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La Tercera Generación en 1997. — capítulo 16

—¡Ayuda, ayuda! Fred y James estaban retrocediendo, aterrorizados. Su prima, Rose, los estaba apuntando con su varita, con el entre cejo fruncido y con la mirara que hace que cualquier persona tema por su vida. —¡LOS VOY A MATAR! —grito, empezando a perseguirlo por toda la Sala Común de Gryffindor, siendo observados por todos los alumnos de Gryffindor, incluyendo a sus padres. Ginny y Angelina estaban algo asustadas, si Rose era hija de Hermione... ay, pobre de sus hijos. ¿Y por que pasaba esto? La cosa es que ese mismo día —en el futuro— era el aniversario de un año de ella y Scorpius. Pero, ¿como lo iba a disfrutar ahora si estaba en el pasado? Así que decidió matar a sus primos. —¡Rose! —la llamaron sus padres, al ver que había acorralado a sus sobrinos. Para ese entonces, James y Fred ya no ocultaban su terror, sudaban de miedo y trataban de hacer que su prima no le haga nada. —¡Me arruinaron el día! —exclamo, acercándose a ellos, peligrosamente. —L-lo sent-ti-imo-os, Rosie —se disculparon. —¡Experlli...!—¡Protego!—exclamo Harry, antes de que Rose soltara el hechizo, lanzando a los chicos fuera del alcance de ella—. ¡Pueden controlar a su hija, casi mata al mio! —les recrimino a Ron y Hermione. —Lo siento, Harry —dijo Hermione, siendo hacia donde estaba su hija, seguida por Ron. Hugo estaba ayudando a su hermana a levantarse—. !Rose Jean Weasley no puedes tratar a tus primos así! —Pero... —Tu madre tiene razón —coincidió Ron, haciendo sonrojar a su nueva novia con el comentario—. Ademas, ¿como es que salir con el hijo de Malfoy? ¡Eso no debe de estar permitido!

—¿Crees que es momento de hablar de eso, Ron? —reprocho la castaña. Se dirigió a su hija—. Aunque tus primos hallan arruinado tu día, no significa que los tenga que lanzar un hechizo desarmado. A parte, pueden ir hoy a Hogsmeade, y seguro Scorpius esta preparando algo. —Exactamente, Rosie, la tía tiene razón —dijo Albus llegando hasta ella—. Cuando salí a buscar algo para comer, me encontré con Scorpius. El dijo que en 10 minutos lo veas en la entrada de Hogwarts, para ir a Hogsmeade —le informo. Ron bufo, no le agradaba para nada la idea de que su hija salga con un Malfoy. —¡Hugo, rápido, vamos a Hogsmeade! —dijo Lily, llegando hasta ellos y agarrando el brazo de su primo y salio corriendo, llevando consigo a Hugo, hasta que se perdieron de vista. —¡Victoire, Dominique, Molly, Lucy, Roxanne, ayuda! —grito Rose, corriendo hacia ellas. —¿Que pasa, Rose? —¡Scorpius me dio 10 minutos para alistarme para la cita en Hogsmeade! —les contó. Rápidamente, las chicas se pararon y salieron a toda costa, con Rose, para prepararla para la cita. —Si llego a saber que ese Malfoy se pasa de limite, me va a conocer —dijo Ron, enfadado, caminando con Hermione hacia el sillón donde estaban Ginny y Harry—. Hey, lamento lo que hizo mi hija. —No pasa nada, chicos —les dijo la pelirroja—. Después de todo, salio a Hermione, ¿no? Seguro que Ron no hizo ni el mínimo esfuerzo en la cama, ¿verdad? —comento, haciendo que ellos dos se confundan con el pelo de los Weasley. —Porque definitivamente, es su hija, muy parecida a ustedes dos. Solo que ella le dijo a la persona que ama lo que siente en cuarto, en vez de esperar una guerra —dijo Harry, sonriendo al ver como se le subía mas el tono de color en las caras de sus amigos. —¿Y te acordas que dijo Hugo? Ay de pobre, dice que a cada momento sus dos padres se besan, apasionadamente —comento Ginny, tratando se aguantarse la risa del estado que estaba su hermano y mejor amiga. —Woow, la tía y el tío están igual que cuando el tío George dijo que había escuchado gritos y gemidos de la habitación de papá y mamá —contó James, sentándose adelante de sus padres, estos los miraron con cara de reproche, sonrojados. A Ron y Hermione se le paso la vergüenza y se reían de la cara de sus amigos—. ¿Que? Después de todo son mis padrinos, aunque su hija me quiera matar —se excuso—. ¡Fred, vamos a Zonko, hay que comprar cosas para hacer bromas! El pelirrojo levanto el pulgar, en forma de afirmación, y, con su primo, salieron de la Sala Común, seguidos por la mirara de Fred y George, llenos de orgullo. —Este sera un día muy largo —murmuro Arthur a su mujer, esta asintio.