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Historia 187438 — capítulo 5
Habían pasado ya varios meses desde las navidades en la Madriguera. En el mes de febrero se celebró en Grimmauld Place el cumpleaños de la pequeña Lily, que cumplía 8 años el día 17, y lo cierto es que la mayoría de los presentes echaban de menos a los que estaban en Hogwarts pero aun así estuvieron muy presentes en la celebración ya que Lily recibió ese mismo día, a través de la lechuza de Teddy, un paquete que contenía una pancarta gigante donde la deseaban que pasase un muy feliz cumpleaños, decorada con flores secas de los jardines de la escuela y repleta de fotografía, normales y en movimiento, así como una preciosa flauta de nogal tallada con dibujos de hiedras, de parte de Hagrid.
Una vez que el resto de la familia vio la pancarta que Lily había recibido, la cogió y se la llevó directamente a su habitación en el desván para ponerla con la ayuda de Rose y de su hermano Albus, sobre el cabecero de su cama porque así de esta forma siempre estaría acompañada de las personas a las que más quería.
Tras el mes de febrero, llegó marzo y el día 20, toda la familia volvía a reunirse pero en la Madriguera para celebrar el décimo cumpleaños de Albus y lo mejor de todo es que la fecha ese año coincidía con las vacaciones de Pascua por lo que todos estarían juntos de nuevo.
La mañana del 20, despertó fresca y Hermione se levantó con síntomas de constipado por lo que decidió escribir una carta dirigida a su ayudante en el ministerio comunicando que ese día no iría a trabajar ya que se encontraba indispuesta, al mismo tiempo que terminaba de cocerse la poción para el constipado. Ron se levantó poco después que su mujer pero al verla con la taza y el libro en la mano, decidió ser el quien levantase a sus queridos hijos y prepararlos para llevarlos a la escuela muggle.
Una vez que Ron se llevó a los niños con él, Hermione que ya se encontraba bastante mejor del constipado, decidió matar el tiempo completando unos informes y cocinando una tarta de nueces para su sobrino favorito, ya que sabía que a su sobrino le encantaba ese dulce.
Poco después de la hora de comer, llegaron sus padres para dejar a sus nietos en casa, ya que el autobús del colegio los recogía y los dejaba en una parada de autobús cercana a la casa de los señores Granger.
Hermione estuvo tomando un té con pastas de mantequilla acompañada por su madre y por su hija mientras que veían como el abuelo y Hugo jugaban al ajedrez mágico. A su padre también le encanta ese ajedrez, se había aficionado poco después de que Hermione y Ron se casaran, y su marido retó a su suegro a una partida.
Cerca de las cinco de la tarde, los abuelos Granger tuvieron que marcharse y poco después llegó Ron de trabajar bastante ajetreado y diciendo que tenían que darse prisa en recoger y arreglarse o llegarían tarde al cumpleaños de su sobrino Albus y seguro que su hermana Ginny le echaba la bronca, como de costumbre.
En lo que Ron ayudaba a prepararse a Hugo, Hermione hacía lo propio con su hija Rose, así que decidió aprovechar esta oportunidad, ahora que la niña parecía que había asimilado todo el tema de las navidades y murmurando muffliato empezó a hablar con ella:
-Rose, te acuerdas de mi amiga Astoria - empezó hablando Hermione como quien no quiere la cosa.
-Claro que sí mami
- respondió Rose con una sonrisa, mientras intentaba peinarse tras la ducha, tarea bastante complicada si la preguntasen.
-Bien pues creo que ha llegado el momento de que hablemos de ella.
-¿De verdad crees que este es un buen momento para hablar de eso? - cuestionó su hija - no es que no me apetezca que hablemos de ello, llevo esperando casi un año esta conversación es solo que como lleguemos tarde…. ¡papá nos va a matar! - e hizo un gesto con el dedo pulgar deslizándolo por la garganta y abriendo mucho los ojos.
Tras este momento tan típico de su hija, Hermione no pudo hacer otra cosa que reírse con ella, adoraba los momentos así que tenían pero decidió continuar hablando:
-Tranquila cielo, con tu padre y tu hermano tenemos para un buen rato. Hugo últimamente no quiere ducharse y me temo que tu padre va a tener que utilizar aguamenti con él para que al menos le caiga agua por encima - dijo alegremente Hermione, pagaría por ver eso.
-Jajajajaja - estaba riéndose su hija - pero vale mamá, si quieres que hablemos de la señora Malfoy, podemos hablar ahora - sonrió también alegremente a su madre.
-De acuerdo - Hermione se puso ahora un poco más seria - verás, conocía a Astoria, la señora Malfoy en San Mungo cuando llevaba pocos meses embarazada de ti, ella estaba esperando en la sala a que la llamara la medimaga para una revisión porque ya la quedaban pocos meses para que naciese su hijo, así que estuvimos hablando un rato y riéndonos juntas hasta que llegó Draco Malfoy y me dijo cordialmente que Astoria era su mujer.
-Vaya…- Rose parecía un poco triste - entonces al señor Malfoy le sentó mal que hablases con su esposa.
-No Rosie - miró a su hija sonriendo - no le sentó mal, simplemente se sorprendió y estuvimos conversando los tres hasta que la medimaga los llamó para entrar en la consulta y pocos minutos después, me llamaron a mí.
-Eso quiere decir…
- dijo su hija pensando - que ahora te llevas bien con el señor Malfoy y por eso no quieres que lo sepa papá, porque a papi no le cae bien.
-Sí y no. No es que seamos amigos, pero si mantenemos una relación cordial cuando nos cruzamos en el ministerio y con Astoria me gusta quedar a tomar un café y contarnos que tal nos va la vida, porque a pesar de que durante el colegio no tuvimos relación, ahora compartimos un vínculo el de ser madres y además es una mujer encantadora y su hijo Scorpius, ese niño que viste cuando la abuela Jean te recogió en el callejón Diagon.
-Me acuerdo del niño - comentó Rosie - tenía los ojos muy grises, como un día de lluvia… no recuerdo a nadie con unos ojos así.
-Su padre tiene los mismos ojos - dijo Hermione pensando - bueno no son exactamente iguales, los de Draco siempre están ensombrecidos ¿sabes lo que te quiero decir?
-Si… creo que sí. Como la abuela Molly cuando alguien menciona al tío Fred… siempre tiene la mirada triste - respondió Rose también con tristeza.
-Exactamente Rosie. Ya sabes quién es mi amiga Astoria, y me gustaría siguiese siendo un secreto entre nosotras. No me gustaría que tu padre no se enterase de ello, porque sé que no le hará mucha gracia saber que tengo relación con la esposa de su enemigo en el colegio, más allá del estrictamente profesional del ministerio, pero estoy convencida de que si tú llegases también a conocer a Astoria, te va a encantar.
-Lo cierto es que realmente parecía una mujer muy agradable el día que la conocí. No te preocupes mamá, por mí no lo va a saber. Y por curiosidad… ¿alguien más sabe que eres amiga de ella? - dijo Rose en tono confidencial, aun sabiendo que su madre había realizado un hechizo en la habitación.
-La verdad es que sí. Tus tíos Harry y Ginny lo saben. De hecho, Ginny se viene con nosotras a tomarse un café o un té, en los descansos del ministerio, y nuestra amiga Luna también se apunta, cuando no está buscando nuevas criaturas con Rolf - contestó Hermione sonriendo a su hija.
-Eso quiere decir que se lo puedo decir a Albus - murmuró Rose - siempre que a ti te parezca bien, por supuesto - terminó diciendo mirando a su madre a los ojos y esbozando una pequeña sonrisa - sé que él no dirá nada.
Hermione lo meditó durante unos momentos y al ver a su hija con esa cara únicamente la pudo contestar lo siguiente, se aceró a ella y la abrazó, diciéndola al oído:
-Claro que sí que se lo puedes contar a Albus, no tengo ningún problema con ello - respondió Hermione a su pequeña con una sonrisa, y pensando que esos dos chicos tenían una relación muy parecida a la suya con Harry.
Rose y su madre continuaron abrazadas unos momentos más hasta que se separaron para continuar con la tarea de arreglarse. Rose se terminó con unos pantalones vaqueros, unas botas en color chocolate, una camisa de flores y una chaqueta, además de meter en su bolso de cuentas el jersey que le había regalado esas navidades la abuela Molly. Sabía que cuando cayese la noche en la Madriguera, lo iba a necesitar.
Madre e hija bajaron al salón a esperar a Hugo y su padre, tal y como Hermione había previsto tuvieron que esperarlos más de 15 minutos y Ron bajaba las escaleras murmurando con este niño es imposible, al final he tenido que utilizar la varita y regarle como si fuera una planta. Una vez que todos estuvieron en el salón, se metieron uno por uno en la chimenea y cogiendo un puñado de cenizas, dijeron con voz clara: a la Madriguera y posteriormente, fueron consumidos por unas llamas de color verde brillante con grandes lenguas.
Cuando llegaron a la Madriguera, Harry y Ginny que ya estaban allí los ayudaron a salir del hueco de la chimenea y la abuela Molly que estaba terminando los aperitivos que tomarían más tarde, murmuró Fregotego apuntándolos para eliminarles cualquier resto de ceniza.
Hermione y Ginny se quedaron en el interior de la casa junto con Angelina, Fleur y Audrey que estaban ayudando a su suegra a la vez que se tomaban una copa de hidromiel, esas eran las ventajas de ayudar a Molly. Siempre las servía una buena copa de hidromiel especiada y sacaba las deliciosas gominolas de frambuesa escarchada, mientras terminaban los preparativos o bien, charlaban de cómo les iba el día a día en sus vidas.
Por otra parte, Ron se llevó a los niños al jardín para que terminaran de saludar al resto de la familia. En el jardín, debido a que estaba anocheciendo y se estaba levantando una brisa fresca que olía a lluvia, sus hermanos habían izado la carpa blanca que guardaba la familia desde la boda de Bill y Fleur, hacía ya casi 20 años. El tiempo pasaba muy deprisa cuando disfrutabas de tus seres queridos.
Una vez que alcanzaron a Albus el cual estaba hablando con sus hermanos y Fred, Hugo se lanzó a los brazos de su primo y exclamó muy cerca de su oído:
-¡FELIZ CUMPLEAÑOS PRIMO ALBUS! - Ron y su hija se miraron y pudieron ver como Al hacia una mueca de dolor, ya que en ocasiones Hugo podía ser un poco 'efusivo' hablando.
-Muchas gracias canijo - contestó su primo con una sonrisa, a pesar de dolor que sentía - y… mi primita ¿no va a venir a darme un abrazo? - preguntó con una ceja alzada - la verdad que si es así, me sentiré un poco decepcionado - una sonrisa de medio lado se dibujó en su rostro.
-Hmm - murmuraba Rose algo pensativa - no se… ¿voy a obtener algo a cambio? - le estaba siguiendo el juego, a ver como reaccionaba su primo, aunque creía saber que iba a decir a continuación
-¡Oye! - exclamó claramente ofendido y la pequeña pelirroja mostró una sonrisa de autosuficiencia ya que había acertado - es mi cumpleaños, se supone que al que le regalan u obtiene cosas es a mi - Albus a veces podía resultar un tanto obvio para Rose, pero era esa forma de conocerse tan bien lo que hacía especial su relación.
-¡Ven aquí Sev! - dijo Rose y le dio un abrazo tan fuerte que los que estaban alrededor y a pesar de la oscuridad pudieron comprobar como Albus se ponía rojo debido a la falta de aire, mientras a la vez procuraban no reírse.
-Un momento precioso - dijo la pequeña Lily - pero ahora deja que yo también abrace a mi prima. Siempre la tienes para ti. Acaparador - terminó diciendo eso mirando a su hermano y sacándole la lengua - tenemos cosas importantes de las que hablar
- dicho esto cogió a una asustada Rose con una fuerza increíble para la edad que tenía y la arrastró a algún lugar del jardín.
Mientras se terminaba de poner la mesa, llegaron los Scamander de su viaje por las selvas amazónicas, y Teddy con su abuela, quien tras dar un beso a Lily y a Rose y en lugar de irse con los chicos como solía hacer siempre, corrió a buscar a su padrino Harry diciendo que tenía cosas que contarle y realmente todos vieron en su cara que parecía afligido, sobre todo cuando miraba a cierta adolescente rubia que en esos momentos hablaba muy animadamente con Molly y la pequeña Lucy.
La cena transcurrió sin incidentes para sorpresa de todos, aunque después de degustar los manjares cocinados por la abuela Molly y comerse la tarta de nueces que hizo Hermione y por la que Albus colmó de besos a su tía y el pastel de chocolate de la tía Fleur llegó la hora de darle los regalos entre los que se incluía: libros, ropa nueva, una pluma vuelapluma, un kit de mantenimiento de escoba de parte de Teddy y Andrómeda, cosa que le extrañó a Albus ya que no tenía escoba, unos omniculares, productos de Sortilegios Weasley, dulces de parte de Hagrid, entre otras cosas pero lo más extraño es que su padre no le había regalado nada.
Después de la entrega de regalos y de que Albus se pasease por toda la carpa para darles un abrazo y un beso sincero a todos los presentes, salieron al jardín de la Madriguera. El jardín estaba sumido en una oscuridad pero de repente se oyó un siseo y comenzaron a aparecer en el cielo unos fuegos artificiales con diversas formas y colores que finalmente se juntaron para escribir:
¡FELIZ CUMPLEAÑOS ALBUS!
TE QUEREMOS
Albus en esos momentos pensó que tenía la mejor familia del mundo y también que creía que sus hermanos, Fred, Roxanne, Dominique y Teddy eran los artífices de ello, junto con el tío George pero aun así estaba muy agradecido a todos.
Su padre se acercó a él, no se había dado cuenta de que había desaparecido, con un paquete muy grande entre las manos, se agachó y se lo entregó pero antes de que lo abriera dijo:
-Albus hijo, este año tu madre y yo no sabíamos que regalarte, y dado que ya no lo esto tanto he pensado que igual te gustaría tenerlo a ti - su padre tenía una sonrisa nerviosa en el rostro.
Albus cogió el regalo con manos temblorosas, depositó el paquete en el suelo y su hermana Lily le ayudó a desenvolverlo, mientras todos los demás los observaron. Cuando consiguieron deshacer las ataduras de hilo grueso y los papeles, los dos hermanos se miraron sin creer lo que veían e incluso se escuchó a James decir:
- No me lo puedo creer - estaba estupefacto con el regalo que le habían dado a su hermano pequeño.
El regalo que le habían dado a Albus, no era menos que la**Saeta de Fuego, la escoba que el padrino de su padre Sirius Black, le había regalado a Harry Potter durante su tercer año en Hogwarts. Albus todavía no se lo creía pero se giró a sus padres con la boca abierta y sin saber muy bien que decir. Ginny miró a su marido con preocupación y se dirigió a su hijo:
-Albus, cariño - dijo su madre con cautela - ¿no te gusta? Sabemos que nunca has pedido una escoba, pero pensamos que igual te gustaría tenerla.
Albus en ese momento sonrió y se lanzó a los brazos de sus padres diciéndoles mil veces gracias, no le salían las palabras pero cuando se separó consiguió decir delante de toda la familia:
-Muchas gracias, no me espera que me regaléis la Saeta pero siempre pensé que sería para James, ya que a él le encanta volar o para Lily. - miró a sus hermanos que seguían mirando la escoba sin creérselo.
Harry en ese momento decidió intervino antes de que siguiese hablando o peor, de que a su hijo James se lo ocurriese decir algo:
-Es verdad que eres el que menos vuela pero por eso mismo queremos que la tengas hijo. Para que perfecciones tu técnica y además, a tu hermano ya le regalamos la mejor escoba del mercado - miró a su hijo mayor con la ceja derecha levantada - por su cumpleaños el año pasado ante su insistencia.
-No sé qué decir… - Albus estaba cohibido pero su prima Rose en ese momento se acercó a su lado y le cogió de la mano. Siempre hacia eso en momentos así y tener a su prima siempre le daba fuerzas - únicamente puedo decir que muchísimas gracias a todos. Nunca voy a olvidar este cumpleaños - terminó diciendo con una amplia sonrisa y los ojos verdes le brillaban de alegría.
Todos incluidos sus hermanos, le volvieron a desear un feliz cumpleaños aunque escucharon como James decía:
-Al, me dejarás alguna vez la escoba ¿verdad? - James realmente se lo decía feliz porque su hermano la tuviese.
-Claro que sí. Te la dejaré siempre que quieras hermano. Es más, si mañana hace bien día te la dejo cuando juguemos el partido de Quidditch entre los primos - añadió Albus y le guiñó un ojo a lo que James le respondió simplemente con un abrazo.
Tras este momento, Harry y Ginny se miraron y no hicieron falta palabras ya que pensaban exactamente lo mismo: su hijo James en ocasiones los sorprendía ya que en el fondo y a pesar de sus travesuras y temperamento volátil, su hijo mayor tenía un buen corazón.
Todos ayudaron a recoger la mesa, y después se marcharon a la casa ya que esa noche y aprovechando que estaba la familia reunida se quedaban a dormir en la Madriguera. A la mañana siguiente todos se levantaron pronto para aprovechar el día primaveral. Los más pequeños se pusieron a jugar a los exploradores e incluso encontraron varios gnomos, pero a Lucy la mordieron en la mano y se echó a llorar así que su madre se la llevó al interior de la casa para curarla.
A media mañana parte de los nietos más mayores, James con laSaeta de Fuego prestada por su hermano, así como los adultos Ron, Bill, George, Harry y Ginny se unieron al partido de Quidditch que se estaba disputando en el jardín pero que terminó sin un resultado definido tras un golpe que le proporcionó Victoire a Teddy con el bate de Fred, sin ningún motivo aparente; tras el suceso la abuela Molly y Andrómeda se llevaron a dentro al chico para curarle mientras que Victoire, estaba sentada en el sofá recibiendo una merecida bronca por parte de sus padres, incluso Fleur la dijo que si seguía con esa actitud, al año siguiente la mandaría a estudiar en La Academia de Magia Beauxbatons.
Cuando Teddy ya se encontraba mejor, Victoire se acercó forzosamente a él y le pidió perdón por el daño ocasionado, disculpa que su 'primo' aceptó, aunque su mirada transmitía que estaba decepcionado con ella.
Llegó el mediodía y por una vez en mucho tiempo, la comida no tuvo ningún incidente por lo que a media tarde, los matrimonios fueron desfilando por la sala de la chimenea hasta llegar a sus hogares, sumiendo a la Madriguera en una agradable tranquilidad al caer la noche.