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Pelirroja no es la única maldición de los Potter — capítulo 1

PELIRROJA NO ES LA ÚNICA MALDICIÓN DE LOS POTTER.

Pelirroja no es la única maldición de los Potter. Vaya que James Sirius lo sabe. Aunque pensándolo mejor, quizá era más una maldición de los "James", porque su madre no llevaba el nombre de ninguna flor.

James piensa que su abuelo no se hubiera molestado tanto, pero él no estaba ahí y nadie podía consolarlo. Su madre está furiosa, su padre decepcionado y no puede mirar a nadie a la cara. Pero parece que ninguna de las personas que conforman su familia quiere entender que no fue su culpa, que está maldito y que no eligió enamorarse de su prima.

Porque James Sirius Potter estaba perdidamente enamorado de Rose Weasley.

Y vaya que ahora estaba todo arruinado.

Los habían descubierto besándose detrás del jardín, en la Madriguera. A James no le hubiese importado que hubiera sido ninguno de sus primos, al fin y al cabo hasta Lily, Albus y Hugo lo sabían. Pero habían sido su tío Ron y su padre. El tío Ron se había puesto blanco, y su padre había abierto los ojos como si no creyera lo que estaba viendo. Un segundo después, Rose tenía lágrimas en los ojos y lo único que James sabía era que tío Ron la había jalado y que ella ya no estaba en sus brazos. Su padre no podía reaccionar. Entonces habían llegado los demás, atraídos por el grito-sollozo de dolor que había echado Rose. Él sabía que su tío Ron nunca sería capaz de lastimarla, y que por lo tanto Rose lloraba de un dolor más distinto del físico.

La tía Hermione se había puesto a llorar y la madre de James, en lugar de ponerse a gritarle, simplemente no había hablado. Y seguía sin hablarle, pero James podía ver el dolor y la decepción en sus ojos. Sus ojos tan idénticos a los de él.

La abuela Molly y el abuelo Arthur se habían puesto como locos y James se había sentido como un animalito acorralado ante las miradas de su familia. La tía Hermione se había llevado a Rose, que todavía sollozaba el nombre de James entre hipidos desesperados. Y él se había quedado ahí, sólo mirando sus hermosos ojos azules derramar tantas lágrimas que ya no podía contarlas, y mirando su increíble melena rojiza y pensando en lo felices que habían estado momentos antes, ella entre sus brazos y él sintiendo su cálido cuerpo contra el suyo. Y sus labios, los labios en los que James podía perderse para siempre. Los labios que le habían hecho sentar cabeza y dejar de perseguir cualquier cosa con piernas en Hogwarts.

Y en ese momento la única excusa que se le ocurrió a James era que todo era culpa de James Potter, su abuelo. De él y de su maldición hereditaria, porque su abuela se había llamado Lily, como una flor, y había sido pelirroja.

Porque él también tenía su flor roja. Su dulce Rose.