Una pequeña bienvenida — capítulo 1
No hay quien no conozca a Lilian Potter, la mayor científica del siglo XXII, era conocida en todos los rincones del mundo, por cada persona de el, ya sea niño, joven, adulto o anciano. Pues Lily como le llaman sus mas cercanos, descubridora de la cura contra el sida, el cáncer y incluso la descubridora de los viajes en el tiempo. Ella con 27 años es la mas joven científica de la era contemporánea.
Ahora, después de 5 años viajando por el mundo haciendo descubrimientos, volvería a Londres para seguir el rumbo de su vida. Ese día debía de tomar el avión a las 3pm, solo eran las dos y no podía terminar la valija.
-Vamos Lily apúrate—exclamo una castaña que se había apoyado en el marco de la puerta de la habitación. Lily se dio vuelta para mirarla de manera fulminante, su cabello pelirrojo estaba completamente despeinado, sus ojos cafés pedían ayuda y su piel de porcelana estaba muy roja por el calor y los nervios—Oh, vale. Te ayudare. -suspiro la castaña rindiéndose ante la cara de cachorro de su amiga acercándose a la valija.
-Gracias eres la mejor—chillo la pelirroja feliz. La muchacha giro los ojos mientras seguía acomodando ropa. Después de 16 años de amistad debía haber sabido que terminaría ayudando a su amiga.
Media horas después, ambas mujeres estaban pidiendo un taxi para ir hacia el aeropuerto.
-Te dije que debías apurarte Lilian—bufo enojada Emily.
-Lo siento Em, pensé que llegaría a tiempo—se disculpó mientras corrían hacia su avión, que partiría en solo diez minutos.
-Señoritas, sus pasajes por favor—pidió un hombre alto y morocho, ambas le entregaron sus pasajes mientras el asentía señalándole que se ubiquen en sus asientos.
-¿Hablaste con tu padre?—pregunto Emily a la otra muchacha, mientras esta asentía. No veía a su padre y familia hace ya cinco años, sabía que estarían muy felices de verla nuevamente.
-Si, me dijo que mandaría a alguien a recogernos—su padre era un famoso empresario, tenía empresas en todo el mundo y era muy conocido en él. Su madre era un de las más famosas jugadoras de hockey, aunque se había retirado hace ya muchos años.
-Espero que sea tu primo Hugo—murmuro su amiga con una sonrisa pícara en sus labios, a lo que Lily negó riendo. Hugo siempre fue el mejor amigo de Lily, desde niños eran mas que inseparables a pesar de que hace años que no se veían, sigue sintiendo el mismo cariño que antes.
Ya habían pasado tres horas de vuelo, y no faltaba mucho para aterrizar, aunque Emily había dormido plácidamente, ella no había podido pegar ni un ojo ya que estaba demasiado nerviosa.
-¡Asegúrense bien! Aterrizaremos en un momento—la voz del piloto sonó por los altavoces. Lily despertó a su amiga, mientras se acomodaba en su asiento preparándose para el despegue.
Cerró los ojos con fuerzas, tenía miedo.
Ahora tenía que afrontar la realidad.
Volvería a Londres, vería a sus padres, a sus hermanos y al resto de su familia. Pero también lo vería a él…
Unos veinte minutos después ambas señoritas se encontraban en el aeropuerto de Londres buscando a la persona que vendría a recogerlas. ¿Quién sería? ¿Lo conocerían?
Veía millones de personas pero nadie conocido, ¿Dónde estaría?
-¿Lilu?—susurro alguien en su espalda con voz temblorosa. Lily se giró rápidamente para ver quién era, un joven de no más de treinta años quien estaba parado frente a ellas con una cálida sonrisa y lágrimas en sus ojos.
-James…-suspiro la chica arrojándose a los brazos de su hermano mayor que le correspondió con fuerza—No sabes cuánto te extrañe Jimmy.
-Ni que lo digas Lilu, todos te extrañamos mucho—exclamo el muchacho—Rose siempre me pregunta por ti, está muy feliz de que vengas. Deberías ver a Harry y a Jane no sabes lo que han crecido, y tuvimos otra bebe, tiene dos años y se llama Luna, es igualita a ti—James estaba casado desde los veinte años y había dejado embarazada a su prima, Rose, quien es ahora su esposa, a sus diecisiete años, cuando aún no terminaba el colegio.
-Oh, muchas gracias Jimmy—chillo la pelirroja emocionada. Después de un breve saludo entre Emily y James, el aludido las dirigió hacia su automóvil, un bmw última generación, en muy buen estado. Su hermano estaba loco por los autos, y parecía que eso no había cambiado aun.
La casa de sus padres, o mejor dicho mansión, quedaba muy cerca del centro de Londres, aun así eran unos 15 minutos en automóvil. La casa era enorme, de color blanco y ladrillo, tenía un bello portón de rejas negras que hacia un combinación impresionante, James paro frente a el mientras el mismo se levantaba dejándole pasar. Desde allí se podía apreciar el jardín delantero y el frente de la casa, todo bien decorado como Lily recordaba.
-Llegamos señoritas—hablo James de forma caballerosa haciendo que ambas rieran. Como había extrañado a su hermano. Se bajó del auto sintiendo un síntoma extraño en la boca del estómago.
En el frente de la casa había una enorme puerta de madera al estilo rustico que tanto le gustaba, James la abrió dejándolas pasar mientras cerraba la puerta tras el.
-Todo está igual…-susurro la pelirroja admirando el lugar. James rio, si que había extrañado a su hermanita sabelotodo. El recibidor tenía otra puerta que daba hacia el enorme living, abrió la puerta con miles de emociones brotando de ella, espero cálidos abrazos, gritos, besos, saludos, pero no había nada de eso, estaba completamente vacío. Miro a James con frustración en su rostro, pero el solo sonrió.
-Vengan—les dijo—Están todos en el patio, es un día muy caluroso.
Pues era cierto, toda su familia se encontraba en el patio. Habían armado una enorme y larga mesa en el centro del patio, bajo la sombra del Olmo que habitaba allí, desde hace ya mucho tiempo. Un enorme cartel de "Bienvenida" se encontraba colgando. Visualizo a su padre sentado en la cabecera de la mesa hablando con ¿Scorpius Malfoy? ¿Qué hacia allí?
Pero no tuvo tiempo de preguntar porque sus pies corrían rápidamente hacia su padre que con una enorme sonrisa correspondió a su abrazo.
-Te extrañe tanto papa…-le dijo llorando en su hombro, mientras su padre le acariciaba su largo cabello como cuando era niña. Pues no le importó nada más que el.
-Yo también mi niña—le susurro. Al separarse de su padre sintió la mirada de Scorpius en ella, algo abochornada bajo su mirada y se dirigió a abrazar a su madre que se había acercado a ella.
-Mama—le dijo abrazándola.
-Mi niña—le acaricio el cabello mientras unas finas lágrimas caían de sus ojos. Ginny Potter, se había reencontrado con su única hija después de cinco años, no podía dar mas de felicidad.
Después de saludar a sus padres se le acerco su hermano Albus, junto con su hijo Abraxas. Su hermano estaba muy feliz de su llegada y le había conseguido una casa en el centro de Londres para que se quedara y hasta le había comprado un perro. ¡Un perro! Y es que su hermano era uno de los mejores agentes inmobiliarios de Londres.
Saludo a cada miembro de su familia, uno por uno, y cada uno le dio su vista buena ya que estaban muy felices de su regreso. Incluso su vieja abuela Molly que le había hecho un gran pastel.
La tarde ya estaba cayendo y Lily Potter estaba sentada bajo el gran Olmo junto a su cuñada Rose, quien le contaba sobre lo que había ocurrido en los años que no estuvo.
-Ese es ¿Sc…..?—pregunto sin poder terminar su oración.
-¿Scorpius Malfoy?—termino Rose con una ceja alzada—El mismo.
Lily no hablaba con el desde que se había ido corriendo del altar el día de su boda, diciendo que no podía casarse con el aun… Y de eso habían pasado cinco largos años. Trago saliva mientras lo observaba, no había cambiado mucho para tener veintinueve años.
-Y… ¿Esta…?
-¿Casado? No. No ha tenido relaciones serias en mucho tiempo—le respondió Rose—Yo creo que todavía te ama
-No bromees Rose—le respondió tajante dándole a entender que el tema estaba zanjado.
La fiesta había terminado hace ya unas horas y Lily ya se había acostado hace rato, pero no podía dormir que así había decidió caminar un poco a ver si le daba algo sueño como cuando era una niña. Estaba frente a un enorme balcón que daba al patio trasero, Lily amaba ese balcón era muy refrescante y hermoso, incluyendo la magnífica vista. Con su camisón de seda blanca cayendo sobre su trasero, que no dejaba mucho a la imaginación, se levantaba mientras se apoyaba en la baranda sintiendo la brisa en su cara. No supo cuánto tiempo paso así hasta que sintió una voz a su espalda.
-No pensé que volverías—era Scorpius, hablaba como si eso le pareciera gracioso—No imagine que fueras tan valiente.
-Pues, lo soy como ves—respondió cortante dándose vuelta para mirarlo, el estaba apoyado contra el barandal con su pelo rubio revuelto por el viento cayendo sobre sus hombros. En sus labios se formó una pequeña sonrisa.
-Y yo soy lo suficiente valiente para hablarte—hizo una pausa, como si le dolieran sus palabras—Como no lo fui hace cinco años para detenerte
-Lo siento—cerro sus ojos con fuerza para que sus lágrimas no salieran.
-Esta bien—respondió—No lo sientas…
-¡Pero te deje! ¡En el altar Scorpius! En el altar…-chillo sintiéndose algo mal por su error.
-Lo se, mas que nadie Lilian—le respondió, no la miraba como si esa acción le doliera—Pero lo entendí, después de un tiempo, lo hice.
-¿Qué entendiste?—pregunto algo temerosa. El giro sus grises ojos hacia ella.
-Entendí que tenías una vida por delante, entendí que yo solo sería un estorbo. Pero entendí que cuando estuvieras lista volverías—sus palabras eran como apuñaladas en su corazón, se sentía verdaderamente mal—Y lo hiciste…
-Si, lo hice—no supo porque dijo eso, solo le salió. Esas parecieron ser las palabras correctas, porque el rubio sonrió.
-¿Enserio Lilian? ¿Volverías conmigo?—había cierto tono de esperanza en su voz, ¿La seguiría queriendo después de todo lo que paso?
-Tu, ¿Me sigues queriendo? ¿Después de todo lo que te hice?—era un susurro lastimoso, le dolía, pues claro que lo hacía. Las lágrimas se deslizaban por sus mejillas, sintió una mano secárselas suavemente.
-Pues claro que si Lilian, te espere por cinco y te esperaría por diez, por veinte, por ti te esperaría toda la eternidad—sus labios se juntaron en un sinfín infinito, nada importaba ya, ni su trabajo, ni sus amigos, ni su familia que estaba allí. Porque estaba segura de que le compensaría cada dolor a Scorpius, porque estaba segura que lo ama, que lo ama con locura como solo ella sabe hacerlo.
-No pudiste haberme dado mejor bienvenida—murmuro en su oído para besarlo con lujuria y pasión que hace años que no tenia, mientras el rubio sonreía satisfecho y es que era cierto no había mejor bienvenida para Lilian Luna Potter.