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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 9
Poco a poco fueron pasando los días. Los primos pronto se acostumbraron a vivir con los aurores pisándoles los talones, aunque no podían evitar sentirse un poco intimidados y cohibidos. Muchas veces no podían evitar dejar conversaciones a medias, temerosos de que aquellos hombres les contaran a sus padres sus cosas privadas o evitaban mirar a ciertas personas por el mismo motivo.
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Esto es una pesadilla. - Murmuró Cassie a Sophie. La chica que se encargaba de vigilarla, una auror recién graduada de 21 años, estaba sentada a su lado y parecía distraída con la comida, pero no se fiaba demasiado. - ¿Cómo se supone que voy a hablar con Ed con esta tía siguiéndome a todas partes? Ni siquiera puedo hablar con Leah a solas para que me ayude a idear algo.
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No sé, pero quizás deberías hacer como tu hermana. - Le recomendó su amiga. - Ella despista a su auror cada dos por tres.
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Ojalá mis padres fueran tan comprensivos como mi madrina y James. - Suspiró sin poder evitarlo. - Yo también quiero hacer todo lo que quiera sin tener una niñera siguiéndome.
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Se supone que es para que no os pase nada.
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Le recordó Sophie.
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¿Qué nos va a pasar aquí en Hogwarts? - La rubia puso los ojos en blanco. - Por favor, no seas ingenua. Es una medida desproporcionada.
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Pues entonces no te va a quedar otra que aprender a darle esquinazo.
Justo entonces se escuchó un plato de caer al suelo y unas risas. Leah y Lyra salieron corriendo del comedor sin parar de reír, seguidas por la auror encargada de la protección de la rubia.
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¡Volved aquí!
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Oh, venga ya, ¿no puedes con dos crías de 17 años? - La provocó la morena, mirando un poco hacia atrás.
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Señorita Potter, esto no tiene nada que ver con usted, mi trabajo es velar por la seguridad de la señorita Malfoy.
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¡Eso solo será si puedes cogerme!
Las dos aceleraron y muchos empezaron a reír. Aquellas escenas se habían vuelto cotidianas, pero seguían haciéndoles la misma gracia.
- Malditas crías.
La mujer maldijo por lo bajo y aceleró también. Si hubiera sabido que la chica era así, jamás habría aceptado aquel trabajo. Las persiguió por todo el castillo hasta los jardines y, desde ahí, hasta el campo de quidditch. Las dos chicas entraron rápidamente al vestuario y ella se detuvo bruscamente. Tenían terminantemente prohibido entrar a los dormitorios, baños y vestuarios para preservar la intimidad de sus protegidos.
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Yo creo que de aquí a una semana renuncia.
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Lyra lanzó una carcajada. Estaba harta de que esa mujer la persiguiera todo el tiempo.
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Desde luego, la estás volviendo loca. - Leah se unió a sus risas antes de dejarse caer sobre uno de los bancos. - Está empezando a darme pena y todo.
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¿De verdad? - La rubia enarcó una ceja.
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Solo un poco. - Se encogió de hombros y sacó el uniforme y su escoba de su bolso, que había encantado con un hechizo que les había enseñado mucho tiempo atrás la abuela de Lyra. - Voy a cambiarme, los demás no tardarán en llegar para las pruebas.
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¿Nerviosa, capitana?
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Es mi tercer y último año haciendo esto, por supuesto que no. - La morena sonrió. - Sé que vamos a ganar. Los Ravenclaw y Hufflepuff no tienen nada que hacer y no creo que los Slytherin encuentren a un buscador mejor que yo.
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¿Y si se lo proponen a…?
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Dirá que no. - La interrumpió. Su respuesta fue tajante, no quería ni pensar en esa posibilidad porque le dificultaría mucho la temporada. - Estoy segura. Por mucho que tu hermano o el mío insistan.
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¿Y Zabinni? - Leah arrugó un poco la frente. - Oh, por favor, no te hagas la tonta. Últimamente lo veo muy pegadito a ella.
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Espero que no estés insinuando lo que creo que estás insinuando. - Negó con la cabeza. La verdad es que últimamente andaba muy distraída y no se había dado ni cuenta de lo que Lyra decía.
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Pues sí, yo creo que está intentando algo con ella.
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Voy a tener que tener una larga conversación con Matt. - Leah suspiró. - Y ahora, en serio, saca tu uniforme y vamos a cambiarnos, no podemos hacer esperar a los demás.
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¡A sus órdenes!
Pasaron un par de horas buscando un nuevo golpeador y un guardián. Se había apuntado mucha más gente de lo que habían creído, por lo que tuvieron que hacer varios grupos para poder verlos mejor a todos. Cuando por fin terminó el último, Leah suspiró.
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¡Bueno chicos, eso es todo, muchísimas gracias por venir! - Gritó, intentando que todo el mundo la escuchara. - Todos sois increíbles, pero solo tenemos dos puestos disponibles, así que esto nos va a resultar muy difícil. En un par de días dejaremos en la Sala Común una nota con los nombres de los seleccionados. Y recordad que podéis presentaros de nuevo el año que viene, habrá otro par de puestos vacantes.
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El de buscador entre ellos, por fin. - Dijo Kate riendo.
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Pues sí, ya me gustaría a mí seguir jugando, pero no será posible. - Puso los ojos en blanco antes de seguir. - ¡Bueno, eso es todo! Muchas gracias por venir, os esperamos en los partidos.
Todos los candidatos aplaudieron y los miembros del equipo se acercaron para felicitar a Leah por su actuación. La chica no pudo evitar sonreír al cruzar su mirada con la de Chad.
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Señorita capitana, una actuación sublime. - Dijo antes de guiñarle el ojo.
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Muchas gracias, señor cazador. - Respondió ella, conteniendo la risa a duras penas. Los demás se alejaron un poco y les dedicaron miradas indiscretas mientras empezaban a murmurar, pero a ellos les dio igual. - ¿Tienes algo que hacer ahora?
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¿Darme una ducha?
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Te propongo un plan mejor. - Se mordió el labio y él enarcó una ceja.
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¿Tengo que asustarme?
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Ya sabes que conmigo nunca se sabe. - Lo agarró del brazo y tiró de él. - ¡Vamos, súbete a tu escoba!
Él asintió y le hizo caso. Ya sabía lo que quería hacer la chica, a dónde quería ir. Ambos se montaron en las escobas y salieron volando del estadio. Leah lo guió hacia el Bosque Prohibido y él no dudó en seguirla. Iban el uno junto al otro, sin prisas, sin piques, sin palabras, simplemente disfrutando de aquel instante. A ambos les gustaban aquellos momentos más de lo que estaban dispuestos a reconocer. Volaron durante un rato en completa calma, hasta que Chad se atrevió a hablar.
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¿Hasta dónde quieres ir?
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No lo sé. - Contestó ella, con la vista fija en el horizonte.
Él apretó los labios. Desde que los aurores estaban en Hogwarts estaba un poco distante, era evidente lo preocupaba que estaba. No pudo evitar suspirar. No sabía si los demás lo habían notado, pero él sabía lo que realmente le pesaba a la chica lo que estaba haciendo. No le pasaban desapercibidos sus constantes comentarios e insinuaciones sobre el Profeta y las corrientes anti-muggles. Sabía lo peligroso que era, pero si no lo hacía ella, nadie lo haría. Leah era la única valiente que se atrevía a dar su opinión y andar por ahí sin guardaespaldas, aunque, la verdad, no le hacía mucha falta. Nunca se había enfrentado a ella en un duelo - tenían la regla no escrita de no luchar el uno contra el otro en las clases de Defensa contra las Artes Oscuras por motivos evidentes para ambos -, pero sí la había visto y era una auténtica fiera. El profesor Watt siempre decía que era la mejor que había visto desde su madre.
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¿Quieres descansar? - Le preguntó la chica, mirándolo por fin.
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Me da igual, lo que tú quieras. - Le dedicó una cálida sonrisa que ella le devolvió. Se la grabó en la memoria y no pudo evitar preguntarse cuántas de esas podría volver a ver. Demasiado pocas en su opinión.
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Podemos bajar al claro, allí no nos molestará nadie. - Sugirió.
Chad asintió y ambos descendieron lentamente hasta posar sus pies sobre el suelo. Dejaron las escobas sobre la hierba y se sentaron con la espalda apoyada en unos troncos. Leah sacó un cigarrillo y lo encendió mientras el chico negaba con la cabeza.
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No te molesta el humo, no me engañas. - Se apresuró a decir ella antes de que él pudiera comentar nada.
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Es solo que no me gusta besar a un cenicero. - Replicó, intentando contener una sonrisa.
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Eso tiene una solución muy sencilla: no me beses. - Contestó ella de forma burlona.
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¿Y si quiero hacerlo? Tenemos que aprovechar ahora porque cuando esto acabe… - No terminó la frase, se arrepintió antes de ser capaz de añadir nada más. Leah suspiró y él apretó los labios.
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Las cosas son una locura ahí fuera. - Murmuró, mirándolo a los ojos.
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Puede que aquí dentro también lo sean. - Añadió él lentamente, sin apartar su mirada de la de ella.
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Confío en que esa gente tenga un poco de sentido común y no haga nada que pueda dañar a niños inocentes. - Respondió la morena con cuidado. - Me gustaría recordarles que ellos quieren desperdiciar la mínima sangre mágica posible, que solo quieren imponerse sobre los muggles.
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Creo que eso ya lo saben. - Chad suspiró sin poder evitarlo. Guardar secretos podía ser muy duro. - Todo cambiará cuando salgamos de aquí.
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Lo sé.
Los dos guardaron silencio. Algo se había roto en el interior de ambos y no creían ser capaces de seguir con aquella conversación. Un pensamiento se había instalado en los dos, algo que llevaba demasiado tiempo rondando sus cabezas. Definitivamente, no había ningún futuro para ellos.
Orion estaba sentado tranquilamente en la biblioteca. No tenía que entregar aquella redacción de Herbología hasta dentro de varios días, pero ya la tenía casi terminada. Siempre había sido así de perfeccionista y le gustaba que todo estuviera en orden. A su lado, su "auror personal", como él lo llamaba, leía una novela muggle de forma distraída.
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¿No estás ya harto de pasar todas las tardes aquí encerrado conmigo? - Le preguntó, llamando su atención.
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Es mi trabajo, señor Malfoy. - Respondió. Por mucho que el rubio le había insistido, seguía llamándolo de aquella ridícula forma.
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Ya, pero eso no quita que estés cansado, no sé, podrías salir fuera, no va a pasarme nada aquí dentro. - Insistió. La verdad es que él sí que necesitaba un descanso y un poco de intimidad.
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Tengo órdenes estrictas de no dejarlo solo bajo ningún concepto.
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No se lo diré a nadie, de verdad, puedes confiar en mí.
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Señor Malfoy, se lo repetiré una vez más: nada de lo que diga me hará abandonar mi puesto de trabajo, ¿entendido? - Puso los ojos en blanco y volvió a su libro. - Y ahora, por favor, guarde silencio, esto es una biblioteca y sus compañeros intentan estudiar. Les está dando un muy mal ejemplo y eso que es prefecto.
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¿Puedo ir al menos a por otro libro yo solo o también tienes que acompañarme a eso por si no llego al estante? - Preguntó con ironía.
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Le esperaré aquí.
El Slytherin se levantó de la mesa y no pudo evitar refunfuñar un poco. Nada de lo que hacía parecía ayudarlo, aquel hombre parecía un robot y sus padres no le permitirían prescindir de protección. Se dirigió hacia la sección de Herbología y no pudo evitar sonreír al ver a cierta morena de Hufflepuff ojeando las páginas de un manual. Comprobó que no había nadie cerca antes de agarrarla por la cintura y darle un beso en el cuello. Ella, sobresaltada, casi tiró el libro el suelo y emitió un pequeño grito de sorpresa. Se soltó un poco de él y lo miró un poco enfadada.
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No puedes hacer eso así como así.
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¿Ah, no? - Preguntó él, haciéndose el tonto. Le encantaba cuando Ingrid se molestaba y arrugaba la nariz.
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Pues no.
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¿Y esto puedo hacerlo?
Sin darle tiempo a responder, la apoyó de forma un poco violenta contra la estantería y la besó con pasión. Cuando se separaron, la chica estaba jadeando y tenía las mejillas completamente rojas.
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Tampoco. - Se libró de su agarre y se cruzó de brazos. - De verdad, ¿con qué derecho haces esto?
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Soy un Malfoy. - Se limitó a responder él.
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Y un gilipollas también. - Ingrid se peinó con los dedos de forma nerviosa, recogió el manual que ahora sí que se le había caído y empezó a andar hacia la entrada del pasillo.
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¿Vendrás conmigo a Hogsmeade? - Le preguntó él haciendo que se detuviera y sonriera casi sin querer. En el fondo le encantaba el chico, aunque la sacaba de sus casillas constantemente.
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Ya veremos, Orion. - Respondió, girando un poco la cabeza para dedicarle un guiño de ojos de esos que lo volvían loco. Desde luego, aquella chica era una caja de sorpresas. ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------¡Hola a todos!Ya estoy de vuelta, así que aquí os dejo un nuevo capítulo que, espero, os haya gustado. Como podéis ver ha aparecido un personaje nuevo, Ingrid, a ver cómo va la cosa con ella, ya iréis conociéndola ;) Espero vuestros comentarios y nos leemos el viernes ^^ Muchos besos, María :)