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La decisión de Hermione — capítulo 37
¡Mierda, mierda, mierda! - Percy maldecía mientras daba vueltas en la sala de espera de San Mungo, nervioso cual colacuerno húngaro encerrado.
- Percy Weasley, modera tu lenguaje - Le gritó su madre-. No te hemos educado para que uses ese vocabulario. Como no podía ser de otra manera, al enterarse que la novia de Percy estaba ingresada, la familia Weasley al completo había acudido al hospital.
- Percy, hijo, ¿no crees que deberíamos avisar a sus padres?
- Papá, no es tan fácil...
- Oh, Percy - Dijo Fred - Seguro que tienes un discurso preparado para sus padres y te lo has dejado en casa...
- Algo así como "Queridos padres de la chica que acabo de mancillar, les prometo que no era mi intención compartir con mi hermano mayor los encantos de su hija...". - Añadió George. Ante el recuerdo de lo que había pasado, Bill enrojeció y Percy les gritó:
- Callad, capullos.
- Percy, modera tu lenguaje. No te lo diré de nuevo. - Su madre suavizó el tono - Hijo, explícanos cuál es el problema...
- Exacto, Percy. - Añadió Charlie - Tanto si es un problema de duración como de tamaño podemos ayudarte...
- Si es de tamaño, tenemos algunas pociones buenas en nuestra trastienda... - Añadió Fred.
- ... pero si es de duración no te harán falta... ¡sólo dedícale un pensamiento a Tía Muriel y tu problema se solucionará sólo! Todos los hermanos de Percy estallaron en carcajadas, incluso Arthur sonrió ante el comentario. Pero antes de que Molly pudiera reñirlos, un medimago se acercó al grupo y se dirigió a Percy con cara de pocos amigos.
- No es mi trabajo juzgar las relaciones de los demás, pero me parece muy feo lo que le ha hecho a esa chica. Tranquilo, no se ha dado cuenta de nada. Espero que a partir de ahora sea sincero con ella. Puede entrar a verla, ha despertado y en un par de horas podrá marcharse. Buenos días. Su madre le miró horrorizado.
- Percy, ¿qué le has hecho a esa pobre chica?
- Mamá, ella es...
- Una fugitiva - Cortó George.
- ¡Un vampiro! - Añadió Fred.
- No... ella es muggle.
- ¿Quieges decig que es una Squib? - Preguntó Fleur.
- No, no quiero decir eso.
- Bueno, ella es de origen muggle, como Hermione... ¿Cuál es el problema? - Añadió Ron.
- No, Ron. No dije que ella fuera muggle, sino que ella es muggle.
- Hijo - Dijo Arthur- ¿Cuándo eso ha significado un problema para nosotros? No es algo de lo que debas avergonzarte... Pero al ver como Percy agachaba la cabeza, Hermione entendió cuál era el problema y le preguntó.
- ¿Cómo se tomó ella que fueras mago? Y ante el gemido que emitió Percy, todos lo entendieron. Ron pronunció las palabras que todos tenían en mente.
- No se lo has dicho. Ella no sabe que eres mago.
- ¡Quién lo diría del prefecto perfecto! - Añadió, George.
- Hijo. - Arthur tomó la palabra - Creo que le debes una explicación a esa chica. Y debes aceptar su reacción.
- Voy. - Y cabizbajo, se dirigió a la habitación de Audrey. Al entrar, percibió como ningún objeto mágico permanecía a la vista. Cortesía del equipo médico, supuso.
- Hola, Audrey. ¿Cómo estás?
- Muy bien, Percy. Me dieron los médicos una jarabe asqueroso pero que funcionó al instante. ¡Me siento genial, parece cosa de magia!
- ¿Qué pasó?
- No sé... sólo recuerdo que iba camino a tu cuarto de baño para ducharme cuando empecé a tener alucinaciones. De la chimenea salió una cabeza de señora pelirroja y me dijo que era tu madre. Y después un pelirrojo guapísimo con coleta me cogió en brazos. ¡Oh, Percy, no pongas esa cara! Una no elige sus alucinaciones... intentaré que la próxima vez el chico ficticio que me salve sea guapo... ¡o mejor que seas tú! Audrey estaba de muy buen humor. A Percy no le apetecía confesarle algo que seguro que la enfurecía, pero ya no podía prorrogar más esa conversación.
- Audrey, ¿recuerdas que tenía algo que decirte? - Ella sonrió y asintió - Resulta que... bueno, yo... soy mago. Ella empezó a reír a carcajadas.
- ¡Percy! Siempre pensé que tendrías un trabajo aburridísimo... ¡y resulta que eres mago! Mi padre sabe algunos trucos y aún me los hace de vez en cuando. ¡Saca una baraja, quiero saber qué eres capaz de hacer, vaquero!
- No, Audrey, no me entiendes... no soy mago de profesión...
- Entonces, ¿la magia es tu hobbie? No le veo problema. Percy se sentó en una butaca junto a la cama y le cogió la mano...
- Audrey, soy mago.
- Eso ya lo has dicho. ¿Y cuál es el problema? ¿No ganas suficiente? ¿Eres muy malo? ¿Trabajas en un club de striptease y te da miedo que me ponga celosa? Percy no pudo evitar sonreír ante ese comentario. Ella era tan simpática, tan alegre, tan diferente a él... y eso le encantaba. De repente, alguien tocó a la puerta.
- Percy, querido, puedo entrar.
- Un segundo, mamá.
- ¿Ha venido tu madre? ¡Oh, Percy, y yo con estas pintas!
- No te preocupes por eso, estás preciosa. Y sin esperar otra respuesta, Molly entró. Y Audrey quedó blanca.
- Percy, ella es la señora de la chimenea.
- Sí. Audrey, te presento a mi madre.
- Llámame, Molly, querida. ¿Cómo te encuentras?
- Pues un poco aturdida. Fíjese que pensé que a usted ya la había visto antes de desmayarme.
- Sí, sí... nos vimos a través de la chimenea.
- No entiendo. ¿Acaso usted y Perci tienen pisos contiguos y hay, no sé,un agujero por el que se comunican? Parece divertido...
- Oh, no, querida. A eso lo llamamos Red Flu.... nos sirve para viajar y para comunicarnos, creo que es más práctico que vuestros "felétonos". Antes de que Audrey pudiera responder, Arthur entro en la habitación.
- Buenos días. Yo soy Arthur, el padre de Percy, ¿cómo te encuentras?
- Oh, bien. Encantada de conocerle.
- Igualmente. Por favor, trátanos de tú. ¿Hablabáis de felétonos? Hermione me ha dicho que me regalará uno para Navidad.
En ese momento, se oyó un "Plof" en la habitación y Fred y George aparecieron en ella.
- Fred...
- Y George...
- ¡A su servicio señorita! Si alguien es capaz de aguantar a nuestro querido hermanito el perfecto...
- ¡Se merece nuestra total admiración!
Audrey les miraba sonriente.
- ¡Oh, vosotros también sois magos!
- ¡Y de los mejores!
- ¡No hay otros como nosotros!
- ¿Y trabajáis juntos? ¿Tenéis un espectáculo familiar?
- No, para nada. Nosotros tenemos nuestro propio negocio "Sortilegios Weasley" ... y Percy tiene un trabajo aburridísimo, es ayudante del Primer Ministro.
- Percy - Dijo Audrey abriendo los ojos desmesuradamente - ¿Eres el ayudante el Primer Ministro? Pero si él sale continuamente en la televisión con su personal y yo nunca te he visto...
- No ese "Primer Ministro", el otro... el Ministro de Magia... - Dijo Percy- Audrey, mejor te explico eso en otro momento... Audrey decidió cambiar de tema...
- Percy, ¿por qué no me dijistéis que tenías dos hermanos? ¡Sois tres! Yo siempre quise formar parte de una familia numerosa.
- Creo que sospecho porque Percy no te habló de nosotros... - dijo Fred.
- ... Sí, tenía miedo que al conocernos te gustásemos más que él - añadió George.
- ¡Oh, eso sólo puede ser porque aún no me conoce a mi! - Charlie entró en la habitación luciendo una gran sonrisa. - Hola, soy Charlie. Hermano mayor del cabeza de chorlito de tu novio. Tanto Percy como Audrey se sonrojaron.
- Charlie, tú no podrías competir con nosotros, todos sabemos que tú único amor son los dragones.
- ¿Dragones? - Dijo Audrey - ¿Eres zoólogo? ¿Estudias esos bichitos que parecen lagartijas?
- No, dragones de verdad. - Ante la cara de confusión de Audrey, Charlie añadió- Grandes, con escamas... que escupen fuego. Espera, que llevo algunas fotos en la cartera. Y sacó diez imágenes de las más feroces criaturas, en movimiento.
- Es impresionante, sois unos ilusionistas increíbles... esto es tecnología súper avanzada, no sé cómo no he oído hablar de vosotros antes...
- ¿Qué es ser ilusionista? - Preguntó Arthur. Discretamente, Bill y Fleur entraron en la habitación. Audrey sé quedó mirando a Bill con la boca abierta, pues no se esperaba ver al pelirrojo con coleta que se apareció a través de la chimenea.
- ¿Así es cómo reaccionan las chicas cuándo ven a un chico con cicatrices de garras de hombre lobo en la cara? - Dijo Charlie - Quizás si dejara a la vista algunas quemaduras de dragones ligaría más..
- Dragones, hombres lobo... Percy, ¿te dijeron si la medicación que tomé tenía efectos secundarios?. Pero, ¡Dios Mío! ¿Cuántos sois?
- Nueve, contando a papá y mamá y sin contar parejas. - Añadió Ron, acabando de llegar - Somos demasiados para esta habitación tan pequeña... Ante este comentario, Hermione sacó su varita y agrandó la sala. Con un segundo movimiento hizo aparecer asientos para todos.
- ¿Qué? ¿Cómo? ¿Qué?... - Audrey estaba perpleja, pero intentó mantener la conversión y la compostura. - Entonces, Molly, ¿tuviste siete hijos?
- Sí, querida. Bill, Charlie, Percy, Fred, George, Ron y Ginevra.
- ¿Ginevra? ¡Mi perrita se llama así! - Dijo Audrey sonriendo.
- Genial, mamá. Me pusiste nombre de perro muggle.
- No conozco esa raza, pero mi Ginevra no es muggle, es una pastor alemán preciosa. Ante esta respuesta, Harry se echó a reír. Parecía que él y Hermione eran los únicos que habían entendido el comentario de Audrey. Los dos se pusieron serios de nuevo al percatarse de la mala mirada que les lanzaba Ginny.
- Disculpa, Ginevra. - Añadió Audrey- No quise incomodarte.
- Tranquila. Sólo con saber que aguantas al pedante de mi hermano, ya me pareces una gran persona. Y llámame Ginny.
- Entonces, ¿tú también eres maga?
- Eh, bueno, bruja, en realidad.
- Bruja. ¿Y tienes escoba?
- Ajá.
- ¿Y gato?
- No, pero Hermione, sí. Yo soy más de micropuffs. Audrey se echó a reír.
- No entiendo la mitad de lo que habláis, pero me parecéis todos fantásticos. Percy, ¿esto va en serio?
- Sí.
- Vale. Supongo que tendré que aprender a creer de nuevo en la magia. Percy, se sintió muy aliviado y besó a su novia con pasión. Al oír los silbidos de sus hermanos, se separó avergonzado.
- Bueno... - Dijo Arthur - Creo que es hora que dejemos a Audrey descansar.
- Sí - Añadió Molly - Percy la cuidará. Nos vemos mañana para el almuerzo, celebraremos que Audrey se encuentra bien después de este pequeño susto. Poco a poco, todos se fueron despidiendo hasta que Percy y Audrey se quedaron solos.
- Percy, hace unos meses me enamoré de ti... ¡pero hoy me he enamorado de tu familia! ¡Me muero de ganas de ver cómo es vuestra casa!
- Entonces, Audrey, ¿Todo está bien entre nosotros?
- Todo está fantástico. Sólo quiero pedirte una cosa.
- Dime. Lo que quieras.
- Quiero que nuestra primera hija se llame Molly. Y ante este comentario, Audrey y Percy pasaron su segunda noche juntos. Olvidando por unas horas que se encontraban en un hospital.
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