Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← La Tercera Generación de Hogwarts III · de

La Tercera Generación de Hogwarts III — capítulo 12

Capítulo 11: Nieve cálida.

 La importancia de un secreto solía depender de las personas a las que no puede ser revelado, de las que tiene que ser guardado.  Ese fue el primer pensamiento que Alice Longbotton tuvo cuando Renata Driggs asomó su cabeza por el marco de la puerta del baño, donde la muchacha se estaba peinando. Su compañera de cuarto era una extraña devota de los libros de Encantamientos Prohibidos, según rezaban los libros que siempre tenía sobre su mesita de noche, y que en ningún momento pretendió esconder a Alice. Era más bien como una amenaza de lo que era capaz de hacer. ¿Quién mejor que alguien a la que Alice temía como para guardar sus secretos?

Tenía varios que temía que sus amigos descubriesen. La existencia de su hermano. Su traición al regalarle al Clan del Ojo la piedra filosofal. Su actual colaboración. La maldita información que conocía pero que no le era permitido revelar.

Su tediosa compañera de cuarto se encargaba de que Alice se sintiese culpable. Iban a matar a la directora Minerva McGonagall y ella era incapaz de impedirlo. Jamás se perdonaría así misma. Si Rose se enterase, la tacharía de traidora. Pero le dirigiría la palabra porque entendería, de algún modo, su situación. Al igual que Scorpius. Él era, con suma certeza, el único que la perdonaría. Estaba tentada a revelarle su secreto. A pesar de que solo lo conocía desde hacía dos años, era la persona en la que más confiaba. Emanaba tranquilidad y tolerancia necesaria para la turbulenta mente de Alice. No quería pensar en la reacción de Albus. Sería demasiado devastadora. La persona más rencorosa que conocía -en lo que al trato con Alice se refería.

Sabía por qué la había escogida a ella. Ellos la habían elegido. No le costaba admitir -para sí misma- que era la más débil de todos. La más vulnerable. La más cobarde. La que temía que todo se fuese al traste. Y que acababa pasando. Sin duda, una gran elección. A veces se consolaba pensando que no era un acto dejado llevar por el egoísmo. ¡Una amenaza contra la seguridad de su familia! Alice quería demasiado a Frank. Y a sus padres. Por encima de cualquier cuestión política. Era o McGonagall o su hermano.

Renata Driggs cerró la puerta del baño, encerrándose con Alice dentro. Esta le lanzó una mirada inquisitiva de reojo. No se acostumbraba a que Driggs le hablase como si fuesen algo más que compañeras de cuarto.

-Por lo visto será en el baile que ha organizado.- comentó como si se tratase de un tema trivial.- Parece que les ha salido perfecto: estarán todas las personas importantes de Inglaterra…

-¿No era solo McGonagall?- su alarmada pregunta causó satisfacción en la sonrisa de Driggs, que formaban sus frondosos labios y ensanchaban su nariz chata.

-Por desgracia, solo sé lo que tú sabes… Aunque no me extrañaría que quisiesen llevarse por delante a Potter también.- Alice suspiró. Se odiaba a sí misma. El padre de Albus. Si tocaban un pelo al padre de Albus, estaría perdida. Porque se delataría. No podía dejar que aquello fuese tan lejos teniendo medios para solucionarlo. Su mirada brilló con un furioso fuego verde.- No tocaremos a tu padre…- ella se incluía. Por supuesto. Driggs y muchos más se consideraban miembros activos infiltrados como alumnos. - Así que ni se te ocurra hacer ninguna estupidez… Por si se te olvida, mira.

La muchacha le tendió una fotografía. Antes de verla, ya se le había encogido el corazón a la joven Longbotton. En una cafetería muggle, un muchacho estaba sentado de forma despreocupada tomándose una Coca-Cola. Tenía el pelo desordenado, los ojos azules y una barba que le comenzaba a crecer. Sonreía de forma socarrona. Provocando a la muchacha de cabellos platinos que se encontraba en frente. Esta reía. Pero su risa era más tensa que la del joven. Menos real.

Frank Longbotton estaba tomándose un refresco con Gwendoline Cross. Tenían que asegurarse de que Alice colaboraría mediante una amenaza real a lo que más le importaba. Sus manos temblaron mientras observaba la felicidad que parecía hallarse en los ojos de su hermano. El pobre idiota no sabía lo que su hermana era capaz de hacer por él. La familia era un valor muy importante para Alice. Estaba justo en el escalón superior a la amistad.

-Cómo le haga daño…Juro que la mataré.- sentenció la joven lanzándole a Driggs una mirada asesina.

La aludida pareció obviar el comentario y optó una postura más cómoda, apoyándose en la pared, sintiéndose más alta que la menuda compañera de cuarto que había dejado el peine en un cajón y la miraba expectante. Quizás esperando a que se marchase.

-¿Sabes si tu amigo Potter está libre para ir al baile…?

La muchacha ni la miró. Le dio de lado y salió del baño. Ninguna de sus otras dos compañeras estaba en el cuarto. Algo que no se salía de lo normal. Al principio, creía que era porque temían a Renata -su dura reputación se había fortalecido tras juntarse con Badmood. Con el paso del tiempo, se dio cuenta de que ni Mortensen ni Rybner estaban interesadas en las actividades clandestinas y peligrosas de Driggs. Aunque la segunda le hubiese amenazado en más de alguna ocasión.

Bajó a la Sala Común con la esperanza de distraerse leyendo algún libro. No era mucho de leer. Pero se sentía terriblemente mal cuando estaba con algunos de sus amigos. Últimamente era muy callada. Rose solo hablaba del baile. Tema que Scorpius evitaba. Lo cual le parecía algo extraño. Incluso rechazó su oferta de ir juntos. Albus estaba ausente. Puesto que Badmood había sido suspendido del Quidditch, tenía que ponerse al día con los entrenamientos. Seguramente iría con alguna Hufflepuff. Solo esperaba que tuviese pareja, ya que a él no le importaría ir con la belleza morena de Driggs.

Su amigo salió de los dormitorios masculinos y se dispuso a salir de la Sala Común. Alice corrió tras él. Le costó alcanzarlo en el pasillo a causa de los pasos rápidos de este. Llevaba la capa, una bufanda e incluso guantes. Estaban a mediados de diciembre. Pero solo hacía frío si salías del castillo. Y aquel día era martes y en dos horas tenían clase de Historia de la Magia.

-¡Albus!- el muchacho se giró al verla y descendió el ritmo.- Hola.

-Hola.- repitió él sin prestarle mucha atención.

-¿Vas a ir al baile?

Le respondió una mirada curiosa.

-No.- Alice titubeó tras aquella respuesta.

-¿Por qué?

-Pues porque no tengo pareja. Realmente no me veo yendo con nadie al baile.

La joven rio un tanto incrédula. Eso parecía imposible. Era cierto que Albus era apuesto, pero que había alumnos de su edad que destacaban más por su belleza -Scorpius, Greenwood…-; pero sabía de primera mano que muchas le habían pedido ir con él al baile.

-Deberías ir.- se arrepintió al segundo de decir aquello. Si Albus no iba al baile, quizás estuviese a salvo de cualquier cosa que pudiese pasar. Sería salvarlo. Aunque siempre estaba el hecho de que Driggs le invitase. -¿Realmente no te ves con nadie en el baile? - la muchacha se aclaró la garganta para aquello que estaba a punto de decir. Era salvarlo, ¿no?- ¿Sabes? Creo que podríamos ir juntos…- por primera vez, Albus la miró de verdad y sonrió con suficiencia. Como si supiese que aquello iba a pasar.- A ver, no como pareja, pero si como amigos. No es un baile al que haya que ir con una verdadera pareja. Somos amigos que van juntos al baile que ha hecho la directora en honor a sus padres. ¿Qué te parece?

-¿Tenemos que ir con corbata y vestido a juego?- preguntó, divirtiéndose de la situación en la que se encontraba Alice.

-Rotundamente no.- la joven le miró molesta.- Realmente no me imagino yendo a ese baile con otra persona que no seas tú.- se dio cuenta de lo que podía interpretarse justo después de decirle. Sus mejillas se enrojecieron. Albus volvió a sonreír con suficiencia. Olvidando aquello lo antes que pudo, se dio cuenta de que había seguido a su amigo en un pasillo que comunicaba con el exterior del castillo.- ¿Dónde vas?

Albus se encogió de hombros y se mordió el labio, como si estuviese algo avergonzado. Se rascó la nuca y se despeinó en el acto.

-Al lago.

-¿A qué?                                                          

-A nadar.

El joven observó la divertida mueca que hizo Alice como reacción.

-¿Tú eres tonto? El agua está congelada.

Pero la joven no se detuvo y lo siguió cuando salió del castillo.

-No está tan fría como piensas, créeme.

-¿Y por qué te ha dado ahora por nadar, si puede saberse?

Albus rio y la miró como si hubiese dicho algo estúpido.

-Llevo haciéndolo unas semanas. Me relaja.- se encogió de hombros como si esa respuesta lo explicase todo. Se percató de que Alice le miraba con incomprensión.- Estoy nervioso por el Quidditch y por otras cosas, como lo de Scor, lo de Rose… Que ya mismo es Navidad… No sé, siento que nadar me despeja.

-Eso explica por qué últimamente pareces tener efectos retardados…- musitó Alice ante la mirada interrogativa de su amigo.- Se te han congelado las neuronas, Albus.- su seriedad le hizo gracia.

Habían cruzado un poco el bosque y habían topado con una pequeña cala en el lago. El agua se asomaba en un semicírculo bordeado por piedras grises. La serenidad les transportaba a un entorno pacífico. El sonido de las gotas fundiéndose con la orilla se amoldó en su cómodo silencio. El paisaje que se observaba desde aquel rincón era espectacular. Ante ellos las montañas se abrazaban y, entre ellas, se apreciaba el castillo. Parecía un lugar entrañable.

-¿Has venido a ver cómo nado o vas a probar el agua?

Alice asimiló la situación en apenas unos segundos. Realmente no sabía qué hacía allí. Estaba aburrida, quizás era eso. Entendió entonces por qué Albus iba tan abrigado. Después de un baño allí, necesitaría ropa que le diese calor. Y ella solo llevaba la falda, unos leotardos y el fino jersey que dejaba entrar el helador frío de invierno.

El joven le sostenía atento la mirada.

Comenzó a quitarse la capa, la bufanda, los guantes. Los zapatos. El jersey. Cuando se fue a quitar los pantalones, Alice se ruborizó y se dio media vuelta.

-Mejor me voy…

-Si es porque temes verme en calzoncillos, te aviso de que llevo bañador.- oyó su voz más cerca. Albus estaba detrás de ella en bañador. Su torso pálido dejaba ver su cuerpo delgado y atlético. Sus huesudos omoplatos. Una cálida sonrisa le acompañaba.- ¿Por qué no te metes?

-Porque no tengo bañador.- contestó algo dudosa Alice.

Albus sabía que a la muchacha le gustaba nadar. Siempre lo decía. Desde pequeños. Sabía que le había gustado la cala de Albus y que algún día - con un clima que no augurase nieve- volvería.

-Quítate el jersey nada más. Y los zapatos y los leotardos. - Le dijo señalando sus prendas.- Yo después te dejo mi capa. Podemos ir corriendo de vuelta al castillo y así no nos resfriaremos mucho.

El agua tranquila parecía tentarle. Estaba deseando adentrarse en la espesura del agua.

-¿Y qué me dices del pulpo?

-Esta parte está controlada, créeme. Le pregunté a tu padre antes de hacer nada.- Alice ladeó la cabeza. Insegura.- Yo voy a meterme porque me estoy congelando. Tú decides. - le retó con la mirada. Ambos sonrieron con un aire travieso.- Te espero dentro.

Mientras Alice se preparaba, Albus introdujo sus pies en el agua. Había aprendido que cuanto más rápido se metía, menos doloroso era el frío que se clavaba como agujas. Nadar realmente le relajaba. Le gustaba la sensación de agilidad que adquiría bajo el agua. Disfrutaba dando brazadas. Sintiendo la inmensidad que le rodeaba y teniendo la certeza de que estaba seguro.

Sin darse cuenta, había avanzado tanto que la menuda figura de Alice ya estaba dentro del agua y le seguía a duras penas. Aunque la chica siempre había sido una persona activa, carecía de forma física.

Se detuvo hasta que su rostro se distinguió entre las oscuras aguas. Albus se había dejado las gafas en la orilla. Y apenas veía a dos metros de distancia.

Alice tenía el pelo pegado al contorno de su rostro. Sus ojos parecían más verdes y más grandes de lo normal. Su rostro pálido destacaba entre la oscuridad y la niebla que les rodeaba. Sus labios frondosos habían adquirido un color algo violeta y temblaban de frío. Bajo el agua se podía observar su camisa blanca ciñéndose a su menudo y curvilíneo cuerpo, sobresaltando su femenina figura. Sus piernas se agitaban para mantenerse a flote.

-¿Contento?- inquirió la joven cuando se acercó más a Albus. El corazón del muchacho latía a una velocidad que no lo hacía normalmente bajo aguas heladas.- Estás loco, ¿lo sabes?

Albus no pudo evitar reírse ante su ocurrencia. Por supuesto que lo estaba. Pero ella lo estaba más por haberle hecho caso. Por muy impredecible que pudiese ser su amiga.

-Te he engañado con lo del pulpo. En realidad, puede rozarnos en cualquier momento.- la cara de Alice se ensombreció ante la noticia que su amigo había dicho muy serio. Se llevó la mano a la boca y se agarró fuertemente al brazo de Albus. Le miró con miedo. Albus estalló en una risotada que causó eco en la niebla.- ¿Cómo puedes ser tan inocente?

-¡Serás capullo!

Le propinó un codazo que quedó amortiguado por el agua. Albus lo paró con su mano y tomó el brazo de Alice para que le fuese más cómodo mantener el equilibrio. Para ello se aproximaron más. Albus sentía la respiración cálida de Alice en sus mejillas.

Los ojos de la chica le buscaban. Aún estaban enrabietados. Y tenía los labios fruncidos. El corazón de Albus volvió a acelerarse. Y no lo pudo evitar.

Con la mano que tenía vacía, acarició la nuca de Alice atrayendo su rostro y pasando sus dedos por su pelo mojado. Buscó desesperadamente sus labios, los que parecían estar predispuestos al apasionado beso que Albus le robó. Los finos labios del joven aprisionaron con fuerza los de la muchacha. La mano que sostenía el codo de la joven se paseó por la parte inferior de la espalda, aproximándola hacia él. Ella le respondió con dureza al beso, por lo que el joven se sorprendió.

Los ojos de ambos se abrieron a la vez. Se despegaron lentamente, como si no quisiesen romper el momento. Aun sentían el latir del otro. El rojo inundó sus pálidos rostros.

-Esto nunca ha pasado.

-Me has robado las palabras de la boca.

-¿Sólo las palabras?- la mirada socarrona que le lanzó Albus, movió las entrañas de Alice.

La nieve comenzó a caer.

^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^

El calendario mostraba las pocas semanas que quedaban para el gran momento. Iba a ser madre. Madre. Sonaba más impactante cuando se lo oía decir a otras personas. Porque nunca había pensado ser un madre veinteañera. Era tan absurdo para los muggles. Se daba cuenta de que muchos la miraban de reojo. "Tan joven". ¿Es que hay una edad exacta a partir de la cual se pueda tener un hijo? Eran prejuicios fruto de una sociedad en vías de acostumbrarse a desentenderse de la paternidad. O al menos, eso le gustaba pensar. Muchos decían que aquello le cambiaría la vida. ¿Y qué si ese cambio iba a mejor? Si hubiese sido una persona con claras ambiciones, las cuestiones a plantearse serían diferentes.

Era inútil. Las lágrimas la habían aprisionado en su mente cientos de veces solo con pensarlo.

Ted era profesor. Con carisma. No abandonaría su puesto en el colegio y seguiría los primeros pasos de su hijo. Se cultivaría en los libros de Hogwarts. Terminaría de madurar. Se codearía con personas prestigiosas. Y su hijo estaría en un futuro orgulloso del éxito laboral de su padre.

-¿Ya te vas?- le preguntó a Ted, quien estaba dando los últimos sorbos a un café recién hecho. El joven asintió. Miró el reloj. Iría tarde. No le importaba hacer esperar a sus alumnos si como recompensa veía más a Victoire. - Que no se te olvide pasar por el ginecólogo para recoger los resultados de la última revisión.

-Fui ayer… Perdona, se me olvidó decírtelo.- No era cierto. Cuando llegó a su acogedora casa, la joven estaba hecha un ovillo en el sofá. Tenía los ojos adormilados y un sueño profundo tras sus pestañas. Cenó rápidamente tras haberla acompañado a la cama. Se abrazó a ella y a su vientre. Le susurró palabras tiernas y cayeron en los brazos de Morfeo.- Están en el mueble de la entrada.- Victoire se levantó de la silla y anduvo hacia la entrada. De espaldas, parecía una persona mucho mayor de lo que sus apenas veinte años podrían indicar. Le costaba mantenerse en pie. No tenía demasiada barriga, pero era extremadamente delgada.

Lo que ponía en los resultados era la fecha de nacimiento de su hijo. 21 de Diciembre de 2019.

Se le saltaron las lágrimas. La llegada de su hijo.

Había sido idea de Charlotte Breedlove  obtener la fecha para que así Ted y su familia estuviese ese día con ella y no repartida por Merlín sabía dónde. Grandes avances muggles que a sus padres aún les costaba digerir.

-Al fin veremos si tiene mis ojos…- comentó Ted de forma divertida, cambiando su iris a colores extravagantes. Victoire rio. Sonrió de forma nostálgica. - Me tengo que ir, Vic. - se aproximó a ella para darle un dulce beso en la frente. - Te veo esta noche, llegaré algo tarde porque…Bueno, ya sabes, mañana es 20 y el 21 es el Baile de McGonagall… ¡Y el cumpleaños número 0 de mi hijo!- besó el vientre de Victoire.- Te veo entonces, pequeño.

El corazón de Victoire estuvo en proceso de derretirse durante los segundos en los que Ted tardó en marcharse. Suspiró. Lo quería. Ojalá pasase el día entero con ella. Observaba cómo Ted se hacía mayor todas las noches, cuando la miraba como si fuese la persona más bonita del mundo. Como si sus ojos solo funcionasen cuando descubrían los de la joven, y para todo lo demás fuese ciego. Como si fuese la mujer de su vida. Porque Ted estaba enamorado de ella. Era un sentimiento que el joven no solía mostrar, excepto por aquel brillo en la esquina de sus ojos. Quería mantener una imagen de tipo duro y jovial. No de un joven que se moría por llegar a casa para abrazar a su chica. Aún no estaban casados. Victoire nunca le había preguntado a Ted que si pensaba hacerlo algún día. Se sentían tan bien en ese momento que no se dejaban llevar por estupideces que suponían formalizar algo que todo el mundo conocía ya.

La joven se dispuso a fregar los platos del desayuno. Hizo las camas. Ventiló la habitación. Sacó un libro de la estantería repleta de novelas que había coleccionado desde pequeña. El Cuento Número Trece. Un relato que le compró su tía Hermione hacía ya muchos años. Perfecto para ambientar un día de lluvia londinense.

Tocaron a la puerta.

Charlotte Breedlove se encontraba, ataviada en su gabardina beige y con un paraguas enorme tras la puerta franqueada por el aspirante a auror. Su sonrisa brilló aquella mañana nublada. Se acercó a Victoire y le dio un tierno abrazo.

-Buenos días, niña.- la acompañó al salón.- Espero no haberte levantado.- dijo mientras se acomodaba en un sillón que había hecho suyo, y que ni Ted ni ella utilizaban.

-No, no se preocupe. Me levanté temprano para despedir a Ted.

La mujer de tez morena y ojos chispeantes miró con dulzura a la joven que ante ella se encontraba. Una delicada muchacha que no tenía ni idea de lo que se acercaba.

-Su hijo está apunto de saludarnos, por lo que veo.- comentó con una sonrisa divertida.- Bueno, comencemos. Llevamos mucho tiempo sin vernos.

-La última vez me contaste la vez en la que conociste a Ivonne. - Dijo con interés.- Me he informado mejor sobre esa mujer. Lo que he podido, la verdad. ¿Sabía que su nombre fue escrito sobre el cadáver de mi prima y de otros que lo sucedieron?

-Sí, desgraciadamente eso le forjará una reputación que no tiene nada que ver con ella.- argumentó con una tristeza que Victoire fue capaz de entrever.- Pero hoy no vengo a hablarte de ella. Ya habrá días para ello. Aunque sé que, ahora mismo, sólo quieres saber cosas sobre Ivonne. Te lo advierto: Todo lo que aprendes conmigo es muy peligroso. De hecho, no me extrañaría si Roxanne Weasley murió por saber algo que a la Sociedad del Ojo le interesaba. Sé que toda tu familia cree que fue un ataque con lo que representan… Pero a ellosno les suele importar los motivos políticos como las oposiciones que surgen.

  • Eso no me tranquiliza.

-No esperaba que lo hiciera, pequeña. - Charlotte Breedlove suspiró. Había tantas cosas que aquella muchacha desconocía que le era muy difícil transmitirle todo aquello que debíasaber. Estaba jugando en terreno peligroso que supondría la desaparición de todo aquello que conocían.- Hoy te hablaré sobre la educación de Hogwarts. Sobre cómo el Mundo Mágico es un régimen totalitario basado en la búsqueda de la magia más poderosa.

Victoire titubeó

-En realidad, tengo una pregunta que hacerle.- se aclaró la garganta.- De hecho, rondó por mi cabeza hace bastante tiempo, pero no se me ocurrió que usted quizás podría ayudarme. El año pasado mi embarazo fue revelado cuando el Clan del Ojo me secuestró. Al principio, pensaba que era un atentado contra mi familia, por lo que no le di tanta importancia. Sin embargo, tras el asesinato de Roxanne y de todo lo que se ha acontecido después… Ha vuelto esa inquietud. Ellos sabían que mi bebé era un niño, cuando yo ni siquiera sabía que estaba embarazada. Supuse que tenía algo que ver con la magia, y que tampoco era un gran misterio…Pero querían hacerle daño a Remus, yo les daba igual. ¿Entiende? Quizás es que se activó mi vena materna, pero… Creo que me secuestraron por mi hijo. Y acabas de decir que el asesinato de Roxanne no fue a causa de la amenaza que puede representar mi familia. ¿Sabe usted algo?

Por primera vez, aquella muchacha la sorprendió de verdad. Se quedó sin palabras. No sabía qué responderle. Ese momento llegaría de un día para otro. Aunque nunca pensó que fuese tan pronto. Antes necesitaba contarle muchas otras cosas que la ayudarían a entender lo que ocurría. Como por ejemplo, porque había sido Victoire Weasley la elegida para contarle todo aquello.

-No te engañaré. Sí sé.

La joven se quedó expectante a una extendida explicación, pero solo le recibió un prolongado silencio.

-Espero que entienda que necesito saber eso.

-Es complicado, Victoire.

-Se trata de mi hijo, señora Breedlove.- respondió con un sentimiento de impotencia creciendo en su garganta.- Necesito saberlo.

Le agarró la mano y miró aquellos profundos ojos. Le suplicó con su expresión.

Charlotte Breedlove la miró de forma tan serio que incluso llegó a asustarse.

-Su hijo será una persona muy importante.

-¿Cómo puede saberlo?

La mujer cerró los ojos. Aguantaba un peso y un secreto demasiado grande.

-Hay una profecía. Y el Ojo la conoce.

-¿Sobre Remus?

Charlotte Breedlove asintió solemnemente.

-"Cuando el fruto del amor entre dos descendientes de aquellos que acabaron con Tom Sorvolo Ryddle, el momento se acercará… El pájaro estará a punto de abrir las alas… El metamorfo será el que nos guíe…Le haremos volar o romperemos sus alas… El único que sabe cómo acabará todo y cómo todo puede cambiar… El único dotado de esa sabiduría nacerá justo cuando otra vida se acabe…"

Los ojos de Victoire se desorbitaron. Se levantó en un ímpetu y la señalo acusadoramente con el dedo.

-¿Por qué no me lo ha dicho antes? ¿Sabía eso todo este tiempo y no me lo iba a decir? ¡Ya no sé si quiero confiar en ti! ¡Es MI HIJO!- sus manos temblaban. Una lágrima se escapó de la cornisa de sus ojos.- ¡No tiene derecho a haberme ocultado eso!

-Tranquilícese… Se lo explicaré todo.

-Más le vale…

-Tenía claro que usted iba a ser la madre del niño, pequeña… Desde que fue a Hogwarts. Su relación con Lupin siempre ha dado que hablar. Y…No es que la haya estado vigilando, pero sí que velo por su seguridad constantemente. Cómo le he dicho, su hijo será una persona importante. No entiendo la parte de la profecía en la que habla de un pájaro, pero supongo que es el símbolo de esta sociedad. Según esta profecía, tu hijo nos señalará el camino correcto para derrotarles. Esperan a algo poderoso. Y Remus sabrá qué es, sabrá cómo vencerles.

-Y nacerá el día en el que muera alguien. ¿Quién? ¿Lo sabe?

-Lo que te voy a anunciar ahora no se lo puedes revelar a nadie, por mucho que te duela. - Victoire asintió, aun sintiendo algo de recelo. Aún de pie ante ella. Le miraba con fiereza. Como una madre que protegería a su hijo frente cualquier peligro.- Hay muchas personas en este mundo que ya conocen quien morirá el día 21 de diciembre. Y nadie podrá impedirlo, porque lo dice una profecía. No se preocupe si teme que será usted. Victoire, piense, usted lo sabe. ¿Qué ocurre el 21 de diciembre?

-Es el baile que McGonagall ha celebrado en honor a… ¡Por Merlín! ¡No puede tratarse de Minerva!- se enfureció.- ¡Tiene que haber un error en la profecía…O debe de estar mintiendo!

Charlotte Breedlove negó tristemente. Se levantó para estar a la misma altura que la joven, cuyas lágrimas brotaban rápidamente. Por desgracia, todo lo que aquella muchacha tenía que sufrir aún no había comenzado. La mujer de tez morena se mordía el labio para no soltarle todo de sopetón.

-Minerva McGonagall sabe que va a morir, pequeña. De hecho, fijó ese día ella misma.

-¿Conocía la profecía?

-Había oído hablar de ella.

-¿Cómo?

-Conocía a la persona que la reveló. ¿No te imaginas quién pudo haber revelado aquello…?

-Ivonne Donovan.- sentenció Victoire con fuego en su mirada. -¿McGonagall la conoció?

-Esa es parte de la historia que aún te tengo que contar, preciosa…- respondió en un suspiro la mujer. Se sentó en el sofá y cogió el brazo de la joven para que la acompañase.- Hay mucho que aún debes conocer para que puedas entenderlo todo.

-¿Cómo va a ser mi hijo el guía si es un bebé?

La mujer sonrió enigmáticamente.

-Eso sí que es un misterio.- adoptó una posición cómoda y entonó la voz que siempre usaba en sus relatos.- Hoy te iba a contar cómo es la educación en Hogwarts… Pero he decidido hacerte en un resumen de cuestiones importantes que han convertido al Mundo Mágico en un sistema totalitario del que nadie parece poder salir. Tu tía Hermione es una persona muy revolucionaria, ¿sabes? El hecho de introducir en el mundo mágico los avances muggles es algo que solo tiene lugar en Inglaterra. Donde es aún impensable para muchos. A pesar de que ella se esfuerce, jamás conseguirá derrocar esta sociedad de castas. Existe desde Merlín, que parece ser una buena persona por erradicar la tortura de Muggles, cuando en realidad, lo hizo para hacerlos subordinados a él. Hay partes de la historia que siempre se nos oculta. Como iba diciendo, la pirámide social siempre la han liderado personas de sangre pura, seguida de una burguesía mestiza, después la clase obrera hija de muggles y más abajo los squibs. Todos son humanos. Solo que unos poseen más magia que otros.

-Eso no es cierto, mi tía Hermione y toda mi familia está luchando contra eso.

-¿De verdad lo crees? Sí, están luchando… ¡Pero solo en Inglaterra! Y no han conseguido nada seguro. Los niños siguen diferenciando los nacidos muggles de los que siempre han sido muggles. Por no hablar de los squibs… Ser squib no es una enfermedad, dios Santo. - la mujer pareció enervarse y recobró la compostura.- ¿Y qué me dices de los Ministerios de Magia? Se controla absolutamente todo. Por mucho que McKing haya querido dar un aire renovador…¡Es imposible! Bancos, escuelas, leyes y la prensa… El Ministerio maneja todos los aspectos de la vida social. ¡Aún no han hecho nada para que exista un libre mercado!

-Nunca había pensado en poner en duda las decisiones del Ministerio...- dudó Victoire. Se sentía como una ciega a la que le estaban abriendo los ojos. Aunque ese proceso fuese duro y lento de digerir. - Además, es cierto que no hay elecciones para el Ministro de Magia como tienen los muggles… Y tampoco hay límites en el mandato. - la joven se estaba horrorizando ante aquella realidad puesta boca abajo.

-Oh, por supuesto que no hay nada de eso… ¡Todo el mundo está acostumbrado! Esa es la excusa. Pero es que tampoco pueden ver nada más fuera del Mundo Mágico. Es culpa de la educación que recibimos en Hogwarts. En nuestro currículo se nos requiere cinco años de Pociones y Herbología… ¿Dónde están la Economía, Matemáticas, Ciencias o alguna clase de educación cívica? ¡Estamos lamentablemente preparados para la mayoría de las profesiones! Nos reímos de los muggles, siendo estos más cultos que nosotros. Nos mantienen en una comunidad aislada que nos dificulta la inserción en la sociedad no mágica.

-Qué me va a decir… No tengo ningún título ni ninguna base para ningún trabajo decente en Londres. Y obtuve muy buenas notas en mi currículo. - La joven asentía a todo lo que decía.- ¿Sabe usted que está cuestionando un sistema muy sólido? Es decir, podrían denunciarla por su discurso. Por cuestionar el método del Ministro. Es aún más revolucionaria que mi tía Hermione.

-Ese miedo es el que tenía mi padre en Cuba, ¿sabe?- le recordó con cierto sarcasmo.- Cuando salís de Hogwarts tenéis muy pocas carreras que elegir. Todos los trabajos lucrativos parecen ser lo que entrega el gobierno: auror, agente de la ley, periodista o burócrata. Que normalmente son para familias magas reconocidas o con una pureza de sangre digna. Créeme que tu tía hace mucho por evitar eso, pero… ¿Y el resto? ¿Crees que está de acuerdo completamente? Los malos hábitos son muy difíciles de eliminar. El resto ocupan puestos como chofer de bus, tren, tener una tienda, curanderos o trabajos de limpieza. A no ser que seas excepcional y te conviertas en una celebridad. -Charlotte Breedlove negó todo su discurso con indignación.- La economía es lo peor. El sueldo mensual no le importa a casi nadie… Ahora que vives en el mundo muggle sí que lo hace, ¿verdad? Y a tus tíos, los Potter y los Weasley… Viven en el mundo muggle porque han sido muggles antes. Porque saben cómo funciona este mundo. Seguro que a Ginevra y a Ronald les costó muchos sudores adaptarse.

-Yo tampoco me acostumbro a los avances muggles… Me costó todo el año pasado. Sinceramente, creo que los muggles son muy inteligentes. Si tuviesen magia serían unos prodigios.

-¡Esa es la actitud!- Charlotte Breedlove sonreía de oreja a oreja.- Como iba diciendo, el Mundo Mágico es una cultura donde todos los bienes y servicios son mágicos. Una estupidez que parece ser la rutina de todos. Tienen una economía funcional prácticamente nula. Tienen un maldito banco lleno de bóvedas con monedas de oro que sirven para los artículos escolares o una cerveza de mantequilla… Los magos bien podrían pagar incluso con papeles de colores, a menos que estén invirtiendo en un mercado de valores como los muggles. - La mujer suspiró.- Lo que quiero decirte con esto, es que los magos vivís aislados de los muggles. Son mundos diferentes. Apartados. Tratáis a los muggles como si fuesen inferiores. Como subordinados. La magia es lo más importante que conocéis.

Victoire imitó su suspiró.

-Voy a necesitar un tiempo para asimilar lo que me ha dicho, Charlotte Breedlove.

Ella asintió.

-Por supuesto. Solo una cosa más… ¿Sabes quién estableció este sistema? Y hablo de unos cuatro o cinco siglos en el pasado. O quizás más. - La joven negó.- El Ojo.

-Eso no puede ser cierto, el Ojo es una sociedad hasta ahora secreta que…

-Te equivocas por completo, pequeña.- dijo con cierto misterio.- El Ojo es lo que está detrás de todos los gobiernos que existen. Es el organismo más poderoso de todos los tiempos. Están esperando el alzamiento de lo que la profecía denomina el "pájaro" para consolidar finalmente el sistema en el que llevamos viviendo desde que Merlín fue encerrado por Nimue.

^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^

Era el día que todo el mundo estaba esperando.

Los pasillos se habían convertido en una pasarela de trajes y vestidos de gala en los que estaban enfundados los alumnos de Hogwarts. El gran día. La noche en la que todo alumno sacaba su conjunto más caro. Dudaba entre hacerse un peinado informal para seguir con su estilo o adecuarse a la etiqueta que debía portar. Las muchachas estaban hechas un manojo de nervios. Encajar con su pareja con total naturalidad. El baile. Parecía todo tan superficial. Había quién apostaba quién iba a ir de la mano con quién. Otros se atrevían a predecir futuras parejas. O la más guapa de la noche. El más galán. No había tiempo de discusiones. Todo era una aparente felicidad.

James Sirius Potter no tenía pareja. ¿Había acaso una regla que obligase llevar a alguien? Las tradiciones apestaban cuando te hacían quedar como una persona sin sentimientos. Le había pedido a su prima Lucy ser su pareja inicialmente. Era un acto de caridad, después de todo. Sabía que se sentiría sola, y ¿quién mejor que él para hacer ameno el baile? Lucy Weasley le dijo claramente que no pensaba ir con él. "Por favor, James, acabarás yendo con cualquiera que te lo pregunte unas horas antes". El orgullo del joven salió herido. ¿Esa era su reputación? Era cierto que no le importaba mucho la persona con la que fuese a ir. Pero de eso a elegir a una candidata al azar… James tenía un criterio, que, por desgracia, nunca había demostrado. Camrin Trust era dulce, atrevida y espontánea. Y tenía una sonrisa bonita. Y Bárbara Coleman era despampanante. Todos los chicos se sentían atraídos por ella. Quizás era eso. Solo se fijaba en el físico. ¿Realmente conocía a alguna?

Estaba Sue. Pero ni se había planteado pedirle que fuese su acompañante. No era que tuviese una etiqueta que pusiese propiedad de Fred Weasley, pero ella no sentía interés por nadie más. No era como una hermana, era algo más especial. Con Susan había descubierto que realmente las mujeres escuchaban. Que saben aportar soluciones prácticas a problemas estúpidos. Sentía una infinita ternura por aquella muchacha de mirada sagaz.

-Que guapetón vas…- comentó Fred mientras le miraba con una sonrisa burlona. -¿Qué te parece mi atuendo?- se giró sobre sí mismo. Su esbelta figura quedaba ataviada por un traje de chaqueta negro. Con camisa negra. Corbata negra. Destacaba su tez pálida y su pelo rojizo.

-No está mal…

Fred soltó una carcajada.

-Gracias, amigo. - le guiñó el ojo. Su buen humor se debía probablemente a que su pareja, su mejor amiga Susan Jordan, había aceptado naturalmente ser su acompañante.- Cuidado con las nenas que te van a comer con los ojos, James…

Salió de la habitación dando un brinco. Su felicidad era contagiosa. Sobre todo cuando llevaba sin mostrarla meses. Ojalá se decidiese de una vez por todas a decirle algo bonito a Susan. Seguramente escondería su entusiasmo en cuanto posase sus ojos sobre los profundos pozos oscuros de la joven.

James se miró al espejo. Había optado por una pajarita negra. Se devolvió a sí mismo una mirada de aprobación tras unos rasgos suaves. Se lamió los labios. Sonrió. No quería ir al baile. Era eso. Era un baile para su familia, para los héroes. Él no era nada. Era solo el descendiente de ellos que no había hecho nada de valor. ¿Matar a un basilisco? Eso era solamente uno de los actos heroicos de su padre. Nada nuevo que conmoviese a los demás.

Además, no se sentía a gusto sin pareja. Porque sería el único que no tuviese. Más de una decena de alumnas de distintas casas le habían pedido ir con él al baile. La razón por la que se había negado rotundamente era muy sencilla. No las conocía. Eso no habría supuesto un problema un año atrás -de hecho, sería algo ventajoso. Sin embargo, se daba cuenta de que las jóvenes veían en él solo lo físico y lo que creían que él era. Un héroe. Se enamoraban de la idea de James Sirius Potter, atractivo hijo de Harry Potter. No de James. Simplemente James.

Bajó con desgana a la Sala Común. La Cena había empezado hacía diez minutos y el castillo estaba casi vacío en todos los lugares, excepto en el Gran Comedor. Si entraba ahora sería una falta de respeto. McGonagall estaría dando una charla de bienvenida. Probablemente sacada de algún que otro acto conmemorativo.

-¿Qué haces tú aun aquí?

Siempre había alguien lo suficientemente raro como para no asistir al baile. Cornelia Brooks acababa de bajar las escaleras de los dormitorios de las chicas. Llevaba unos pantalones de pijama de cuadros con un aire navideño y una sudadera azul marino de alguna universidad muggle. Su pelo estaba recogido en una trenza hacia un lado. Carecía -como siempre- de maquillaje en su rostro. Si James tuviese que compararla con el atuendo de todas las muchachas de aquella noche en Hogwarts,  definitivamente se quedaría viendo una película con ella esa noche.

-¿Y qué haces tú así?- le preguntó señalando sus zapatos de ositos.

La joven se sonrojó, pero no cambió su expresión seria.

-No voy al baile.

-Yo tampoco.

-¿Y por qué estás vestido?

-Iba a ir.

Se hizo un pequeño silencio incómodo que se rompió cuando Cornelia se acercó a James.

-¿Y a qué se debe ese cambio de opinión?

-¿Y a qué se debe el hecho que de que no vayas?- preguntó el joven con una sonrisa.

-Nadie  me ha invitado… Y tampoco es que me muera por ir a un baile cuando puedo estar en un pijama calentito en vez de ir en un vestido de tirantes en la víspera de Navidad. - Respondió de forma burlona.- Llámalo precaución ante futuros resfriados.

-¿Cómo que nadie te ha invitado?

-Es tu turno de responder, Potter.

-Llámame James.- pidió el joven.- No me apetece ir. Estoy retrasando mi entrada triunfal lo máximo que puedo…-una mirada curiosa le recibió.- Además, yo tampoco tengo pareja.

-No será porque no hay gente que te lo haya pedido…- comentó entre risas.

  • ¿Qué tenías pensado hacer?

-Dormir, la verdad.- James la miró con cara de reproche.- ¿Qué? No va a haber nadie que me de conversación y tampoco puedo hacer mucho… ¿Qué piensas hacer tú, James?

El joven dudó.

-Acabaré yendo al baile por puro aburrimiento.

-Te dejas llevar finalmente por las convenciones sociales…- la joven no se dio cuenta de que aquel comentario había hecho mella en el joven.- Si finalmente te quedas, avísame si se te ocurre algo divertido para matar el tiempo.

-¿Vas a quedarte aquí sola?

-No es que sea una persona muy asustadiza.

James la miró, observando el brillo de sus ojos. Sin lugar a dudas era una Gryffindor que había demostrado en unas cuantas ocasiones su valía. Su coraje. Su nobleza.

El joven sintió la necesidad de quedarse con ella. No sabía de dónde había salido aquel sentimiento de acompañarla en aquella solitaria noche para ambos. Sin embargo, también tenía curiosidad por saber que se encontraría en el baile.

-¿Por qué no vienes al baile?

-¿Tienes memoria pez? Ya te lo he dicho.

-Me refiero a ahora. Ven conmigo.

-Dame una razón argumentada.

Le recibió una mueca extrañada.

-No tengo ninguna.- la joven suspiró como si hubiese sabido la respuesta antes de preguntar nada. - Si no vienes, me quedo contigo.

Brooks sonrió. Sus ojos se achinaron. Se dirigió al sofá y se sentó con las piernas en posición de yoga en él. Parecía haber olvidado por un segundo la presencia de James en la sala. El joven se acercó a ella. Le decía con los ojos que esperaba una repuesta.

-Si voy al baile, puede que pase algo malo, James. He tenido sueños sobre eso. - la joven se mordió el labio. Parecía arrepentida de contar siempre malos augurios.- Y si no voy también. Así que, por una vez, no voy a hacer nada al respecto. Igual es algo psicológico, ¿sabes?

James no creía que el poder por el que su compañera de tazas destacaba en Adivinación flaquease. De hecho, le tenía mucho respeto. No creía para nada en que tuviese algo que ver con la psicología, sino con la inteligencia de la joven.

-Puedes contármelo.

-¿Y arruinarte la gran noche?

-Eso me encantaría.

Brooks rio y el joven se sentó a su lado. Esperaba esas largas conversaciones con Brooks en las que ella daba a conocer todo lo que había aprendido y acontecimientos que había contrastado en libros, registros o periódicos… O a saber que fuente ilegal utilizaba.

-No lo sé. Es solo instinto. Lo siento.

-Confío en tu instinto. ¿Habría que avisar a los presentes en el baile?

-Ni hablar.- le contestó horrorizada.- Quedaría como una completa loca de la cabeza. - el joven se rio de su expresión en el rostro.

-Si podemos detener lo que sea que vaya a ocurrir…

-No sabemos qué va a ocurrir, James. Sólo son sueños.

-¿Qué pasa en ellos? Pueden ser visiones…

-Es suficiente.- dijo Brooks de forma brusca. Se levantó y disipó la cálida comodidad que se había creado entre ambos. Se dirigió a las escaleras que desembocaban en su dormitorio.- Ten cuidado.

-Buenas noches, Cornelia.

Al quedarse completamente solo, suspiró resignado. Como era de esperar, acabó yendo al baile. Sin ganas. Con una sonrisa forzada al entrar al Gran Comedor, donde la magia que transmitía la decoración de Navidad no le hacía mella. No era solo el gigantesco árbol de Navidad lo que hacía impresionante aquel lugar, sino la nieve que parecía caer del cielo techado. Las flores de Navidad. La comida. La orquesta. Los invitados arrastrando sus largos vestidos. Con sonrisas que parecían encajar a la perfección con el espíritu navideño.

Distinguió en la zona de los profesores a su padre, el cual le lanzó una mirada de reproche debido a su tardanza. Realmente no importaba porque ya había empezado el baile cuando James entró. Su madre le arrebataba toda la belleza a su padre. Su cabello rojo estaba recogido en un moño que dejaba ver sus orejas puntiagudas. A su lado, su tío Ron parecía lo suficientemente incómodo con traje de chaqueta como para parecer un palo tieso al lado de la elegante Hermione. Eran los únicos que habían acudido aquel día. De su familia. Del Ministerio había más gente a la que no ponía nombre, y que parecían tener una relación cordial con su padre. Aquello le hizo fruncir el entrecejo. Esas personalidades no pintaban nada allí. Sintió un escalofría al recordar las palabras de Cornelia Brooks. La joven temía acertar aquella vez. Algo demasiado malo estaría a punto de pasar. Y él no podía hacer nada. Era completamente inútil.

Camrin Trust, cuyo vestido se acomodaba a su cintura con gracia, se aproximó al mayor de los Potter, arrastrando tras sí a su pareja, Peter McGregor.

-Vaya, esto sí que es una sorpresa.- le echó una ojeada sin ningún reparo.- ¿No has encontrado a tu Cenicienta?

La burla que se entreveía en las palabras de la joven causó una risa entre las personas de su alrededor. Bufó con desdén. Buscó a sus amigos con la mirada desesperadamente. Suponía que los del mismo curso andarían cerca. Aunque Susan y Fred no habían establecido últimamente un vínculo muy fuerte con los demás alumnos de Hogwarts. De hecho, se encontraban apartados en un banco.

Susan Jordan estaba realmente preciosa. Sabía que la joven tenía potencial para atraer al sector masculino. Pero no era hasta que la veía con un vestido ceñido y con algo de maquillaje cuando se daba cuenta. No estaba emperifollada como las demás, no era su estilo. Su simplicidad la hacía elegante. Parecía encajar con el gusto por lo básico de su mejor amigo.

El joven Weasley miraba a su amiga como si estuviese ante una de las maravillas del mundo más codiciadas. Y ella le devolvía la mirada. ¿Era posible que no se hubiesen dado cuenta aún?

-Hablando del rey de Roma…

-¿Qué estabas diciendo de mí, Freddy?- preguntó con buen humor James.

Susan le miró con un cumplido tras sus ojos.

-Creíamos que no te presentarías por aquí.- afirmó Susan.

-Le he dicho que tu pareja es Myrtle la Llorona.

-No seas cruel…- le recriminó James.

-¿Has decidido dejar tu carrera de Casanova?- preguntó burlonamente Susan.

El joven, de pronto, sintió algo de rabia en lo más hondo de su garganta. Parecía que todo el mundo se había puesto de acuerdo para reírse de su decisión de no tener pareja. Eligiese lo que eligiese siempre daría que hablar. Empezaba a estar harto.

-¿Y vosotros qué?- sus amigos le miraron entre perplejos e interrogantes. E incluso intercambiaron una mirada de incomprensión. James rodó los ojos.- Olvidadlo. - No servía para nada traer ese tema justo ahora.- Me voy.

Dejó a sus amigos en una conversación que no les llevaría a ninguna parte. Se dispuso a salir de la habitación. No le importaban las parejas que se hubiesen formado aquel día. Su parte cotilla había sido sustituida por otras cuestiones que podían ser de mayor relevancia.

Sin embargo, hubo algo que le obligó a detenerse en su huida.

Si antes tenía una rabia naciendo en su interior, esta estaba ahora a punto de estallar.

Su hermana, Lily, era aquella noche una mujercita arrebatadora. Con tan solo once años aparentaba casi quince. Su delgada y alta figura vestía con elegancia y sutileza un vestido vaporoso de color celeste, que le hacía parecer una ninfa, con su delicado cabello rojo pajizo trenzado en un moño. Sonreía con timidez y bailaba con gracia agarrada por la última persona que esperaba. Scorpius Malfoy, con su nariz larga y respingona, seguía humildemente los pasos de la niña y la sostenía como si fuese una copa de cristal. Su elegante porte parecía calzar a la perfección con el traje azul marino que llevaba. Parecían una pareja perfecta.

Y, sin embargo, James Sirius Potter era la única persona que estaba mirándoles atónito. ¿Es que la gente no recordaba la enemistad de aquellas familias? Parecía como si todo el mundo viese aquel momento como lo más natural del mundo. Al joven Potter le caía bien Scorpius -hasta cierto punto. Pero de ser un buen compañero de Quidditch a ser la pareja de su hermana pequeña…Había un paso demasiado grande que asimilar.

Lily posó sus ojos en su hermano mayor, observando cómo este no filtraba la expresión de su rostro. No quería hacer sentir incómodo a Scorpius. Así que optó por ignorar la rabieta sin sentido que debía estar sintiendo su hermano. De hecho, al apartarle la mirada, desapareció del Gran Comedor. Últimamente James era una persona demasiada extraña.

-…Así que no tienes por qué preocuparte por Flitwick, al final todo el mundo sabrá decir Wingardium Leviosa. - El muchacho acabó con una sonrisa algo forzada.- ¿Crees que a tu hermano le importa que seas mi pareja de baile?

  • Creo que Albus lo agradece, en realidad. Ya sabes, puede llegar a ser tan sobreprotector que hubiese sido él mi pareja. Te debo una por ello.

-Me refiero a tu otro hermano. Lo he visto entrar, vernos y salir del Comedor…

-Por él no te preocupes. Con solo explicarle que lo haces por ayudarme lo entenderá.

Scorpius asintió. Había sido idea suya tras el incidente con Frank McOrez. Lily Potter había salido mal parada después de aquello - de hecho, se podía apreciar todavía la cicatriz en su frente. Así que el joven Malfoy, con el fin de llevar a cabo la promesa que le hizo a su padre, se dispuso a ir al baile de Navidad con la hermana pequeña de su mejor amigo. Con la más pequeña de los Potter para protegerla. Su padre le había avisado de que un peligro acechaba Hogwarts aquel día.

Había visto la expresión de Frank cuando disfrutó torturando a la pequeña. No podía dejar que aquello sucediese otra vez. Porque sabía que en algún momento volvería a intentarlo. Nadie había amenazado ni plantado cara al joven de aquella forma. Jamás. Lily era vulnerable.

-¿Dónde está Albus?

Su mejor amigo era otra persona que debía proteger. Lily le señaló la ubicación de su hermano alzando la barbilla hacia donde estaba. Se encontraba sentado en un banco. Miraba hacia la nada o hacia ellos. Renata Driggs estaba hablando con él y ofreciéndole una vista muy cercana de su escote -que para tener trece años era bastante pronunciado. Alice había desaparecido de la vista de su amigo, quizás por eso estaba distraído. Habían ido juntos -para sorpresa de todo el mundo que conociese sus disputas- pero habían durado poco. La joven Longbotton, que llevaba un vaporoso vestido verde, bailaba con su padre muy lejos de donde los alumnos se hallaban.

En la más sincera opinión de Scorpius, algo muy gordo debía cocerse entre ambos. No era normal que no se hubiesen dicho nada obsceno hasta entonces. No podían acudir al físico en aquella situación -Albus había dejado sus gafas para presentarse como un joven atractivo y elegante, y Alice simplemente derrochaba belleza. Para el joven Malfoy, su pareja de amigos era demasiado peculiar. Se alegraba de que las cosas fuesen bien entre ellos. Al menos no tenía que preocuparse de aguantar una rabieta de Albus aquella noche.

-La verdad es que tengo mucha suerte de que seas mi pareja.- confesó Lily, mientras el rubor ascendía por sus mejillas. Se mordió el labio ante la cara de confusión del joven.- Quiero decir… Que eres de los mejores alumnos de Hogwarts. Seguro que has tenido que rechazar muchas invitaciones para venir conmigo.

Lily intuía que aquello no debía de haberlo soltado así como así. Pero realmente lo pensaba. Se encontraba ante el Gryffindor más apuesto. Y noble. Era genial. Era como un pequeño sueño que se estaba cumpliendo. Sabía con certeza que aquello había sido más un favor que un placer para el joven. Pero lo estaba disfrutando -y aprovechando. La pequeña no acaparaba toda la atención de Scorpius como le hubiese gustado. Miraba de reojo a su hermano Albus y a Alice. Y se habían parado con ellos. Lo cual era un momento incómodo, pues a Lily le gustaba Scorpius, que era el mejor amigo de su hermano. Aunque fuese un secreto, para ella no era un momento muy confortable. Luego estaba Rose. Bueno, en realidad noestaba. Cedric Kato había acudido al baile desde Tokio. Por mucho que su prima dijese que su amigo había venido para pasar la navidad con ellos como en innumerables ocasiones, sabían que aquella vez era para estar con Rose. Por lo visto, Rose no había parado de hablar de la llegada de Cedric, quien para el gusto de Scorpius y de Albus era un muchacho demasiado pedante para juntarse con ellos. A Lily Cedric le parecía bastante atractivo. Y hacía buena pareja con Rose, quien llevaba un vestido negro que le hacía aparentar mucho mayor. De hecho, su tío Ron se había escandalizado al verla. Incluso Hermione, quien facilitaba esas situaciones, se había arrepentido de comprarle ese atuendo a su hija.

Lily se daba cuenta de que su prima lo llevaba sabiendo que estaba espectacular. Parecía haber estado esperando aquella noche mucho tiempo. Tanto que no compartió su momento con ninguno de sus amigos. Ni de sus primos.

-Lo cierto es que no ha habido nadie que se haya atrevido a preguntarme. Supongo que aún siguen con la tradición de que el chico pregunte primero.- contestó Scorpius. A la joven Potter también le gustaba aquella tradición y se sintió algo ridícula en ese sentido.- Todo el mundo pensaba que iba a ir con Alice o con Rose.

-Mi tío Ron te mataría…

-Creo que ahora me quiere matar.

A Scorpius se le escapó una carcajada. Lily miró hacia su tío. Les estaba mirando como asesinando al joven Malfoy con la mirada. Era una situación algo ridícula. Cuando se percató de que le estaban examinando, apartó la mirada teatralmente.

-No sé cuándo aprenderá.- Scorpius negó con la cabeza divertido. En secreto le gustaba molestar de cualquier forma a Ron. Lily bufó de pronto.- ¿Qué querrá ahora mi hermano?

James tenía una expresión seria y se dirigía directamente a la pareja que había dejado de bailar para no ser sacudida. Se detuvo ante ellos y los miró con cierto misterio.

-Lily ve con Albus y dile que traiga a Fred al baño de las chicas.- la pequeña se asustó ante la voz nerviosa de su hermano.

-¿Y por qué no vas tú?- contestó, arrepintiéndose al momento.

Su hermano le dedicó una mirada con la que le indicaba que era una orden incuestionable.

-¿Qué ocurre, James?- preguntó alarmado Scorpius.

James no respondió. Simplemente le agarró del brazo y tiró de él en su huida del comedor. Tampoco dijo ni una palabra mientras Scorpius le seguía corriendo. Llegaron al segundo piso, justo encima del Gran Comedor. Los alumnos sabían que aquel había sido en su momento el hogar de Myrtle la Llorona, fantasma que se había trasladado a las cocinas para que su soledad se erradicase mientras charlaba con los elfos. Mientras tanto, era usado como baño para las chicas -como siempre había sido. Sin ninguna preocupación por que un basilisco saliese de aquel lugar. Había sido revisado tras el último accidente por numerosos aurores. Ese lugar era seguro.

Hasta ese momento.

En el centro de una pequeña sala, donde supuestamente estaban todos los grifos juntos, una parte de este, cuyo grifo tenía una pequeña figura de serpiente, estaba abierto. La cañería se asomaba ante la figura que estaba ante ese lugar. Cornelia Brooks.

Al salir del Gran Comedor, Brooks le había mandado un Patronus -sabía que era una alumna avanzada, pero no tanto. Su búho le pedía ayuda. La joven estaba aburrida paseándose por los pasillos de Hogwarts y entró al baño de las chicas del segundo piso. Cuando fue a lavarse las manos, se dio cuenta de que había una parte que había dejado a la vista la cañería.

James se acercó a la muchacha, que estaba en pijama examinando sin asomarse demasiado el túnel que conducía hacia una oscuridad desconocida. Scorpius se acercó también para verla. Miró con cara de grave preocupación al joven Gryffindor.

-La Cámara de los Secretos ha sido abierta.

^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^

Queridos lectores fantasmas:

¡Presentadse y ofreced vuestra opinión al respecto!

¿Qué os parece? ¿Sorprendidos? ¡Reacciones!

Con cariño,

-A.