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Entre las sombras, tú y yo (juventud de Tom Riddle) — capítulo 29

Se despertó con sobresalto, la neblina cubría el parterre. Apenas se podían disipar las pequeñas siluetas de los árboles. Era una noche otoñal de un domingo de octubre. Hacía frío, pero no se debía a un fenómeno de la naturaleza. Se trataba de una sensación inusual. Su estado anímico estaba colmado por la irritabilidad. Los pensamientos se alborotaban en su mente. Pero no adolecía un mal estado mental, se trataba de un deplorable estado del alma. La sensación de perversidad, inherente a todos los seres humanos, se había manifestado aquella vez con mucha más fuerza. Una vez más su alma anhelaba vejarse  a sí misma, de violentar su propia naturaleza, de hacer el mal por el mal mismo.

Tom se levantó con frenesí. Caminando con agilidad. No podía contener el deseo, necesitaba el regocijo de la oscuridad. Aquel delirio embriagaba su mente. No quería confesarlo pero sentía un espantoso temor infundado por una atroz sensación. Lo estaban vigilando muy de cerca y él lo sabía. Debía ser cauto, muy cauto, extremadamente cauto. No podía mostrar un atisbo de debilidad, de fragilidad, pues lo acabarían matando.

Bajó con ímpetu hasta la sala común. Un silencio espectral se escuchaba en el habitáculo. Todos estaban durmiendo plácidamente, menos él. Se dirigió a la puerta de manera automática, como si ningún elemento volitivo operase en su ser. Ira, rabia, furia, pero sobre todo perversidad, vileza e iniquidad. Dobló la esquina, los angostos pasillos del castillo estaban vacíos, la visión era fantasmal. Se dirigió al baño de las chicas del segundo piso. Sacó la varita de su bolsillo, la magia negra lo incitaba a cometer un acto inexorable y atroz.

-¿Qué haces aquí?- Preguntó una vocecilla, Tom se sobresaltó y ahogó un grito.- ¿Qué te pasa?

  • No deberías andar sola, es peligroso Kyteler.- Estableció el mago apuntando con su varita.-

  • Relájate, te noto muy tenso.

  • Sigueme.- Ordenó de modo implacable.-

  • ¿Estás bien?

  • He dicho que me sigas.- Sentenció con extrema firmeza.- "ábrete".- Pronunció en parsel y la Cámara de los Secretos se abrió.-Salta, ¡Hazlo!- gritó y Marie obedeció sin comprender absolutamente nada.-

Caminaron hasta llegar a una de las secciones más confortables de la Cámara.

  • Déjame el anillo Marie.

  • ¿Para qué lo quieres?

  • No es de tu incumbencia...- Pronunció Tom y Marie lo miró con desdén.-

  • ¿Qué vas a hacer con él?

  • Tomar precauciones. Nos están vigilando.

  • ¿Quiénes?

  • Los nigromantes, no te hagas la tonta.

  • Creo que estás paranoico. Sinceramente,es innegable que lo del baño de los preceptos fue muy extraño, pero creo que no fue más que una broma de mal gusto.¿Por qué estás tan asustado? Nunca te había visto así.

  • El ser, Merwin, es muy poderoso. Si nos encuentra nos matará. Así que he de tomar ciertas garantías...

  •  ¿Con garantías... te refieres a horrocruxes? No me gusta la idea.- Exclamó con enfado.-

  • Si me matan ¿me ayudarás a volver?

  • No lo sé, Tom, no lo sé.

  • Confío en ti. Déjame tu brazo.

  • ¿Para qué?

  • Necesito tu sangre para disminuir la potencialidad lesiva del hechizo.

  • Ah, ni hablar. No pienso convertirme en tu cómplice.

  • Entonces tendré que obligarte.- Estableció muy serio.-

  • No lo harás. Quiero que dejes de tratarme como a tu mascota.

  • Vas a obedecerme aunque sea por las malas. Imperio.-Dijo antes de que pudiese reaccionar, la bruja cerró los ojos y una lágrima cayó por su mejilla.- He de admitir que tu fragilidad me excita. La debilidad es algo que detesto, pero contigo resulta diferente… Saber que eres dócil por una vez. - Declaró mientras la besaba.- No sabes cuanto te deseo. Tu aroma, tu voz me atraen con una fuerza irresistible. Es insufrible tener que soportar cada vez que me provocas, contemplar la sensualidad con la que caminas, tenerte tan cerca y no poder tocarte. - Cogió su brazo con fuerza.- Y ahora una vez más me vas a ayudar, a lograr conseguir la inmortalidad, viviré para siempre, me embriagaré con el poder, y con él calmaré mi sed de sangre. - Le hizo un corte en la muñeca y se dispuso a realizar el conjuro.-

Vertió la sangre sobre el humeante caldero, estaba hirviendo. Su alma fragmentada por los asesinatos cometidos se despedazó, separándose de su cuerpo. Un dolor atroz, terrible, irresistible e inhumano hizo que cayese de bruces sobre el suelo, introdujo con las pocas fuerzas que le restaban su ánima en el anillo. Profirió un grito desgarrador una sensación de congoja invadió su cuerpo antes de desplomarse. La luz desapareció dando paso a las tinieblas, el mal había triunfado una vez más. Marie contempló la escena, desconsolada se arrodilló junto al cuerpo del mago ¿Estaba muerto? No, su corazón seguía latiendo pausada y costosamente. No podía dejarlo en aquel estado, aunque no le faltaban ganas. No podía pedir ayuda ¿Qué pensarían los profesores? ¿Qué debía hacer? Se trataba de una difícil decisión. El amor que sentía por el mago la cegaba, pobre necia. Pobre ilusa que trataba de ayudar a un ser corrompido por el mal, sabía que no podía cambiar su parecer y sin embargo decidió prestarle auxilio. " El amor es la magia más poderosa de todas" Recordó la frase del anciano profesor Dumbledore. Cogió su cabeza con cuidado, no había vuelta atrás. Se inclinó un poco más, las lágrimas de la bruja empaparon las mejillas de Tom. Lo miró con compasión y lo besó disponiéndose a realizar uno de los más bellos y letales conjuros jamás realizados en la historia de la magia. Desgarró parte de su alma y se la otorgó al mago.

No puedo intentar cambiarte, Tom Riddle.Hace mucho tiempo que lo sé. Pero te entrego parte de mi alma, parte de mi vida y de mis sentimientos. He desgarrado mi corazón con la única intención de apaciguar al monstruo que llevas dentro. Nunca podrás librarte de mí.

Marie sintió un dolor desconsolador. Pero no era una aflicción causada por el mal. Se trataba del amor. Había conseguido vencer a las tinieblas. Había conjurado una magia excepcionalmente poderosa. Había puesto su vida en peligro para salvar a la persona a la que amaba. Cerró los ojos se encontraba muy débil a causa de la fragilidad infundada por el hechizo.

Ambos se despertaron al alba. Estaban empapados por las infestas aguas de las cañerías.

Lo he conseguido.- Susurró Tom sonriendo con malicia.- Es extraño, me siento… diferente.

¿A qué te refieres?- Preguntó Marie incorporándose. -

No es nada...

Tus ojos…- Dijo Marie con temor.-

¿Qué les pasa?- Contempló su rostro reflejado en un charco de agua, su iris era del color de la sangre que la bruja había derramado.- ¿Por qué me mirás así?

Tengo miedo, cuando escucho tu voz y me aterroriza el silencio de tus labios.Tengo miedo de tu mirada, inexpresiva como el cielo gris que se alza sobre las calles Londinenses. Una palabra tuya me hace temblar. La vida pasa y tu mueres lentamente. Oí a los cuervos cantar, en un funeral en el que nadie pudo derramar una lágrima. El sentido de mi vida se ha perdido, desorientado como una peonza que da demasiadas vueltas. Ahora quiero frenar, en esta carrera en la que sin darme cuenta he decidido participar. Participar en un juego de niños. Pues eramos niños cuando nos conocimos, niños que querían coger la luna, para adornar el cielo de nuestro castillo de arena, hogar que jamás tuvimos. Fuimos nómadas errantes, que por una extraña casualidad, por mero capricho del azar nos volvimos a encontrar. Pero ahora todo ha cambiado, porque como te he explicado, tengo miedo. Miedo, porque deseo tus brazos, esos que nunca me van a querer abrazar. Deseo tus labios, aunque tenga la certeza de que están impregnados de un veneno letal. Eres la serpiente y yo, esa estúpida, que decide coger la manzana, esa estúpida que no se resiste a abrir la caja, caja de los deseos. Lujuria. Tú eres la heroína, adictiva, placentera pero sobre todo mi destrucción. Ahora calla, no quiero escuchar esas palabras que son cuchillos. Me debo de estar volviendo una sádica o quizás una hedonista, este eterno placer de sufrir me está matando. Muchos me han llamado loca, loca por intentar volar con alas rotas. Y es que todos mis sueños se han roto con este duro golpe de realidad. Pero yo ya lo he decidido, quiero morir, morir con tus besos asesinos, con tus miradas despiadadas, arráncame el alma si quieres, que a mí ya nada me importa.

Tom permaneció en silencio, no sabía qué contestar.

Debemos salir de aquí.- El mago se puso en pie tendiendo la mano  Marie la cual se aferró con fuerza a su brazo.- Te estás desangrando ¿qué has hecho? -Marie lo miró con serenidad, y se tambaleó al ver la herida.-

Salvar tu vida. -Tom tragó saliva, por primera vez en su vida sintió un pequeño remordimiento.- No, digas nada. Sé que tu conciencia está muy tranquila… No debes preocuparte por mí. En realidad tampoco esperaba que lo hicieras.

No puedes andar así por el castillo.

Ahora me pongo una venda. Vamos, está amaneciendo.

Marie… - La miró fijamente-

Necesitas descansar.

Guarda el anillo. Eres la única persona en la que confío. Dejo mi vida en tus manos.

Es curioso, que dejes la daga en poder de la persona que más ha ansiado matarte.

Y la única que ha ansiado salvarme. Estamos juntos en esto.

Escucharon el llanto de una muchacha en el baño.

¿En qué momento decidiste matarla? Su fantasma es insufrible. Todo el día llorando y atascando los desagües.

Tom no contestó. Llegaron hasta la Sala Común.

Descansa un poco Marie, necesitaremos fuerzas, en unas horas tendrá lugar la primera prueba del torneo de pociones.

¡ No hemos preparado nada!

¿Con quién te crees que estás hablando? Llevo semanas en la biblioteca.

Ah, claro…. Como ya no te veo desde que tengo que fingir nuestra separación. Y todo para que Karkarov ni me dirija la palabra…

¿Me echas de menos?

¿Tú?

Creo que las palabras sobran.- Dijo empujándola contra él mientras la besaba apasionadamente. Ambos se fundían en las llamas del infierno. Le temblaban las piernas. La inseguridades de la bruja se manifestaban. Dejó que toda esa dura fachada se derrumbase por primera vez. Y una vez más el miedo se apoderó de ella. Respiró con fuerza, mucha fuerza, pero no pudo evitar quemarse. Había pasado demasiado tiempo. Un mes, treinta días y una hoja de calendario. Se aferró a su torso semidesnudo. El sudor empapaba sus cuerpos. Agarró su larga melena con firmeza, eso le gustaba. Ella tan débil, él queriendo aparentar, tan fuerte. No podían parar, la marea les arrastraba hacia las profundidades. Luz y sombra fundidos bajo el mismo ser. Se desvanecen sus fuerzas y una vez más, lo vuelve a sentir, maldito temor.-

Tom, puede vernos cualquiera.

Todos duermen.

Yo… Debo irme. Buenas noches.