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Historia 184974 — capítulo 15

- Esta historia pertenece a J. Lynn. Estos personajes pertenecen a J. K Rowling. Universo Alternativo -

Capítulo 15

Luna volvió a sacar el tema después de esa mañana en la cafetería. Tal como él ya había prometido, Colin estaba emocionadísimo al día siguiente - saltando, aplaudiendo, marcándose un bailecito -, todo gracias a la cita que yo tenía con Ron. Cualquiera pensaría que era Colin el que iba a salir con él.

Intenté no obsesionarme con la cita, aunque fuera imposible. Era todavía más difícil cuando estaba cerca de Ron. Nada había cambiado entre nosotros, pero de alguna manera sí lo había hecho. Cuando se sentaba a mi lado en clase, me volvía muy consciente de que estaba allí. Cada vez que se movía y me rozaba con su brazo o con su pierna, un hormigueo me recorría el cuerpo y me duraba toda la hora. No tenía muy claro si él se había dado cuenta y lo cierto es que esperaba que no.

A lo largo de la semana, un temprano invierno se había instalado en la zona. Los árboles ya estaban sin hojas y el viento procedente del Potomac los agitaba como si fueran carcasas, y yo había pasado mucho tiempo sin experimentar tanto frío. Independientemente de cuánto me abrigara, me sentía en pleno Alaska cada vez que salía para ir a clase.

El viernes antes de la gran noche Ron estaba de un humor muy raro, de hecho estaba tomando apuntes.

  • Mírate - murmuré mientras el profesor Dumbledore proyectaba imágenes de la Vía Láctea -. Estás prestando atención.

Ron me miró de reojo.

  • Siempre lo hago.

  • Vale.

Jugueteó con el bolígrafo entre sus dedos, manteniendo la vista fija en el profesor Dumbledore.

  • Suspenderías si no fuese por mí.

Mis labios se curvaron.

  • Sería capaz de concentrarme más en la clase si no fuese por ti.

  • Ah, ¿sí? - Se inclinó de modo que su hombro rozó el mío. Observó al resto de la clase un instante y después se giró. Cuando me habló, sus labios rozaron mi sien, causando un aumento de mi temperatura -. ¿Y por qué me encuentras tan entretenido, corazón?

  • No de la manera que tú te crees - mentí.

  • Sigue repitiéndotelo.

  • Uno de estos días tu autoestima hará que te explote la cabeza.

  • Dudo de que ese día llegue - me contestó. Empezó a pasar el bolígrafo tapado por el dorso de mi mano, hasta llegar al borde de mi chaqueta -. ¿Esto te distrae?

Me quedé sin palabras, apretando con fuerza mi propio bolígrafo.

  • ¿Sí? - El bolígrafo seguía rozando mi mano, ahora por los nudillos -. ¿Te has enterado de cuántas estrellas componen el cinturón de Orión? ¿No? - El bolígrafo se seguía moviendo, y quién habría dicho que un bolígrafo podía ser tan… sensual -. Lo componen tres estrellas, corazón.

Me mordí los labios.

Un gruñido sordo le salió del pecho.

  • Eso me distrae un montón - me murmuró -, cada vez que lo haces.

Abrí los ojos, sorprendida, mientras me quedaba sin aliento.

Una risa profunda por su parte, y un escalofrío me recorrió la columna vertebral.

  • ¿Sabes qué?

  • ¿Qué? - susurré.

Ron se acercó un poco más, fingiendo que se estaba estirando. Me puse nerviosa, sin saber qué era lo que pretendía. Me pasó el brazo por la espalda y de repente tenía sus labios pegados a mi piel, justo debajo de la oreja. El pulso se me aceleró, era una sensación inquietante… y también emocionante.

Sus labios se movieron y me sentí temblar contra él.

  • No puedo esperar a que sea mañana por la noche.

Respiré hondo y cerré los ojos. Ron se volvió a reír y se arrellanó en el asiento, la mirada al frente, el bolígrafo escribiendo en el cuaderno. Yo ya había acabado con la clase. No me iba a enterar de nada, porque no había sitio en mi cabeza para otra cosa que no fuera él.

Lu y yo pasamos la tarde haciéndonos las uñas. Había pasado tanto tiempo desde que me había hecho una manicura y una pedicura, que me había olvidado de lo aburridas que eran y de que, una vez que tenía la laca de uñas en mis dedos, de repente me apetecía tocar todo, sin acodarme de que todavía estaba húmeda.

  • ¿Estás nerviosa? - me preguntó Luna mientras meneaba sus pies con las uñas pintadas de rosa.

Resistiendo el impulso de pasarme los dedos por el pelo, asentí con brío.

  • Sí, estoy nerviosa. ¿Crees que soy una tonta? Porque me siento la reina de las tontas ahora mismo.

Se rio.

  • No, no lo creo. Estar nerviosa significa que te importa. ¡Incluso yo estoy nerviosa! Estoy viviéndolo a través de ti. En cuanto acabe, me llamas para contármelo. - Una mirada maliciosa -. A no ser que esta noche dure hasta mañana…

Me quedé atónita.

Más risas mientras se reclinaba en el asiento.

  • Vale. No creo que suceda, pero quiero que me llames en cuanto vuelvas. Tengo que saber si besa bien.

  • ¿Cómo sabes que nos vamos a besar?

  • ¿En serio? - me preguntó, boquiabierta -. Por supuesto que te va a besar.

Un nudo en el estómago.

  • A lo mejor no.

  • Claro que te va a besar. Probablemente quiera hacer mucho más, pero te besará. Lo sé. - Lu dejó escapar un gritito que me hizo sonreír -. Apuesto a que besa de cine.

Si tuviera que adivinar cómo besaba en función de lo que ya sabía de él, tendría que decir que probablemente besaba genial, sobre todo porque lograba hacerme remover en el asiento solo con pasarme un bolígrafo por la piel. Habían sido los preliminares… con un bolígrafo.

Me reí.

Después de terminar, Lu me hizo prometerle una vez más que la llamaría en cuanto pudiera y me fui a mi casa. Teniendo cuidado de no estropearme mis nuevas uñas violetas, me di la ducha más larga de mi vida y después repasé toda mi ropa. Cada vez que miraba al reloj y veía que se iba aproximando a las siete, sentía que el corazón me iba a romper las costillas y se me iba a salir del pecho.

Había sacado toda la ropa del armario para extenderla sobre la cama. Parecía un poco estúpido no saber qué ponerse, pero de verdad que no tenía ni idea. Al final, después de estar a punto de llamar a Luna para pedirle consejo, me decidí por un par de vaqueros elásticos con botas negras y una blusa verde oscuro bastante elegante.

Invertí el mismo tiempo en mi maquillaje y en mi pelo, al igual que lo había hecho el día que vino a casa a ver una película. Mientras me echaba el rímel, pensé en que era gracioso que me preocupara tanto por mi imagen cuando él estaba acostumbrado a verme como una pordiosera cada vez que se presentaba en mi piso los domingos por la mañana.

Ay, Dios, el día siguiente era domingo, y mi sorpresa era un poco idiota, porque es el día que siempre va tras el sábado, pero es que iba a ser un domingo diferente. Sería el primer domingo después de nuestra cita. ¿Todavía desayunaríamos juntos? ¿Y si la cita duraba hasta la mañana siguiente? No era tan inocente. Puede que Ron esperara otro tipo de final para esta cita.

Pude ver en el espejo que mis ojos estaban muy abiertos y que el aplicador de rímel estaba peligrosamente cerca de ellos.

Pues la cita no iba a acabar en mi dormitorio, porque parecía que había abierto una tienda de ropa.

Bueno. Estaba siendo un poco estúpida. Mañana no iba a ser tan diferente de hoy. Esta noche no se iba a convertir en una maratón de sexo debido a diversas razones. Y no había ningún motivo para sorprenderme de que el domingo fuera detrás del sábado.

Terminé de darme mi propia charla de ánimo y salí del baño. El nerviosismo que sentía hormigueándome por el cuerpo no era malo. Era… diferente, como una impaciencia bonita. Estaba a punto de ponerme a bailar en medio del salón cuando Ron llamó a la puerta.

Entró en mi apartamento, su mirada recorriéndome desde la cabeza hasta las botas que llevaba puestas. Era increíble lo mucho que una mirada se podía parecer a un roce, y mi ansiedad empezó a aumentar, haciendo que la de antes pareciera una broma.

Ron se aclaró la garganta.

  • Estás… muy, muy bien.

Me sonrojé.

  • Gracias. Tú también.

Y era la puñetera verdad. Ron se había puesto unos vaqueros oscuros y un jersey negro con cuello en pico que se tensaba en los hombros, y con su pelo ondulado cayéndole sobre la cara y esa medio sonrisilla que llevaba siempre, estaba absolutamente increíble. Tanto, que me pregunté qué estaba haciendo yo ahí, a punto de salir en una cita con él.

  • ¿Estás lista? ¿Te vas a llevar una chaqueta?

Salí de mi ensueño, asentí y corrí hacia mi habitación. Estuve a punto de caerme cuando el tacón se me enganchó con la ropa que había por el suelo. Agarré el abrigo y me lo puse mientras volvía a su lado. Sus ojos brillaron llenos de diversión mientras me recogía el bolso que me había dejado olvidado en el sofá. Sintiéndome un poco torpe, se lo agradecí.

  • Ya estoy lista - le dije, sin aliento.

  • Todavía no. - Ron me empezó a abrochar el abrigo -. Hace mucho frío fuera.

Me quedé allí, totalmente quieta y fascinada por esa simple acción. Empezó por abajo, y, a medida que subía, mi pulso se iba acelerando. Contuve el aliento mientras se aproximaba al torso. El dorso de su mano rozó el abrigo y me quedé rígida. Todas las capas de ropa desaparecieron al sentir una ráfaga de calor en mis pechos.

  • Perfecto - murmuró. Sus ojos brillaban con un resplandor cobalto -. Ahora ya estamos preparados.

Todo lo que pude hacer fue quedarme mirándole durante un momento y después tuve que obligar a mis piernas a que se movieran, aunque estuvieran temblando. En el momento en que salimos al rellano, la puerta de Ron se abrió de par en par.

Apareció Neville, con un teléfono móvil en la mano y Raphael en la otra.

  • ¡Sonreíd! - nos gritó mientras nos  sacaba una foto -. Me siento como si mis niños fueran al baile del instituto.

Ron y yo nos habíamos quedado pasmados.

Neville se mostró muy satisfecho.

  • La voy a poner en el álbum. ¡Pasadlo bien! - Se volvió a meter en el piso, cerrando la puerta.

  • Vaya…

Ron se río.

  • Bueno, qué raro ha sido eso.

  • No suele hacerlo, ¿no?

  • Qué va. - Se volvió a reír, pasándome la mano por la espalda -. Salgamos de aquí antes de que intente unirse a nosotros.

Sonreí.

  • ¿Raphael también?

  • Raphael podría venirse. Pero Neville no. - Sonrió mientras bajábamos las escaleras -. Lo último que querría es que te distrajeras mientras tengo una cita contigo.

¿Distraída? Si él supiera