya lo sé —respondi óenfadado— . No me des la lata.

Mientras tanto, en el vestuario, Wood había llevado aparte a Harry.

— No quiero presionarte, Potter; pero si alguna vez necesitamos que se capture en seguida la snitch, es ahora. Necesitamos terminar el partido antes de que Snape pueda favorecer demasiado a Hufflepuff.

  • Sin presión, Harry. Tú no te preocupes, pero atrapa la snitch cuanto antes - se mofó Katie, mirando mal a Wood.

  • Esto me suena demasiado - dijo sarcástico George.

  • "Atrapa la snitch o muere". ¿Quién más ha oído eso antes? - dijo Fred sin una pizca de humor en su voz.

  • No me puedo creer que hayas presionado más veces a Harry de esa forma. ¿Cómo has podido? - demandó Angelina fulminando con la mirada a su capitán hasta que este se encogió en su asiento.

  • ¿Tengo plena fe en Harry? - respondió Oliver, sonando como si estuviese respondiendo una pregunta al ver tantas caras mirándole mal.

  • Todos tenemos plena fe en Harry, pero ya sabes cómo es. Él estaría dispuesto a romperse la cabeza por conseguir la maldita snitch, ¡y tú le apoyas y le incitas a ello! - explotó Alicia enfadada.

  • Bueno, siempre hay que hacer algunos sacrificios en quidditch... - empezó Oliver, aunque su voz se apagó cuando los rostros de todos se pusieron furiosos.

  • ¡Señor Wood - McGonagall se les adelantó a todos los demás miembros del equipo antes de que pudiesen empezar a gritar al guardián de Gryffindor -, ese no es el comportamiento que debe tener un capitán! Se supone que el capitán está para cuidar a los otros miembros y dirigirles, no para convertirles en mártires por la causa del quidditch. Si sigue con este comportamiento, señor Wood, tal vez me plantee si es usted el adecuado para capitanear el equipo el año que viene.

  • ¡¿Qué?! ¡Profesora, usted no puede hacer eso...! - protestó Oliver horrorizado, y tan sorprendido como el resto.

  • No me diga lo que puedo o no puedo hacer, señor Wood - le cortó la profesora -. Si usted no puede actuar como debería actuar un capitán, será mejor que le deje el puesto a otro. Así que más le vale cambiar su actitud si quiere conservarlo.

Oliver continuó mirándola como si le hubiese dicho que no iba a poder andar el resto de su vida, pero no siguió protestando. Sabía que cumpliría su amenaza sin inmutarse siquiera.

—¡Todo el colegio está allí fuera!— dijo Fred Weasley, espiando a través de la puerta— . Hasta... ¡Vaya, Dumbledore ha venido al partido!

  • ¡Dumbledore! ¡Entonces Harry estará a salvo! - exclamó Sirius con una sonrisa de oreja a oreja.

  • Nadie se atreverá a intentar nada con él delante - suspiró Remus aliviado.

  • Al final no os habría hecho falta practicar el maleficio de las piernas unidas - dijo Harry.

  • Aunque nos hubiésemos fijado en que estaba Dumbledore, dudo que nos hubiésemos tranquilizado - dijo Hermione con una mueca.

El corazón de Harry dio un brinco.

—¿Dumbledore?— dijo, corriendo hasta la puerta para asegurarse. Fred tenía razó****n. Aquella barba plateada era inconfundible.

Harry ten ía ganas de reírse a carcajadas, del alivio que sentía. Estaba a salvo. No había forma de que Snape se animara a hacerle algo si Dumbledore estaba mirando.

  • Ahora te podrás concentrar en el partido - suspiró Charlie aliviado.

  • No más intentos de asesinato en un partido. Gracias a Merlín - dijo Bill, antes de que Tonks le diese un golpe en la parte de atrás de la cabeza.

  • ¡Bill, no digas eso! - exclamó para confusión del pelirrojo -. ¡Con Harry luego se cumplen esas cosas!

  • No seas ridícula - replicó Bill con una risa nerviosa. No iba a ocurrir nada, ¿no? No podía ocurrir nada en otro partido. Era inconcebible.

¿Verdad?

  • Ya veremos - respondió Tonks poco convencida.

Tal vez por eso Snape parecía tan enfadado mientras los equipos desfilaban por el terreno de juego, algo que Ron tambié****n not ó.

No era por eso, pensó Harry mirando a su profesor. Era porque, con Dumbledore ahí, ese esfuerzo por protegerle haciendo algo que él odiaba había sido en vano. No habría hecho falta y lo único que había conseguido era que el resto del colegio pensase lo peor de él.

La verdad era que Harry también estaría enfadado con el mundo si estuviese en esa situación. Y ahora que se paraba a pensarlo, ni siquiera le había dado las gracias por ello, ¿no? Había sido innecesario, pero el hombre había estado tratando de protegerle.

No sabía si alegrarse o no de no poder hacerlo ahora porque les fastidiaría la historia a los demás, pero sabía que en algún momento iba a tener que agradecérselo.

— Nunca vi a Snape con esa cara de malo**— dijo a Hermione****— . Mira, ya salen. ¡**Eh!

Alguien había golpeado a Ron en la parte de atrás de la cabeza. Era Malfoy.

  • Oh, no, otra vez no - gruñó George.

  • Ese rubio se tiene que buscar un hobbie - dijo Fred poniendo los ojos en blanco.

  • Creo que ya lo tiene. Me parece que es perseguir a Harry y a Ron, y parece que Hermione está ocupando el lugar de Neville - dijo Luna mirando al techo distraídamente -. Aunque, como hemos dicho antes, seguimos sin tener sus motivos claros.

Todos volvieron a reírse por lo bajo, aunque las caras de los cuatro involucrados era de puro horror.

  • No - dijo Hermione rápidamente, inclinándose hacia atrás como para alejarse de Malfoy, a pesar de que él estaba a metros de distancia.

  • No pasaría nunca. Jamás. Ni hablar - añadió Harry justo después con una mueca.

  • Ni en sueños - dijo Ron.

  • ¿En serio, Ronnie? - empezó Fred con una sonrisa traviesa.

  • ¿Sueñas con Malfoy? - preguntó George, haciendo que los ojos de su hermano pequeño se abrieran como platos y volviera a aparecer la expresión de horror.

Todos se echaron a reír de nuevo.

  • ¡¿Qué?! ¡No! - exclamó Ron asqueado por lo que implicaban.

  • El primer paso es admitirlo, Ronnie - le pinchó Fred.

  • No te preocupes, no te juzgaremos - siguió George incapaz de contener la sonrisa. Esto era demasiado divertido.

  • ¡¿Qué?! Yo no... Malfoy no... No... - balbuceó Ron tratando sin éxito de formar una oración coherente.

Draco mientras tanto llevaba un rato con la misma expresión, probablemente en shock y sin saber cómo reaccionar. ¿Huir del Gran Comedor? ¿Tirarse por una ventana? Mejor aún, ¿saltar desde la torre de Astronomía? Todas esas posibilidades sonaban mucho mejor que imaginarse siquiera lo que decía Lunática Lovegood.

  • Niños, dejad ya en paz a vuestro hermano - intervino la señora Weasley aunque ella también sonreía divertida. Sin embargo, el pobre Ron parecía a punto de sufrir un cortocircuito en el cerebro y era mejor pararlo antes de que estallase.

  • Nosotros solo le apoyamos, mamá - dijo George inocentemente.

  • No es bueno que niegue las cosas y se mienta a sí mismo - dijo Fred, consiguiendo que la cara de Ron, que había empezado a calmarse, se volviese a quedar atascada entre shock y horror.

Neville, apiadándose de su compañero de cuarto, decidió seguir leyendo antes de que los gemelos le hiciesen daño permanente a su cabeza.

— Oh, perdón, Weasley, no te habí****a visto.

Malfoy sonrió burlonamente a Crabbe y Goyle.

— Me pregunto cuánto tiempo durará Potter en su escoba esta vez. ¿Alguien quiere apostar? ¿Qu****é me dices, Weasley?

  • ¡Hey!, ¿cómo te atreves? - saltó Tonks indignada -. ¿Te crees que es gracioso que intentaran matar a un compañero?

Malfoy no supo qué responder. ¿Era gracioso que intentaran matar a alguien? No. ¿Era gracioso ver a Potter colgando como un mono de la escoba? Sí. No era como si le hubiese ido a pasar algo. Eran magos y brujas, por Merlín. Aunque se hubiese soltado, Potter no habría chocado contra el suelo.

Por desgracia, la única otra persona que parecía coincidir con él en la opinión de que habría estado a salvo era, irónicamente, Potter (¿y no era eso preocupante?). Así que no podía decir nada si no quería que se le echasen todos encima.

Ron no le respondió:

  • Vale, esa tiene que haber sido la primera vez... - empezó Charlie sorprendido.

  • Y la última, probablemente - añadió Bill.

  • Que Ron hace caso omiso de los insultos de Malfoy - terminó Charlie como si no le hubiesen interrumpido.

  • Entre insultar a Malfoy y vigilar a Harry, ¿qué crees que iba a hacer? - espetó Ron.

Snape acababa de pitar un penalti a favor de Hufflepuff, porque George Weasley le habí****a tirado una bludger.

  • ¿Le diste? - preguntó Sirius por lo bajo.

  • No - suspiró George resignado -. La esquivó justo a tiempo.

  • ¡George! - exclamó su madre escandalizada.

  • ¿Qué? No es justo tener un árbitro parcial. Si él no pensaba retirarse voluntariamente, le iba a tener que dar una ayudita en la dirección adecuada.

  • Como vuelvas a hacer una cosa así, jovencito, te vas a pasar todo el verano desgnomizando el jardín y ya veremos cuándo vuelves a ver tu escoba - amenazó la señora Weasley, apuntándole con el dedo muy seria.

  • ¡Pero, mamá...! - protestó indignado.

  • ¡No me repliques! O te vas a quedar castigado hasta navidad - le cortó ella antes de que pudiese seguir.

Hermione, que ten ía los dedos cruzados sobre la falda, observaba sin cesar a Harry, que circulaba sobre el juego como un halcón, buscando la snitch.

—¿Sabéis por qué creo que eligen a la gente para la casa de Gryffindor?— dijo Malfoy en voz alta unos minutos más tarde,

La casa de los leones al completo se tensó. Ahora ya no estaba insultando solo al trío de oro o a Neville. Ahora les estaba insultando a todos ellos.

  • ¿Por ser valientes y caballerosos? - dijo Fred sin apartar la vista del rubio.

  • ¿Por ser fieros leones dispuestos a todo? - dijo George entrecerrando ligeramente los ojos y sonriendo traviesamente.

  • Creíamos que lo sabías, Malfoy. Estamos bastante seguros de que el Sombrero Seleccionador lo dijo el primer día.

  • Pero, oye, no pasa nada si no te has enterado. Por algo el Sombrero ni se planteó ponerte en Ravenclaw.

Malfoy apretó los dientes furioso, pero no contestó. No era suicida y enfrentarse a toda la casa Gryffindor lo era.

mientras Snape daba otro penalti a Hufflepuff, sin ningún motivo— . Es gente a la que le tienen lástima.

  • Mira que me cuesta creer eso, Malfoy. Tú das mucha pena y no tendrías ni una posibilidad de acabar en Gryffindor - espetó Tonks, defendiendo a los leones a pesar de no ser ella uno de ellos.

Por ejemplo, está Potter; que no tiene padres,

  • Puede que no los tenga, pero si me diesen a elegir entre seguir como estoy o tener unos como los tuyos, prefiero seguir como estoy - espetó Harry, apretando los puños furioso.

luego los Weasley, que no tienen dinero...

  • Mejor sin dinero que sin amigos, Malfoy - dijo Bill, enfadado al ver que molestaba a su hermano con eso y que sus padres se sonrojaban. No tenían nada de lo que avergonzarse cuando les habían dado una infancia fantástica y una familia que les quería.

Y tú, Longbottom, que no tienes cerebro.

  • Todavía no se ha visto que tú tengas, Malfoy - saltó Harry en defensa de Neville. Lo único que le faltaba al pobre después del poco apoyo que le habían demostrado hacía un rato en el capítulo era que nadie lo hiciese y entonces no iban a conseguir ayudar nunca a Neville.

Neville se puso rojo y se volvió en su asiento para encararse con Malfoy.

— Yo valgo por doce como tú, Malfoy**— tartamudeó.**

  • ¡Ja! ¡Toma esa, Malfoy! - exclamaron los gemelos, elevando el puño en el aire en un gesto de victoria.

  • Bien hecho, Neville - felicitó Katie con una sonrisa radiante.

Neville devolvió la sonrisa perplejo. No se esperaba esa reacción por parte de todos, más bien esperaba que suspiraran exasperados o se rieran o le criticaran por haber tartamudeado. Después de todo, pensó amargamente, los Gryffindor se supone que son valientes y él apenas era capaz de responder a Malfoy.

Sin embargo, no había sido así. No veía una mala cara ni un reproche por ningún lado y eso le trajo una sonrisa enorme.

Malfoy, Crabbe y Goyle estallaron en carcajadas, pero Ron, sin quitar los ojos del partido, intervino.

— Así se habla, Neville.

  • Bien dicho, Ron - felicitó el señor Weasley, mirando lleno de fiero orgullo a su hijo.

  • Gracias, papá - respondió Ron con las orejas rojas.

— Longbottom, si tu cerebro fuera de oro serías más pobre que Weasley, y con eso te digo todo.

  • Qué poca imaginación - se lamentó Fred.

  • Los mismos insultos una y otra vez - asintió George, borrando de inmediato cualquier ofensa que hubiesen podido causar las palabras del chico. .

La preocupación por Harry estaba a punto de acabar con los nervios de Ron.

—Te prevengo, Malfoy... Una palabra m ás...

  • Mis nervios ya estaban hechos trizas desde hacía días - resopló Ron sacudiendo la cabeza -. Los míos y los de Hermione.

  • Estoy muy orgullosa de que no reaccionases, Ron, de que ignorases a Malfoy - dijo su madre sonriéndole orgullosa.

  • Ehh... Gracias, mamá... pero... eh... ¿a lo mejor querrías esperar un poco más antes de decir eso? - dijo Ron enviándole una sonrisa como disculpa.

  • Ron... - suspiró ella.

  • Estaba de los nervios, mamá. Nosotros intentando estar pendientes de Harry y el idiota ese tocando las narices. Lo estaba pidiendo a gritos - se defendió él rápidamente, mirando suplicante a Neville para que siguiese.

—¡Ron!— dijo de pronto Hermione**— . ¡Harry...!**

  • ¿Qué pasa? - preguntó Sirius preocupándose de inmediato. Todos se habían tensado de nuevo, pillados por sorpresa.

  • Nada. Algo bueno - respondió Harry con una sonrisa que puso a todos en calma de nuevo.

—¿Qué**? ¿Dó****nde?**

Harry hab ía salido en un espectacular vuelo, que arrancó gritos de asombro y vivas entre los espectadores.

Nadie puso en duda que fuese así. Ahora todos le habían visto volar, e incluso los que solo le habían visto un rato podían decir que era increíble. Ese chico estaba tan cómodo en el aire como con los dos pies en el suelo, a lo mejor más todavía. Era increíble verle volar, ¿y en un partido en el que estaba intentando hacerlo lo mejor posible y acabarlo cuanto antes? Tenía que haber sido espectacular.

Hermione se puso de pie, con los dedos cruzados en la boca, mientras Harry se lanzaba velozmente hacia el campo, como una bala.

  • Lo siento - musitó Harry para que solo le oyesen Ron y Hermione. Sus dos amigos le miraron interrogantes -. Por hacer que os preocuparais tanto - explicó -. Lo siento.

  • No seas tonto, Harry - replicó Hermione -. Eso no es culpa tuya.

— Tenéis suerte, Weasley, es evidente que Potter ha visto alguna moneda en el campo**— dijo Malfoy.**

  • De verdad, ese chico no sabe cuándo mantener la boca cerrada - dijo Angelina sacudiendo la cabeza.

  • Su problema es que necesita ser el centro de atención. Ron y Hermione se centran en Harry antes que en él y tiene el impulso de recordarles que está ahí. Como un niño de cinco años - se burló Alicia.

Malfoy se sonrojó, deseando responder, pero sabiendo que nadie le apoyaría, estaba solo frente a los Gryffindor. Fue la primera vez que se dio cuenta que envidiaba algo que tenían los leones y él no había podido encontrar entre las personas a las que llamaba amigos.

Ron estalló.

  • Menos mal - Charlie soltó un suspiro de alivio. Los demás le miraron extrañados -. ¿Qué? Ya estaba empezando a pensar que no era en realidad mi hermano, con ese control de su genio.

Antes de que Malfoy supiera lo que estaba pasando, Ron estaba encima de él, tirá****ndolo al suelo.

Los gemelos gritaban entusiasmados, animando a Ron como si se estuviese peleando en ese momento.

  • ¡Vamos, Ronnie, dale fuerte! - gritaba Fred sacudiendo un puño en el aire.

  • ¡Tú no pares, Ron, que no sepa por dónde le vienen los golpes! - animaba George, sacando una sonrisa a todo el mundo excepto, obviamente, a su madre.

  • ¡Ron! ¡Fred! ¡George!

  • exclamó ella escandalizada.

  • Lo estaba pidiendo a gritos, mamá - dijeron los gemelos al mismo tiempo. La señora Weasley se quedó tan en shock viendo a los gemelos defender por una vez a su hermano de la furia de su madre que que se quedó sin palabras y no supo qué responder.

Neville vaciló, pero luego se encaramó al respaldo de su silla para ayudar.

  • ¡Eso es, Neville! - volvió George a gritar como si no hubiese pasado nada.

  • ¡No te quedes atrás! ¡A por ellos! - a Fred le faltaba poco para ponerse de pie como si estuviese animando en un partido de quidditch, pero sabía que su madre no iba a dejar que llegasen tan lejos con la broma. Por lo menos habían conseguido hacer sonreír a todos y Neville estaba tan rojo como el pelo de los Weasley, pero parecía más que satisfecho consigo mismo.

—¡Vamos, Harry!****— gritaba Hermione, subiéndose al asiento para ver bien a Harry, sin darse cuenta de que Malfoy y Ron rodaban bajo su asiento y sin oír los gritos y golpes de Neville, Crabbe y Goyle.

  • ¿Te enfrentaste tú solo a esos dos gorilas? - preguntó Tonks estupefacta.

  • Ron estaba ocupado con Malfoy - respondió Neville encogiéndose de hombros, ruborizado hasta las orejas.

Todos le miraban perplejos, viéndole con otros ojos por primera vez.

  • Creo que nadie puede poner en duda que el Sombrero Seleccionador hizo bien colocándote en Gryffindor, Neville - dijo Luna simplemente, sin prestar realmente atención mientras miraba a su alrededor con curiosidad. Era como si hubiese algo que solo ella podía ver.

En el aire, Snape puso en marcha su escoba justo a tiempo para ver algo escarlata que pasaba a su lado, y que no chocócon él por sólo unos centímetros.

  • Oh, venga ya, Harry - se quejó Sirius -. ¿Por qué tenías que esquivarle?

  • ¿Cómo sabes que no me esquivó él a mí? - preguntó Harry divertido.

  • Te he visto volar, Harry, y no hay forma de que te hubiese esquivado si tú no hubieses querido - respondió su padrino haciendo un gesto impaciente con la mano -. Así que, ¿por qué demonios le esquivaste?

  • Por muy tentador que parezca tirar a Snape de la escoba, eso habría significado perder la snitch y no iba a sacrificar el partido por él.

  • Por tirar a Quejicus de la escoba yo habría sacrificado la copa de quidditch - refunfuñó Sirius por lo bajo.

Al momento siguiente Harry subía con el brazo levantado en gesto de triunfo y la mano apretando la snitch.

  • ¿Ya? - preguntó Charlie sorprendido.

  • ¿Ves por qué no apostamos por ti, Charlie? Eres genial como buscador, pero cuando Harry estaba concentrado solo en la snitch y en nada más, el partido no duró ni cinco minutos - dijo Oliver rebosante de orgullo.

  • No era una snitch muy rápida - intervino Harry sonrojado -. Por eso fue tan fácil atraparla.

  • Fácil, lo que se dice fácil, nunca es atrapar una snitch - le contradijo Angelina -. Incluso las que son algo más lentas por algún motivo cuesta trabajo atraparlas.

Las tribunas bullí****an. Aquello era un r écord, nadie recordaba que se hubiera atrapado tan rápido la snitch.

  • Fue el nuevo récord de Hogwarts, sigue siéndolo todavía - dijo Hermione sonriendo orgullosa a su amigo.

  • ¿Cuánto duró? - preguntó Charlie entre asombrado y un poco envidioso.

  • Creo que no llegó a los cuatro minutos - dijo Katie pensativa.

  • Tres minutos y catorce segundos desde que se soltó la snitch - dijo Hermione, con la sonrisa aún más amplia.

  • Wow - fue todo lo que pudo decir Bill.

  • Ya, yo no sabía si alegrarme de que hubiésemos terminado tan pronto y felicitarle o regañarle porque solo habíamos podido jugar tres minutos - bromeó Alicia.

—¡Ron! ¡Ron! ¿Dónde estás? ¡El partido ha terminado! ¡Hemos ganado! ¡Gryffindor es el primero!— Hermione bailaba en su asiento y se abrazaba con Parvati Patil, de la fila de delante.

Harry salt ó de su escoba, a centímetros del suelo. No podía creerlo. Lo había conseguido... El partido había terminado y apenas había durado cinco minutos. Mientras los de Gryffindor se acercaban al terreno de juego, vio que Snape aterrizaba cerca, con el rostro blanco y los labios tirantes.

  • No me extraña que esté así de enfadado. Harry no le ha dejado muchas oportunidades de fastidiar a Gryffindor - celebró Sirius contento.

Harry se mordió la lengua para no decir nada. No le tenía nada de cariño a Snape, pero estas provocaciones empezaban a ser demasiadas. No era justo que hiciesen eso con quien le había protegido por mucho que fuese un bastardo el hombre e iba a tener que hacer algo si no quería que las cosas fuesen a más.

El problema era que no quería revelar nada, en parte por la historia y en parte, sobre todo, porque estaba casi seguro de que Snape prefería seguir oyendo esos comentarios de todo el mundo antes que decirles a todos la verdad.

Entonces Harry sintió una mano en su hombro y, al darse la vuelta, se encontró con el rostro sonriente de Dumbledore.

  • ¿Dumbledore? - repitió Percy confundido -. ¿Qué quiere hablar él contigo ahora, justo al terminar el partido?

  • No era nada, solo... nada importante - Harry se encogió de hombros quitándole importancia.

— Bien hecho**— dijo Dumbledore en voz baja, para que sólo Harry lo oyera****— . Muy bueno que no buscaras ese espejo... que te mantuvieras ocupado... excelente...**

  • Sí, sí, muy bien, pero me sentiría mucho mejor si no hubiese sido a base de caer exhausto en la cama - dijo Ron con el ceño fruncido.

  • Se hace lo que se puede, Ron - replicó Harry -. Y no sé por qué te molesta si antes no lo hacía.

  • Antes no sabía que era para evitar las pesadillas - dijo Ron.

Snape escupió con amargura en el suelo.

Un rato después, Harry salió del vestuario para dejar su Nimbus 2.000 en la escobera. No recordaba haberse sentido tan contento. Había hecho algo de lo que podía sentirse orgulloso. Ya nadie podría decir que era sólo un nombre célebre.

  • Creo que nadie aquí ha creído solo eso, Harry - dijo Alicia divertida.

  • Y aun así un partido de quidditch no es nada comparado con hacer desaparecer a Quien-tú-sabes. Se te seguirá recordando en el mundo mágico en general por eso antes que por cualquier partido de quidditch - añadió Katie enviándole una mirada casi de disculpa.

  • Y has hecho otras cosas de las que sentirse orgulloso, Harry - dijo Fred en un tono serio poco visto en él. Naturalmente, no podía durar mucho -. Conseguir que McGonagall te meta en el equipo en primero es una de ellas - dijo haciendo reír a muchos.

  • Conseguirlo como un premio por saltarte las normas es otra - dijo George con una sonrisa traviesa.

  • Que dejases a Malfoy con un palmo de narices es solo un extra - asintió Fred.

  • Enfrentarte con Ron a un trol por salvarme es otra - sonrió Hermione dándole un apretón en la mano.

  • Defender a Neville frente a Malfoy también cuenta - dijo Ron con una sonrisa de oreja a oreja.

  • ¡Vale!, ¡vale! Lo he pillado. Ya vale - les cortó Harry sonrojado hasta la raíz del cabello.

El aire del anochecer nunca había sido tan dulce.

  • Ohhhhh, se nos pone poético Harry por haber ganado el partido - se mofó George.

  • Oh, George, es tan brillante el sol... tan bonito este día... - dijo Fred llevándose una mano al pecho dramáticamente y extendiendo la otra hacia la luz que entraba por las ventanas.

  • Te entiendo, Freddie. Las quaffles son rojas, el cielo es azul y nosotros nos vamos en la escoba... - siguió George, aunque apenas se le oía por encima de las risas.

  • ¡Vale! ¡Ya vale! - interrumpió Harry. Si antes estaba rojo, no era nada comparado con ese momento. Solo quería que el suelo se lo tragase -. Era solo un pensamiento pasajero. ¡Ni siquiera me acuerdo de haberlo pensado!

  • Vale, chicos, creo que tenemos que seguir leyendo - dijo Tonks, ganándose una mirada agradecida de Harry -. Sino me parece que Harry va a explotar de lo rojo que se está poniendo.

La mirada de Harry se volvió traicionada y, por increíble que parezca, se puso aún más rojo. Miró suplicante a Neville y el chico se apiadó de él y siguió leyendo.

Anduvo por la hierba húmeda, reviviendo la última hora en su mente, en una feliz nebulosa: los Gryffindors corriendo para llevarlo en andas, Ron y Hermione en la distancia, saltando como locos, Ron vitoreando en medio de una gran hemorragia nasal...

  • ¡¿Qué?! - exclamó la señora Weasley.

  • Oh, Merlín - maldijo Ron por lo bajo -. Me peleé con Malfoy, mamá. ¿Te acuerdas? Solo me pilló por sorpresa.

  • ¿Y no fuiste a la enfermería a que parasen la hemorragia? - exigió su madre frunciendo el ceño.

  • No hacía falta. Malfoy pega como una chica - respondió Ron encogiéndose de hombros.

  • ¿Y qué se supone que quiere decir eso, Ronald? - intervino Hermione girándose hacia él de brazos cruzados.

  • ¡Nada! - el pelirrojo negó rápidamente con la cabeza, abriendo los ojos como platos y alejándose ligeramente de la chica -. ¡Absolutamente nada! ¿He dicho que pega como una chica? Entonces seguro que tenía que haber ido a la enfermería.

Hermione escondió una sonrisa divertida y se giró hacia Neville para escuchar.

**Harry llegó a la cabaña. Se apoyó contra la puerta de madera y miró hacia Hogwarts, cuyas ventanas despedían un brillo rojizo en la puesta del sol. Gryffindor a la cabeza.**É l lo había hecho, le había demostrado a Snape...

Y hablando de Snape.

  • ¿Y ahora qué pasa con Quejicus? - bufó Sirius frunciendo el ceño. Su ahijado no podía disfrutar de su momento de gloria sin que se lo fastidiase el murciélago de las mazmorras ese.

Una figura encapuchada bajó sigilosamente los escalones delanteros del castillo. Era evidente que no quería ser visto dirigi éndose a toda prisa hacia el bosque prohibido. La victoria se apagó en la mente de Harry mientras observaba. Reconoció a la figura que se alejaba. Era Snape, escabulléndose en el bosque, mientras todos estaban en la cena... ¿Quésuced ía?

  • ¿Qué demonios estás haciendo en el bosque, Snape? - espetó Moody clavando ambos ojos en él.

  • Estoy seguro de que va a aparecer en el libro, Moody, con lo entrometido que es Potter, metiendo las narices donde no le llaman - replicó Snape. Era una suerte que no pudiese hacer estallar en llamas a la gente a la que fulminaba con la mirada porque sino Harry se habría convertido en un montón de cenizas hacía rato.

  • Dime que no vas a hacer lo que creo que vas a hacer - suplicó Remus mirando a Harry.

  • No sé lo que crees que voy a hacer - respondió Harry inocentemente. Una pena que su sonrisa de no haber roto un plato en su vida no se la creyese nadie.

  • Oh, Merlín - se lamentó Remus pasándose la mano por el pelo.

Harry salt ó sobre su Nimbus 2.000 y se elevó. Deslizándose silenciosamente sobre el castillo, vio a Snape entrando en el bosque. Lo siguió.

  • Lo hizo - gimió el hombre lobo -. Y encima al bosque prohibido.

  • No pasó nada, Remus. No es nada si todavía ves el castillo - Harry le quitó importancia impacientemente.

  • Cuando te pille Snape siguiéndole seguro que no sigues diciendo eso - dijo Bill.

  • ¿Quién te ha dicho que me va a pillar? - musitó Harry para sí mismo, sin saber si estar molesto por que no le tomasen en serio.

Los árboles eran tan espesos que no podía ver adónde había ido Snape. Vol ó en círculos, cada vez más bajos, rozando las copas de los árboles, hasta que oyóvoces. Se desliz ó hacia allí y se detuvo sin ruido, sobre un haya.

Con cuidado se detuvo en una rama, sujetando su escoba y tratando de ver a través de las hojas.

Abajo, en un espacio despejado y sombrío, vio a Snape. Pero no estaba solo. Quirrell también estaba allí. Harry no podía verle la cara, pero tartamudeaba como nunca.

  • ¿Quirrell? ¿Snape con Quirrell? - preguntó Charlie frunciendo el ceño confuso. Un segundo después todos se echaron a reír y Charlie palideció, abriendo mucho los ojos -. ¡No lo quería decir así!

  • Vaya, primero Filch, ahora Quirrell... - dijo George ignorando olímpicamente al profesor de Pociones que les fulminaba con la mirada.

  • El año pasado Snape estuvo ocupado. ¿Quién lo habría dicho? - rio Fred.

Todos los alumnos hacían lo posible por no echarse a reír. Les habría encantado, pero no valía la pena a cambio de las semanas de castigo que se ganarían para el curso siguiente si se atrevían.

Harry se esforzó por oír lo que decían.

—... n-no sé p-por quéquer í****as ver-verme j-justo a-aqu í, de entre t-todos los l-lugares, Severus...

— Oh, pensé que íbamos a mantener esto en privado— dijo Snape con voz gélida— . Después de todo, los alumnos no deben saber nada sobre la Piedra Filosofal.

  • Así que teníais razón. Es la Piedra Filosofal - dijo Bill con los ojos como platos.

  • ¿Lo dudabas? ¿De Hermione? - preguntó Ron alzando una ceja burlonamente.

  • ¿Y del título del libro? - añadió Tonks inclinándose para verle por delante de Charlie.

Bill se sonrojó, pasándose la mano por el pelo avergonzado.

  • No dudar de ella ni del título exactamente, pero parecía tan... irreal que de verdad fuese a ser la Piedra Filosofal... - se explicó encogiéndose de hombros incómodo -. A lo mejor solo creíais que era eso hasta el final y por eso se llamaba así el libro.

  • Eso no tiene sentido - dijo Percy confundido.

  • Tampoco lo tienen que guarden eso en un colegio - replicó Bill a la defensiva.

  • Bueno, da igual. Sí que es la Piedra Filosofal. El profesor Snape lo ha confirmado él mismo así que ya no quedan dudas - intervino Hermione, queriendo terminar ya ese capítulo.

Harry se inclinó hacia delante. Quirrell tartamudeaba algo y Snape lo interrumpió.

—¿Ya has averiguado cómo burlar a esa bestia de Hagrid?

  • Fluffy - dijo Remus abriendo mucho los ojos -. Está buscando cómo burlar a Fluffy.

  • De Hagrid obviamente no lo va a sacar porque Hagrid jamás contaría algo que Dumbledore le pidiese mantener en secreto - dijo Charlie.

El trío de oro y Hagrid escondieron una mueca ante eso. Puede que no lo contase a propósito, pero estaba demostrado que Hagrid se podía ir de la lengua incluso con secretos de Dumbledore.

  • Pero no entiendo por qué piensa que Quirrell lo va a saber - dijo Katie confundida, sin darse cuenta de lo que pasaba por las mentes de esos cuatro.

  • A lo mejor el pobre hombre lo descubrió por casualidad. Y ahora Snape va a por él - dijo Alicia sintiendo compasión por él -. Sinceramente, yo también iría a por él antes que a por Hagrid, con lo tartamudo y cobarde que era.

Pobre hombre, sí, ya, pensó Harry con un bufido para sí mismo. Creo que ya no van a seguir pensando igual al final del libro. Van a preferir vérselas mil veces con Snape antes que cruzarse con Quirrell y su... acompañante.

— P-p-pero Severus, y-yo...

— Túno querr ás que yo sea tu enemigo, Quirrell— dijo Snape, dando un paso hacia él.

—Y-yo no s-s****é qu é...

— Tú sabes perfectamente bien lo que quiero decir.

Una lechuza dejó escapar un grito y Harry casi se cae del árbol.

Todos pegaron un respingo, pillados por sorpresa aunque no habían oído ellos a la lechuza ni estaban subidos a un árbol.

  • Merlín, sí que tenemos los nervios de punta todos - dijo Oliver pasándose la mano por el pelo nerviosamente.

  • Una simple lechuza y todos saltamos asustados como si fuese una criatura horrible - rio Sirius débilmente, tratando de disolver la tensión.

  • Yo me estoy imaginando la cara de Snape y de Quirrell si Harry se llega a caer del árbol de pronto - dijo George con una sonrisa sincera.

  • Ya casi lo puedo ver. "Oh, buenas noches, profesores. Solo estaba pasando por aquí, un paseo nocturno, ya ves. ¿Que qué hago subido en un árbol en el bosque prohibido? Oh, bueno, tiene mejores vistas que desde el suelo. Vosotros seguid como si no estuviese aquí. ¿Qué estabais diciendo de la Piedra Filosofal?" - Fred hizo una malísima imitación de Harry nervioso, consiguiendo que todos se echasen a reír, incluso Harry reía divertido.

  • Habría sido épico - dijo George casi lamentando que no hubiese pasado.

  • Hasta que yo me quedase castigado el resto del curso - señaló Harry sonriendo.

  • Sí, bueno, hasta entonces - aceptó George quitándole importancia.

Se enderez ó a tiempo para oír a Snape decir:

— ... tu pequeña parte del abracadabra. Estoy esperando.

  • ¿Tu pequeña parte del abracadabra? - repitió Tonks -. Eso quiere decir que Fluffy no es lo único protegiendo la Piedra.

Moody la miró con aprobación. No estaba mal para una recluta.

  • ¿Por qué me temo que eso es la única parte que Snape no sabe superar? - se lamentó Angelina. Parecía que todo tenía que ir mal para los buenos.

  • Porque sino las cosas serían demasiado fáciles para nosotros - respondió Ron sarcásticamente -. Merlín no quiera que se pueda solucionar algo sin que sea en el último minuto.

— P-pero y-yo no...

— Muy bien**—lo interrumpi ó Snape— . Vamos a tener otra pequeña charla muy pronto, cuando hayas tenido tiempo de pensar y decidir dónde están tus lealtades.**

Se ech ó la capa sobre la cabeza y se alejó del claro. Ya estaba casi oscuro, pero Harry pudo ver a Quirrell inmóvil, como si estuviera petrificado.

  • Pobre hombre - dijo Alicia, repitiendo sus palabras de antes.

  • Espero que se mantenga firme en su lealtad a Dumbledore y al colegio - suspiró Charlie, teniendo pocas esperanzas al respecto.

  • Ahora me siento mal por todas las veces que nos reímos de él - dijo Fred sintiéndose culpable.

  • Los chistes y bromas sobre él ya no tienen tanta gracia. Por no hablar de las bolas de nieve - dijo George frotándose la nuca.

El trío de oro se tensó de nuevo. Esas cosas no tenían gracia, pero no por las mismas razones que ellos creían. Era una pena que sus lealtades se fuesen a mantener firmes porque no eran a quien todos creían que eran. Se iban a llevar una enorme sorpresa al final.

—¿Harry, dónde estabas?— preguntóHermione con voz aguda.

—¡Ganamos! ¡Ganamos! ¡Ganamos!— gritaba Ron al tiempo que daba palmadas a Harry en la espalda— . ¡Y yo le puse un ojo negro a Malfoy y Neville trató de vencer a Crabbe y Goyle él solo!

  • Merlín, menudo cambio de ambiente - dijo Bill parpadeando sorprendido -. Todos preocupados por la Piedra Filosofal, y ahora de pronto celebraciones por el partido de quidditch.

  • ¿Cómo podéis estar fingiendo que estáis pensando en quidditch con todo lo que está pasando? - preguntó Angelina perpleja. Ella no era de las más cercanas al trío de oro, pero es que ni siquiera había sospechado que sabían algo que los demás ignoraban.

  • Bueno, no nos queda otra, ¿no? - dijo Harry encogiéndose de hombros -. No estaría bien que todos lo supiesen, primero porque no sabemos si algún idiota iba a querer ir él mismo a por la Piedra y segundo porque entonces todos los profesores, incluido el ladrón, sabrían que habíamos descubierto lo de la Piedra y harían muchas preguntas que no queríamos contestar.

Los demás se removieron incómodos. Eran muy válidas las razones y todo eso, pero el caso seguía siendo que tres niños de once años estaban logrando ocultar un secreto tan enorme de todos y seguir con sus vidas como si nada.

Todavía está inconsciente, pero la señora Pomfrey dice que se pondrá bien.

  • ¿Te dejaron inconsciente ese par de trols? - dijo sorprendida Tonks. Todos fruncían el ceño, mirando mal a los dos Slytherins.

  • Eso no estuvo muy bien por su parte - dijo Luna, frunciendo ligeramente el ceño. A pesar de que Neville había sido el que se había lanzado a pegarles, no les hacía gracia que hubiesen hecho tanto daño al chico.

  • A la mañana siguiente ya estaba bien. Y fui yo quien lanzó el primer puñetazo - dijo Neville entre avergonzado y contento por el obvio disgusto de todos ante su estancia en la enfermería.

Todos te están esperando en la sala común, vamos a celebrar una fiesta, Fred y George robaron unos pasteles y otras cosas de la cocina...

  • No los robamos. No somos ladrones - dijo George, llevándose una mano al pecho como si estuviese profundamente ofendido.

  • No nos hace falta. Los pides y te encuentras con más pasteles en las manos de los que te puedas comer

  • sonrió Fred con cariño. Esos elfos domésticos eran maravillosos.

  • ¿Qué? ¿A qué os referís? - preguntó Hermione confundida. ¿A quién se los iban a pedir?

  • Creo que no es una conversación que necesitemos tener ahora. Mejor seguir leyendo - intervino Remus rápidamente. Algo le decía que Hermione iba a ser como Lily en ese aspecto, quien había odiado cómo trataba el mundo mágico a los elfos domésticos. Si se enteraba ahora la chica, y Remus tenía razón, no iban a terminar el capítulo en la vida.

— Ahora eso no importa**— dijo Harry sin aliento****— . Vamos a buscar una habitación vac ía, ya veréis cuando oigáis esto...**

Se aseguró de que Peeves no estuviera dentro antes de cerrar la puerta, y entonces les contó lo que había visto y oí****do.

  • Vaya, no has tardado ni un minuto desde que te los encontraste antes de contárselo - dijo Sirius con una sonrisa divertida.

  • ¿Por qué iba a tardar tanto? - preguntó Harry encogiéndose de hombros -. No hay nada importante que ocurra que no les cuente. Y creo que tampoco hay nada que no me cuenten.

  • Claro que no - dijeron los dos a la vez, algo indignados.

Solo había ciertos temas de los que a veces les costaba hablar: Harry odiaba hablar de su vida antes de Hogwarts (y tampoco es como si le pudiesen culpar por ello), Ron evitaba toda mención de sus problemas de confianza y Hermione no lo había dicho nunca, pero los dos chicos sabían que la chica no había tenido muchos amigos antes de Hogwarts tampoco. Era como si las vidas de los tres hubiesen empezado de nuevo cuando se habían conocido. Un giro de ciento ochenta grados a como eran antes las cosas.

Ahora se contaban todo, sin excepciones. Solo costaba sonsacarle a Harry si estaba herido de alguna forma porque para él cualquier cosa era "solo un rasguño" y no hacía falta mencionarlo. Tenía gracia lo mucho que se preocupaba por ellos cuando estaban seguros de que en su lecho de muerte (que esperaban que no llegase hasta dentro de muchos años) Harry seguiría diciendo que estaban bien y no se preocupasen. Era ridículo.

— Así que teníamos razón, es la Piedra Filosofal y Snape trata de obligar a Quirrell a que lo ayude a conseguirla. Le preguntó si sabía cómo pasar ante Fluffy y dijo algo sobre el**« abracadabra****» de Quirrell... Eso significa que hay otras cosas custodiando la Piedra, además de Fluffy, probablemente cantidades de hechizos, y Quirrell puede haber hecho algunos encantamientos anti-Artes Oscuras que Snape necesita romper...**

  • Y yo que estaba tan orgullosa de haberlo deducido - suspiró Tonks algo decepcionada por qué un niño de once años también lo hubiese averiguado tan rápido.

  • Es Harry - dijo Ron encogiéndose de hombros.

  • No cuenta exactamente. No es tu típico niño de once años - sonrió Hermione.

  • Son los tres. Ninguno es tu típico niño de once años - dijo Dean sacudiendo la cabeza.

—¿Quieres decir que la Piedra estará segura mientras Quirrell se oponga a Snape?****— preguntó alarmada Hermione.

  • Por fin una reacción normal - exclamó Bill -. Ya pensaba que os ibais a tomar todo como si fuese lo más normal del mundo.

  • Oh, no te preocupes. Ron y yo tenemos reacciones completamente normales. Nos alarmamos lo suficiente por los tres - dijo Hermione medio en broma medio en serio.

  • Harry es el que no pierde la cabeza en las situaciones de crisis. Siempre ha sido así - dijo Ron.

— En ese caso no durará mucho**— dijo Ron.**

  • ¿Mucho? Me va a sorprender si a final de mes sigue a salvo la Piedra - dijo Sirius dividido entre el disgusto porque no fuese a ser capaz de plantarle cara a Snape y la pena porque tuviese siquiera que hacerlo. El hombre parecía incapaz de enfrentarse a su sombra, mucho menos a un mortífago.

  • Ya hemos terminado el capítulo - dijo Neville cerrando el libro.

  • Yo leeré ahora - decidió Ginny de improviso. Si Neville se había atrevido, ella también. Además, este último capítulo no había sido tan malo.