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Aprendiendo a ser padres — capítulo 5
Marzo, 2038
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Siento el retraso chicas. - Dijo Rose nada más aparecerse en el apartamento de Fred y Martha. - Carina no paraba de llorar y no podía dejarla así.
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No te preocupes, las demás han llegado hace poco. - Respondió Martha, saludándola con un pequeño abrazo. - Siéntate donde quieras.
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No podéis ni imaginaros las ganas que tenía de pasar un día de chicas. - Dijo Caro, dedicándole una amplia sonrisa. - ¡Hacía muchísimo que no nos reuníamos para charlar con tranquilidad!
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Pues sí. - Lizzy subió las piernas a la espalda del sofá y dejó la cabeza caer hacia abajo. - Cada vez es más difícil coordinarnos para poder quedar a solas.
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¿Qué habéis hecho con los niños? - Les preguntó Eliza.
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Fred y James se han llevado a los nuestros a Merlín sabe dónde. - Contestó Martha. - Yo casi que prefiero no saberlo.
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Ídem. - La otra suspiró. - Espero que no hagan nada excesivamente peligroso.
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Por Merlín, ¿cómo podéis quedaros tranquilas sin saber dónde están? - La pelirroja negó con la cabeza. - ¡Y más sabiendo cómo son mis primos!
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No van a ponerlos en riesgo. - Replicó Lizzy. - Son sus padres, Rose.
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Seguro que los llevan al almacén y poco más. Además, Fred y James ya no son tan irresponsables como cuando eran adolescentes.
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No digas eso muy alto. - Murmuró Rose. - ¿O tengo que recordaros que en la última cena familiar volaron un cobertizo e intentaron culpar a los niños?
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No intentaron culparlos. - Los defendió Martha. - Solo dijeron que lo hicieron porque ellos querían probarlo y no podían dejar que lo hicieran solos.
Las dos intercambiaron una mirada rápida y palidecieron un poco mientras las demás estallaban en carcajadas.
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Repetid eso de que estáis tranquilas y os fiais de ellos. - Comentó la rubia, sin dejar de reír. - Por Dios, no sé quiénes están más locos si ellos o vosotras. Yo, por suerte, he dejado a los míos con mis padres.
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Jane y Thomas son encantadores y muy tranquilos, nunca tienes que preocuparte por ellos. - Rose suspiró. - En cambio Lyra es un torbellino y hay que estar pendiente de todo lo que hace. Además, siempre acaba peleándose con Orion y Carina llora muchísimo. La única tranquila es Cassie, creo yo.
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No tiene por qué, acuérdate de Jane. - Insistió su amiga. - Se tranquilizó después de un tiempo.
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Y Thomas no llora nada.
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Menos mal, no creo que Albus y yo hubiéramos podido soportarlo de nuevo. - Suspiró. - Realmente la que más suerte ha tenido aquí ha sido Eliza.
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Eso es porque no veis mucho a Angela y se comporta cuando está con vosotras. - Respondió, negando con la cabeza. - Cuando quiere puede llegar a ser un bicho.
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Son niños, al final es lo normal, ¿no? - Lizzy suspiró. - Hay momentos en los que me resultan tan agotadores que me entran ganas de encerrarme en una habitación, insonorizarla y no salir en un par de días.
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No aguantarías ni un par de minutos lejos de ellos. - Martha apoyó una mano en su hombro y le dedicó una pequeña sonrisa. - Pero sé lo que quieres decir. A veces solo quiero salir corriendo. Quizás ya no tanto, pero cuando Gideon nació…
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Sois unas exageradas. - Caroline negó con la cabeza.
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Es que vosotras siempre habéis tenido una cosa, no sé, un instinto natural, pero nosotras dos no. - Insistió ella. - Desde siempre habéis querido ser madres, pero Lizzy siempre dijo que ella no quería y yo creo que si no me hubiera quedado embarazada no me lo habría planteado tampoco.
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No nos malinterpretéis, a mí me encanta estar con Dan y Leah, jugar con ellos, escucharlos, contarles cuentos… Todo eso. Pero hay una parte de mí que siempre se pregunta qué podría estar haciendo si ellos no hubieran nacido, - Lizzy bajó los pies y se sentó en el sofá, aunque agachó la mirada. - dónde podría haber llegado si nada me atara aquí.
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Yo siento lo mismo a veces. - Martha suspiró. - Antes cuando había que cubrir una noticia siempre me ofrecía voluntaria la primera para ir, pero ahora tengo que pararme a pensar con quién dejaré a Gideon y cuánto tiempo estaría fuera y, al final, nunca voy.
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Es normal, todos queremos pasar más tiempo con nuestros hijos. - Trató de animarla Eliza.
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Pero a vosotras no os pesa hacerlo y a nosotras… - Enterró la cara entre las manos. - Somos unas madres horribles.
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Venga, chicas, no lo sois y lo sabéis. - Rose se sentó entre ellas y pasó sus brazos por encima de sus hombros. - Todas nos cansamos a veces.
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Lo dice la que tiene cuatro niños… - Lizzy negó con la cabeza y la pelirroja retiró sus brazos con un suspiro. - Rose, a ti jamás se te pasaría por la cabeza marcharte.
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Se me pasó. - Confesó, atrayendo las miradas de las otras cuatro. - Cuando Cassie nació y me vi con 28 años y tres niños me asusté mucho y quise salir corriendo. Por un momento no sabía qué estaba haciendo con mi vida y solo quise escapar. - Bajó un poco el tono de voz y miró sus manos. - Se me olvidó incluso quién era y solo pensaba que estaba tirando mi vida. Yo siempre quise muchos niños, pero nunca pensé que los tendría tan pronto. - Suspiró sin poder evitarlo. - Solo Scorpius lo sabe.
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Rose, todas tenemos crisis de vez en cuando. - Eliza se sentó en el borde del sofá y le dedicó una media sonrisa comprensiva. - Nunca se lo he contado a nadie pero, cuando me quedé embarazada, Walter me dijo que no sabía si estaba preparado para tener una hija bruja y tuvimos una pelea enorme que casi nos cuesta el divorcio. No es fácil a veces estar casada con un muggle.
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Y ya sabes que Albus y yo no parábamos de discutir cuando nació Jane. - Añadió Caro, sentándose en el otro sofá. - Además, está claro que al final te aclaraste sino, ¿cómo ha nacido Carina?
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Sí, todo se arregló, pero no puedo evitar echármelo en cara.
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Todas tenemos nuestras dudas. - Insistió la rubia. - Es normal.
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La tuya al menos tuvo respuesta. - Murmuró Lizzy. - Yo a veces me pregunto si James no lo hizo a propósito. Él siempre quiso tener hijos, ¿y si no fue un descuido? Me da miedo saber la verdad, me aterra la mera posibilidad de que lo tuviera todo planeado.
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Por Merlín, Lizzy.
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Rose abrió mucho los ojos y miró a su amiga con preocupación. - ¡Es James! ¿Crees que él podría haberte hecho algo así? Preferiría hacerse daño a si mismo antes que hacértelo a ti.
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Lo sé, lo sé. - Contestó. - Pero a veces me lo planteo. No se lo digáis.
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Tranquila. - Martha suspiró. - Yo a veces creo que Fred solo se casó conmigo porque me quedé embarazada.
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¡Martha! - La pelirroja giró rápidamente la cabeza. - ¿Cómo puedes pensar eso?
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Es que nunca nos lo planteamos y de repente me quedé embarazada y todo fue tan rápido que no sé. A veces me resulta extraño. Creo que solo lo hizo porque creía que era lo que debía hacer.
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Fred te quiere.
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Ya lo sé, pero…
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Pero nada. - La cortó. - Por Merlín, ¿pero qué creéis de mis primos? Nadie en la familia creía que James y Fred, especialmente Fred, sentarían la cabeza y yo soy consciente de que solo lo hicieron porque os conocieron a vosotras. Os quieren con locura y jamás os harían daño así que, si Scorpius pudo dejar de temer que lo abandonara y lo dejara solo con los niños, vosotras podéis dejar de haceros preguntas estúpidas. James jamás planearía algo así a tus espaldas y Fred te habría pedido matrimonio tarde o temprano. Y punto.
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Por Merlín, a veces se me olvida el miedo que das enfadada. - Murmuró Lizzy.
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A mí también.
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El caso es que Rose tiene razón, chicas. - Caro sonrió y apoyó una mano en el brazo de su cuñada. - Además, hoy no hemos venido para enfadarnos, ni hablar de cosas tristes. Estamos por fin las cinco juntas después de mucho tiempo y deberíamos aprovechar el día.
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Coincido con ella.
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Eliza sonrió. - Venga, chicas, abrazo en grupo.
Las otras cuatro empezaron a reír y en seguida las cinco se fundieron en un abrazo. Caroline tenía razón, tenían que aprovechar aquel rato juntas.
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¡Mami!
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Hola, peques.
Rose no había terminado de llegar a casa y ya tenía a tres niños enganchados a sus piernas. Scorpius apareció en el salón con la más pequeña en brazos y le dedicó una cálida sonrisa.
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Chicos, dejad a mamá respirar. - Les dijo mientras se acercaba a ella. Le dio un beso rápido antes de pasarle a Carina, que había empezado a echarle los brazos a su madre. - ¿Qué tal os ha ido?
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Muy bien, la verdad. - Contestó. - Nos hacía falta ponernos al día.
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Me alegra oír eso.
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¿Se han portado todos bien?
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Como siempre. - Se encogió de hombros. - A veces creo que mi padre es el único que tiene un poco de autoridad en esta casa.
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Yo también.
Lanzó una pequeña carcajada, miró hacia abajo, a sus hijos que se aferraban con fuerza a ella, y se preguntó cómo pudo haber pensado siquiera en la posibilidad de marcharse. Desde luego había tomado la decisión correcta al quedarse.
- Cariño, ya estoy en casa, ¿has ido a por los niños?
Caroline no tuvo que escuchar a Albus para saber la respuesta. Jane corrió hacia ella, emocionada, hablando muy rápido y contándole algo que le había pasado en casa de sus abuelos y que ella en ese momento no entendía muy bien.
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Cielo, ¿podrías repetirlo un poquito más despacio? - Le pidió, poniéndose en cuclillas frente a ella. - No te entiendo bien.
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Jane, deja a tu madre respirar. - Albus apareció en el salón y les dedicó a ambas una sonrisa.
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Oye, que yo quiero saber qué le ha pasado. - Se quejó ella, sacándole la lengua.
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Pues disculpa entonces. - Se agachó a su lado y le dio un beso en la mejilla.
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¿Dónde está Thomas?
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Dormido.
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¡Mamá, escúchame! - Se quejó la pequeña, cruzándose de brazos y enfurruñándose.
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Claro, cielo, a ver, cuéntame.
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Cuéntanos, al final no me lo has contado y yo también quiero enterarme.
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¡Vale, papi!
La niña empezó a hablar y Caroline sonrió al sentir la mano de su marido en la cintura. Apoyó la cabeza en su hombro mientras ambos escuchaban a su hija con atención. No podía estar más feliz con la familia que tenía.
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¿Me lo estás diciendo en serio?
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Te lo juro, Eli. Empezó a mover las tazas sin tocarlas, casi me da algo.
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Ya está en la edad, te dije que tarde o temprano pasaría. - Eliza se encogió de hombros y sonrió al ver la expresión preocupada de su marido.
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Pero esperaba que hubieras estado tú en casa para explicárselo. - Walter suspiró. - Está en su cuarto, ¿por qué no vas a hablar con ella? Yo no sabía muy bien qué decirle…
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Pobrecillo.
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Eli, cuando vi todas esas tazas volando te juro que estuve a punto de desmayarme, - Sonrió levemente antes de seguir. - pero me alegré mucho porque nuestra hija será como tú.
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No sabes cuánto me alegra oír eso. - Lo besó lentamente y ambos sonrieron. - ¿De verdad estás bien con todo esto?
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Mi hija será una gran bruja. - Él asintió. - Al principio es algo que impresiona, pero creo que podré con ello.
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Menos mal. - Volvió a besarlo. - Voy a hablar con ella.
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Si necesitas ayuda, avísame.
Eliza sonrió y se dirigió hacia el dormitorio de su hija, donde la pequeña jugaba con sus muñecas de forma despreocupada.
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Angy, - Dijo, llamando su atención. - tengo que hablar contigo de algo muy importante.
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Vale, explicádnoslo otra vez y ahora intentad que suene creíble. - Dijo Lizzy cruzándose de brazos mientras Martha enarcaba una ceja.
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Estábamos en el almacén probando unos productos nuevos y entonces Leah pulsó un botón y todo estalló. - Explicó James. Tanto él como Fred tenían el cuerpo lleno de vendas y restos de ceniza en la cara.
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Vuestra hija es un pequeño demonio.
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¡Fred! - Lo reprendió su mujer.
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Oye que si Gideon no ha hecho nada es solo porque es demasiado pequeño, veremos a ver cómo es cuando tenga la edad de Leah. - Replicó el mayor de los Potter.
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Venga, no os pongáis a discutir ahora. - Lo cortó su mujer. - No me creo que hayáis empezado a hacer experimentos con los niños.
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Se suponía que no era peligroso, Lizz.
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Eran los prototipos que te enseñé el otro día, Martha. - Insistió Fred.
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Al final las chicas tenían razón. - Dijo la mujer, negando con la cabeza.
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¿Qué os han dicho?
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Le preguntó él, frunciendo el ceño.
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Que los niños no estaban seguros con vosotros y no entendían cómo podíamos estar tan tranquilas.
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¿Por qué se fían tan poco de nosotros? - Masculló James por lo bajo.
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No lo sé, ¿por motivos evidentes? - Lizzy puso los ojos en blanco. - Anda, vámonos a casa porque vaya tela.
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Venga, Lizz, no te enfades.
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No me enfado, pero vámonos.
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Ya nos vemos chicos. - James suspiró y, tras coger a Leah de la mano, siguió a su mujer y Dan fuera del apartamento. Debían coger el autobús noctámbulo.
Martha suspiró entonces y negó con la cabeza y Fred rodeó su cintura con los brazos y besó su cuello.
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¿Te has enfadado de verdad? - Murmuró en su oído.
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No me gusta que Gideon esté en sitios peligrosos. - Respondió ella, separándose de él.
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Venga, Martha, sabes que conmigo no le pasará nada. - La cogió del brazo con suavidad, se sentó en el sofá y la sentó sobre sus rodillas. - Está bien.
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Ya lo sé. - Suspiró. Estaba preocupada desde que había hablado con las chicas. Había intentado dejar de lado aquel miedo, pero no había podido y sabía que había llegado el momento de aclarar esa duda de una vez por todas. - Oye, Fred, ¿te puedo hacer una pregunta?
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¿De verdad tienes que preguntarme eso? - Murmuró, pegando sus labios de nuevo a su cuello.
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¿Te habrías casado conmigo si no me hubiera quedado embarazada?
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¿Qué? - Se separó un poco de ella y la miró con el ceño fruncido. - ¿Por qué me preguntas eso?
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Es que a veces me da miedo que solo me pidieras matrimonio porque era lo que creías que debías hacer. - Confesó.
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Martha, tenía pensado pedírtelo antes de que me lo dijeras. - Respondió acariciando su mejilla con dulzura. - Estaba buscando el momento perfecto, quería que fuera especial, algo que pudieras recordar siempre, pero entonces viniste y me dijiste que estabas embarazada y me miraste de esa forma y…
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¿De qué forma? - Ella frunció el ceño.
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Me pediste con la mirada que no me fuera. - Se encogió levemente de hombros. - Y yo quise demostrarte que nada podría hacerme alejarme de ti. No lo pensé, me pareció tan natural pedirte matrimonio que simplemente lo hice.
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Entonces, ¿no lo hiciste solo por Gideon? - Sonrió sin poder evitarlo y lo abrazó.
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Claro que no. - La besó con pasión. - Ya sabes que te quiero.
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Y yo a ti. - Ella volvió a besarlo con la misma intensidad, aunque se detuvo al darse cuenta de que su hijo los miraba con el ceño fruncido. Se levantó y contuvo una pequeña sonrisa. - Mejor dejamos esto para más tarde.
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Mejor. - Lanzó una carcajada y también se puso de pie. - Anda, Gideon, vamos a jugar un rato a algo.
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¿Qué te pasa, Lizz?
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Le preguntó James mientras ambos preparaban la cena. - No me creo que lleves toda la tarde enfadada conmigo por lo del almacén.
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¿Ah, no?
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No. - Él negó con la cabeza y se acercó a ella. La abrazó por la espalda y ella sonrió levemente.
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Te conozco y sé que algo te preocupa, ¿por qué no me lo cuentas?
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Es una tontería…
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No me lo creo. - Ella se dio la vuelta y enredó las manos detrás de su cuello. James pudo ver en el fondo de los ojos que, fuera lo que fuera, le preocupaba de verdad. - Cuéntamelo, Lizz.
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Llevo un tiempo preguntándome una cosa, pero sé que te lo vas a tomar mal. - Suspiró. - No quiero que me malinterpretes, ni te lo tomes a malas.
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¿Qué ha pasado?
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Cuando… cuando me quedé embarazada, ¿fue realmente un accidente? - Se atrevió a preguntar casi en un susurro, bajando la mirada.
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Dime que no estás insinuando lo que creo que estás insinuando.
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Es una duda, sabía que no te lo ibas a tomar bien, justo por eso no quería decirte nada.
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¿Cómo quieres que me lo tome bien? - James la soltó y se separó de ella. - Elizabeth, ¿crees que lo hice a traición?
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¿Eso es un no?
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¿Cómo puedes si quiera dudarlo? - Negó con la cabeza y se cruzó de brazos. - Jamás podría haberte hecho eso.
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Lo sé, lo sé, pero entiéndeme, Jamie. - Se acercó y apoyó una mano en su brazo. - Tú siempre quisiste niños y no los ibas a tener porque yo no quería, quizás…
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¿Se me pasó por la cabeza? - Él suspiró. - Claro que se me pasó por la cabeza, pero no pensé ni por un segundo en hacerlo. - Confesó. - Siempre tuve la esperanza de que cambiaras de opinión y, si no lo hacías, sabía que al final me acostumbraría. Jamás te podría haber hecho eso, Lizzy. Me ofende que creas eso de mí.
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Lo siento, lo siento. - Le dedicó una mirada de disculpa y él se encogió de hombros. - Sé que no harías nada que pudiera dañarme.
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Claro que no. Jamás, Lizz. No vuelvas a pensar eso de mí. - Murmuró.
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No lo haré, te lo prometo.
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Y quítate esa tontería de la cabeza, Dan y Leah fueron solo un accidente. - La besó lentamente y pegó su cuerpo al de ella. Solo se separaron al escuchar algo caer al suelo y romperse. - Creo que nos reclaman en el salón.
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Creo que se acaban de cargar ese jarrón tan feo que nos regaló tu tío Percy. - Ella lanzó una carcajada. - Nos han hecho un favor y todo.
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¿Vas a decirle eso a ellos?
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Claro que no, soy una madre seria cuando es necesario. - Respondió con una sonrisa. - James, quiero que sepas que no me arrepiento.
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¿De qué?
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De los niños. - Se mordió el labio antes de seguir. - Puede que a veces dude y que haya momentos en los que quiera salir corriendo, pero realmente no me arrepiento. Tener hijos contigo es lo mejor que he hecho en esta vida, aunque me suene raro hasta a mí decirlo, y no lo cambiaría por nada. Son nuestros pequeños al fin y al cabo y nacieron del amor. - James sonrió al escuchar en su boca las palabras que él había dicho cuando ella le contó entre lágrimas que estaba embarazada. - Y quiero que me lo recuerdes cada vez que quiera rendirme.
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Lo haré, no te preocupes. - La besó con dulzura y ambos sonrieron. - Hacer las cosas con amor siempre se nos ha dado bien.
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Perfectamente. - Unieron sus labios de nuevo. - Y ahora vamos, debemos cumplir nuestro deber como padres.
James sonrió y, sin soltar la mano de Lizzy, la siguió hasta el salón. La mujer lo miró de reojo y sonrió. Ser madre no siempre era fácil pero, cuando se encontraba a la persona adecuada con la que enfrentarse a aquel reto, al final siempre merecía la pena.
Hola a todos ^^
En primer lugar, siento haber tardado tanto en actualizar pero es que he estado liadísima entre la facultad, el fanfic de la cuarta generación y un nuevo proyecto del que os hablaré más adelante.
En segundo lugar, este one-shot es un poquito especial para mí. Os explico. Yo creo que todas las madres también tienen sus malos días, sus miedos, sus momentos de debilidad..., pero siempre lo disimulan y ponen buena cara. Ser madre no tiene que ser fácil y si a eso le sumamos todas las presiones externas que muchas veces tienen (el miedo a ser consideradas "malas madres" por la sociedad, por ejemplo) puede ser una auténtica locura. Así que este capítulo va dedicado a todas esas madres que quieren a sus hijos y luchan por ellos a pesar del miedo y de las dudas. (Y, mamá, si alguna vez lees esto, aunque lo dudo, te quiero <3).
Y ya por último deciros que voy a empezar una historia de la primera generación. Subiré el primer capítulo el martes así que estad atentos a mi perfil (de todas formas dejaré el enlace en alguna de mis otras historias y aquí la próxima vez que suba one-shot) ;)
Vale, ya no me enrollo más xD Intentaré actualizar pronto.
Y por cierto, feliz día de Andalucía a todos los andaluces como yo ^^
Muchos besos,
María :)