Los mellizos Potter — capítulo 11
**-**Y aquí acaba el capítulo-dijo Molly-¿Quién lee? ¿Ann?
-Vale, el capítulo se llama **El andén nueve y tres cuartos-**dijo Ann
-Hogwarts-dijeron los merodeadores emocionados
El último mes con los Dursley no fue divertido.
-¿Qué os hicieron?-preguntó Lily
-Nada-dijo Harry
Es cierto que Dudley les tenía miedo y no se quedaban con ellos en la misma habitación, y que tía Petunia y tío Vernon no los encerraban en la alacena ni los obligaban a hacer nada ni les gritaban. En realidad, ni siquiera les dirigían la palabra. Mitad aterrorizados, mitad furiosos, se comportaban como si las sillas que Harry y Ann ocupaba estuvieran vacías. Aunque aquello significaba una mejora en muchos aspectos, después de un tiempo resultaba un poco deprimente.
-Yo lo prefiero-dijo Ann
Harry y Ann se quedaban en su habitación, con sus nuevas lechuzas por compañía. Harry decidió llamar a la suya Hedwig, un nombre que encontró en Una historia de la magia.
-¿De ahí sacaste el nombre?-preguntó Ron
-Si ¿por?-dijo Harry
-Por nada-dijo Ron
Los libros del colegio eran muy interesantes. Por la noche leían en la cama hasta tarde,
-¿Cuándo dejaron de interesaros?-preguntó Hermione a los Potter
Mientras Hedwig y Greeny entraban y salían a su antojo por la ventana abierta. Era una suerte que tía Petunia ya no entrara en la habitación, porque Hedwig y Greeny llevaban ratones muertos. Cada noche, antes de dormir, Harry marcaba otro día en la hoja de papel que tenían en la pared, hasta el uno de septiembre.
El último día de agosto pensaron que era mejor hablar con sus tíos para poder ir a la estación de King Cross, al día siguiente. Así que bajaron al salón, donde estaban viendo la televisión. Ann se aclaró la garganta, para que supieran que estaban allí, y Dudley gritó y salió corriendo.
-No entiendo a este niño-dijo Andrew
—Hum... ¿Tío Vernon?-dijo Harry, tío Vernon gruñó, para demostrar que lo escuchaba.
—Hum... necesitamos estar mañana en King Cross para... para ir a Hogwarts. Tío Vernon gruñó otra vez.
—¿Podría ser que nos lleves hasta allí? Otro gruñido. Ellos interpretaron que quería decir sí.
—Muchas gracias
-La parte buena es que ya domináis el idioma de los gruñidos-dijo Neville riendo
Estaba a punto de volver a subir la escalera, cuando tío Vernon finalmente habló.
—Qué forma curiosa de ir a una escuela de magos, en tren. ¿Las alfombras mágicas estarán todas pinchadas?
-Es para ayudar a que los hijos de muggles, puedan ir sin problemas-dijo McGonagall molesta
Harry y Ann no contestaron nada.
—¿Y dónde queda ese colegio, de todos modos?
—No lo sé —dijo Ann; dándose cuenta de eso por primera vez. Sacó del bolsillo el billete que Hagrid les había dado—. Tenemos que coger el tren que sale del andén nueve y tres cuartos, a las once de la mañana —leyó.
Sus tíos lo miraron asombrados.
—¿Andén qué?
—Nueve y tres cuartos.-leyó Ann
-Se te olvidó decir algo Hagrid-dijo Desmond
—No digas estupideces —dijo tío Vernon—. No hay ningún andén nueve y tres cuartos.
—Eso dice el billete.-dijo Harry
—Equivocados —dijo tío Vernon—. Totalmente locos, todos ellos. Ya lo verás. Tú espera. Muy bien, te llevaremos a King Cross. De todos modos, tenemos que ir a Londres mañana. Si no, no me molestaría.
—¿Por qué vais a Londres? —preguntó Ann tratando de mantener el tono amistoso.
—Llevamos a Dudley al hospital —gruñó tío Vernon—. Para que le quiten esa maldita cola antes de que vaya a Smeltings.
-Parece un cerdo de todos modos-dijo George
A la mañana siguiente, Harry se despertó a las cinco, tan emocionado e ilusionado que no pudo volver a dormir. Se levantó y se puso los tejanos: no quería andar por la estación con su túnica de mago, ya se cambiaría en el tren y cuando fue a coger la cazadora vio que Ann no estaba en su cama y se preocupó, pero al ver una mancha verde cerca de la perta supo que había ido a hacerle una broma a Dudley. Miró otra vez su lista de Hogwarts para estar seguro de que tenía todo lo necesario, se ocupó de meter a Hedwig en su jaula y luego se paseó por la habitación, esperando que Ann llegara.
-Hola-dijo Ann al entrar- es mi último día aquí le he puesto la masa verde en su champú.
Cuando los Dursley se levantaron dos horas más tarde, los pesados baúles de Harry y Ann estaba cargado en el coche de los Dursley y tía Petunia había hecho que Dudley se sentara con Harry y Ann, para poder marcharse.
Llegaron a King Cross a las diez y media. Tío Vernon cargó cada baúl de Harry y Ann en un carrito y los llevó por la estación. Harry pensó que era una rara amabilidad, hasta que tío Vernon se detuvo, mirando los andenes con una sonrisa perversa.
—Bueno, aquí estáis, muchachos. Andén nueve, andén diez... El andén debería estar en el medio, pero parece que aún no lo han construido, ¿no? Tenía razón, por supuesto. Había un gran número nueve, de plástico, sobre un andén, un número diez sobre el otro y, en el medio, nada.
—Que tengais un buen curso —dijo tío Vernon con una sonrisa aún más torva. Se marchó sin decir una palabra más. Harry se volvió y vio que los Dursley se alejaban. Los tres se reían. Harry sintió la boca seca. ¿Qué harían? Estaban llamando la atención, a causa de Hedwig y Greeny. Tendría que preguntarle a alguien.
-Será mala Petunia, ella si sabe entrar-dijo Lily enfadada
Detuvo a un guarda que pasaba, pero no se atrevió a mencionar el andén nueve y tres cuartos. El guarda nunca había oído hablar de Hogwarts, y cuando ni Harry ni Ann pudieron decirle en qué parte del país quedaba, comenzó a molestarse, como si pensara que Harry y Ann se hacían los tontos a propósito. Sin saber qué hacer, Harry le preguntó por el tren que salía a las once, pero el guarda le dijo que no había ninguno. Al final, el guarda se alejó, murmurando algo sobre la gente que hacía perder el tiempo. Según el gran reloj que había sobre la tabla de horarios de llegada, tenían diez minutos para coger el tren a Hogwarts y no tenían idea de qué podían hacer. Estaban en medio de la estación con dos baúles que casi no podían transportar, un bolsillo lleno de monedas de mago y dos jaulas con dos lechuzas. Hagrid debió de olvidar decirles algo que tenían que hacer, como dar un golpe al tercer ladrillo de la izquierda para entrar en el callejón Diagon. Se preguntaron si deberían sacar sus varitas y comenzar a golpear la taquilla, entre los andenes nueve y diez.
-Esta parte da mucha vergüenza-dijo Ann sonrojada mirando a Fred que también estaba rojo
En aquel momento, un grupo de gente pasó por su lado y captó unas pocas palabras. —... lleno de muggles, por supuesto...Se volvieron para verlos. La que hablaba era una mujer regordeta, que se dirigía a cuatro muchachos, todos con pelo de llameante color rojo. Cada uno empujaba un baúl, como ellos, y llevaban una lechuza.
-Vamos con ellos- dijo Ann corriendo hacia ellos pero tropezó con su propio carrito y si no fuera por un pelirrojo que le cogió justo a tiempo se hubiera caído.
George no pudo más y se puso a reírse a carcajadas.
-Gracias, buenos reflejos-dijo Ann tan roja como su pelo
-Eso es por las veces que he tenido que escapar del conserje-dijo el pelirrojo riendo-De nada. Soy Fred Weasley y este es mi gemelo George-dijo levantando a Ann
-Yo soy Ann y este es mi mellizo Harry-dijo Ann
-Si te cuesta diferenciarnos al principio es normal, es cuestión de tiempo-dijo George
-A Fred le brillan más los ojos que a ti y tú eres un poco más alto que Fred-dijo Ann
-Impresionante-dijeron los gemelos al unísono
-Fred te toca-dijo su madre
-Esperad y veréis. Yo no soy Fred él es Fred-dijo Fred señalando a George
-Y tú te consideras llamar nuestra madre-dijo George negando con la cabeza
-Oye, me los regalas-dijo James a Molly riendo
-Yo creo que son más tus hijos que los míos-dijo Molly
-Perdona George-dijo su madre
-Era una broma yo soy Fred-dijo, se fue corriendo y riendo, atravesó la pared que había entre los andenes 9 y 10, seguido de su gemelo.
-Disculpa, señora-dijo Harry-Nos podría decir…
—Hola, queridos —dijo—. Primer año en Hogwarts, ¿no? Ron también es nuevo. Señaló al último y menor de sus hijos varones. Era alto, flacucho y pecoso, con manos y pies grandes y una larga nariz. ¿Os digo como entrar al andén?—preguntó bondadosamente, y Harry asintió con la cabeza. —No os preocupéis —dijo—. Lo único que tienes que hacer es andar recto hacia la barrera que está entre los dos andenes. No os detengáis y no tengáis miedo de chocar, eso es muy importante. Lo mejor es ir deprisa, si estáis nerviosos. Id antes que Ron.
—Hum... De acuerdo —dijo Harry. Empujó su carrito y se dirigió hacia la barrera con Ann siguiéndole los talones. Parecía muy sólida. Comenzó a andar. La gente que andaba a su alrededor iba al andén nueve o al diez. Fue más rápido. Iba a chocar contra la taquilla y tendría problemas. Se inclinó sobre el carrito y comenzó a correr (la barrera se acercaba cada vez más). Ya no podía detenerse (el carrito estaba fuera de control), ya estaba allí... Cerró los ojos, preparado para el choque...
-A mi paso igual el primer día-dijo Kaily
Pero nunca llegó, al salir pudo ver a Ann detrás de él señalando un letrero en el que ponía: «Expreso de Hogwarts, 11 h». Miraron hacia atrás y vio una arcada de hierro donde debía estar la taquilla, con las palabras «Andén Nueve y Tres Cuartos». Lo habían logrado
Ann se giró estaba súper emocionada; había
-Esto no lo voy a leer-dijo Ann
-Tienes que leerlo-dijo Mallory-Es súper gracioso
-Cállate-dijo Ann roja a más no poder-No lo voy a leer
-Léelo-dijeron todos
-Vale, como alguien mate a alguien no es mi culpa-dijo Ann y continuó leyendo
Visto a unos chicos muy peculiares (Mallory arqueo una ceja pero no tuvo tiempo de replicar porque Ann continuó)y a una familia muy curiosa, sin saber porque lo estaba haciendo buscó a Fred y George con la mirada y los encontró hablando con su madre; bueno solo George estaba hablando con su madre, Fred estaba mirándola y cuando vio que los había visto le saludó con la mano y volvió a su conversación
-Qué raro…-murmuró Ann
-¿Qué has dicho?-dijo Harry
-Nada, nada-dijo Ann
-Anda vamos a dejar los baúles-dijo Harry y cogió a Ann del brazo
Los primeros vagones ya estaban repletos de estudiantes, algunos asomados por las ventanillas para hablar con sus familiares, otros discutiendo sobre los asientos que iban a ocupar. Harry y Ann empujaron sus carritos por el andén, buscando un asiento vacío. Pasó al lado de un chico de cara redonda que decía:
—Abuelita, he vuelto a perder mi sapo.
-¿Quién será?-dijo Luna y Neville se sonrojó
—Oh, Neville —oyó que suspiraba la anciana.
Un muchacho de pelos tiesos estaba rodeado por un grupo.
—Déjanos mirar, Lee, vamos. El muchacho levantó la tapa de la caja que llevaba en los brazos, y los que lo rodeaban gritaron cuando del interior salió una larga cola peluda.
Harry y Ann se abrieron paso hasta que encontraron un compartimiento vacío, cerca del final del tren. Primero pusieron a Hedwig y a Greeny, y luego comenzaron a empujar los baúles hacia la puerta del vagón. Trataeon de subirlos por los escalones, pero sólo lo pudieron levantar un poco antes de que se cayera golpeándole un pie.
—¿Quieres que te eche una mano? —Era uno de los gemelos pelirrojos, a los que había seguido a través de la barrera de los andenes.
—Sí, por favor, George—jadeó Ann.
—¡Eh, Fred! ¡Ven a ayudar! Con la ayuda de los gemelos, los baúles de Harry y Ann finalmente quedó en un rincón del compartimiento.
—Gracias de nuevo —dijo Ann, mientras Harry se quitaba de los ojos el pelo húmedo.
—Tranquila cuando necesitéis ayuda pedídnosla-dijo Fred sonriendo-Por cierto buena caja de bromas, algún día podrías ayudarnos. Y Ann rió
-¿Qué es eso? —dijo de pronto George, señalando la brillante cicatriz de Harry
—Vaya—dijo Fred—. ¿Eres tú...?
—Es él —dijo George—. Eres tú, ¿no? —se dirigió a Harry.
—¿Quién? —preguntó Harry.
—Harry Potter —respondieron a coro.
—Oh, él —dijo Harry—. Quiero decir, sí, soy yo. Los dos muchachos lo miraron boquiabiertos y Harry sintió que se ruborizaba. Entonces, para su alivio, una voz llegó a través de la puerta abierta del compartimiento.
-Te dijimos que era él mama-dijo Fred
-Y tú dijiste que lo molestábamos-dijo George indignado
—¿Fred? ¿George? ¿Estáis ahí?
—Ya vamos, mamá. Con una última mirada a Harry, los gemelos saltaron del vagón. Harry y Ann se sentaron al lado de la ventanilla. Desde allí, medio ocultos, podían observar a la familia de pelirrojos en el andén y oír lo que decían. La madre acababa de sacar un pañuelo. —Ron, tienes algo en la nariz. El menor de los varones trató de esquivarla, pero la madre lo sujetó y comenzó a frotarle la punta de la nariz.
Hermione comenzó a reírse y Ron le mandó una mirada fulminante
—Mamá, déjame —exclamó apartándose.
—¿Ah, el pequeñito Ronnie tiene algo en su naricita? —dijo Fred.
—Cállate —dijo Ron.
—¿Dónde está Percy? —preguntó la madre. —Ahí viene. El mayor de los muchachos se acercaba a ellos. Ya se había puesto la ondulante túnica negra de Hogwarts, y notaron que tenía una insignia plateada en el pecho, con la letra P
—No me puedo quedar mucho, mamá —dijo—. Estoy delante, los prefectos tenemos dos compartimientos...
—Oh, ¿tú eres un prefecto, Percy? —dijo George, con aire de gran sorpresa—. Tendrías que habérnoslo dicho, no teníamos idea.
—Espera, creo que recuerdo que nos dijo algo —dijo Fred—. Una vez...
—O dos...
—Un minuto...
—Todo el verano...
—Oh, callaos —dijo Percy, el prefecto.
—Y de todos modos, ¿por qué Percy tiene túnica nueva? —George.
—Porque él es un prefecto—dijo afectuosamente la madre—. Muy bien, cariño, que tengas un buen año. Envíame una lechuza cuando llegues allá. Besó a Percy en la mejilla y el muchacho se fue. Luego se volvió hacia los gemelos.
—Ahora, vosotros dos... Este año os tenéis que portar bien. Si recibo una lechuza más diciéndome que habéis hecho... estallar un inodoro o...
—¿Hacer estallar un inodoro? Nosotros nunca hemos hecho nada de eso.
—Pero es una gran idea, mamá. Gracias
-Estos niños son graciosísimos-dijo Gideon
-Ya te digo Gideon-dijo Fabian
—No tiene gracia. Y cuidad de Ron.
—No te preocupes, el pequeño Ronnie estará seguro con nosotros.
—Cállate —dijo otra vez Ron. Era casi tan alto como los gemelos y su nariz todavía estaba rosada, en donde su madre la había frotado.
—Eh, mamá, ¿adivinas a quién acabamos de ver en el tren? Harry se agachó rápidamente para que no lo descubrieran.
—¿Os acordáis de ese muchacho de pelo negro que estaba cerca de nosotros, en la estación? ¿Sabéis quién es?
—¿Quién?
—¡Harry Potter! Oyeron la voz de la niña.
—Mamá, ¿puedo subir al tren para verlo? ¡Oh, mamá, por favor...!
—Ya lo has visto, Ginny y, además, el pobre chico no es algo para que lo mires como en el zoológico. ¿Es él realmente, Fred? ¿Cómo lo sabes?
—Se lo pregunté. Vi su cicatriz. Está realmente allí... como iluminada.
—Pobrecillo... No es raro que esté solo. Fue tan amable cuando me preguntó cómo llegar al andén...
—Eso no importa. ¿Crees que él recuerda cómo era Quien-tú-sabes?
La madre, súbitamente, se puso muy seria.
—Te prohíbo que le preguntes, Fred. No, no te atrevas. Como si necesitara que le recuerden algo así en su primer día de colegio.
—Está bien, quédate tranquila.
-Que pequeñaja que estabas Ginny-dijo Josh
-Me conociste un año después, tampoco lo era tanto-dijo Ginny
Se oyó un silbido.
—Daos prisa —dijo la madre, y los tres chicos subieron al tren. Se asomaron por la ventanilla para que los besara y la hermanita menor comenzó a llorar.
—No llores, Ginny, vamos a enviarte muchas lechuzas.
—Y un inodoro de Hogwarts.
—¡George!
—Era una broma, mamá. El tren comenzó a moverse. Vieron a la madre de los muchachos agitando la mano y a la hermanita, mitad llorando, mitad riendo, corriendo para seguir al tren, hasta que éste comenzó a acelerar y entonces se quedó saludando. Harry observó a la madre y la hija hasta que desaparecieron, cuando el tren giró. Las casas pasaban a toda velocidad por la ventanilla. Sintieron una ola de excitación. No sabían lo que iba a pasar... pero sería mejor que lo que dejaban atrás. La puerta del compartimiento se abrió y entró el menor de los pelirrojos.
—¿Hay alguien sentado ahí? —preguntó, señalando el asiento del lado a Harry—. Todos los demás vagones están llenos.
-Eso fue el inicio de muchas cosas-dijo Ron abrazando a Harry por los hombros
Harry negó con la cabeza y el muchacho se sentó. Lanzó una mirada a Harry y luego desvió la vista rápidamente hacia la ventanilla, como si no lo hubiera estado observando. Harry notó que todavía tenía una mancha negra en la nariz.
—Eh, Ron. Los gemelos habían vuelto.
—Mira, nosotros nos vamos a la mitad del tren, porque Lee Jordan tiene una tarántula gigante y vamos a verla.
—De acuerdo —murmuró Ron.
-Una tarántula gigante-dijo Ann asombrada.
-Creía que no te gustaban las arañas-dijo Harry extrañado
-Me gustan más las tarántulas porque son más peluditas-dijo Ann-¿Puedo ir con vosotros?
-Guay-dijo Fred, Harry vio que el gemelo iba a replicar pero se calló por la mirada de solsayo de Fred
-Enseguida vuelvo Harry-dijo Ann y se fue por la puerta, junto los gemelos
**-**Yo creo que a ti te gustaba algo más que la tarántula-le susurró Hermione en un oído a Ann
—Hasta luego —dijeron Harry y Ron. Los gemelos y Ann salieron y cerraron la puerta.
—¿Eres realmente Harry Potter? —dejó escapar Ron. Harry asintió.
-¡Ron!-dijo Molly-Te dije que no se lo preguntaras
-Perdona mama-dijo Ron
—Oh... bien, pensé que podía ser una de las bromas de Fred y George — dijo Ron—. ¿Y realmente te hiciste eso... ya sabes...? Señaló la frente de Harry. Harry se levantó el flequillo para enseñarle la luminosa cicatriz. Ron la miró con atención.
—¿Así que eso es lo que Quien-tú-sabes...?
—Sí —dijo Harry—, pero no puedo recordarlo.
—¿Nada? —dijo Ron en tono anhelante.
—Bueno... recuerdo una luz verde muy intensa, pero nada más.
—Vaya —dijo Ron. Contempló a Harry durante unos instantes y luego, como si se diera cuenta de lo que estaba haciendo, con rapidez volvió a mirar por la ventanilla.
—¿Sois una familia de magos? —preguntó Harry, ya que encontraba a Ron tan interesante como Ron lo encontraba a él.
-¿En serio?-dijo Ron asombrado-porque yo no me encuentro tan interesante
-No tenía ni idea sobre la magia, y tu familia era de magos-dijo Harry
—Oh, sí, eso creo —respondió Ron—. Me parece que mamá tiene un primo segundo que es contable, pero nunca hablamos de él.
—Entonces ya debes de saber mucho sobre magia. Era evidente que los Weasley eran una de esas antiguas familias de magos de las que había hablado el pálido muchacho del callejón Diagon.
—Oí que te habías ido a vivir con muggles —dijo Ron—. ¿Cómo son?
—Horribles... Bueno, no todos ellos. Mi tía, mi tío y mi primo sí lo son. Me hubiera gustado tener tres hermanos magos y no solo a mi hermana.
—Cinco —corrigió Ron. Por alguna razón parecía deprimido—. Soy el sexto en nuestra familia que va a asistir a Hogwarts. Podrías decir que tengo el listón muy alto. Bill y Charlie ya han terminado. Bill era delegado de clase y Charlie era capitán de quidditch. Ahora Percy es prefecto. Fred y George son muy revoltosos, pero a pesar de eso sacan muy buenas notas y todos los consideran muy divertidos. Todos esperan que me vaya tan bien como a los otros, pero si lo hago tampoco será gran cosa, porque ellos ya lo hicieron primero. Además, nunca tienes nada nuevo, con cinco hermanos. Me dieron la túnica vieja de Bill, la varita vieja de Charles y la vieja rata de Percy. Ron buscó en su****chaqueta y sacó una gorda rata gris, que estaba dormida.
Muchos del gran comedor gruñeron
—Se llama Scabbers y no sirve para nada, casi nunca se despierta. A Percy, papá le regaló una lechuza, porque lo hicieron prefecto, pero no podían comp... Quiero decir, por eso me dieron a Scabbers. Las orejas de Ron enrojecieron. Parecía pensar que había hablado demasiado, porque otra vez miró por la ventanilla. Harry no creía que hubiera nada malo en no poder comprar una lechuza. Después de todo, él nunca había tenido dinero en toda su vida, hasta un mes atrás, así que le contó a Ron que había tenido que llevar la ropa vieja de Dudley y que nunca le hacían regalos de cumpleaños. Eso pareció animar a Ron.
—... y hasta que Hagrid me lo contó, yo no tenía idea de que era mago, ni sabía nada de mis padres o Voldemort... Ron bufó.
—¿Qué? —dijo Harry. —Has pronunciado el nombre de Quien-tú-sabes —dijo Ron, tan conmocionado como impresionado—. Yo creí que tú, entre todas las personas...
—No estoy tratando de hacerme el valiente, ni nada por el estilo, al decir el nombre —dijo Harry—. Es que no sabía que no debía decirlo. ¿Ves lo que te decía? Tengo muchísimas cosas que aprender... Seguro —añadió, diciendo por primera vez en voz alta algo que últimamente lo preocupaba mucho—, seguro que seré el peor de la clase.
—No será así. Hay mucha gente que viene de familias muggles y aprende muy deprisa.
-Yo se me dos ejemplos-dijo Audrey
-Mallory y Hermione-gritó a coro el gran comedor
Mientras en el otro compartimento:
-Permiso-dijo Fred-Vamos a ver la tarántula
-¿Quién es vuestra amiga chicos?-dijo Lee sonriendo pícaramente
-Es Ann Potter-dijo George, todo el vagón se calló de repente y Ann enrojeció
-Tú eres la niña rara-dijo Lee asombrado
-Hombre, muchas gracias-dijo Ann un poco molesta
-Se refiere a que tú fuiste la niña que se quedó flotando la noche en la que tus padres murieron-dijo una chica morena con trenzas-Hola, soy Angelina Johnson-dijo y le estrechó la mano
-Yo soy, Alicia-dijo una chica morena de piel con el pelo negro y también le estrechó la mano
-Yo soy Lee Jordan-dijo Lee y le estrechó la mano
-Ya sabía que tú te llamabas Lee-dijo Ann y al segundo se encontró dándole la mano a todos los que estaban en el vagón, como días antes había pasado en el Caldero Chorreante
-Eso es lo que pasa por ser famosa-dijo Hagrid
-¿Puedo ver la tarántula?-preguntó Ann, después de haber le estrechado la mano a todos
-Claro, mírala-dijo Lee y Ann la miró
-Que chula-dijo Ann-¿Me la podrás dejar algún día para hacer un broma?
-Así que eres bromista, tú y yo nos lo vamos a pasar genial, ¿verdad, chicos?-le dijo a los gemelos
-Es de los nuestros-dijo Fred
-Ya te dijo -dijo George
-Anda vamos a llevarte a tu vagón-dijo Fred
-Yo me quedo aquí acompáñala tu-dijo George
-Vale, ¿Vienes?-y le hizo una exagerada reverencia
-Claro-rió ella y se fueron al compartimento de Harry y Ron
-Debe de ser divertido tener 3 hermanos-dijo Ann para romper el silencio
-Somos 7, 6 chicos y una chica, somos Bill que ya ha acabado Hogwarts y trabaja en Egipto quitando maldiciones para Gringotts, Charlie trabaja en Rumania domando dragones, Percy es el prefecto perfecto…
-¿Qué es ser…?
-¿Prefecto?, ser alguien inteligente que nunca rompe las normas…
-Mentira, yo las rompo las reglas y no soy inteligente y soy prefecto-dijo Ron
-Y yo también rompo las reglas-dijo Hermione
-Entonces yo no voy a serlo-dijo Ann riendo
-Bah, eso da asco-dijo haciendo una mueca-luego vamos nosotros, que yo soy más mayor que George, por cierto, luego Ron que tiene tu edad y luego Ginny que es un año más pequeña que tú
-¿Tu cuántos años tienes?-dijo Ann
-Yo, trece-dijo Fred-Soy dos años más mayor que tú. Voy a hacer tercero. Se paró en un compartimento-Es aquí, adiós
-Adiós-dijo Ann y entró en el vagón- Hola chicos
**-Hola, Ann-dijeron al unísono.**Mientras conversaban, el tren había pasado por campos llenos de vacas y ovejas. Se quedaron mirando un rato, en silencio, el paisaje.
A eso de las doce y media se produjo un alboroto en el pasillo, y una mujer de cara sonriente, con hoyuelos, se asomó y les dijo:
—¿Queréis algo del carrito, guapos? Harry y Ann, que no habían desayunado, se levantaron de un salto, pero las orejas de Ron se pusieron otra vez coloradas y murmuró que había llevado bocadillos. Harry y Ann salieron al pasillo. Cuando vivía con los Dursley nunca habían tenido dinero para comprarse golosinas y, puesto que tenía los bolsillos repletos de monedas de oro, plata y bronce, estaban listos para comprarse todas las barras de chocolate que pudiera llevar. Pero la mujer no tenía Mars. En cambio, tenía Grageas Bertie Bott de Todos los Sabores, chicle, ranas de chocolate, empanada de calabaza, pasteles de caldero, varitas de regaliz y otra cantidad de cosas extrañas que Harry y Ann no habían visto en su vida. Como no deseaban perderse nada, compró un poco de todo y pagó a la mujer once sickles de plata y siete knuts de bronce. Ron lo miraba asombrado, mientras Harry depositaba sus compras sobre un asiento vacío.
—Teníais hambre, ¿verdad?
—Muchísima —dijo Harry, dando un mordisco a una empanada de calabaza y Ann a un pastel de caldero. Ron había sacado un arrugado paquete, con cuatro bocadillos. Separó uno y dijo: —Mi madre siempre se olvida de que no me gusta la carne en conserva.
-Lo siento, cielo-dijo Molly y se le derramaron varias lágrimas
-No es tu culpa Molly, con 7 hijos es difícil acordarse de todo-dijo Arthur
-No pasa nada mama-dijeron sus hijos
—Te la cambio por uno de éstos —dijo Ann, alcanzándole un pastel—. Sírvete...
—No te va a gustar, está seca —dijo Ron—. Ella no tiene mucho tiempo — añadió rápidamente—... Ya sabes, con nosotros cinco.
—Vamos, sírvete un pastel —dijo Ann, era divertido estar con Ron comiendo pasteles y dulces (los bocadillos habían quedado olvidados)
-Y yo los hago para nada-dijo Molly negando con la cabeza
—¿Qué son éstos? —preguntó Harry a Ron, cogiendo un envase de ranas de chocolate—. No son ranas de verdad, ¿no?—Comenzaba a sentir que nada podía sorprenderlo.
—No —dijo Ron—. Pero mira qué cromo tiene. A mí me falta Agripa.
—¿Qué?-preguntó Ann
—Oh, por supuesto, no debeis saber... Las ranas de chocolate llevan cromos, ya sabeis, para coleccionar, de brujas y magos famosos. Yo tengo como quinientos, pero no consigo ni a Agripa ni a Ptolomeo. Harry desenvolvió su rana de chocolate y sacó el cromo. En él estaba impreso el rostro de un hombre. Llevaba gafas de media luna, tenía una nariz larga y encorvada, cabello plateado suelto, barba y bigotes. Debajo de la foto estaba el nombre: Albus Dumbledore.
—¡Así que éste es Dumbledore! —dijo Harry.
—¡No me digas que nunca has oído hablar de Dumbledore! —dijo Ron—. ¿Puedo servirme una rana? Podría encontrar a Agripa... Gracias...
-Como no Ron y sus cromos-dijo Hermione negando con la cabeza
Harry dio la vuelta a la tarjeta y leyó: Albus Dumbledore, actualmente director de Hogwarts. Considerado por casi todo el mundo Como el más grande mago del tiempo presente, Dumbledore es particularmente famoso por derrotar al mago tenebroso Grindelwald en 1945, por el descubrimiento de las doce aplicaciones de la sangre de dragón, y por su trabajo en alquimia con su compañero Nicolás Flamel. El profesor Dumbledore es aficionado a la música de cámara y a los bolos.
-Mira, que nos costó averiguarlo, ¿eh?-dijo Ann
Harry dio la vuelta otra vez al cromo y vio, para su asombro, que el rostro de Dumbledore había desaparecido.
—¡Ya no está!
—Bueno, no iba a estar ahí todo el día —dijo Ron—. Ya volverá. Vaya, me ha salido otra vez Morgana y ya la tengo seis veces repetida... ¿No la quieres? Puedes empezar a coleccionarlos. Los ojos de Ron se perdieron en las ranas de chocolate, que esperaban que las desenvolvieran.
—Sírvete —dijo Ann—. Pero oye, en el mundo de los muggles la gente se queda en las fotos.
—¿Eso hacen? Cómo, ¿no se mueven? —Ron estaba atónito—. ¡Qué raro!
-Mira, que los muggles son raros, tú mismo lo has dicho Weasley-dijo Draco Malfoy
-El ha dicho que los muggles son raros no malos-dijo Mallory lanzándole una mirada de odio
Harry y Ann lo miraron asombrado, mientras Dumbledore regresaba al cromo y les dedicaba una sonrisita. Ron estaba más interesado en comer las ranas de chocolate que en buscar magos y brujas famosos, pero Harry no podía apartar la vista de ellos. Muy pronto tuvo no sólo a Dumbledore y Morgana, sino también a Ramón Llull, al rey Salomón, Circe, Paracelso y Merlín. Hasta que Ann finalmente apartó la vista de la druida Cliodna, que se rascaba la nariz, para abrir una bolsa de grageas de todos los sabores.
—Tienes que tener cuidado con ésas —lo previno Ron—. Cuando dice «todos los sabores», es eso lo que quiere decir. Ya sabes, tienes todos los comunes, como chocolate, menta y naranja, pero también puedes encontrar espinacas, hígado y callos. George dice que una vez encontró una con sabor a duende.
-Y se lo cree-dijo George riendo
-Ay, Ron que inocente eres-dijo Fred riendo
Ron eligió una verde, la observó con cuidado y mordió un pedacito.
—Puaj... ¿Ves? Coles. Pasaron un buen rato comiendo las grageas de todos los sabores. Encontraron tostadas, coco, judías cocidas, fresa, curry, hierbas, café, sardinas y fueron lo bastante valientes para morder la punta de una gris, que Ron no quiso tocar y resultó ser pimienta. En aquel momento, el paisaje que se veía por la ventanilla se hacía más agreste. Habían desaparecido los campos cultivados y aparecían bosques, ríos serpenteantes y colinas de color verde oscuro. Se oyó un golpe en la puerta del compartimiento, y entró el muchacho de cara redonda que Harry había visto al pasar por el andén nueve y tres cuartos. Parecía muy afligido.
—Perdón —dijo—. ¿Por casualidad no habréis visto un sapo? Cuando los dos negaron con la cabeza, gimió. —¡La he perdido! ¡Se me escapa todo el tiempo!
—Ya aparecerá —dijo Harry.
—Sí —dijo el muchacho apesadumbrado—. Bueno, si la veis... Se fue.
—No sé por qué está tan triste —comentó Ron—. Si yo hubiera traído un sapo lo habría perdido lo más rápidamente posible. Aunque en realidad he traído a Scabbers, así que no puedo hablar. La rata seguía durmiendo en las rodillas de Ron.
—Podría estar muerta y no notarías la diferencia —dijo Ron con disgusto— . Ayer traté de volverla amarilla para hacerla más interesante, pero el hechizo no funcionó. Te lo voy a enseñar, mira... Revolvió en su baúl y sacó una varita muy gastada. En algunas partes estaba astillada y, en la punta, brillaba algo blanco. —Los pelos de unicornio casi se salen. De todos modos... Acababa de coger la varita cuando la puerta del compartimiento se abrió otra vez. Había regresado el chico del sapo, pero llevaba a una niña con él. La muchacha ya llevaba la túnica de Hogwarts.
—¿Alguien ha visto un sapo? Neville perdió uno —dijo. Tenía voz de mandona, mucho pelo color castaño y los dientes de delante bastante largos.
-¿Eso es lo que pensabais de mi?-dijo Hermione
-Si-dijeron los tres en susurró
—Ya le hemos dicho que no —dijo Ron, pero la niña no lo escuchaba. Estaba mirando la varita que tenía en la mano. —Oh, ¿estás haciendo magia? Entonces vamos a verlo. Se sentó. Ron pareció desconcertado.
—Eh... de acuerdo. —Se aclaró la garganta—. «Rayo de sol, margaritas, volved amarilla a esta tonta ratita.» Agitó la varita, pero no sucedió nada. Scabbers siguió durmiendo, tan gris como siempre.
—¿Estás seguro de que es el hechizo apropiado? —preguntó la niña—. Bueno, no es muy efectivo, ¿no? Yo probé unos pocos sencillos, sólo para practicar, y funcionaron. Nadie en mi familia es mago, fue toda una sorpresa cuando recibí mi carta, pero también estaba muy contenta, por supuesto, ya que ésta es la mejor escuela de magia, por lo que sé. Ya me he aprendido todos los libros de memoria, desde luego, espero que eso sea suficiente... Yo soy Hermione Granger. ¿Y vosotros quiénes sois?-Dijo todo aquello muy rápidamente. Harry y Ann miraron a Ron y se calmaron al ver en su rostro aturdido que él tampoco se había aprendido todos los libros de memoria.
**-**Ahí nos conocimos, pero quizá no del modo más apropiado-dijo Hermione
—Yo soy Ron Weasley —murmuró Ron.
—Harry Potter —dijo Harry.
-Ann Potter-dijo Ann
—¿Sois vosotros realmente? —dijo Hermione—. Lo sé todo sobre vosotros, por supuesto, conseguí unos pocos libros extra para prepararme más y figuráis en Historia de la magia moderna, Defensa contra las Artes Oscuras y Grandes eventos mágicos del siglo XX.
—¿Estamos en un libro? —dijo Ann, sintiéndose mareada.
—Dios mío, no lo sabéis. Yo en vuestro lugar habría buscado todo lo que pudiera —dijo Hermione—. ¿Sabéis a qué casa vais a ir? Estuve preguntando por ahí y espero estar en Gryffindor, parece la mejor de todas. Oí que Dumbledore estuvo allí, pero supongo que Ravenclaw no será tan mala... De todos modos, es mejor que sigamos buscando el sapo de Neville. Y vosotros dos deberíais cambiaros ya, vamos a llegar pronto. Y se marchó, llevándose al chico sin sapo.
—Cualquiera que sea la casa que me toque, espero que ella no esté —dijo Ron.
-Me parece que ahora no te parece tan mala-le susurró Ginny al oído de su hermano
Arrojó su varita al baúl—. Qué hechizo más estúpido, me lo dijo George. Seguro que era falso.
-Otro punto para los gemelos-dijeron al unísono
—¿En qué casa están tus hermanos? —preguntó Harry
—Gryffindor —dijo Ron. Otra vez parecía deprimido—. Mamá y papá también estuvieron allí. No sé qué van a decir si yo no estoy. No creo que Ravenclaw sea tan mala, pero imagina si me ponen en Slytherin.
—¿Esa es la casa en la que Vol... quiero decir Quien-tú-sabes... estaba? -preguntó Ann
—Ajá —dijo Ron. Se echó hacia atrás en el asiento, con aspecto abrumado.
—¿Sabes? Me parece que las puntas de los bigotes de Scabbers están un poco más claras—dijo Harry, tratando de apartar la mente de Ron del tema de las casas—. Y, a propósito, ¿qué hacen ahora tus hermanos mayores? Harry y Ann se preguntaban qué hacía un mago, una vez que terminaba el colegio.
—Charlie está en Rumania, estudiando dragones, y Bill está en África, ocupándose de asuntos para Gringotts —explicó Ron—. ¿Te enteraste de lo que pasó en Gringotts? Salió en El Profeta, pero no creo que las casas de los muggles lo reciban: trataron de robar en una cámara de alta seguridad. Harry se sorprendió.
—¿De verdad? ¿Y qué les ha sucedido?-preguntó Ann
—Nada, por eso son noticias tan importantes. No los han atrapado. Mi padre dice que tiene que haber un poderoso mago tenebroso para entrar en Gringotts, pero lo que es raro es que parece que no se llevaron nada. Por supuesto, todos se asustan cuando sucede algo así, ante la posibilidad de que Quien-tú-sabes esté detrás de ello. Repasaron las noticias en su cabeza. Había comenzado a sentir una punzada de miedo cada vez que mencionaban a Quien-tú-sabes. Suponía que aquello era una parte de entrar en el mundo mágico, pero era mucho más agradable poder decir «Voldemort» sin preocuparse.
—¿Cuál es vuestro equipo de quidditch? —preguntó Ron.
—Eh... no conocemos ninguno —confesó Harry.
-Sí, claro-dijo Draco-eres el jugador más joven del siglo y no conoces ninguno
-Es verdad-dijo Harry cruzándose de brazos
—¿Cómo? —Ron pareció atónito—. Oh, ya veréis, es el mejor juego del mundo... —Y se dedicó a explicarle todo sobre las cuatro pelotas y las posiciones de los siete jugadores, describiendo famosas jugadas que había visto con sus hermanos y la escoba que le gustaría comprar si tuviera el dinero. Le estaba explicando los mejores puntos del juego, cuando otra vez se abrió la puerta del compartimiento, pero esta vez no era Neville, el chico sin sapo, ni Hermione Granger. Entraron tres muchachos, y reconocieron de inmediato al del medio: era el chico pálido de la tienda de túnicas de Madame Malkin.
-Me podríais reconocer de otra manera ¿sabéis?-dijo Draco Malfoy
Miraba a Harry y a Ann con mucho más interés que el que había demostrado en el callejón Diagon.
-¿Qué haces aquí?-preguntó Ann desafiante
—¿Es verdad? —preguntó pasando de la pregunta de Ann—. Por todo el tren están diciendo que Harry y Ann Potter están en este compartimento. Así que sois vosotros, ¿no?
—Sí —respondió Ann mirando hacia la ventana. Los otros muchachos. Ambos eran corpulentos y parecían muy vulgares. Situados a ambos lados del chico pálido, parecían guardaespaldas.
—Oh, éste es Crabbe y éste Goyle —dijo el muchacho pálido con despreocupación, al darse cuenta de que Harry los miraba—. Y mi nombre es Malfoy, Draco Malfoy Ron dejó escapar una débil tos, que podía estar ocultando una risita. Draco (dragón) Malfoy lo miró. —Te parece que mi nombre es divertido, ¿no? No necesito preguntarte quién eres. Mi padre me dijo que todos los Weasley son pelirrojos, con pecas y más hijos que los que pueden mantener.
-Pues al menos no somos unos asquerosos mortífagos-dijo Bill mirando con asco a Lucius
Se volvió hacia Harry.
—Muy pronto descubrirás que algunas familias de magos son mucho mejores que otras, Potter. No querrás hacerte amigo de los de la clase indebida. Yo puedo ayudarte en eso. Extendió la mano, para estrechar la de Harry; pero Harry no la aceptó, por como Ann miraba a Malfoy era obvio que no le caía bien.
—Creo que puedo darme cuenta solo de cuáles son los indebidos, gracias —dijo con frialdad. Draco Malfoy no se ruborizó, pero un tono rosado apareció en sus pálidas mejillas.
—Yo tendría cuidado, si fuera tú, Potter —dijo con calma—. A menos que seas un poco más amable, vas a ir por el mismo camino que tus padres. Ellos tampoco sabían lo que era bueno para ellos. Tú sigue con gentuza como los Weasley y ese Hagrid y terminarás como ellos. Harry y Ron se levantaron al mismo tiempo. El rostro de Ron estaba tan rojo como su pelo.
—Repite eso —dijo Ann
—Oh, vais a pelear con nosotros, ¿eh? —se burló Malfoy.
-Perfectamente puedo hacerlo-dijo con la cara roja de ira
-No deberías haberle provocado Malfoy-dijo Fred sonriendo a Ann
—Si no os vais ahora mismo... —dijo Harry, con más valor que el que sentía, porque Crabbe y Goyle eran mucho más fuertes que Ann.
—Pero nosotros no tenemos ganas de irnos, ¿no es cierto, muchachos? Nos hemos comido todo lo que llevábamos y vosotros parece que todavía tenéis algo. Goyle se inclinó para coger una rana de chocolate del lado de Ron. El pelirrojo saltó hacia él, pero antes de que pudiera tocar a Goyle, el muchacho dejó escapar un aullido terrible, Ann le había dado una bofetada en toda la costilla y además Scabbers, la rata, colgaba del dedo de Goyle, con los agudos dientes clavados profundamente en sus nudillos. Crabbe y Malfoy retrocedieron mientras Goyle agitaba la mano para desprenderse de la rata, gritando de dolor, hasta que, finalmente, Scabbers salió volando, chocó contra la ventanilla y los tres muchachos desaparecieron. Tal vez pensaron que había más ratas entre las golosinas, o quizás oyeron los pasos porque, un segundo más tarde, Hermione Granger volvió a entrar.
—¿Qué ha pasado? —preguntó, mirando las golosinas tiradas por el suelo y a Ron que cogía a Scabbers por la cola.
—Creo que se ha desmayado —dijo Ron a Harry. Miró más de cerca a la rata—. No, no puedo creerlo, ya se ha vuelto a dormir. Y era así.
-Esa rata me cae mal-dijo Mallory
-Y a mí, pudiendo estar despierta está ahí tirada-dijo James
—¿Conocíais ya a Malfoy?-preguntó Ron a Ann y a Harry
Harry le explicó el encuentro en el callejón Diagon.
—Oí hablar sobre su familia —dijo Ron en tono lúgubre—. Son algunos de los primeros que volvieron a nuestro lado después de que Quien-tú-sabes desapareció. Dijeron que los habían hechizado. Mi padre no se lo cree. Dice que el padre de Malfoy no necesita una excusa para pasarse al Lado Oscuro.
-Y poco me equivocaba-dijo Arthur mirando mal a Lucius
—Se volvió hacia Hermione—. ¿Podemos ayudarte en algo?-preguntó Ann
—Mejor que os apresuréis y os cambiéis de ropa. Acabo de ir a la locomotora, le pregunté al conductor y me dijo que ya casi estamos llegando. No os estaríais peleando, ¿verdad? ¡Os vals a meter en líos antes de que lleguemos!
—Scabbers se estuvo peleando, no nosotros —dijo Ron, mirándola con rostro severo, aunque Ann estaba roja—. ¿Te importaría salir para que nos cambiemos?
—Muy bien... Vine aquí porque fuera están haciendo chiquilladas y corriendo por los pasillos —dijo Hermione en tono despectivo—. A propósito, ¿te has dado cuenta de que tienes sucia la nariz? Ron le lanzó una mirada de furia mientras ella salía. Por cierto, Ann ven al vagón donde estoy yo y así no te cambias con chicos.
-De acuerdo-dijo Ann poco convencida y salió junto con Hermione
-No muerdo ¿Sabes?-dijo Hermione
-Ahora sí que lo se-dijo Ann
Harry miró por la ventanilla. Estaba oscureciendo. Podía ver montañas y bosques, bajo un cielo de un profundo color púrpura. El tren parecía aminorar la marcha. Él y Ron se quitaron las camisas y se pusieron las largas túnicas negras. La de Ron era un poco corta para él, y se le podían ver los pantalones de gimnasia. Una voz retumbó en el tren.
—Llegaremos a Hogwarts dentro de cinco minutos. Por favor, dejen su equipaje en el tren, se lo llevarán por separado al colegio. El estómago de Harry se retorcía de nervios y Ron, podía verlo, estaba pálido debajo de sus pecas.
Llenaron sus bolsillos con lo que quedaba de las golosinas y se reunieron con el resto del grupo que llenaba los pasillos. El tren aminoró la marcha, hasta que finalmente se detuvo. Todos se empujaban para salir al pequeño y oscuro andén. Harry se estremeció bajo el frío aire de la noche.
-Estabas nervioso, ¿eh?-dijo Lily
-Súper nervioso y además no estaba Ann-dijo Harry
Mientras Ann se había cambiado, junto con Hermione en su vagón ninguna de las dos decía nada Ann estaba intentando buscar temas de conversación, pero no se le ocurría nada, hasta que ella dijo:
-¿Es divertido tener un hermano?
-¿Por qué preguntabas eso?-dijo Audrey-Tu tienes una hermana
-¿Tienes una hermana?-preguntó Harry a Hermione
-Si, Mallory-dijo Molly extrañada
-Lo voy a tener que contar Albus-dijo Mallory a Dumbledore
-Solo di una cosa de todo-dijo Dumbledore
-Hermione y yo no somos hermanas y no preguntéis ni digáis nada luego lo contestaré.
-Sí, Harry y yo nunca hemos peleado supongo que es por no tener padres y que nuestros tíos no nos cuidaran muy bien.
-Qué horror, ¿no?
-Molaba hacerle bromas a mis tíos y a mi primo y que tuviera todo el derecho a hacerlas-dijo Ann-Gracias a eso Harry no decía nada
-Así que eres bromista-dijo Hermione-Yo soy de las chicas que estudian aunque supongo que no me moriría al romper una regla ¿salimos?
-¿Tu dijiste eso?-dijo Ron-Y que fue de la niña del "Ahora me voy a dormir a no ser que se os ocurra hacer alguna otra estupidez y acabemos muertos o peor aún expulsados"-recitó
-Tonto-dijo Hermione y le dio una bofetada
Y salieron al mogollón de muchachos que querían salir del vagón.
Entonces apareció una lámpara moviéndose sobre las cabezas de los alumnos, y Harry y Ann oyeron una voz conocida:
—¡Primer año! ¡Los de primer año por aquí! ¿Todo bien por ahí, chicos? La gran cara peluda de Hagrid rebosaba alegría sobre el mar de cabezas. —Venid, seguidme... ¿Hay más de primer año? Mirad bien dónde pisáis. ¡Los de primer año, seguidme! Resbalando y a tientas, siguieron a Hagrid por lo que parecía un estrecho sendero. Estaba tan oscuro que Harry y Ann pensaron que debía de haber árboles muy tupidos a ambos lados. Nadie hablaba mucho. Neville, el chico que había perdido su sapo, lloriqueaba de vez en cuando. —En un segundo, tendréis la primera visión de Hogwarts —exclamó Hagrid por encima del hombro—, justo al doblar esta curva. Se produjo un fuerte ¡ooooooh!
-Eso pasa todos los años-dijo Hagrid
-Es que Hogwarts por la noche es impresionante-dijo Minerva
El sendero estrecho se abría súbitamente al borde de un gran lago negro. En la punta de una alta montaña, al otro lado, con sus ventanas brillando bajo el cielo estrellado, había un impresionante castillo con muchas torres y torrecillas.
—¡No más de cuatro por bote! —gritó Hagrid, señalando a una flota de botecitos alineados en el agua, al lado de la orilla. Harry y Ron subieron a uno, seguidos por Ann y Hermione.
—¿Todos habéis subido? —continuó Hagrid, que tenía un bote para él solo—. ¡Venga! ¡ADELANTE! Y la pequeña flota de botes se movió al mismo tiempo, deslizándose por el lago, que era tan liso como el cristal. Todos estaban en silencio, contemplando el gran castillo que se elevaba sobre sus cabezas mientras se acercaban cada vez más al risco donde se erigía.
—¡Bajad las cabezas! —exclamó Hagrid,
-Eso te debe costar, eh Hagrid-dijo Charlie
Mientras los primeros botes alcanzaban el peñasco. Todos agacharon la cabeza y los botecitos los llevaron a través de una cortina de hiedra, que escondía una ancha abertura en la parte delantera del peñasco. Fueron por un túnel oscuro que parecía conducirlos justo por debajo del castillo, hasta que llegaron a una especie de muelle subterráneo, donde treparon por entre las rocas y los guijarros.
—¡Eh, tú, el de allí! ¿Es éste tu sapo? —dijo Hagrid, mientras vigilaba los botes y la gente que bajaba de ellos.
—¡Trevor! —gritó Neville, muy contento, extendiendo las manos. Luego subieron por un pasadizo en la roca, detrás de la lámpara de Hagrid, saliendo finalmente a un césped suave y húmedo, a la sombra del castillo. Subieron por unos escalones de piedra y se reunieron ante la gran puerta de roble.
—¿Estáis todos aquí? Tú, ¿todavía tienes tu sapo? Hagrid levantó un gigantesco puño y llamó tres veces a la puerta del castillo.
**-**Aquí acaba el capítulo-dijo y le apareció un papel en las manos en el que ponía...
_____________________________________________________________________________________
Hola, siento no haber podido publicar pero he estado ocupada con mis primos alemanes y franceses y he estado todas las Navidades con ellos.
Y además he estado ocupada con mi nueva historia que se llama la tercera generación en Hogwarts que espero que os metáis y comentéis
¿Que tal os han ido las Navidades? A mi bien muy ocupada pero han sido divertidas
Comentad por favor