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Qué qué? IMPOSIBLE — capítulo 24

En un lugar secreto cerca de la casa de las serpientes...

Lucius Malfoy estaba cómodamente sentado en un sillón de cuero verde Slytherin, junto a él se encontraba su esposa, ambos miraban a los jóvenes que estaban sentados frente a ellos con cierto recelo, desde que habían llegado sus supuestos nietos no habían dejado de hablar entre ellos con un aura de misterio. Draco y Hermione se mataban con la mirada como era habitual en ellos ninguno de los dos podía olvidar las palabras dichas por ellos mismos la noche anterior.

Draco no podía creer que ella fuera la persona que lo ayudaría a luchar por un futuro más digno para él, y ella no podía creer que el precisamente de todos los hombres de la tierra fuera quien le mostrara lo que era el verdadero amor.

Hermione se negaba a creer tal barbaridad, aun cuando a menos de dos metros se encontraran dos buenas y rubias razones para creer que el sería su príncipe azul. En este caso verde. Pensó Hermione esbozando una sonrisa irónica.

Draco la observaba perdida en sus pensamientos, ¿qué le vería? Era una sabionda, una biblioteca andante, era soberbia con ínfulas de mártir por las causas perdidas. Eran muy diferentes, tanto que era inimaginable que ellos pudieran ser algo más allá que enemigos acérrimos. Así que esa era la pregunta del millón ¿Qué le vería? Su físico tampoco es como si destacara mucho, prácticamente era plana, no había nada que le llamara la atención de ella, era de estura media, nada fuera de lo común, no podía distinguir muchas curvas entre tanta capa de ropa, no tenía sentido de la estética la única vez que vio que se preocupara por su imagen fue en cuarto curso durante el Baile de Navidad en el Torneo de los Tres Magos, a su favor tenía que admitir que las luces la favorecían y se le podía mirar. Cabe destacar el nido de pájaros que tenía por cabello  y aun así los ornitólogos dirían que lo que acababa de pensar era un completo insulto para las aves.

Un carraspeo interrumpió los pensamientos de los muchachos.

Scorpius junto a su hermano se giraron a los presente.

-Bien, mamá, papá sentaos al lado de los abuelos.- Draco acató la orden algo molesto ya que no dejaba de ser eso, una orden y él no estaba muy hecho a recibirlas, mas sin embargo lo hizo; Hermione lo tuvo más complicado a la hora de decidir si estaba dispuesta a poner su vida en riesgo si llevaba a cabo esa orden aunque a fin de cuentas no tenía mucha elección y estaba demasiado curiosa por saber de su vida futura, aspirando y aguantando la respiración se sentó a lado de Draco.

El sofá era de 3 plazas por lo que se vieron en la obligación de estar algo apretados. Lucius iba a refunfuñar por no poder realizar un encantamiento de ampliación, para evitar que su hijo estuviera tan pegado a esa pero prefirió callar y apechugar. Hermione estaba demasiado incómoda al estar tan cerca de Malfoy, le recordaba los acontecimientos de la noche anterior, en concreto cuando él rozó sus labios tan provocativamente con los suyos.

-Bien, no sabemos que podemos decir exactamente del futuro y tampoco queremos entrar en muchos detalles porque todavía faltan miembros de la familia por presentarse, pero tampoco consideramos justo el hecho de tener 30 minutos para pasarlos juntos y no hablar de nada, por lo que hemos decidido mostraros algún recuerdo.-

-No serán demasiado relevantes. Porque cuando se lo proponen nuestras hermanas pueden ser muy retorcidas y son unas perfectas chantajistas emocionales así que no nos equivocamos al creer que con sus recuerdos busquen sacaros alguna lagrimilla.-

Sin más que decir Abraxas cogió su varita y unió sus mentes, después todo se volvió negro.

La familia Malfoy y Hermione aparecieron en un bosque de aspecto siniestro.

-¿Dónde rayos estamos?- Preguntó Lucius.

-Es un bosque al norte de Inglaterra, Mamá y papá fueron allí de excursión junto con los tíos Theo y Luna, Harry y Daphne y Pansy y Ron, fue poco antes de la boda de Tía Luna y Tío Theo, según nos contaron era como un campamento espiritual que afianzaría las relaciones entre vosotros.-Explicó Scorpius. Después echó a andar siendo seguido por su hermano, los demás no tardaron en seguirles el paso. Hermione sabía que aquello era simplemente un recuerdo, que en realidad no estaban allí pero no por ello dejaba de ser menos escalofriante.     

Así que inconscientemente se pegó un poco más a Draco quien si notó la cercanía de la castaña lo que más extrañó al rubio fue que esa cercanía no le incomodaba, es más que ella buscara refugio en él le producía una cálida sensación en el pecho que no podía identificar.

Después de caminar por cinco minutos más y tras las protestas y gruñidos de Lucius, llegaron al claro del bosque, desde allí podían observar un campamento, con varias tiendas de campaña una fogata en el centro y varios trocos que hacían la labor de asientos, en uno de ellos se encontraban Daphne y Potter, Draco al ver a éste último no pudo evitar lanzar un bufido de desagrado.

  -¿Esos es que no se separarán o qué?- Preguntó Draco irritado. Scorpius y Abraxas se miraron entre ellos y rompieron en carcajadas.- ¿De qué coño os reís?

  -Es gracioso que digas eso porque vosotros.- Dijo señalando a Draco y Hermione.- Nunca estáis demasiado lejos el uno del otro.- Dijo con una sonrisa burlona al ver como su padre enrojecía de ira y su  madre de la vergüenza.

  -Bah, lo que sea, ¿nos habéis traído a ver como esos dos se absorben entre ellos o hay algo más que debamos ver?- Dijo Lucius cada vez más exasperado.

  -Sí, es cierto, vamos.- Dijo Abraxas, rodearon el campamento dejando atrás a la pareja que allí se encontraba y siguieron el camino volviendo a adentrarse en el bosque.

Los chicos parecían saber perfectamente hacia donde se dirigían, muestra inequívoca de que ya habían revivido ese recuerdo infinidad de veces. Lo que encontraron cuando se detuvieron no era algo nuevo.

Hermione y Draco se encontraban discutiendo, como siempre.

  -Todavía no entiendo por qué tenías que venir, no necesito tu ayuda.- Decía una Hermione un poco mejor peinada pero sin mucha diferencia de la del pasado.

   -Yo no quería venir, tenerte cerca es lo último que quiero en el mundo, Daphne me obligó a venir porque no había nadie más que pudiera acompañarte.-

   -Ronald pudo haber venido, pero fue por agua al río.-

Draco soltó un bufido.- Sí claro y a  echar un polvo.- Hermione lo miró con los ojos como platos, Draco se limitó a volver a bufar con exasperación.- Vamos, Granger, está claro ¡parecen lapas! no se separan para nada y me parece extraño que no los hayas sorprendido en uno de sus arrebatos, que asco.-

Hermione desvió la mirada a decir verdad sí que los había visto pero hizo una huida rápida de manera que no fue vista.

   -¿Y Potter? Desde que se reconcilió con Daphne parece un perro faldero, más que incluso contigo en Hogwarts.

   -Harry no era mi perro faldero en Hogwarts, y si está algo encima de Daphne es porque estaba embarazada y ahora acaba de dar a luz, debe cuidarla, no seas idiota Malfoy.

    -Ya claro, y para terminar los entrañables novios, buscando quién sabe qué criatura inexistente.- Hermione puso los ojos en blanco y fue su turno de bufar exasperadamente.

   -Eres el mismo cínico insoportable e impertinente de siempre, no puedo creer que pensara que habías cambiado.-

   -Y tú eres la misma remilgada e insoportable rata de biblioteca, sólo que ahora en lugar de esconderte detrás de gordos tomos lo haces detrás de inmensas columnas de archivos de leyes absurdas.- Ambos se hallaban en una batalla de miradas que destilaban odio y exasperación. Pasado un rato y sin ningún vencedor volvieron a la búsqueda de leña para avivar el fuego, razón principal que los había llevado a estar a solas.

Llevaban bastante tiempo de caminata, buscando troncos que pudieran servir y que no pesaran demasiado para poder cargar algunos dejándoles agilidad en el camino de regreso al campamento. Hermione cargaba un número proporcionado de troncos que consideraba suficientes para pasar la noche sin que el fuego se apagase, miró de reojo a su acompañante viendo que llevaba un número mayor al de ella, le incomodaba el silencio así que decidió romperlo, aunque aquello derivara en otra discusión.

  -Por cierto Malfoy, gracias por las rosas, eran preciosas.- Dijo sin mirarlo, simulando coger otro tronco.

  -De nada, sé que tengo buen gusto pero no eran para ti, sino para mi madre, pero mi secretaria es tan inepta que le echó café encima de la tarjeta emborronando el nombre.-

  -Eres un imbécil.-

  -Gracias, tú eres un encanto.- Dijo con un tono repleto de ironía.

Hermione le iba a contestar pero de repente.

  -AUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU.- El aullido había sonado demasiado cerca de ellos, por lo que ambos dieron un respingo.

  -Parecía un lobo.- Susurró Hermione.

Draco negó con la cabeza.- Eso es imposible, Theo dijo que era un bosque privado a ojos muggles, así que aquí no hay lobos.-

  -Pues si no hay lobos, sólo se me ocurren otras dos criaturas capaces de sonar igual.- Dijo Hermione poniéndose cada vez más alerta. Empezó a palparse los bolsillos cayendo en la cuenta de algo terrible.- Mierda, he olvidado mi varita.-

  -¿Y tú eres tan inteligente?, ¿qué clase de persona se adentra en un bosque sin una varita? a sí los squibs y Hermione la bruja más inteligente de su generación Granger.-

  - Definitivamente rozas la línea de retraso mental, no es mi culpa pensar que mis mejores amigos iban a llevarme a un lugar SEGURO para una tontería de campamento espiritual que solo serviría para darse arrumacos, forzándome a huir a buscar leña.- Susurró Hermione cada vez más exasperada y nerviosa.- Además genio no veo tu varita por ninguna parte.- Dijo Hermione con expresión triunfal.

Draco puso la misma cara que la chica y sacó de su bolsillo trasero la varita que lo acompañaba desde los 11 años.- Pues mira por donde yo sí me acordé de estar protegido.-

Iban a seguir su disputa cuando nuevamente se vieron interrumpidos.- AUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU.-

  -Esta vez ha sonado mucho más cerca que antes, si es un licántropo estamos en serio peligro.- Susurró la muchacha recordando la experiencia pasada con su mejor amigo y Remus Lupin hacía ya años, Draco por el contrario recordó a Greyback.- Debemos alejarnos muy silenciosamente y conseguir algo que disipe el olor a humano o seremos su cena.- Draco tragó duro y asintió. Lentamente comenzaron una huida que parecía suicida.

Daba igual cuanto avanzaran o que tan silenciosamente lo hacían  los aullidos no cesaban y los gruñidos cada vez eran más cercanos, el licántropo les pisaba los talones y Draco en un esfuerzo por salvarse y en su defecto también a Granger, los escondió a ambos detrás de un árbol, Hermione tenía la respiración demasiado agitaba, algo que sin duda permitiría al sensible oído del licántropo averiguar dónde estaban y poder darse el festín del siglo, por lo que Draco le tapó la boca con una mano pegándola lo más posible a su cuerpo. Hermione se fue tranquilizando pese a estar sofocada por la cercanía del rubio, al dar un paso atrás para conseguir algo de distancia entre ambos cuerpos pisó una pequeña rama haciendo el suficiente ruido para alertar al licántropo, siendo consciente de su fallo Hermione le arrebató la varita a Draco girándose cuando la criatura ya estaba prácticamente sobre ellos, sin siquiera pensarlo dos veces le lanzó un Petrificus Totulus que le dejó inmóvil y a ellos a salvo.

Hermione se giró al chico todavía asustada y apoyó su cabeza en el pecho del rubio dándole totalmente igual quién era él y quién era ella, necesitaba el calor de otra persona para sentirse acompañada y protegida, y así reponerse del susto. Draco no se opuso a la cercanía de la chica a decir verdad él también necesitaba del contacto humano para asegurarse de que no estaba muerto. Fue entonces cuando Draco reaccionó, ella le había salvado la vida, como gesto de agradecimiento la abrazó y ella se aferró a la camisa del chico para controlar sus temblorosas piernas.

No sabía si era la cercanía del chico, el abrazo íntimo o el miedo y la adrenalina de volver a estar ante el peligro pero Hermione sentía que si se soltaba o él la soltaba se caería al igual que un árbol cuando lo talan.

Draco la cogió del mentón para mirarla a los ojos.- ¿Estás bien?- Preguntó al sentirla temblar, la verdad que él no lo estaba tanto como quería aparentar pero debía dar la talla. Hermione asintió devolviéndole la mirada aun sin soltarse de la camisa del chico. Ambas miradas bajaron a los labios del otro sin poder, ni querer evitarlo, fue entonces cuando Draco casi por acto reflejo comenzó a acariciar el mentón de la chica a la vez que afirmaba con más fuerza el abrazo a la cintura de ella. Hermione al igual que el rubio deseaba que aquello tan inevitable pasara, y no demoraron más el momento, ambos cerraron la distancia que les separaba uniendo sus labios en un beso lento y deseado, aunque no lo admitieran por mucho, mucho tiempo.

Los espectadores de aquella escena sintieron un tirón y un pinchazo en su cabeza, cuando volvieron a abrir los ojos estaban de regreso en la sala. Los futuristas miraban con curiosidad a sus familiares, había diferentes reacciones su abuelo como era de esperarse estaba además de asqueado furioso, su abuela con una cara de consternación mezclada con la preocupación de pensar que su hijo correría peligro y sus padres bueno la cara de sus padres era todo un poema parecían la copia exacta del famoso cuadro muggle titulado como "El Grito".

-ESTO ES DEMASIADO, NO QUIERO VER NADA MÁS QUE SE LE PAREZCA.-Estalló su querido y relajado abuelito, que salió de la sala como alma que lleva al diablo, su abuela le siguió no sin antes despedirse de los chicos.

Cuando se quedaron solo los muchachos futuristas les preguntaros a sus padres la opinión respecto al recuerdo que acababan de ver.

  • No sé.-Dijo un aun anonadado Draco.- ¿Tú qué opinas, Granger?-

-Que es totalmente irracional tratar de cambiar el odio y rechazo que hemos sentido durante seis años en unas cuantas horas o en una semana. Lo siento pero creo que estoy un poco saturada con todo esto lo mejor que podemos hacer todos es ir a descansar y despejar la mente. Buenas noches.- Dijo Hermione sonrojada, abrumada y preocupada por lo que había visto. En el recuerdo se había visto a ella misma besándose con Malfoy, ¡Y LO PEOR ERA QUE LE GUSTABA! No entendía nada de lo que ocurría, aquello era más de lo que podía soportar, pensó sin saber que lo bueno estaba por venir.

Hermione iba rumbo a la Torre de Gryffindor, pasaría allí la noche ya le daban igual las quejas de Ginny o los ronquidos de Lavender sólo quería estar lo más alejada posible de la Torre de Premios Anuales. Hermione  no dejaba de preguntarse qué era lo que sentía por Draco Malfoy, ¿odio? No, nunca lo había odiado realmente pero no soportaba su actitud con el resto de las personas que le rodeaban, ¿amor? Mucho menos, si bien es verdad que en el primer curso cuando lo vio por primera vez le había parecido un niño muy guapo nunca pasó a más, nunca experimentó algún tipo de amorío hacia el rubio. Entonces, ¿qué?, ¿compasión? Tal ves en los tiempos que no tenía otra opción más que hacer lo que otros le ordenaban o en los juicios cuando por culpa de las malas decisiones de su padre y de él mismo tuvo que enfrentarse ante la sentencia de un jurado pero ahora no sentía nada de eso por el rubio, había llegado a resultarle totalmente indiferente su presencia, hasta que se presentó delante de ella y de sus amigos para pedir perdón  por todos los años que se metió con ellos, cuando les nombraron a ambos Premios Anuales declararon el alto en la batalla y desde entonces mantenían una relación cordial pero no pasaba de ahí. Se saludaban y poco más, entonces ¿cómo demonios llegarían a ser un matrimonio? Por mucho que Hermione se devanara los sesos sólo había 5 personas que sabían la respuesta a todas sus preguntas.

Un nuevo día amanecía en Hogwarts, en una de las habitaciones de chicas  de la torre de Hogwarts, Hermione sacaba la cabeza de debajo de la almohada, no había podido pegar ojo entre más molestas de sus compañeras y sus propios pensamientos, sobre todo la imagen de aquel suave y delicado beso, ¿desde cuándo Malfoy era suave y delicado? Y ¿por qué lo era con ella? Hermione sacudió la cabeza con la intención de olvidarse del tema y por fin se levantó en dirección al baño. Tomaría una ducha y eso le ayudaría a olvidarse de toda esa locura.

Al llegar al Gran Comedor, Hermione se chocó con alguien al ir distraída debatiendo consigo misma sobre donde era más apropiado sentarse.

-Hermione, que agradable y sexy sorpresa.- Dijo Cormac Mclaggen con una expresión que intentaba ser seductora y sensual pero que a ojos de Hermione era totalmente repugnante. -Cormac.- Fue el saludo en respuesta de Hermione.

  • ¿Te apetecería ir a dar una vuelta más tarde? Así podríamos, ya sabes, conocernos e intimar más.- ¿Acaso ese chico pensaba que no tenía algo mejor que hacer o leer como para tener que ir con él a cualquier pocilga para revolcarse como el verde que es? Hermione esbozó una mueca que pretendía ser una sonrisa cordial, lista para declinar la idea pero alguien se adelantó por ella.

Hola madre, estas preciosa está mañana.- Dijo Scorpius tras ella mientras le daba un beso en la mejilla. Hermione le sonrió con afecto, sus hijos eran maravillosos.- ¿Vienes a la mesa?- Hermione asintió con la intención de seguirle, así no sería tan incómodo para ella uniser al desayuno con los Malfoy. Cuando se giró simulando que Cormac no existía, éste la cogió de brazo obligándole a quedar cara a cara con el chico.

  • No creerás en serio que esos son tus hijos, ¿verdad?- Preguntó con burla, Hermione rodólos ojos. -Y ¿por qué no podrían ser mis hijos?, ademas Mclaggen no recuerdo que tengamos la suficiente confianza como para que me tutees, te agradecería que no lo hicieras.- -Vamos preciosa, sé que te encanto, y está claro que el padre de tus hijos soy yo, no ese. ¿En qué planeta un Malfoy se fijaría en... ? -¿Una sangre sucia?.- Cormac perdió el color en el rostro.- Que no te avergüence decirlo Mclaggen, sé lo que soy, o lo que se me considera que soy, lo llevo tatuado en la antebrazo como recordatorio, así que tú lo pienses me da absolutamente igual, sé  lo que valgo como persona, como amiga, como estudiante, como hija y como mujer. Por ello, no me importa tu insignificante y reducida opinión. Si son o no me hijos y se me caso o no con Malfoy es algo que a ti no te incumbe, y si quieres intimar con alguien habla con tu mano creo que va a ser la única dispuesta a darte algún tipo de atención en ese aspecto.-  Y habiendo liberado un poco de su frustración de dirigió con paso decidido a la mesa de las serpientes donde se sentó con Scorpius, quien trataba de ocultar su sonrisa.

Se sirvió de aquellas delicias tan exquisitas y comenzó a comer en silencio. Al poco rato llegó Abraxas encontrándose a su familia en un silencio más sepulcral que el de un velatorio.

  • Hola familia, ¿listos para seguir conociendo a los miembros de este maravilloso clan?- Dijo contento, lo cual difería del resto de miembros a excepción de su hermano. Su padre tenía una expresión solemne, pensativa; su abuelo parecía mantener una batalla con su plato pues parecía querer atravesarlo con el tenedor y si abuela les miraba con una expresión curiosa pero seria; su madre por el contrario parecía perturbada además de que estaba colorada como un tomate.- Veo que no, ¿ha ocurrido algo interesante en mi ausencia?- -Mamá, se ha puesto como una fiera con un tipo, al parecer quería llevársela al huerto, Pero ella lo ha puesto en su sitio.- -Claro que sí, ella nos enseñó a dar buenos derechazos y a defendernos.- Dijo abrazándola por los hombros mientras le sonreía provocando que ella se pusiera más colorada si eso era posible. -Salvajes.- Se oyó gruñir a Lucius por lo bajo, al parecer estaba hablando solo.

Abraxas y Scorpius ahogaron una carcajada, ganándose una mirada reprobatoria de su abuelo, Narcisa y Draco hacían su mayor esfuerzo por mantener una expresión estoica, pero cada vez les resultaba más difícil.

El desayuno siguió su curso, unas mesas más adelante, estaban una vez más sentados entre serpientes Harry Potter y Ronald Weasley, quiénes no había perdido detalle de la conversación que su amiga había tenido con el pesado de Mclaggen.

-Hermione debe estar de muy mal humor.- Dijo Ronald mientras volvía a engullir su desayuno pero con mayor moderación por miedo a un ataque de ira de un hija y de Pansy.

-Es normal Ronald, siempre la acosa, debía de llegar el momento en el que Hermione se cansara de sus insinuaciones y le habrá puesto un alto.

-Seguro es por Malfoy, es una mala influencia para ella, más si son 5 Malfoy a su alrededor, Hermione saldrá loca.- Dijo Ronald negado con la cabeza y mirando su plato con adoración. Fue un completo shock para él cuando iba a coger otro trozo de tortita y de pronto el banquete, su plato incluido, desapareció.- ¿Pero qué?, ¿POR QUÉ ME HA QUITADO MI DESAYUNO?- Gritó encolerizado.

  • Señor Weasley le agradecería que se comportara como una persona normal.- Dijo Minerva Mcgonagall desde lo alto de la tarima haciendo que Ronald se encogiera en su sitio rojo como su cabello.- Bien, creo que es momento de reanudar las presentaciones, cuanto antes empecemos antes acabamos.- Esto último lo dijo más para sí misma, que para el resto.- Jóvenes, cuando quieras las estamos esperando.-

Dos encapuchadas asintieron, y con paso solemne se dirigieron a la tarima. Los Malfoy las miraron con cierta impresión, ¿por qué rayos eran dos?

Al quitarse las capuchas se pudo apreciar a dos bellísimas jóvenes dignas de apellido que corría por sus venas. Una de ellas era rubia platinada como era costumbre en los genes Malfoy, de estatura media, y delgada le daba una apariencia de delicada y frágil dama, era al mirarla a sus ojos azules, tan claros como el azul del cielo que podía reconocer la fuerza y determinación de ellos, rasgo inequívoco de que era hija de su madre, piel cremosa, finos labios, sin duda una belleza. La otra chica era más alta que su hermana, al igual que ella era de complexión delgada, pero lo que dejó a más de uno con la boca abierta sobre todo a su abuelo, fue que era igual a Narcisa cuando estaban comprometidos y en su último año en Hogwarts. Su pelo era rubio pero no platinado, sino más bien un precioso rubio dorado con algunos mechones castaños que le daban un ligero toque más oscuro a su melena, de piel ligeramente bronceada, labios finos, rosados y rellenos, unos ojos penetrantes azul turquesa, cajas pobladas, nariz respingona, era una digna dama aristócrata, un digna Black, el único rasgo que no había heredado de su abuela eran los peculiares ojos grises de la noble y ancestral familia Black. Está de más decir que ambas iban vestidas con ropa de diseño.

Todos, absolutamente todos, quedaron asombrados por semejantes bellezas. Hermione debía admitirse a sí misma que pese a ser un imbécil, juntos harían niños preciosos. En tal que ese pensamiento pasó por su cabeza lo declinó inmediatamente avergonzandose por pensar de una forma tan descarada. Miró de reojo a Malfoy dándose cuenta de que él la miraba sin disimulo pero sumido en sus propios pensamientos como para notar la mirada de Hermione.

La rubia platinada carraspeo con cierto nerviosismo bien disimilado.

Buenos días. Mi nombre es Lyra Amaltea Malfoy Granger, tengo 17 años, y en Hogwarts pertenezco a la casa de Slytherin.- Hermione sintió un escalofrío recorrerle la columna vertebral, todos sus hijos hasta el momento eran Slytherin sólo esperaba que al menos uno de ellos perteneciera a la casa de los leones.- Primero fui prefecta y ahora también tengo el honor de ser Premio Anual con en vuestro tiempo lo son mis padres.- Les sonrío a ambos orgullosa, y la familia Malfoy, Hermione incluida, inflaron el pecho orgullosos.- Cuando termine el curso quiero empezar a estudiar Leyes Mágicas, como mamá.- A Hermione le brillaron los ojos, e involuntaria se mordió el labio inferior con fuerza, deseosa por preguntar y ahondar en el tema. Draco por el contrario rodó los ojos, una de sus hijas sería una suicida de las causas perdidas como su madre.-

No juego quiddicht, y tengo novio.- Draco la miró inquisidor, al igual que Lucius, si bien entendía que eran jóvenes y debía vivir y experimentar, ellas eran las primeras mujeres Malfoy en siglos, por lo que no podían evitar el sentimiento de sobreprotección que les invadía por las entrañas.- Es… James Sirius Potter.- Hermione quedó encantada, no había nadie mejor para su hija que el hijo de su hermano, Harry y Daphne pensaban igual pero el patriarca de los Malfoy junto a su vástago diferían de esa opinión, no había nada peor que el estar emparentados con Potter.

  • ¿Por qué?- Draco no pudo evitar preguntar.- ¿Por qué él?- Lyra se quedó momentáneamente en blanco como pocas veces le pasaba.

Bueno al principio le odiaba.- James sonrió con nostalgia recordando aquellos días.- Después me repugnaba porque cada día estaba con una chica diferente, un día me abordó reclamándome porque le ignoraba en las quedadas de amigos y en las cenas familiares, empezamos a discutir, nos dijimos cosas horrible e hirientes que dañaron mucho al otro, estuvimos cerca de 3 meses sin siquiera mirarnos, yo estaba muy estresada con los exámenes, además de que me había peleado con Lily, mi mejor amiga, y con mi hermana, la razón era que debido a nuestra pelea el ambiente en nuestro grupo de amigos era muy tenso y como ninguno de los dos quería ceder estaba provocando que el grupo se dividiera. Estaba tan histérica que no noté en que momento alguien se sentó a mi lado hasta que me abrazó por los hombros, cuál fue mi sorpresa al encontrarme su fea cara cuando alcé la mirada. Hablamos como personas civilizadas y terminamos besándonos, me confesó que me molestaba para llamar la atención y que dejara de enterrar mi cara en un libro por más de diez minutos, también me explicó que salía con todas esas chicas porque quería darme celos, y yo, bueno mi reacción fue darle una patada en sus partes pudendas y gritarle lo infantil que me parecía, después de todo eso pasaron dos días y un partido perdió el equilibrio y cayó al suelo quedando inconsciente, lo que día aun no sé es si lo hizo adrede o no, pero en la enfermería volvimos a hablar y yo le confesé que también me sentía atraída por él desde hacía ya bastante tiempo, nos volvimos a besar y poco a poco comenzamos una relación.- Draco asintió a la mirada insegura de su hija y esta sonrió levemente echándose hacia atrás dándole paso a su hermana.

  • Buenos días, mi nombre es Althea Aracne Malfoy Granger, al igual que mi hermana tengo 17 años, somos mellizas, pertenezco a la casa de Slytherin, no juego quiddicht, soy prefecta mas no Premio Anual, mis notas son bastante buenas, quiero estudiar diseño al salir de Hogwarts, para llegado el día ser digna sucesora de mi abuela, además de que soy modelo para la famosa firma de moda de mi abuela.- Narcisa sonrió encantada.- Como mi hermana también tengo novio, su nombre es Lyssander Nott.- Lucius y Draco parecieron conformes con la pareja de la preciosa rubia.- Con quien comparto profesión. Y supongo que eso todo de nosotras.- En ningún momento, Althea quitó su expresión seria y estoica.

Ambas chicas chasquearon los dedos y automáticamente un gran pantallón se formó en la enorme sala.

Hermione no dejaba de mirar la majestuosa sala que se alzaba delante de sí misma, todavía no se creía que se hubiera mudado a la mansión Malfoy, a la nueva claro, jamás pisaría la antigua ni aunque con ello liberasen a todos los elfos del mundo.

Negó con la cabeza y volvió a perderse en un punto indefinido de la pared, pronto comenzó a sollozar, en unos días sería su cumpleaños y también faltaban pocos meses para navidad, esos días solía pasarlos enteramente con sus padres, desde pequeña sus padres celebraban su cumpleaños como si fuera un día santo, ya que durante los primeros años de su matrimonio les daban muy pocas esperanzas de poder concebir por eso al saber que tendrían una hija no pudieron sentirse más dichosos, en el momento en que la tuvieron en sus brazos prometieron mimarla y amarla infinitamente hasta el fin de sus días, y así fue Hermione no podía ser más feliz con unas personas tan sencillas y amorosas como Jane y Wendell Granger, cuando antes de que se fuera con Harry y Ron en búsqueda de los Horrocruxes tuvo que borrarles la memoria, todos aquellos momentos feliz juntos, las experiencias vividas junto a ellos, las discusiones, los llantos, todo, vio con sus propios ojos como toda su vida desaparecía en segundos y sin que nada quedara de ella, perdió a sus padres, al principio tuvo un rastro que seguir, sabía que habían ido a parar a Australia, pero tras la guerra perdió toda pista que pudiera tener de ellos, hasta el punto de pensarlo muertos.

Aquel era el pensamiento más doloroso para Hermione, cada vez que pasaba por su cabeza aquella opción un dolor punzante, lacerante surcaba su corazón, haciendo las ganas de gritar de dolor y pena se hicieran incontenibles. Draco era un buen apoyo para ella esos momentos de debilidad, pero orgullosa como era prefería tragarse el dolor y afrontarlo sola. Sin poder evitarlo sus sollozos subían de tono.

Lucius Malfoy pasaba por delante de la sala, iba bastante irritado llevaba todo el día escuchando unos sonidos infernales que le taladraban los oídos y le daba dolor de cabeza. Al abrir la puerta se encontró con la flamante novia de su hijo, no le bastaba con aguantarla que para colmo de males también debía soportar sus llantos. Salió de la habitación sin molestarse en cerrar la puerta.

Draco salió de la chimenea de la sala limpiándose el polvo con una mueca de asco, al oír los sollozos rápidamente enfocó la vista en la castaña.

-¡Hey!, ¿Qué pasa?- Dijo arrodillándose ante ella.- Hermione, por favor, no estés así, ellos seguro que están bien.-

-Pero no están conmigo y yo… ¿y si algún mortífago los encontró y los ha matado? Yo no podré soportarlo si por mi culpa ellos están…- No pudo seguir porque unos labios le impidieron terminar la frase.

-No pienses eso, ellos seguro que están en algún lugar del mundo arrancando muelas, es tu cumpleaños, y no es justo que estés así, ven te enseñaré algo.- La cogió de la mano y la guio a lo largo de la mansión, por largos pasillos hasta llegar a una gran puerta doble.- Cierra los ojos es una sorpresa.- Hermione lo miró con expresión de duda, pero cerró los ojos. Draco abrió las puertas de par en par y la condujo dentro de la estancia.

-Ya puedes abrirlos.- Cuando Hermione abrió los ojos, vio su nuevo lugar favorito en el mundo, ante ella estaba la famosa biblioteca de los Malfoy, que al parecer había sido salvada de la guerra y de los juicios.

Decir que la estancia era grande era quedarse corto, gracias a la magia la habían agrandado de tal manera que parecía una segunda mansión, cuando el shock hubo pasado, Hermione soltó un grito de alegría tan fuerte que alertó a media mansión.

Lucius iba camino de su despacho cuando oyó el grito proveniente de la biblioteca.

Extrañado, cambió de rumbo para ver que ocurría, cuando llegó se encontró a su hijo en la puerta mirando hacia el interior de la sala con una sonrisa de oreja a oreja, más extrañado todavía se asomó al interior y al ver lo que ocurría dentro no pudo evitar rodar los ojos.

Esa niña otra vez, esta vez iba feliz de la vida corriendo de un lado a otro acumulando una pila de libros en sus brazos. Miró a su hijo la cara de bobo que tenía y no se resistió a preguntar.

-¿De verdad tiene que ser ella la mujer con la que te cases?, ¿es definitivo? Porque puedo presentarte la hija del Primer Ministro de Hungría, es igual a ella, solo que más femenina y rubia, pero el mismo pelo de escoba.- Draco miró a su padre con una sonrisa divertida, ya no le afectaba ese tipo de comentarios.

-Padre, es ella, está decidido, dentro de poco le pediré que se case conmigo y será la nueva señora Malfoy.- Dijo Draco volviendo la vista hacia el interior de la biblioteca. Lucius no pudo, ni quiso evitar bufar ante aquello, se dio media vuelta y echó a andar.

Millones de galeones, bóvedas llenas de infinidad de antigüedades únicas en el mundo, obras de arte únicas, un alto status social, grandes compañías multimillonarias, ¿y a ella que es lo que le importa? ¡LOS MALDITOS LIBROS! Esa niña está loca.- Refunfuñaba Lucius. Por el camino se topó con su esposa que también se dirigía a la biblioteca alertada por el potente grito.

-¿Qué ha ocurrido, querido?-

-Esa niña otra vez, no se cansa de hacer escándalos en mi casa, primero va llorando por cada rincón y ahora pega un grito por un puñado de libros.-

-Lucius, por favor, tenle un poco de paciencia, echa de menos a sus padres que podrían estar muertos, les borró la memoria antes de la guerra y ahora no sabe nada de ellos, está muy triste y según me ha dicho Draco lo está pasando terriblemente mal, nuestro hijo teme que entre en algún tipo de depresión.- Narcisa siguió su camino dejando a su marido pensativo, así que esa era la razón de tanto alboroto. Continuó el camino a su despacho y se encerró allí por largas horas.

Noche Buena había llegado, y con ello, las reuniones familiares, los adornos, la nostalgia, la alegría de la época… en la Mansión Malfoy, estaban reunidos esperando la llegada del patriarca de la familia, la puerta principal se abrió y cerró dando un ligero portazo alertando de que por fin había llegado.

-¡Qué maravilla de casa!- Exclamó una voz, que Hermione no reconoció de primeras.- Se nota el buen gusto y el lujo.-

-Coincido contigo querida, parece una de las casas que fotografía para las revistas de decoración.- Hermione por fin reconoció esas voces, pero era algo imposible que fuesen ellos, se levantó y salió pitando hacia la entrada, cuando llegó a ella se quedó paralizada por la impresión, allí estaban admirando todo cuanto veían, sus padres estaban allí, vivos, con ella.

-Mamá, papá.- Llamó en un susurro. Su madre le devolvió la mirada y en cuanto lo hizo a ambas se les empañaron los ojos.- No puedo creerlo, ¿co-cómo habéis llegado hasta aquí?-

  • Eso debes preguntárselo a tu suegro, princesa.- Allí estaba el apodo que su padre únicamente le decía a ella.

Hermione ni siquiera lo pensó solo se dirigió a su suegro y se abalanzó sobre él abrazándolo, Lucius la apartó como pudo.- Gracias, gracias señor, no tengo suficiente con que pagarle con lo que ha hecho por mí hoy.-

-No piense ni por un momento que lo hago por usted, más bien lo hago por mí mismo, por la salud de mi buena audición y por mis migrañas.-

Hermione asintió.- De todas maneras gracias.-

-Tú suegro nos buscó querida.- Aquello dejó boquiabiertos a Hermione, Draco y Narcisa, quiénes acababan de llegar y contemplaban la escena.-Nos dio algo de beber que sabía a rayos, y todos los recuerdos empezaron a llegar como flashbacks, por cierto Hermione no vuelvas a hacerlo nunca jamás, no tener recuerdos contigo es como estar muertos en vida.- Hermione no lo aguantó más y se abalanzó sobre sus padres, los cuales la recibieron con los brazos abiertos, los tres lloraban, sacando la frustración que llevaban acumulando durante tanto tiempo.

Narcisa se acercó a su marido, le dio un leve beso en la mejilla y le susurró al oído.- Te acabas de ganar un fantástico regalo de navidad, querido.-


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