← Historia 185056 · de
Historia 185056 — capítulo 13
-Dese prisa, señor Miller, su padre le espera.
-Ya voy.
Edward levantó su pequeña mochila y se la echó a la espalda con un suspiro. Siguió con la cabeza baja al profesor Snape y juntos salieron del castillo desde el despacho del director. Cuando salieron al exterior, un frío gélido les dio de lleno. El chico tembló levemente y se abrigó todo lo que pudo bajo su fino abrigo. Caminaron por todo el patio hasta llegar al Sauce Boxeador, donde un carruaje los esperaba. No era muy grande, ni demasiado llamativo, pero sí acogedor y con el suficiente espacio para llevar a dos personas. Estaba hecho de madera y lo llevaban dos caballos. Delante de todo estaba el cochero, que con sus riendas controlaba a los dos animales. Era un hombre bajo y algo regordete. Vestía una túnica de color azul marino y estaba algo raída. Su expresión era aburrida, como si ya hubiera hecho eso un montón de veces, lo que es bastante probable.
El profesor y el alumno se metieron dentro y cerraron la puerta. Por suerte, dentro hacía calor, y Edward se sintió relajado.
Todavía el Sol no se había asomado por las enormes montañas que se veían al este, pero estaba a punto de hacerlo. Pronto, amanecería, y todos los alumnos del colegio se levantarían para hacer lo que tuvieran que hacer, ya que ese día, sábado, no había clases.
Ojalá él también estuviera durmiendo plácidamente en su cálida cama. Ojalá se pudiera levantar a la hora que quisiera y sin ninguna preocupación salvo terminar el trabajo que McGonnagall les había obligado hacer sobre los animagos. Ojalá su padre no estuviera enfermo y él pudiese vivir su vida sin estar preocupado por su salud. Ojalá su yo del futuro no le hubiera dicho esas cosas que lo tuvieron bastante intranquilo durante la noche.
Así es, lo pasó fatal. Las palabras no se le paraban de repetir una y otra vez en su cabeza. Había tenido pesadillas en las que de su varita salían luces verdes sin que él pudiera evitarlo y mataba a muchos chicos del colegio, incluyendo a amigos suyos, en busca de los hijos de los héroes.
Todavía no entendía bien lo que le había querido decir su yo del futuro. Estaba muy confuso, su cabeza no paraba de dar vueltas. Cuando volvió a clase después de ir a hablar con el director, no pudo estar atento ni un solo minuto. Su mente viajaba a todas partes en busca de respuestas.
Y aún encima si le sumamos el hecho de que su padre puede que muera en cualquier momento. Eso lo tenía realmente angustiado. Solo le quedaba su padre en el mundo, y si él moría… no sería nada ni nadie.
Pero tomó la decisión de no caer en la tentación de ir al lado de Voldemort por nada del mundo.
- Dios, os juro que no aguanto a Umbridge. Es la persona más insoportable del mundo.
-Bueno, yo os avisé en su momento, lo que llevó a que te cabrearas conmigo, Rose.
-Ya sabes por qué fue aquello.
Por fin nuestro trío había encontrado un lugar donde poder hablar en paz. Tras la comida de ese sábado, los dos chicos habían ido a por su amiga y decirle que esa misma tarde fuera a los lavabos de las chicas donde estaba Myrtle la llorona, y como allí no iba nadie, podían estar completamente solos.
Rose y Scorpius se quedaron en silencio durante un rato. La chica se sentía algo confusa. Esa mañana se había encontrado un par de veces con su nuevo amigo John, y se pararon a hablar.
-¿Quieres que te ayude con algún libro? -le había preguntado él con una enorme sonrisa.
-No, gracias -rió ella.
-¿Y a dónde vas ahora?
-Que cotilla eres, ¿eh?
-¿Y eso es malo?
-Bueno…
-Si no quieres decírmelo, no pasa nada -John no quitaba su sonrisa en ningún momento.
-Simplemente me dirigía a mi sala común. He quedado con unos amigos -dijo refiriéndose a Harry, Ron y Hermione.
-Oh, pues yo también iba a la mía. Qué pena que estén en direcciones contrarias.
-Uy, sí, una pena…
-En fin, me voy, yo también he que quedado -y le guiñó un ojo.
Desde ese momento, Rose se sintió muy rara. Se había olvidado completamente de Scorpius hasta que fue la hora de ir para el baño de las chicas. Se sentía algo culpable, era como si le estuviera traicionando. Pero claro, eso no era posible, porque Rose y Scorpius no eran nada.
-Pues sí, yo también detesto a Umbridge -intervino Albus de pronto.
-Tengo ganas de volver -soltó Scorpius con la cabeza gacha y la mirada perdida. Sus dos amigos lo miraron, sorprendidos porque de pronto se hubiera puesto así-. Echo mucho de menos a mis padres. ¿Qué habrá pasado con ellos? Y si todos están bien. Quizás el Edward Miller del futuro continúe atacando por el castillo.
-Tienes razón. Además, estoy preocupado por mi hermana y por Alice. A ella la extraño mucho -a Albus se le pusieron los ojos rojos. Había sufrido mucho cuando la atacaron, y el estar lejos de ella, lo ponía aún más triste. También, por su hermana, claro. Se preguntaba si James estaría bien.
-Yo espero que a Hugo no le hayan hecho nada -Rose bajó la mirada. En esos instantes lo único que quería era ir a abrazar a su madre y a su padre. Pero no los dos adolescentes de quince años que estaban con ella casi todo el tiempo. No. Ella quería echarse a los brazos de los dos adultos enamorados que le habían dado la vida.
Justo entonces, un sonido parecido al de un estallido procedente de fuera hizo que los tres chicos se sobresaltaran. Corrieron hasta el pasillo y lo que vieron les dejó con la boca abierta. Ante ellos estaba una chica de Hufflepuff tirada en el suelo boca abajo e inconsciente. Se llamaba Marlene y tenía catorce años. Albus y Scorpius se apresuraron a ayudarla mientras que Rose buscaba algún rastro del agresor o algún indicio de pelea. Pero nada, todo estaba vacío. Nada más que estaban ellos cuatro allí. Sin embargo, al lado de una armadura de caballero se encontraba un objeto que brillaba por el reflejo de la luz. La pelirroja se acercó corriendo y pudo ver que no se trataba ni más ni menos que un collar por el que colgaba una especie de estrella. Pero tenía siete puntas y era de cristal. Raro que no se hubiera roto al caer. Probablemente se le había soltado al culpable cuando atacó a esa pobre chica. Rose lo cogió y se lo guardó en el bolsillo.
-¡Rose! -la llamó su primo-. No se despierta.
La chica fue corriendo hasta donde estaban sus dos amigos. Marlene continuaba desmayada y Albus y Scorpius a cada lado. La habían sacudido por los hombros, le dieron palmaditas en la cara, utilizaron hechizos, pero nada de nada. La Hufflepuff no se despertaba.
-Oh, no. Hay que llevarla a la enfermería cuanto antes.
Así pues, los chicos la levantaron y entre los dos la llevaron en brazos hasta la enfermería. Rose iba delante, apartando a todo el mundo, que o bien se los quedaba mirando con cara de incredulidad, o bien se acercaba a ellos preguntando << ¡¿Qué ha pasado?! ¡¿Qué ha pasado?! >>.
Pero el trío no estaba para tonterías en esos momentos. Cuando llegaron a su destino, la pelirroja abrió con fuerza y rapidez la puerta. Madame Pomfrey, veinte años más joven, se acercó corriendo a ellos con cara asustada.
-¿Pueden explicarme ahora mismo qué significa esto?
-No hay tiempo, señora, tenemos que acostarla en una camilla cuanto antes -dijo Albus.
La pusieron con cuidado en una de las camas y la enfermera se acercó a ella con rapidez. Comenzó a examinarla, e intentar diversos hechizos que, al igual que los que utilizaron Potter y Malfoy, nada funcionaba.
-Es imposible, no se despierta -la mujer suspiró-. La tendré en observación toda la noche. Pero primero, explíquenme qué ha pasado.
-Verá -dijo Scorpius-. Íbamos nosotros tres por el pasillo del cuarto piso, cuando de pronto escuchamos una especie de explosión. Corrimos hacia allí y fue entonces cuando la encontramos inconsciente. Nosotros también hemos intentado reanimarla, pero no ha pasado nada. No tiene heridas. Simplemente no se despierta.
-Bueno, haré lo que pueda. Mientras tanto, busquen a McGonnagall y a Dumbledore y díganle que venga corriendo rápidamente. Hay que llamar a los familiares de esta chica cuanto antes.
Los tres salieron de allí en busca de la profesora y el director. Por el camino, no pudieron evitar hablar sobre lo ocurrido.
-El accidente ha sido igual que en nuestra escuela en el futuro -dijo Albus.
-¿Creéis que habrá sido...? -inquirió Scorpius.
-¿Miller? -Rose lo miró-. ¿Y quién iba a ser sino? Está claro que fue él quien lo provocó. Pero, ¿por qué lo haría? Es demasiado pronto.
-No tengo ni la menor idea, pero hay que encontrarlo cuanto antes.
-Yo no lo he visto en todo el día. Andará por ahí escondido. Por cierto -la muchacha se paró en seco y sacó del bolsillo de la túnica el colgante que había visto antes-. Esto lo he encontrado mientras inspeccionaba el pasillo. Estaba al lado de una de las armaduras. A Miller se le debió de caer mientras atacaba a esa pobre chica.
-Vaya -su primo se acercó a ella y cogió el colgante. Lo miró atentamente intentando analizarlo-. Bueno, al menos es algo. Podría ser una pista, significar alguna cosa. Lo mejor será guardárnoslo.
-Sí. Lo tendré yo, ya que fui la que lo encontró. De todas formas tenemos que buscar a Edward y rápido. Cuanta más información tengamos sobre ese chico, mejor.
Albus y Scorpius cruzaron una mirada. Sabían lo que tenían que hacer esa misma noche.
Hola a todos.Ya sé que me he retrasado mucho en subir el capítulo de hoy, bueno, el de ayer más bien. Siento no haber podido subirlo antes, pero es que llegué a casa tardísimo y luego mis padres invitaron a unos amigos a ver el partido de la Champions, pero al menos actualicé lo antes que pude jajaja.Bueno, respecto al capítulo, he de deciros que me saltaré algunas cosas que vienen en el libro de Harry Potter porque prefiero centrarme en mi propia historia, aunque intentaré poner partes de su misión, algunos de los momentos más significativos y alguna que otra cosa como lo de la PEDDO de Herimone xD.Si la idea os gusta o en cambio, no estáis de acuerdo en algunas cosas, podéis dejarme vuestra opinión en los comentarios.En fin, eso es todo, besos a todos y nos leemos el miércoles :)