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A la memoria de Alan Rickman — capítulo 1
Querido Alan…
Tu voz permanecerá como la música de las memorias más dulces.
¿Existirá una voz más bella que la tuya?
Creo que no es posible.
No voy a mencionar a tus magnificas interpretaciones, tus premios, el talento que desplegaste en el mundo artístico. La grandeza profesional está presente en todos tus trabajos, y tu calidad humana es incuestionable.
Voy a referirme a la magia, a lo que nos pasaba y nos pasa cuando te vemos ponerte en la piel de Severus Snape.
Tu rostro nos inspiró para escribir tantas historias, tantas veces...
No podíamos imaginarnos al enigmático profesor de pociones sin pensar en tu cara, en tu expresión perfecta.
Pensar en Severus Snape, era pensar en ti. Te hiciste parte de los libros.
Y es el alma que te reconoce, que te siente y te admira.
Me resisto a hablar en pasado, tal vez porque me cuesta aceptar que te fuiste, que partiste como también un día lo hizo el Slytherin de corazón valiente.
Es que nos sentimos tan vacíos cuando se van los grandes…
Tan desprotegidos…
Huérfanos...
Es tan difícil escribir con los ojos llenos de lágrimas…
Porque hoy, lo que nos duele profundamente, es que Severus haya muerto otra vez.
Quizás el tiempo, con su infinita sabiduría, logre que las lágrimas se conviertan en resignación, y que comencemos a pensar en las cosas buenas que nos dejaste.
Quedarán como tesoros las palabras que te dedicamos, los poemas, los suspiros, todas formas de un mismo amor que no sabe de distancias, de continentes, de edades…
Hoy lloramos tu partida, lloramos por todos los momentos que vivimos en tu honor, y sentimos que te llevas contigo parte de nuestras esencias. Algo secreto, sagrado, que casi ni se puede describir.
Nunca te vamos a olvidar.
Vas a estar dentro de nosotros…
"Siempre".
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