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La Tercera Generación de Hogwarts III — capítulo 17

Capítulo 14: En el andén.

El hombre lobo fue derribado por una figura algo menuda y con mirada sagaz.

-¡NO TOQUES A MI HERMANO!- bramó Zoe McOrez. Dicho esto, miró a las presas de aquella temible criatura.  Su hermano, Frank McOrez, tenía la camisa del uniforme abierta, mostrando tanto su torso herido como su sangre derramada. Parecía ponerse como figura protectora delante de la quebrada figura de Lily Potter, que lo sostenía desde su espalda y cuya mirada de terror no acababa de difuminarse.

El silencio se rompió gracias a que Frank decidió moverse y amenazar con el puño cerrado sobre la muñeca de la niña a la que había sido su salvadora.

-¡No necesito tu ayuda!- le gritó. Lanzó a una mirada a su hermana que observaba la escena un tanto divertida.- ¡Ni la tuya!

-No seas obstinado, hermanito, ambas te hemos salvado la vida…

-¡Lo único que quiero es matar a Lily Potter!- cerró su agarre sobre la muchacha, cuyos ojos se cerraron con fuerza. Sentía el peso de la varita de su agresor en su túnica cada vez mayor.

Zoe McOrez sonrió con malicia.

-Me temo que hoy no es el día. No se nos está permitido dañar a nadie, así que mantente al margen.- desapareció en una nube negra dejando a su hermano con la respiración entrecortada mientras endurecía su rostro ante Lily.

-Te he salvado la vida.- logró decir.

-¿Y qué? ¿Crees que me importa? ¿Crees realmente que me has salvado la vida? ¡No! ¡Lo único que has hecho ha sido dañar mi reputación!- acercó su rostro al de la niña. Respiraba fuertemente. Apretaba los dientes y su rabia parecía estallar en cuestión de segundos.- ¡Preferiría haber muerto a que me hubieses tocado con tus sucias manos! - Lily cerró los ojos porque no podía sostener su dura mirada.- Te mataré, Lily Potter. Está escrito.

-No te creo.- murmuró tras un breve sollozo, mientras bajaba la mirada.- Si tuvieses tantas ansias de matarme ya lo habrías hecho, ¿no?- por un momento, pudo hacer frente a la asesina mirada de su oponente.- Déjame ir, hoy no puedes hacerme daño.

Frank McOrez rugió.

Seguía con agarrando con fuerza el antebrazo de Lily. Miró la expresión de la muchacha que parecía haber perdido el miedo. Le tiró al suelo de un empujón. Lily se quejó al volver a sufrir otro duro golpe. La miró con desprecio y se dio la vuelta.

Ojalá pudiese haberla matado. La ahorcaría con sus propias manos. La ahogaría. Le haría sangrar mientras rasgaba su piel con un cuchillo. Y cuando suplicase que la matase. Cuando ya tuviese toda su piel en carne viva y las palabras le supiesen a sangre… Entonces la dejaría tirada en el suelo para que la muerte la torturase con su llegada.

No necesitaría magia. Con un solo hechizo podría acabar con su vida en cuestión de segundos. Y él quería verla sufrir. A ella y a todas sus víctimas. Él era el más cruel de todos. Y toda su familia lo sabía. Le temerían. Hasta el mago más poderoso le temería. Ver el miedo en los ojos de su presa era lo que le hacía dormir por las noches.

Palpó su bolsillo. Se encontró con la ausencia de su varita.

-¡Maldita sea!- blasfemó. Miró a su alrededor, nervioso, en busca de aquel trozo de roble. En su perímetro solo había caos. Estaba bastante cerca de uno de los vagones que había sufrido la colisión desde lejos y desde el cual se oían gritos de horror. Volvió a ojear la explanada en busca de un destello de aquel artilugio. Observó cómo Lily Potter, a cientos de metros,  huía corriendo de él. Se aupó para entrar por la ventana al vagón. Antes de entrar miró a Frank. Se mordió el labio y sonrió con algo de picardía, como quien sabe que es culpable y a su vez reconoce la victoria.- ¡ARRGH!

Frank McOrez se lanzó al interior del tren en dirección a los vagones en los que estaba Lily Potter para acabar con ella, sin importarle lo que dijesen sus superiores.

El interior del tren estaba destrozado. El Express de Hogwarts nunca volvería a ser el mismo. Los gritos desde dentro se oían muchísimo más fuertes. Con la primera persona que se topó fue con James Potter. Se dirigieron una mirada de infinito odio.

El joven Potter dejó ir a Frank McOrez y se apartó de su camino. En ese momento, había cosas más importantes como para tener una pelea. Cuando la parte trasera del tren chocó con el resto de vagones, el estruendo hizo volcar el compartimento en el que se encontraba con Fred y Susan. Los tres perdieron el conocimiento debido al golpe que recibieron. Cuando James se despertó, hacía unos segundos, se encontró solo y envuelto en una manta que cubría su cuerpo. No había rastro de sus amigos.

Los gritos del exterior del compartimento fueron lo que le instaron a salir de allí, a pesar del terrible mareo que sufría, con el fin de poder salvar a alguien de lo que fuese que estuviesen combatiendo.

Y entonces lo vio.

Un encapuchado estaba torturando a un alumno de Ravenclaw. Su rostro estaba ensombrecido, aunque se atisbaba una macabra sonrisa que disfrutaba viendo retorcerse a su víctima. Alaric Davies le miró con súplica.

James se abalanzó sobre el encapuchado con un grito que salió de su pecho. Le derribó y ambos cayeron en el suelo del compartimento. Alaric Davies, que temblaba y parecía no tener apenas control sobre sí mismo, logró coger su varita y apuntarla sobre su agresor. James luchaba con dureza por aprisionar las manos de su oponente que se movía bruscamente sobre el suelo, sacudiendo al joven que lo aprisionaba encima de él.

-¡Vamos! ¡Haz algo!- exigió James a Davies.

-¡Petrificus Totalus!- logró decir el joven apuntado con temor al encapuchado que rugía con rabia.

En seguida, James se levantó y ayudó a Alaric Davies a incorporarse. La tortura era un cruccio que había conseguido convertir el rostro del joven en una mueca de dolor. El muchacho se quejaba a cada paso que daban. Se dirigían al final del compartimento. Probablemente Davies no sabía por qué. James estaba buscando a su hermana pequeña. Y a sus amigos. A su familia. Y de donde procedían los gritos más sonoros era de allí.

El pasillo parecía infinito hasta la conexión con el siguiente vagón, una puerta que acababa de abrirse. Una figura delgada con una túnica de Gryffindor apareció de allí y cerró la puerta rápidamente. Pareció encantarla para que nadie la traspasase y alzó la mirada para toparse con James y Alaric Davies en el pasillo.

Cornelia Brooks alzó las cejas con horror. Corrió hacia ellos mientras les indicaba con gestos que se introdujesen en un compartimento. Alaric fue el primero en hacerle caso. James solo reaccionó cuando fue la muchacha la que obligó a entrar al joven allí.

-¿Qué pasa?- murmuró Davies.

La joven negó con la cabeza y se llevó un dedo a sus labios para indicar que mantuviesen silencio. Miró seriamente a James.

-No hagas nada.- susurró. Agarró al joven Potter y le señaló la parte de debajo del asiento.- Métete ahí.

-¿Qué?- ahogó un grito.

-Métete ahí, James.

El joven obedeció a regañadientes. Cuando se hubo metido allí, Davies y Brooks se sentaron en el asiento y con sus pies taparon por completo cualquier rastro de James.

-¡¡POTTER!!- un estruendo sonó en el pasillo como si hubiesen arrancado una parte del vagón. -¡¡POTTER!!- era una voz ronca. Y James creyó conocerla. Había oído antes a ese encapuchado. Era el que tenía una enorme cicatriz en el rostro. -¡¡POTTER!!- comprendió lo que habían hecho sus amigos. Le habían escondido para que aquel que le buscaba no le encontrase. Como estaba haciendo en ese instante Brooks.- ¡¡POTTER!!- esa llamada sonó demasiado cerca. De hecho, se había oído como había abierto el compartimento contiguo.- ¡¡POTTER!!

-¡¡SOCORRO!!- gritó Davies.

Aquel encapuchado, cuyo rostro se distinguía con facilidad, miró con desprecio a Alaric Davies que agarraba con fuerza  Cornelia Brooks. Ambos contuvieron la respiración como si su vida dependiese de ello. Se dejaron examinar por la penetrante mirada de Montdark. Este entrecerró los ojos al toparse con la valiente mirada de Brooks. Cerró el compartimento con dureza y Brooks y Davies pudieron seguir respirando con normalidad.

-¡¡POTTER!!- se escuchó al otro lado del compartimento contiguo. -¡¡POTTER!!- James oyó como la respiración de Davies se tranquilizó. Sin embargo, no se movían de allí.- ¡¡POTTER!!- ¿Y si encontraba a su hermano? ¿O a Lily?

El joven se removió de la parte de debajo del asiento y salió de su escondite, a pesar de que Brooks le pegó una pequeña patada para que siguiese allí.

-¿Qué ha pasado?- le exigió saber a Cornelia mirándola directamente a los ojos.

Ella se mordió el labio.

-Entraron varios buscando a un Potter, James. Jordan y Weasley se han estado paseando por todos los compartimentos en busca de tus hermanos, pero no los encontramos…

-¿Qué? ¿Cómo que no los encontráis?

-¡Les estoy ayudando a buscarlos! ¡Todo el mundo te está protegiendo!

James se llevó la mano a la cabeza con frustración.

-Voy a por mis hermanos.

-¡No! ¡Te pueden encontrar a ti!

-¡Prefiero que me encuentren a mí a que encuentren a Albus o a Lily!- gritó con desesperación.

Abrió el compartimento.

-Te acompaño.

-Yo…Yo me quedo aquí mejor.- aseguró Davies.

Ninguno de los Gryffindor le hizo caso. Cuando volvieron al pasillo, James dudó sobre qué dirección tomar.

-En la parte trasera no están. Lo hemos comprobado compartimento por compartimento.  Con suerte tendrán tu capa de la invisibilidad.

-¿Y Susan y Fred? ¿Por qué no han venido aquí?- cuestionó realmente preocupado.

-Me ayudaron a escapar, eso de allí es una ratonera llena de hechizos letales, James…Están ayudando a todos a salir de allí.

-¿Hay alguien más que conozca?- preguntó, preocupado por todos los miembros de su familia.

-Hay varios Weasley, no sabría decirte sus nombres…Hay aurores también.

-¿Mi padre?

-No lo he visto.- dijo Brooks en un suspiro. Agarró el antebrazo de su compañero y le señaló la ventana. - Si vamos por allí llegaremos antes y no nos cruzaremos con ese hombre.

James asintió.

Saltaron por la ventana y se pararon tan solo un segundo para contemplar con horror aquel atentado contra el Expreso de Hogwarts. Los vagones se amontonaban unos con otros, aboyados, otros completamente destrozados sobre el sucio barro que había formado. Se observaban figuras de alumnos por el techo del tren. Eran perseguidos por encapuchados. Los gritos seguían saliendo de la parte trasera. De dónde había dicho Cornelia que era una ratonera. Tenía sentido. Eran dos vagones cuyas salidas estaban taponadas, o bien por el tren que chocó o bien por una salida en la que se encontraba un hombre lobo hambriento.

-Vamos.- instó James empujando suavemente a Cornelia.

Uno de los alumnos que corría por el tejado huyendo de un encapuchado era Louis Weasley. Agarraba con fuerza la mano de Lyslander Scarmander. Hugo les seguía a duras penas, aun sin estar acostumbrado a correr tan deprisa para salvar su vida. El encapuchado que les seguía lanzaba hechizos para desestabilizarlos. Habían sido los primeros en salir del tren. Hugo había encontrado a su primo que estaba curando a Chris Nott, quien había sufrido un duro golpe en la nuca y que yacía inconsciente en alguno de los vagones perdidos del tren. Lys y Hugo le aconsejaron buscar ayuda de los mayores en los primeros vagones. Decidieron ir por la parte superior para ir más rápidos, hasta que se toparon con un encapuchado que parecía querer ensañarse con ellos.

-¡Vamos, Hugo! ¡Corre por lo que más quieras!- gritó Louis mientras echaba un vistazo atrás y veía a su primo demasiado agotado como para seguir corriendo. El encapuchado estaba a tan solo unos veinte metros de ellos. Demasiado cerca de Hugo. Louis se detuvo. Cogió su varita y lanzó un hechizo contra el encapuchado.- ¡Expelliermus!- salió disparado hacia atrás y Hugo aprovechó ese tiempo para alcanzarles.

Una figura apareció de pronto entre ambos.

Un joven esbelto con el pelo azul turquesa y con una radiante sonrisa.

-¡Ted!- gritó con alegría Hugo.

-No puedo dejar que mi hijo se quede sin familia.- se excusó con media sonrisa.

Rose Weasley, que acababa de salir al techo del tren, vio cómo su hermano y sus primos desaparecían. Maldijo para sus adentros y se incorporó en el techo, en busca de alguien conocido que le pudiese ayudar. Porque Albus Potter se encontraba en un estado algo crítico.

En la colisión, su vagón que era de los primeros, se había volcado por la inercia y había sufrido una de las peores sacudidas. El cristal de su compartimento había estallado, produciendo numerosos cortes en el rostro de Alice y de Albus, que eran los que se encontraban al lado de la ventana. Al tener la puerta del compartimento abierta, Scorpius había salido despedido por el pasillo y del golpe que recibió al empotrarse contra la pared, se dislocó un hombro. Rose luchaba por no recibir golpes mientras su compartimento daba vueltas. En la última sacudida, la producida por la colisión de la otra parte del tren, Albus salió disparado por la ventana y fue arrastrado por la tierra sufriendo numerosas heridas y rasgando la mayor parte de su cuerpo. Cuando aquel caos pareció terminar, Alice fue la primera en socorrer a Albus que yacía inconsciente a cien metros de los vagones. Con ayuda de Rose lo trajeron a duras penas al compartimento que estaba boca abajo. Mientras Rose intentaba calmar el dolor de Scorpius, Alice intentaba sanar las heridas de Albus.

Transcurrieron varios largos minutos hasta que Lily Potter apareció por la ventana y ayudó a sanar a su hermano mientras se le escapaban las lágrimas. Albus no respondía. Albus parecía estar más allá de la inconsciencia.

Fue Scorpius el que tuvo la idea de que Rose se subiese en la parte de arriba del vagón para buscar ayuda. Pero, como comprobó, la ayuda llegaba a cuenta gotas.

Decidió volver a bajar hasta donde se encontraban sus amigos. Justo antes de volver a bajar, vio salir disparada por los aires a una figura pelirroja desde los últimos vagones del tren. Su prima Lucy. No dudó en ir corriendo a socorrerla, pues había caído desde una alta altura lejos del tren.

Bajo sus pies, mientras tanto, Lily Potter intentaba hacer reaccionar a su hermano mientras Alice utilizaba la poca magia que sabía para sanar alguna de sus peores hemorragias.

Scorpius blanqueaba encorvado la puerta.

-¿Qué haces aquí?- espetó a una figura.

-¿Y Potter?- Frank McOrez había encontrado por fin a Lily Potter. La encontró postrada sobre su hermano con cara de desesperación. Fue Frank McOrez el primero en oír la rotunda voz de Montdark que buscaba a un Potter en el pasillo.

No podía dejar que acabasen otros con su tarea.

Se había percatado de que Scorpius también oyó aquella voz. Para su sorpresa, entró a Frank dentro del compartimento y le apuntó con la varita.

-No te muevas.

El aludido sonrió. Agarró, pillando a todos desprevenidos, el pelo de Lily Potter con saña y, tras haber salido él a duras penas del compartimento, arrastró con fuerza a la pequeña, quien no había notado la presencia de aquel joven debido a que estaba demasiado preocupada por el estado de su hermano.  La dejó caer en el suelo, justo al lado del vagón de sus amigos y le tapó la boca.

La miró fijamente.

-Dame mi varita.

La joven, que tenía un nudo en la garganta desde hacía un tiempo, comenzó a sollozar. Frank McOrez sintió la frágil niña que sostenía entre sus brazos que se derrumbaba mientras él luchaba porque Montdark no la descubriese.

-¡¡POTTER!!- se oyó. Lily aumentó sus sollozos.- ¡¡POTTER!!

-¡NOO!- aquel grito era de Scorpius. Su alarido se alargó durante unos segundos más.

-¡SUELTALO!- aquella era Alice, gemía como si estuviese siendo ahorcada.

Lily Potter se acercó, sin pensar, su rostro descompuesto y lloroso al torso de McOrez. Este solo pensaba en que Montdark despareciese y no viese a Lily, porque sabría que también se la llevaría. Y Lily era asunto suyo como siempre dejaba claro. Si su hermana había matado a una Weasley, él mataría a un Potter, al Potter que mayor dolor causaría en el mundo mágico.

-¡¡NOOOOO!!- Scorpius rugió y comenzó a maldecir y sonaron cosas golpeadas desde fuera.

Montdark salió por la ventana en la que se encontraban Frank McOrez y Lily Potter. Este presionó a Lily sobre sí mismo, para ocultar su rostro. El monstro estaba demasiado feliz con el moribundo Potter entre sus brazos como para percatarse de su presencia.

Los sollozos de Lily eran casi inaudibles. Temblaba, no sabía si de rabia o de miedo.

-Ssssh.- susurró Frank en su oído.- No lo matarán. - los ojos llorosos de Lily miraron a los del joven. Era un momento incómodo para él. Le seguía mirando con expresión de asesino. Seguía deseando matarla.

Dejó a Lily sola.

Sabía que sufriría aún más que si le hubiese hecho algo con la ausencia de su hermano.

Se subió a la parte superior del tren y anduvo en dirección a los vagones traseros.

Ambos sabían que Lily seguía teniendo su varita.

Y ambos sabían que aquello era una amenaza.

El joven McOrez corrió hasta llegar al sitio que se conocía por los gritos que salían de aquel lugar. No había aparente forma de entrar ni de salir. Una ratonera. Se bajó del techo y se paseó al lado de las ventanas de los compartimentos. Heridos. Peleas, bien con magia o bien a mano limpia. Fred Weasley llamó su atención.

Daba una paliza a puñetazos a un encapuchado que Frank McOrez conocía como Neale Saunders, era un hombre robusto con ideas sin sentido y macabras que nunca entendería. Fred Weasley le estaba dejando sin nariz. Este se estaba ensañando con él  por alguna razón que McOrez no sabía.

Cuando Fred y Susan entraron en aquella parte del tren en busca de los hermanos pequeños de su amigo, no pensaron en encontrarse con veinte encapuchados que torturaban a todos los alumnos que allí se encontraban. Fue Fred el primero en lanzar hechizos a diestro y siniestro. Encontraron  Brooks bajo un cruccio y le obligaron a salir de allí y salvar a los Potter. En ese momento, Susan se enfrentó a Neale Saunders. Este no le atacó con magia, sino que le aturdió con un puñetazo y se dispuso a rajarle la piel con el fin de tatuarle Ivonne. Fred, que ayudaba a su prima Lucy a defenderse de otro agresor, corrió a ayudar a Susan que miraba horrorizada como Saunders comenzaba a tatuarla.

Desde ese momento, Fred se ensañó con Saunders dentro de un compartimento, porque, quizás, se avergonzaba de su propia crueldad. 

Susan, derrotada en el suelo, se arrastró hasta el compartimento contiguo. Allí, Bárbara Coleman estaba haciendo un torniquete en la pierna de su hermana pequeña, Ellie. Con una de las sacudidas, se le había dislocado el fémur. Como la joven Jordan no tenía fuerzas para luchar contra los agresores y sentía un escozor terrible en su antebrazo, se dispuso a ayudar a la joven Gryffindor.

Camrin Trust franqueaba la puerta, en caso de que a algún encapuchado se les ocurriese interrumpir aquella situación en la que la pequeña Ellie Coleman gritaba a pulmón abierto y lloraba de dolor desconsoladamente.

Poco a poco aquel pequeño compartimento se convirtió en el de los heridos.

La joven Ravenclaw, April Gadner, la cazadora del equipo de Quidditch apareció con Chris Nott, que tenía una herida peligrosa abierta en la nuca. Gadner se marchó para seguir combatiendo a casi los veinte encapuchados que allí se encontraban.

Fue Molly Weasley la que se percató de que los aurores no podían entrar allí. Vio a uno de sus tíos luchar por romper uno de los cristales de los compartimentos sin éxito. Solo su hermana había salido disparada de allí porque un encapuchado la había lanzado por los aires. Se mordió el labio mientras escapaba de un conjuro. Aquel conjuro chocó contra la pared del vagón haciendo un boquete.

Quizás solo podían abrir una salida por dentro.

-¡Bombarda Máxima!- gritó hacia el cristal de un compartimento vacío.

La onda de expansión sacudió todo el vagón.

El encapuchado que la perseguía la miró con rabia.

-¡Cruccio!- maldijo apunto hacia ella.

-¡Proteccio!- Leo Livingston fue más rápido que ella a la hora de la defensa. Le guiñó un ojo, la cogió del antebrazo y la sacó de aquella ratonera.

-¡Hay que sacar a los demás!

-¡Primero deberíamos avisar a los aurores de que pueden entrar por aquí!- no esperó a que le contestase y buscó figuras enfundadas en un traje negro.- ¡Por aquí!- gritó desesperado.- ¡Aquí!

Bastien Lebouf fue la primera persona en entrar al vagón desde el exterior. Encontró con horror a más de una decena de alumnos heridos y muchos más combatiendo y luchando por sobrevivir aquel ataque.

Un estruendo ensordecedor se oyó en el exterior.

Bastien Lebouf salió por un cristal que él mismo rompió mientras sacaba a un alumno con el brazo ensangrentado para comprobar de qué se trataba.

Graham McOrez sostenía a un muchacho del cuello suspendido en el aire. Se odió así mismo por no ir en seguida a por él, a por uno de los asesinos más crueles de la historia .Entrecerró los ojos para ver mejor de quien se trataba.  Albus Severus Potter era suspendido en el aire mientras enseñaba a todo el mundo su crítico estado de inconsciencia.

-¡¡HAGAMOS UN INTERCAMBIO!!- bramó ante todos.- ¡¡POTTER POR IVONNE!!

Y despareció, causando pánico e impotencia en los corazones de todos los presentes.

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Queridos lectores fantasmas y los que espero que no lo sigan siendo:

Aquí va un pequeño regalito. ¿Es realmente un regalo? En fin, un adelanto del siguiente capítulo. Espero que esperéis con ansias el siguiente.

Me gustaría saber vuestra opinión sobre esta situación…

Con cariño,

-A.