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SHERLOCK: La versión de Irene Adler — capítulo 1

La última vez que lo había visto, probablemente habrían sido los mejores cinco minutos de su vida.Estaba arrodillada, en Karachi, de sus ojos emanaban lágrimas incesantes, hacía un calor sofocante, pero aún así, la habían obligado a vestir muchos ropajes. Las esposas le apretaban las muñecas y se las enrojecían. Pero eso era lo de menos.-Puedes enviar un último mensaje- Practicamente le gritó el hombre enmascarado que sostenía sus pertenencias. Podría haberle enviado a Kate un mensaje, pero no se le había ocurrido en el momento..."*Adiós, Sr. Holmes"*Le había escrito, y cuando la pantalla le mostró la señal "ENVIADO", devolvió el celular y cerró los ojos, esperando el último momento, pensando en..."Ahh" Se escuchó.Abrió los ojos de golpe, y miró a su izquierda, allí, de pie con una cuchilla en lugar de los ojos sin vida y crueles de las personas que la encerraban, se encontró con unos celestes ojos avispados.-Cuándo diga "Corre", corre...- Le susurró. Ella sonrió.Él noqueó a los hombres más cercanos y luego sacó una pistola y le tendió el cuchillo a Irene, quien desgarró la garganta de tres más, sin prestar atención a lo que Sherlock estaba haciéndoles a las otras almas en desgracia. Pero totalmente confiada en que no los dejaría dar muchos respiros más.Con ayuda de Sherlock, Irene terminó de aniquilar a los diez hombres que la tenían secuestrada en esa habitación. Respiraron agitadamente. Todo había sucedido tan rápido... Irene se puso de rodillas en el piso del cansancio.Matar ocho hombres en cinco minutos no era trabajo fácil, y ni ella recordaba con exactitud lo que acababa de pasar por la velocidad de la situación.Estuvo en esa posición, escuchando su respiración calmarse durante al menos diez minutos, hasta que el cálido brazo de Sherlock la tomó delicadamente por el codo, para ayudarla a ponerse de pie con una mano, y con una llave maestra en la otra.Tomó con sumo cuidado las muñecas de Irene e introdujo la llave en las esposas, delicadamente y giró tres veces, y estas se soltaron y cayeron al piso. Irene se frotó las muñecas.-Sr. Holmes, yo...- Comenzó a decir, pero Sherlock emitió un leve "Sh", casi inaudible, pero lo formuló con sus labios, tomó sus muñecas y se las llevó a la boca, depositándolos leve y suavemente una vez en cada muñeca enrojecida.A Irene le temblaba el pulso, y era plenamente consciente de que Sherlock lo sabía, entonces no pudo resistir más. Había tenido ganas de besarlo durante meses, pero esta vez... No lo deseaba.Se hechó a sus brazos. Lo abrazó por debajo de los suyos, ya que él era demasiado alto.Al principio creyó que él no respondería al gesto, como hacía con todo el mundo... Pero, para su sorpresa, los brazos de Sherlock atraparon su parte alta de la espalda y la aproximaron más. Apoyó a duras penas la cabeza sobre la de Irene y con una mano, le tocaba el cabello.-Estaba tan asustada- Le dijo Irene, por primera vez en su vida, admitiendo su vulnerabilidad.-Lo sé- Asintió él, separándose repentinamente del abrazo y mirándola a los ojos- Yo también--Bueno... Supongo que ahora sí querrás cenar conmigo, ¿Verdad?- Bromeó Irene, secándose las lágrimas en sus mejillas.-Ni soñarlo- Le respondió él.A decir verdad, esta respuesta había decepcionado un poco a la dominatrix, que mantuvo la compostura y se quitó la capucha.-Algún día será- Le sonrió ella.-No seas idiota...-Sherlock le guiñó un ojo y comenzó a alejarse, quitándose todo su disfraz, revelando abajo el típico traje inglés que vestía todo el tiempo, y su figura se perdió entre sombras, dejando a Irene sumida en oscuridad.Tomó todas sus posesiones, se puso ropa descente y comenzó a buscar la forma más segura de salir de allí. Después de horas caminando por la ruta y de haber tomado un taxi hasta el palacio de Westminster, se dio cuenta de algo.Sherlock había sido una alucinación.Por que no podía ser que el muy ingrato se haya ido sin ofrecerle llevarla.Pero, en fin, ahora Irene Adler le debía a Sherlock un favor.Un favor que no sabía cómo pagar.Tomó su celular y le mandó un mensaje a Kate."Estoy yendo al palacio de Westminster. Actúa como si realmente me hubieras extrañado"Y luego de un rato..."Como siempre, Señorita Adler".Casi pudo notar la sonrisa de su secretaria en el mensaje."¿Llevaste dinero? Recuerda que no tengo para el taxi""Como siempre, Señorita Adler"Esta vez estalló en una carcajada. Era cierto. Irene nunca salía de su casa sin su látigo, pero siempre olvidaba el dinero para el taxi. Cuando llegaron, Kate la estaba esperando en la esquina, delante de una bajada hacia los trenes. -Aquí tiene- Le dijo Kate al taxista cuando le dió el cambio- Buenas noches- Tomó a Irene del brazo y se alejaron, cuando estuvieron lejos del taxi, se soltaron- ¿Qué hacemos ahora, Señorita?- Le preguntó.-Agh. ¿Cuantas veces, Kate? Estamos en público, trátame como si fueras mi esclava. Estamos a solas... Llámame Irene si no quieres que te rompa las costillas con el látigo- Le dijo sin mirarla- No sé... No podemos volver a la casa de Londres, probablemente nunca más. Por esta noche vamos a ir a Surrey. A la casa de verano que tenemos. ¿Trajiste...?--¿Dinero y otras banalidades? Si, Irene, los traje. Mañana, de cualquier manera, iré a la casa a buscar varias cosas que podríamos necesitar- -Ay, Kate... ¿Qué sería de mi sin ti?-Le sonrió.Pararon otro taxi y se subieron.Irene miraba la ventanilla, sonriendo. Estaba viva. Y eso no era todo. Había visto a Sherlock. Tenía que agradecerle, tenía que verlo otra vez. Se iba tapando la cara de vez en vez, a sabiendas de que Kate no la veía, por que estaba hablando con alguien por celular, seguramente con su hermano.¡Además ya no tendría que trabajar para Jim! Ay, eso si era aliviante.En realidad le caía muy bien Jim, pasaban un muy bien tiempo juntos, y hablar en serio con él, la reconfortaba en cierta forma... Pero en el último tiempo... No movió un dedo para impedir que se la llevaran a Karachi, lo cual consideró traición absoluta. Y era totalmente ventajoso que él pensara que ahora estaba muerta...Al igual que seguramente lo pensaban todos en Londres, Mycroft, Watson, Lestrade... Menos, claro, él...Pensaba en cómo iba a conseguir más dinero. Sería peligroso volver al trabajo de dominatrix, a no ser que esperase a que las cosas se calmaran un poco y volviera a trabajar. Otra opción era mudarse a América. Pero no, no contaba. Es que estaría muy lejos de... De... De todo lo que había conocido, claramente. Además en Inglaterra tenía contactos, contactos fieles, que no la delatarían en lo absoluto y que le pagarían un buen dinero. La ventaja de caerle bien a Kate, era que pasaba con Irene la mayor parte del tiempo, no solo por el trabajo, si no por que le agradaba la compañía.-¿Cómo saliste?- Le susurró Kate, para que el taxista no escuchara, y era bastante imposible, ya que este estaba escuchando la radio inglesa.-Prometo contártelo ni bien lleguemos, es... Algo difícil de explicar- Y se rascó la nuca con la mano derecha, elevando un poco el codo y dejando, accidentalmente que Kate vieran las manchas de sangre que traía en esa parte del abrigo.-¡Irene! ¿Pero qué...?--Luego, luego- Le susurró esta.Ambas se quedaron dormidas en cuestión de minutos, y se despertaron a unas cuadras de su casa de verano. Kate despertó primero, se desperezó y movió un poco a su jefa, quién despertó también.Le pagaron al taxista y bajaron.