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Historia 186774 — capítulo 7

-¡¿Pero qué mierda has hecho?!- exclamé iracunda mirando con profundo odio a Potter. Sí antes lo odiaba ahora sí que le detestaba.

-¡Pagarás por esto Potter!- manifestó Ethan levantándose mientras me hacía a un lado y se acercaba nuevamente hacía a él en vano, puesto que me puse frente a los dos evitando que la pelea fuese a mayores, aunque si les era sincera quería que el indeseado se llevara unos cuantos golpes por meterse en lo que no le incumbe.

-¡Es un maldito hijo de puta, Nina! ¡¿Cómo pudiste?!- habló Scorpius sosteniendo a su mejor amigo que intentaba lanzarse nuevamente sobre Ethan.

-¡No te atrevas a pegarle de nuevo, Albus Potter!- exclamaron Rose y Caroline al tiempo.

-¿De verdad quieres que te diga cómo lo hicimos?- pregunté con una sonrisa irónica, haciéndoles enfadar mucho más de lo que ya se encontraban y la verdad era que me importaba bien poco lo que pensaran, era mi vida privada -No entiendo por qué les importa tanto, yo no me ando metiendo en sus vidas y tampoco les exijo que me den explicaciones de las tantas zorras con las que se revuelcan- interrumpí lo que pudo haber sido un grito de Theo.

-¡Te mataré por eso!- resumió Theo mirando con odio a mi novio. Rodeé los ojos hastiada de aquella situación, tomé a Ethan de la mano y me lo llevé lejos de aquel lugar, mis primos estaban locos.

-Nina…

-No te incumbe a ti tampoco- le corté fríamente mientras cerraba la puerta de la que por estas estúpidas vacaciones iba ser mi habitación -Ahora déjame ver eso- manifesté observando su rota y sangrante nariz.

-Está bien, no hace falta.

-Deja ver- le quité sus manos de su nariz provocándole una mueca. Tomé mi varita y realicé un simple Episkey haciéndole estremecer -Ya quedó.

-Gracias, linda.

-No tienes por qué dármelas, mis primos han causado esto, es lo menos que podía hacer- dije levantando mis hombros restándole importancia -Y no te preocupes, no te mataran.

-Tal vez sí, podemos hacer que sea verdad- sonrió en forma pícara atrayéndome hacia él.

Sonreí con malicia.

-Hoy no Ethan, tengo cosas que hacer- manifesté antes de que sus sexys labios poseyeran mi boca con deseo, aquel deseo que era mutuo.

-¿Qué harás tan tarde?- preguntó, dándome una pequeña mordida en mi labio inferior.

-Sabes que no puedo dejar el tema de mi padre así como está- suspiré con pesadez, sé qué pensarán que soy una loca intensa que no deja su padre en paz, pero es que no era justo lo que le hacía a mi madre, ni tampoco a mí.

-Sabes que no puedes hacer nada al respecto.

-Sí puedo, sé exactamente lo que tengo que hacer y nadie me lo va a impedir- repliqué molesta.

-¿Qué harás?

-Simplemente tengo que dejar las cosas organizadas- seguí hablando mientras caminaba por la habitación y le ignoraba -Debo irme antes de que mis tíos llegue a casa.

-Nina lo que necesitas es descansar y pesar las cosas con más calma.

-No necesito descansar y tampoco necesito pensarlo más.

-No seas terca, Nina.

-Mira Ethan si no estás de acuerdo con esto te puedes largas, no te estoy obligando a ir ni siquiera te lo he insinuado.

-¿Ir dónde, Nina?

-¡No es un asunto que te incumba Ethan! ¡No le incumbe a nadie!- grité ya hecha una fiera.

-Como quieras- dijo antes de levantarse de la cama e irse sin voltear a verme y sin nada más que añadir, estaba furioso y no había que conocerlo lo suficiente para darse cuenta de ello.

Remordimiento vete a la mierda, necesito largarme de aquí y saber qué diablos hace mi padre en Francia.

Tomé un pedazo de pergamino, escribí una corta nota a mis tíos diciéndoles que todo estaría bien y que no se preocuparan por mí, pues sabía que tío Draco pegaría el grito al cielo por no saber dónde fui pero para esto estaría tía Astoria y sus palabras consoladoras. Abrí mi mochila, metí las pocas cosas que había traído y me dispuse a bajar la escaleras por segunda vez dirigiéndome hacia la chimenea, dándome cuenta que a fiesta había finalizado, todo estaba a oscuras y solitario, agradecí a Salazar por eso.

-¿Dónde vas con tanta prisa?- preguntó una voz atrás mío haciéndome estremecer al instante.

-No te importa.

-Pelearon, ¿no es así?- sentí su sonrisa burlona en mi oreja.

-¿Cómo lo sabes?

-Tus gritos fueron suficientes- habló, tirándome su aliento a licor en mi nuca.

-Eres un hijo de puta, ¿lo sabías?- dije, dándome la vuelta encarando al indeseado para ver su sonrisa de suficiencia.

-¿Dónde ibas?

-No te importa dónde voy, a nadie le debería de importar lo que haga y mucho menos tú.

-Pues lamento decirte que no es así, no es lo que tú quieras, niña caprichosa.

Le miré ofendida, no era una niña caprichosa, bueno… Tal vez un poco, pero ¡¿Quién se cree que es para decírmelo?! Le lancé una última mirada venenosa antes de seguir por el camino que no debí de haber parado, maldito Potter y sus interrupciones.

-No te irás sin antes decirme dónde vas- dijo mientras sentía como tomaba mi muñeca y me empujaba hasta la pared para acorralarme.

-Primero mueres, antes de saber dónde voy- bufé -¡¿Qué demonios te traes conmigo?!

Este chico ya me estaba empezando a hartar, aunque en realidad siempre me hartó.

-Cumplo el acuerdo, tenemos un acuerdo y no lo has cumplido- dijo muy cerca de mi rostro.

-¡¿Qué maldito acuerdo?!- exclamé molesta haciéndome la desentendida, pero es que no puedo creer que saque el maldito acuerdo de hace cinco años, ¡Cinco años!

-No te hagas la estúpida, Zabini- rió sarcástico -Sabes perfectamente de lo que te estoy hablando.

-¡Teníamos once años, Potter! ¡ONCE! ¡¿Acaso creíste que lo cumpliría?! ¡Que iluso eres!- me carcajeé.

-Negociaste conmigo, te haré cumplir- respondió con seriedad penetrándome con sus verdes ojos, haciendo que mi vello se erizara de inmediato.

-¡Déjame en paz! No cumpliré ningún estúpido acuerdo contigo- resoplé molesta.

-¿Por qué siempre eres tan odiosa?

-¿Por qué siempre eres tan insoportable?- contraataqué, mientras observaba como sus labios se curvaban hacia un lado haciéndolo ver tan sexy.

¡¿Pero qué diablos piensas Nina?! ¡Por ningún motivo puedes caer en los filosos y venenosos colmillos de esa serpiente!

-No me respondiste.

-Tú tampoco lo hiciste- recriminé - ¿Qué demonios quieres? No tengo tiempo para tus estupideces- finalicé tratando de salir de ese pequeño espacio en el que me mantenía, me sentía sofocada, necesitaba salir de inmediato pero el puto no me soltaba.

-¿Qué es eso tan importante que debes hacer?

-¡A ti que mierda te importa!- le empujé con toda la fuerza que puse reunir, logrando soltarme su agarre para alejarme antes de que me devolviera en aquella incómoda posición.

-No irás sin decirme.

-¿Quién te crees para darme órdenes?

-Y niegas ser caprichosa- rió -No irás a ningún lado, tus primos me dejaron a cargo de ti.

¡¿ES UNA BROMA?!

-No soy una niña pequeña a la que pueden controlar.

-No irás.

-Mira como lo hago- sonreí con malicia al ver fuego en sus ojos, tomé polvos Flú y dejé que las llamas me consumieran.

De nuevo en casa, maldecía a Potter una y otra vez al hacer retrasar todos mis planes, a esta hora ya debería de haber encontrado la dirección de la perra amante de mi papá para largarme a Francia y arrancarle cada uno de los pelos de su cabeza. No la conocía y ya la odiaba, no era más obvio que quería sacar provecho de la muerte de mi madre.

Subí corriendo al despacho de mi padre nuevamente y comencé a buscar más cartas de ella, pero esta vez procuraba de encontrar algún sobre que contuviera la dirección o si quiera la cuidad en donde vivía. Hurgué su biblioteca y cada uno de los cajones de su escritorio mientras me sentía como una mierda al abusar de la confianza de mi padre, pero él se lo había buscado, o bueno, trataba de convencerme de que así era y que lo que hacía era lo correcto.

Bufé frustrada al no encontrar nada, me sentía cansada, no había dormido nada, tal vez Ethan tenía algo de razón pero esto era realmente importante para mí y no podía dejarlo pasar ni un minuto más.

-¿Qué buscas?- brinqué al techo del susto que me pegué al sentir su voz.

-¡HIJO DE PUTA CASI ME MATAS DE UN INFARTO!- grité colérica poniendo una mano en mi pecho, logrando sentir con perfección mi muy acelerado corazón, mientras que Potter se lloraba de risa. Maldito -¡¿QUE DEMONIOS HACES AQUÍ?!

-Te dije que me habían dejado a cargo y te seguí.

-¡¿DESDE CUANDO ESTAS AHÍ PARADO IDIOTA?!

-Desde que llegaste y  ni cuenta  te habías dado, pero debiste ver tu reacción estabas tan concentrada- volvió a carcajearse -¿Qué buscas?

-¡Nada que te importe, lárgate por donde viniste!- exclamé mientras observaba como se sentaba en el sillón de mi padre.

-No, no quisiste escucharme ahora te acostumbras a mi presencia- respondió con simpleza.

¡Puto!

Ignoré su presencia y volví a retomar mi búsqueda.

-Sí me dices que buscas, tal vez te ayude a encontrarlo.

-No necesito la ayuda de nadie- respondí con frialdad, abriendo nuevamente los cajones.

Me empecé a desesperar, no encontraba absolutamente nada y la presencia de Potter empeoraba mucho más las cosas.

-Eres demasiado orgullosa, Zabini.

-Y tú eres un hijo de puta.

-¿No te sabes más insultos?

-Sí, pero ese cuadra más contigo.

-Te lo dejo así- dijo mientras se levantaba y se acercaba nuevamente a mí -Por cada día que me odies me deberás algo.

Fruncí el ceño, ¿había enloquecido?

-¿Cuánto me sale el odiarte por toda la eternidad? ¿Quieres dinero?

-No, no necesito dinero- sonrió con malicia -Por cada día que me odies me deberás un beso- finalizó sintiendo el roce de sus dedos en mi mejilla, dejándome sin aliento.

¡¿QUÉ?! ¡¿Y QUE DEMONIOS ME PASABA?!

-Estás loco- atiné a decir sintiéndome como una completa idiota al ver como Potter sonreía ladinamente y me susurraba un Tal vez,  antes de volverse a sentar en el sillón de mi padre.

Moví mi cabeza tratando de despejar aquellos pensamientos indecentes que habían comenzado a llegar y volver a concentrarme en mi padre. Tomé un pequeño libro, dándome cuenta que era la libreta de papá, no dudé ni un segundo en abrirlo y sentir como algo caía sobre mis pies.

¡MIERDA! ¡MIERDA! ¡MIERDA!

-¡LO ENOCONTRÉ!- Chillé emocionada al ver el sobre con la dirección y el mismo tedioso y amargo nombre de la zorra.

-Felicidades- escuché decir a Potter con burla. Rodé lo ojos hastiada de él y su maldita presencia.

-No pedí tu opinión- bufé.

-Cosa que hubiese sido para ti más fácil, pero el orgullo te puede- me sonrió -Sólo debías preguntarme dónde vivía Pansy Parkinson.

-¡¿Cómo demonios sabes tú eso?!

-Sólo con una insignificante pregunta te hubieses dado cuenta que Pansy Parkinson no vive en Francia, sino en Liverpool tal como lo has leído- continuó, ignorando mi pregunta y dejándome con la boca abierta -Pero, el cómo me enteré de todo… Es un asunto que no te incumbe.

¡MALDITO!

Le miré completamente furiosa, todo el maldito tiempo que perdí buscando la maldita información había sido en vano. El muy estúpido sabía todo y no sabía cómo ni por qué.

-Ve a descansar y te veo mañana para partir.

¡¿Qué?!

-¡TU NO IRAS A NINGUN LADO!- exclamé furiosa.

-Ya lo veremos- me guiñó un ojo antes de salir del despacho de mi padre y dejarme parada con una completa estúpida.