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If I Stay, Fred. — capítulo 11

Harry y Hermione trataban de calmar a Ron que intentaba escabullirse y seguir a Percy en búsqueda de los mortifagos, no sé porque no me retienen a mí, quizás porque estoy hecha un ovillo, con los ojos abiertos y negando con la cabeza, sin mirar el cuerpo inerte del lado, no puedo…no puedo y no puedo. Levanto la cabeza del escondite entre mis piernas y veo un colmillo de basilisco desprendido del bolsillo de Hermione, gatee hasta el para recogerlo y guardarlo en silencio, luego me levante lentamente y los tres me miraron.

-Tai-sollozo Hermione, pero yo no la miraba, miraba el lugar donde Percy había escapado...por donde Rockwood había escapado.

-Mátalo-murmuro Ron, lo mire a sus ojos azules y asentí con la cabeza, Harry pronuncio mi nombre de nuevo, hice caso omiso y mire a Fred, una punzada desgarradora atravesó mi costal izquierdo, pero al mirar no era ninguna herida física, me di vuelta y antes de que pudieran responder y salí corriendo.

No sabía a ciencia cierta donde me dirigía, salvo a quien quería encontrar, a Rockwood, lo quería matar, hacerlo sufrir, pero sabía que nada de eso serviría para traer a Fred de vuelta, solo quería encontrarlo y hacerle pagar de alguna manera, mejor dejarlo vivo, que cumpla cadena perpetua en Azkaban, me rehusó a creer que no ganaremos, tenemos que, por Fred, Por Tonks, por Colin Creevey y por todos los otros que hayan fallecido.

Me dirigí a la zona de combate, ayude a algunos a derribar mortifagos, a otros a derrotar a los gigantes, me pille con Hagrid, pero poco pude hablar con él porque mis ojos ya tenían a mi presa, mi corazón dio un vuelco al ver contra quien luchaba...George y Lee Jordan. A George no, pensé. Corrí como nunca antes en mi vida lo he hecho y llegué hasta ellos, aparte al desorejado de mi camino y comencé mi propia lucha con Rockwood que estallo en carcajadas al verme, mis músculos se tensaron en ira.

  • ¿Has venido a vengar al novio? -pregunta en una risa histérica, negué con la cabeza mientras rebatía sus hechizos y lanzaba los míos propios.

Chille en frustración al ver como esquivaba y esquivaba encantamientos, no lograba darle, por lo menos él a mí tampoco, lo que le enojaba, que se enoje pensé, que lance lo mejor que tiene...Lo vi articular algo, no sé qué, dejo el maleficio a la mitad, una "oh" se formó en sus asquerosos labios y cayó como un saco al suelo, dejando a Lupin al descubierto.

-NO-grite- ¿Que has hecho? ¡Lo tenía!

-Tai! -grito mi padrino acercándose-Tu no debes estar aquí, Harry se fue a la sala de menesteres, ¡ve!

Negué con la cabeza y volteé la mirada a George que estaba pálido...no quería dejarlo, pero de tan solo mirarlo me daban ganas de echarme a llorar. ¡Merlín! ¡Es su gemelo! Son idénticos, no creo poder ser tan fuerte, pero me hice la valiente, no sé de donde saque la fuerza y me acerque a George.

-A qué se refería-murmuro mientras Lee Jordan y Remus se encargaban de protegernos.

-George-susurré, me negaba a llorar, desvié la mirada porque sentía sus ojos perforándome, tan solo negué con la cabeza.

-Estará bien-susurro él, no le creí, pero lo vi irse, seguido de Lee, atacando todo a su paso...

-Tai! -murmuro Remus-Apúrate!

-No te mueras-le ordene y mi padrino asintió, me pregunte si sabrá lo de Tonks, otra punzada de dolor, me aleje corriendo solo me di vuelta para ver que comenzaba una batalla con Dolovh.

Sentía la adrenalina correr por mi cuerpo, pero no era bueno, quería sangre, matar, asesinar, quitarme este maldito dolor que no dejaba de esparcirse por mis entrañas, pero debía alejarlo hasta que esta maldita guerra acabe, solo no sabía cómo...Corrí y corrí, escabulléndome sobre la gente, cadáveres y cadáveres por el suelo, no quería ver quiénes eran asique mantuve la vista al frente, no podría soportarlo, subí las escaleras de dos en dos, la sala de menesteres de nuevo, maldita sea...¿Que busca en ese lugar?

Procese, ¡el lugar donde se esconden los objetos perdidos! ¡Claro! ¡La diadema de Ravenclaw está ahí! Una corriente eufórica, combatía con la del duelo, exclamé un grito ahogado y seguí marchando más a prisa solo para quedarme quieta y palidecer por lo que veía. La puerta estaba abierta de par en par, humo, fuego...eso es todo lo que admiraban mis ojos.

-HARRY! -grité tratando de correr hacia ese infierno, pero el calor era demasiado fuerte, empecé a sudar y tuve que salir tosiendo.

Un ruido, tres personas volando en escobas a toda velocidad se aproximaban a mí, deje salir todo el aire de mis pulmones por el alivio de ver a mi hermano vivo.

Otro ruido sordo en el suelo, la diadema, corrí hacia ella sin pensar en nada más que en el odio que me provocaba esa parte del alma de Voldemort, saqué el colmillo de mi bolsillo y con un grito de cólera lo clave en ella. Todo se sumió en la oscuridad, mi mayor miedo, una voz escalofriante surco el aire, pero no deje que me atemorizara, volví a clavar el colmillo una y otra vez, entre bramidos, mis dedos comenzaron a sangrar de tanto pegarle al piso, pero quería cerciorarme de que cada partícula suya estuviera muerta.

-TAI-chillo Hermione-YA ESTA!

Harry me levanto del suelo nuevamente, y yo chillaba para que me soltara, lo hizo, tengo la respiración agitada, me importa una mierda lo que acaba de pasarles...tuve que decirle a George que Fred está muerto! No tuve ni siquiera las agallas para decirlo en voz alta...un gruñido me hizo desviar la mirada de esos ojos esmeraldas que me miraban compasivos y con humildad, hasta dos bultos del suelo. Malfoy y Goyle.

  • ¿Que hacen ellos vivos? -pregunto tomando mi varita, dispuesta a matarlos, pero Ron me retuvo por la muñeca, estaba eufórico.

-No sabes lo que hicimos para mantenerlos con vidas, no te atrevas Taissa.

Bufé y me di vuelta, para volver a luchar, esta vez seguida de los otros tres.

Navidad, oh Santa Navidad, familia, amigos, risas y diversión...esa es por lo menos una navidad normal, no para mí. Estábamos en San Mungo, el señor Weasley ha sufrido un accidente, una serpiente casi lo mata, según dicen, es culpa de Harry que esta poseído, lo primero que pensé y que lamentablemente dije en voz alta fue que lo exorcizaran, se rieron de mí y me dijeron que eso no se aplica al mundo mágico, como varias otras cosas.

-Tengo que ir a La Madriguera, ¿Me acompañas, Tai? -pregunto Fred.

-Que te acompañé George-dije distraída.

-Tiene que cuidar a Ginny.

- ¿Desde cuándo cuida a Ginny? -pregunte confundida y Fred puso los ojos en blanco.

-Me quieres acompañar o no?

Asentí resignada, y con un poco de miedo porque sería mi primera aparición, Fred me tomo suavemente la mano, me guiño el ojo y sin ponerme de sobre aviso se giró sobre sí mismo, sentí un vuelco en el estómago y me aferre a sus dedos mientras nos sumergíamos en la oscuridad asfixiante. Me soltó y me tambalee, tuve que sentarme en el suelo, era como si estuviera viendo estrellitas, me enoje al escuchar su risa.

-Que chica ¿eh? -bromeo y me sujeto por la cintura para levantarme, atrayéndome hacia él.

-Creo que voy a vomitar-dije y el me soltó enseguida-que chico ¿eh? A que vinimos, por cierto.

-No quería seguir allá-comento sentándose sobre su cama, fue cuando me di cuenta de que estábamos en su habitación, entrecerré los ojos y me puse a curiosear por todos lados, me acerqué a la ventana, sentí como él se levantaba y me rodeaba por la cintura, con su mano me alejaba el cabello de la parte izquierda de mi cuello y comenzó a besarla, de manera suave, me estremecí y cerré los ojos, se sentía tan bien. Con brusquedad me dio vuelta y me atrajo nuevamente hacia él, sus dedos estaban solo a algunos centímetros de mi trasero y me vi deseando que bajara, eso me dio miedo y me aclare la garganta.

- ¿Qué? -pregunto en un susurro, mientras me quitaba el cierre de la chaqueta.

- ¿Qué haces? -pregunte con la voz ahogada, imposibilitada de frenarlo, escuchando el ruido que hizo la prenda al caerse.

- ¿Qué crees? -pregunto en susurro seductor que hizo ponerme los pelos de punta, acariciaba mi espalda, subiendo mi polera, sus manos se escabulleron por debajo, di un respingo y escuché su risa. -No te voy a hacer daño.

-No te creo-susurre, la voz no me salía, me palpitaba la cabeza de los nervios y el comenzó a besarme, de manera suave, lenta, quería que parara, me hacía sentir cosas nuevas, desear cosas nuevas...era yo ¿o empezaba a hacer calor? Era Navidad, por la ventana el paisaje se veía blanco y yo estaba, por cada aumento en la aceleración del beso, derritiéndome en sus brazos. No le tenía miedo a él...tenía miedo de estar con él, y tenía miedo de admitirlo... ¿dónde está la valentía Gryffindor en esos momentos? Me sujetaba de los brazos, me guiaba a palpar su pecho y poco a poco me fui soltando, si yo estaba sin chaqueta, el tampoco, tuve que coordinar mis movimientos para desabrocharla y continuar con el beso, pero se me era difícil, asique Fred termino ayudándome, con una sonrisa en sus labios.

Nos tumbamos en la cama, el encima de mí, tenía una pierna levantada que el acariciaba con suavidad, impuso un ritmo sensual, provocativo, lento...yo solo quería más y más, me escuchaba a mí misma suspirar cuando besaba mi cuello, apretaba mi cintura, arrancaba mi polera y besaba mis senos, bajando hasta el ombligo y subiendo hasta mi boca. Sumergiéndonos en un deseo frenético de placer, su lengua me embriagaba, sus manos sobre mi cuerpo me elevaban hasta las nubes.

Pronto los dos quedamos despojados de todo ropaje, sintiéndonos en ese fuego salvaje y siendo uno.