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Los Potter y las Cinco Varitas. — capítulo 3

El ministerio de magia en Londres, el lugar donde se centralizaba la organización y todas las funciones administrativas de magos, tanto ingleses como irlandeses. Tras el final de la guerra y la desaparición del Señor Oscuro, con el paso de los años había sido totalmente reconstruido e inclusive algunas secciones se habían ampliado. La oficina de Aurores ahora era una edificación independiente dentro de la zona del ministerio, habían abandonado la segunda planta del edificio principal y ahora tenían uno propio, de tres amplias plantas superiores y varias otras inferiores que servían de calabozos.

No desentonaba para nada con la estética general de todo el ministerio y quedaba como si fuera parte del principal. Con el paso de los años y la erradicación prácticamente total de los mortífagos, cada vez tenían menos trabajo. Tiempo atrás, en sus años gloriosos formaron un poderoso destacamento de magos, que se enfrentaron a grandes desafíos para pacificar de una vez por todas, el mundo mágico.

Dentro estaban las oficinas, en la planta baja se atendía a todo el público. Cualquiera que tuviera un problema y acudiera allí, era bien recibido y le ayudaban a solucionarlo. Un enorme recibidor a modo de sala de espera, con cómodos bancos en fila y los carteles de los pocos fugitivos que quedaba, estaba colgado en las paredes. Detrás del mostrador del recepcionista, aquella sala daba pasó a una serie de cubículos abiertos, donde cada uno de los guardianes del orden se ocupaban personalmente de cada caso.

En la segunda planta, se ocupaban de temas más importantes, casos de corruptos entre los miembros del consejo, investigaciones de posibles magos oscuros aun ocultos, búsqueda de fugitivos de la justicia y todo lo relacionado con la investigación en profundidad. Aquella planta se organizaba en varios salones, mucho más amplios que los cubículos de la inferior y agrupados en destacamentos de ocho a diez Aurores, estos se encargaban de manejar la información y organizar cada caso específico.

La más alta estaba dividida en dos secciones, el despacho del jefe superior de aquel organismo y la sala de las asambleas, donde se podían reunir toda la plantilla para debatir los temas de mayor importancia. Aquella sala de reuniones era circular y tenía un graderío a su alrededor, a modo de que todos pudieran verse las caras. No tenía ventanas y su techo era en forma de cúpula en el que todas sus paredes parecieran reflectantes.

Una luz dorada siempre iluminaba completamente aquella estancia, sin que se supiera de donde proviniera. En el centro, en el suelo había grabado el emblema de los aurores y su nuevo lema: Ninguna Magia Oscura podrá contra nuestra Luz, somos el azote de las tinieblas. Por nuestro honor juramos guardar el orden, con la verdad por convicción y el valor por devoción.

Era jueves, 31 de Agosto, el día previo al inicio del nuevo curso escolar. En la oficina del jefe de todo aquel cuerpo de vigilantes, todo estaba bien organizado. Una amplia mesa central, un gran ventanal desde el que poder ver el trasiego de todos los que estuvieran fuera, en la vía principal del ministerio. En las paredes estanterías repletas de carpetas y grandes archivadores. Un gran espejo semicircular en el que se ocultaba un pensadero y a su lado un enorme cuadro con marco de plata completamente vacío.

Eran las seis de la tarde y aun estaba sentado en su despacho Harry Potter, terminando de archivar los últimos documentos que había sobre su escritorio y preparando el envío de algunas cartas. Todo estaba en calma cuando en el cuadro que había en su interior, la oscuridad comenzaba a disiparse y tomaba forma.

La figura de tamaño real de una mujer, vestida de la época victoriana con un traje azul y un bonito sombrero, la joven que parecía sacada de un marco muy elegante, portaba también un paraguas del mismo color y se quedó mirando al hombre, que estaba inmerso entre sus papeles esperando a que se diera cuenta de que estaba ahí.

  • Señor Harry Potter, a la señorita Ginny le gustaría saber, si tiene pensamiento de llegar a casa pronto hoy -con un tono de voz que no parecía desagradable, le hablaba captando su atención-. Hoy será la última cena en familia hasta las navidades y tanto a ella como a sus hijos le gustaría contar con su presencia.

  • Hola Lady Marian, enseguida termino unos escritos y salgo a toda prisa -Sonriendo ante el retrato de la señorita miró el reloj, dándose cuenta de la hora que era, a toda velocidad cerraba algunas carpetas a la vez que cogía el sello ministerial y a golpetazos aporreaba los informes que estaban listos para sellar-. Solo tengo que llevar este documento a uno de los empleados del primer ministro y tomo la primera chimenea directo a casa.

  • Le diré que llegareis más o menos en dos horas -Esta vez tenía un tono más simpático al pronunciar aquella frase.

  • Noooo, solo dile que en quince minutos estoy ahí -Soltando un montón de cartas por los buzones del correo, cogiendo el informe que debía entregar y su maletín de trabajo salía a toda prisa.

Despidiéndose de los que se quedaban de guardia, en aquella vigilia antes del inicio del nuevo curso académico, solo se quedaron los que no tenían hijos por solidaridad con el resto. Los compañeros con los que se iba cruzando durante el trayecto de salida, trataban de preguntarle cosas sobre alguno de sus casos a resolver, pero a toda velocidad los iba esquivando y diciéndole que ya hablarían de eso.

En la planta baja no quedaba nadie por ser atendido. Por la hora que era, la gente había despejado el corredor principal, tanto en sentido hacia las chimeneas como al resto de edificios. En la amplia terraza central había sido construida una nueva estatua dorada, que conmemoraba el fin de los años oscuros y el inicio de una era de paz, una que nunca se había disfrutado hasta aquel entonces. De unos seis metros de alto, se trataba de dos seres que no parecieran tener sexo, solo se podía intuir que uno era un mago y el otro un muggle que se estrechaban la mano en solidaridad.

Toda la parte baja que rodeaba a aquel monumento, era una zona donde sentarse a su alrededor, había inclusive algunos pocos transeúntes que aun se encontraban sentados en ella, sobre todo parejas que se estaban conociendo y aprovechaban las horas posteriores a la jornada laboral para hablar un rato.

Entre las tres o cuatro parejas que estaban rodeando la escultura, había una nota la cual ninguno de los allí presentes prestaba atención. Aquella nota estaba apoyada sobre el murito, que servía de apoyo para la espalda. Era blanca impoluta y estaba justo enfrente a las dependencias principales. Harry pensó que era una nota amorosa de alguien que estaría cortejando a alguna joven, o viceversa y no le dio importancia.

Adentrándose en el edificio principal, trataba de localizar a alguno de los empleados del primer ministro que aun estuviera de guardia, pero no había ninguno que pudiera hacerse cargo de aquel documento. Tuvo que esperar a que apareciera alguno, pero como el tiempo pasaba, decidió ir directamente a la sección de los despachos de los senadores.  

  • Harry Potter.

Una voz femenina surgía detrás de él, mientras aun buscaba a alguien que estuviera de guardia. Se trataba de una mujer pelirroja, con el pelo recogido, de poco más de veinte años, ojos azul intenso, pintada sugerentemente y faz agradable pero con facciones felinas. Era bastante guapa y con su metro setenta tenía un buen tipo. Vestida con un traje ajustado, compuesto por una falda negra que le llegaba hasta las rodillas y una bonita camisa femenina blanca de manga corta con un buen escote. En su mano derecha portaba una pluma y en la izquierda un blog de notas.

  • Hola -Le respondía pensando que era una admiradora, sujetándole la pluma y el blog le dio un autógrafo, pero aquel hecho dejó a la mujer atónita-. No tengo tiempo para atenderla, llego tarde a una cena familiar.

  • Debería tener tiempo señor Potter, ¿puedo llamarle Harry? -Observando cómo estaba cerca de meterse en uno de los ascensores, que lo llevarían personalmente a las dependencias del ministro de magia, la chica se introdujo con él en el montacargas-. Me llamo Verónica Fletcher, soy la nueva reportera, encargada de llevar las noticias y temas relacionados con la Oficina de Aurores al diario El Profeta.

  • Encantado Señorita Fletcher - Sujetó a una de las agarraderas e intentaba alejarse de la chica que, a pesar de tener mucho espacio en el ascensor, se mantenía muy cerca de él-. Supongo entonces que conocerás a mi mujer Ginnny.

  • No me trate de usted, llámeme Verónica -Guiñándole el ojo pareciera tener un tono cortes-. ¿Qué si conozco a Ginny Potter? Quien no la iba a conocer, ambos formáis parte de la historia contemporánea del mundo mágico -Se aproximaba un poco más, dejando a Harry literalmente pegado a la pared, mientras Verónica, con su blog ojeaba las anotaciones-. Tres hijos en el mundo, el travieso James, el noble Albus y la tierna Luna, me parece maravilloso que estéis colaborando de manera tan activa con el Baby Boom del mundo mágico. Aunque según tengo entendido, la familia de la que proviene su mujer es de tendencias fértiles -Dejaba de leer y le miraba a los ojos directamente-. El flamante director de la Oficina de Aurores y la reportera deportiva del diario El Profeta, tiene que ser un matrimonio difícil el vuestro, con esos tres hijos demandando atención y ambos padres tan ocupados. Tú en peligrosas misiones que duran semanas y tú mujer, que ha estado inmersa en reportajes durante meses… ¿me gustaría saber cómo lo hacéis para compaginaros?

  • Es duro, pero ambos nos compenetramos bien para atender a la familia, también contamos con la ayuda de los padres de Ginny, que no dudan ni por un segundo, ocuparse de sus nietos cuando nosotros no podemos. Los días que estoy sin ella se me hacen muy tristes -Tenía varias gotas de sudor en la frente, ante la intensa mirada de la jovencita.

  • Que bonito, según he leído en tu biografía, antes de ella solo tuviste un beso con una tal Cho Chang, después conociste a tu gran amor -Pareciendo emocionada, su pluma se calló al suelo y Harry, en un movimiento involuntario tratara de recogerla. La chica interpuso su rodilla no dejándole descender. Con la rodilla apoyada en la pared del ascensor y el escote muy cerca de él, la mujer se acariciaba la pierna para subirse un poco la falda donde guardaba en su muslo otra pluma de repuesto-. No se preocupe, que siempre guardo una pluma para emergencias -En aquella posición le continuó hablando-. Que final de cuento de hadas, tras afrontar una misión tan peligrosa como  la de terminar con el Señor Tenebroso, parece que el destino por fin le sonrió y disfrutasteis de una vida plena y feliz. No hubo más dolor, ni problemas, un matrimonio siempre feliz, tanto para ti como para sus otros compañeros de aventuras. Parece que todas las lunas se alinearon de repente, para darles el final feliz que todo el mundo estaba pidiendo -Dejando a Harry literalmente sin saliva se acercaba oliéndole-. Que me gustaría encontrar un hombre, que me de mi final de cuento de hadas. Aunque lamentándolo mucho, creo que el destino conmigo no ha sido tan favorable como con usted.

  • ¿Qué puedo hacer por ti? -Trataba de reconducir la conversación al terreno expresamente laboral y alejándose hacia la esquina del montacargas, se volvía a poner a una distancia de seguridad-. Si eres la nueva reportera, ¿Qué le pasó a Antón?

  • Un desgraciado accidente mientras cubría la noticia de unas plantas carnívoras gigantes que habían devorado a varios muggles. Ironías de la vida, toda una larga carrera cubriendo las noticias de tu unidad, pasando miles de peligrosos riesgos sin verse afectado y cuando por fin, se decide a cubrir una primicia sobre unas plantas, acabó formando parte de su fotosíntesis. Qué triste ¿verdad?  -Prácticamente la volvía a tener encima, podía sentir su respiración-. Tan joven y con tantas cosas que probar y se trunca su vida de esta manera cruel. Estoy segura que si hubiese escapado y sobrevivido, hubiera visto la vida de manera distinta y aprovechado mucho más todo lo que la vida nos ofrece.

Por suerte, el ascensor llegó a su parada y Harry salió de allí escabulléndose como pudo. La joven se quedó dentro del montacargas esperando a que volviera. El hombre se mantuvo esperando unos minutos tras entregar el documento, guardando la esperanza de habérsela quitado de encima, pero no tuvo tanta suerte y tras dejar la carpeta tuvo que volver al ascensor y allí seguía ella.

  • Señorita Verónica, no quisiera parecer descortés, pero soy un hombre casado y me gustaría que no mezcláramos los asuntos laborales con el tema personal -Trataba de mantenerla al otro lado del montacargas-. ¿Va a llevar la imagen de los Aurores ante la prensa?

  • Las buenas gentes mágicas de toda Inglaterra, tienen derecho a ser informados sobre las actuaciones de las fuerzas del orden -Aun mirándolo intensamente, sintiendo como el pobre hombre no podía mantenerle la mirada más de tres segundos-. Los valerosos Aurores, en la etapa anterior a la desaparición del Señor Tenebroso, parecían perdidos, carentes de reacción ante el peligro, tardíos en los grandes asuntos, a demás de que no sabían llevar una investigación de manera correcta -Miraba entre sus apuntes, un párrafo en concreto-. Si no estoy mal informada, una vez creo que le creyeron responsable de un ataque de seguidores oscuros, que se produjo durante los mundiales de Quidditch antes de su torneo de Los Tres Magos. Llegaron cuando estaba todo arrasado y a demás de eso casi culpan a la persona equivocada…, lamentable ¿no cree? -Giraba la cabeza decepcionada, leyendo la de fracasos que tenían a sus espaldas.

  • Fueron otros tiempos.

  • Si, fueron otros tiempos, ¿pero nadie se dio cuenta de su ineficacia? Para mayor deshonra, fueron prácticamente exterminados por un ejército creciente de Mortifagos, ninguno de ellos fue capaz de evitar la caída del ministerio, ante unas fuerzas que poco tiempo después contrarrestó un reducido grupo de alumnos en un colegio -Mostraba una amplia sonrisa, recordando lo que antes era el cuerpo de seguridad-. ¿Quién ocultó tanto fracaso a la opinión pública? ¿Es que nadie fue enviado a Azkaban por semejante irresponsabilidad?

  • La respuesta la desconozco.

  • Ahora, Harry Potter, el mago más famoso de la época, ha llegado al cuerpo como caballero de blanca armadura, para dirigirlos y comandarlos. Parece que desde entonces todo va como la seda, o… eso es lo que parece -Su tono de voz se tornaba desafiante-. Antón fue demasiado subjetivo a la hora de trasmitir su opinión sobre vuestro trabajo al público. Siempre maquillaba todo para que quedarais como héroes, yo por desgracia soy más exigente y, para impresionarme, hace falta un poco más que algunas redadas en club de magos oscuros. Y tenemos entre manos una fuga de Azkaban aun no resuelta, puede que antes, mi predecesor fuera demasiado permisivo ante sus fracasos, pero yo tiendo más al perfeccionismo. ¿No sé si me entiende?

  • La entiendo perfectamente, mañana pásese por nuestro edificio y allí cualquiera de mis compañeros estarán encantado de atenderla, le enseñaremos todo lo que hacemos por nuestro departamento. Confió en que después de su visita, se quede satisfecha de cómo se gasta el buen dinero de los contribuyentes.

  • ¿Yo? ¿Con un insignificante Auror raso? Lamento mucho tener que informarle señor Potter que no pienso hablar con nadie más que no sea usted. No me gustaría que la primera noticia que emita sobre vuestra organización, sea la de que fuera posible que tuvierais algo que ocultar a la prensa.

  • De acuerdo, mañana le enseñaré las instalaciones y nuestro trabajo, pero nada más -Sentenciaba, finalizando su viaje nuevamente en el recibidor del edificio principal y salía corriendo de allí, mientras ella aun se quedaba dentro.

  • De momento…, solo de momento Harry…, nuestra relación laboral solo acaba de empezar, ya verás como con el tiempo me iras cogiendo cariño -Guiñándole el ojo otra vez, le sonreía cerrando nuevamente la puerta del ascensor, para ir directamente a las dependencias de El Profeta.  

Respirando agitado por la tensión del momento, se tranquilizaba al ver que no le seguía. Había perdido mucho tiempo, tanto en la conversación como en el trayecto, e intentaba localizar la primera chimenea que le llevara de vuelta a casa, pero algo pasó que lo distrajo. Al encontrarse en dirección al corredor de los portales de salida, se fijó nuevamente en un detalle que había al pie de la estatua.

En la zona donde se podían sentar, volvía a aparecer el sobre o una nota blanca, inclinada y apoyada en el espaldar del asiento. Podría ser una diferente a la que vio la anterior vez, pero le resultó curioso el hecho, de que a pesar de estar bastante visible, pasaba desapercibida a los ojos de los transeúntes. Aun más curioso  era como no había nadie alrededor, la gente que antes estaba sentada había dejado la plaza desierta y lo más extraño es que antes estaba orientada al edificio principal del ministerio y ahora estaba en dirección a las chimeneas trasportadoras.

En un primer momento ignorándola, al poco de entrar en el corredor de chimeneas se detuvo en seco. No podía percibirlo bien, pero creía que en aquella nota, aun en la distancia, tenía su nombre grabado en ella, cuyas letras resplandecían con luz propia. Pensando en que era producto de aquella reportera calenturienta, no sabía si recogerla o no. Más de manera curiosa, retrocediendo sobre sus pasos, se dio cuenta de que efectivamente, su nombre estaba escrito en aquella nota que resultó ser un sobre cerrado.

Mirando hacia todos lados pensaba en quien podría haberla dejado allí, nadie hacía ningún gesto extraño. Ninguno de los transeúntes pareciera estar atento de cerciorarse si la recogía o no. Sujetando el sobre, este estaba sellado con cera que tenía el símbolo de un pentágono y tuvo que romperlo para poder abrirlo.

Dentro había una nota escrita en letras de oro que pareciese ser una invitación a un acto importante, que ponía:

"Estimado Señor Potter, me es muy reconfortante anunciarle que seréis una de las estrellas invitadas, de la magnífica y extraordinaria función teatral que dentro de poco se va a representar. Nunca se ha visto otra igual y que confió y espero que sorprenda a todo el público.

Todos los atrezos están listos para entrar en escena.

El Escenario: El mundo que os rodea.

El Elenco Secundario: Muchos, puede que miles de secundarios nos acompañarán durante nuestra representación, es más, puede que conozcáis a cientos de ellos. Más para su desgracia, ninguno de esos conocidos, sabe que participa en la obra.

Los Actores Principales: Dejemos que los conozcáis a su debido tiempo, pero debéis saber que  vos sois uno de ellos.

El Título: Las Cinco Varitas.

El  Flamante director: Yo.

La función se repartirá en cinco actos a lo largo del tiempo, me entristecería mucho que "abandonarais" el escenario antes de llegar al quinto, la obra no sería lo mismo sin su presencia.

Sin más preámbulos, espero que disfrute y esté preparado de lo que está por venir, yo desde luego que si lo estoy.

Atentamente: Yo."

Tras leer aquella extraña invitación, volvió a mirar a todos lados aun más desconfiado. Buscaba el menor indicio de alguien que le estuviera observando recogiendo el sobre, pero no había ni rastro. Miraba la multitud de ventanas, pero tampoco pareciera que nadie estuviera atento, por un momento se puso nervioso y sintió la necesidad de sujetar la varita por si se tratase de una trampa, pero con el paso de los minutos en los que no pasaba nada, se tranquilizó.

No era la primera vez que recibía notas extrañas, algunas de admiradores y otras de amenazas, normalmente le enviaban dos o tres al mes ,pero aquella era diferente, además del hecho de que no había sido entregada en mano ni puesta directamente en su trayecto. Esta en concreto, si no hubiera estado atento, la hubiera pasado de largo sin recogerla, aparte de que no era una amenaza de muerte directa, más bien era una inevitable invitación a un acontecimiento futuro.

Trató de relacionarla con la que había visto en la tienda de Ollivanders, pero por desgracia toda aquella invitación estaba escrita en letra de molde y no había manera de relacionarla con la que había recibido su hijo, al menos no sin un análisis más minucioso.

Volviendo al edificio de los Aurores, en la recepción había un compañero que vestía el uniforme de guardia. Era uno de los más jóvenes del cuerpo, era un muchacho bastante corriente, que se había graduado hacía poco. Al ver como su comandante se aproximaba con un sobre en la mano y actitud extraña, presupuso lo que pasaba.

  • Jefe, ¿otra amenaza de muerte? -Todos en el cuerpo, sabían que los seres oscuros aun odiaban a Harry, por haber eliminado a su señor.

  • No exactamente.

  • ¿Otra carta de una fanática admiradora enamorada? -Pensando la que era su segunda opción, pronuncio-. Ser el mago más famoso del momento tiene que tener sus ventajas -Le sonreía, pero su superior no estaba para bromas.

  • Quiero que lleves esto a los analistas, que lo examinen bien y descubran su procedencia -Entregaba el sobre cerrado y el joven lo abría para ver de qué se trataba-. Quiero que comparen el estilo de letra con otra que traeré próximamente.

  • Pero señor… ¿Qué estilo de letra? La nota esta en blanco -Enseñaba el papel que antes era la invitación y ahora no había nada escrito en ella.

  • No puede ser -Sacando su varita la ponía sobre el papel-. Revela tus Secretos -La punta de su varita se iluminó, pero no hizo efecto en la nota que seguía en blanco-. ¿Qué es esto?

  • Seguro que es una amenaza o broma macabra, de alguno de sus detractores. ¿La envío a analizar de todas formas?

  • Desde luego, quiero saber todo lo posible sobre ella -Acostumbrado a recibir todo tipo de amenazas, no quiso prestarle más atención de la que fuera necesaria.

Obviando el tema momentáneamente, había perdido al menos una valiosa hora, de las últimas que iba a pasar en familia con sus dos hijos, antes de que partieran a Hogwarts al día siguiente.

Cogiendo carrerilla se adentró en la primera chimenea disponible, la cual le dejó dentro de su hogar. Al llegar al recibidor se encontró con un revuelo enorme en el interior, pero el hecho de encontrarse con aquel alboroto lo tranquilizó, pues no había llegado muy tarde. Sus dos hijos estaban preparando el baúl y su emoción contagiaba toda la casa, la pequeña Luna como su madre, iban de un cuarto a otro de la casa, a medida que les iban llamando tanto Albus como James.

La casa de la familia Potter era una vivienda unifamiliar de dos plantas, aparte de contar tanto con un sótano y un desván. En la planta baja un recibidor en el que se encontraba la chimenea por la que se solían trasportar, al lado de ella el cuadro de la mujer con vestido victoriano, que paseaba tranquila por un prado con su paraguas a modo de parasol.

  • Al final no fueron dos horas las que tardasteis en llegar -La mujer del retrato saludaba al dueño de la casa-. Tan solo fue una.

  • Soy un hombre ocupado -Tras dejar su abrigo en un perchero que allí había, continuó por su morada.

Al otro lado del recibidor había un gran pasillo, que aparte de dar a las escaleras de subida a la segunda planta, a la cocina principal o bien bajar al sótano, este pasillo dividía la casa. La puerta principal estaba al principio de aquel pasillo, era una amplia puerta de madera blanca con un bonito tallado, bordeándola había una vidriera traslúcida que dejaba entrar la luz del exterior.

Por la otra parte del pasillo estaba un amplio salón, también con chimenea pero de menor tamaño, con varias estanterías repletas de fotos familiares, varios sillones, una alfombra y un gran ventanal que daba a una bonita valla, que la separaba de la casa colindante. Anexo al salón estaba el gran comedor, una gran mesa en la que podrían sentarse al menos diez comensales, varias alacenas en las paredes con cubertería, vajilla y juego de copas para las diferentes ocasiones.

A su lado justo detrás de la zona de las grandes escaleras, estaba la enorme cocina principal, la cual tenía multitud de ventanas que daban a un jardín interior. La cocina era de madera pero bastante moderna, tenían electrodomésticos y estaba perfectamente ordenada. No había nada al fuego, cosa que daba a entender que la cena no iba a producirse en aquella casa. Desde esa misma parte, había una salida hacia el patio interior que tenía un pasillo de cristal que la aislaba del frio.

El aseo estaba al otro lado de la cocina, justo entre esta y el despacho de Harry, que a su vez era anexa al de Ginny y a su vez al recibidor. Cada despacho estaba decorado por su dueño, el del señor de la casa era de estilo sobrio con un escritorio, estanterías donde poner los informes que se llevaba a casa, un gran mural donde poder poner cualquier anotación. El de la señora de la casa no era menos sobrio que el primero, pero su documentación era completamente diferente, también tenía escritorio y mural donde anotar las próximas entrevistas y seguimientos de los acontecimientos deportivos.

En la planta superior había cuatro habitaciones cada una con su baño propio. La de matrimonio era la que daba más próxima a las escaleras y a sus costados las de los niños. A la derecha la de Luna, que tenía una decoración aun infantil. A la izquierda estaba primero la de James y después la de Albus, ambas de decoración juvenil, con las paredes llenas de póster deportivos que les conseguía su madre.

  • Señor Potter, tenerlo en casa nuevamente llena este hogar de más estrés del necesario.

El elfo de la familia, Kreacher, seguía al servicio de los Potter y manteniendo su personalidad continuaba con su particular forma de ser. Como de costumbre, Harry tenía un regalo para él dentro de la pequeña mesa, la que estaba al lado de la puerta y en su interior guardaba un calcetín, el cual sacó y se lo ofreció por enésima vez.

  • Si no te gusta el estrés en casa te ofrezco esta pieza de ropa para que seas libre y puedas ir a donde te plazca.

  • ¡Aleje eso de mí! -Repudiando como de costumbre el calcetín cambió su actitud-. A Kreacher siempre le hace feliz estar al servicio de la familia Potter.

  • Y a los Potter les hace felices que los cuides como siempre haces -Guardando el calcetín otra vez en el cajón, le brindó una cálida sonrisa a ese cascarrabias-. ¿Cómo va todo por aquí?

  • Ocupados todos están arriba, parece que se van durante años.

  • Es la emoción del inicio del curso -Dejándolo con sus ocupaciones, se dirigió a las escaleras.

Sujetando la barandilla de la escalera se encontró justo con Ginny arriba. La mujer estaba con los ojos rojos y llenos de lágrimas, rápidamente entendió que estaba destrozada por la marcha de sus dos pequeños y corriendo fue a abrazarla.

  • Tranquila -Conteniendo él también las lágrimas, trataba de tranquilizarla-. Solo se van unos meses, ya verás que antes de que te des cuenta, ya están de vuelta por navidades -La abrazaba con cariño-. Recuerda que tú fuiste niña una vez y pasaste por esto, la emoción y los nervios. Las ganas de volver a ver a los amigos, en el caso de nuestro James. Los nervios de conocer a los nuevos de Albus. 

  • Pero es duro estar sin nuestros dos hijos. Cuando eres niño todo es tan emocionante, vas a vivir cien aventuras en el colegio, pero no pensaba que fuera tan duro, cuando vives el mismo acontecimiento desde el otro punto.

  • Disfrutemos de la noche, no vamos a estar pasándola entre lágrimas -Le daba la mano para que fuera fuerte y luego un beso en la mejilla.

  • Cortaros un poco -James les observaba desde la puerta de su cuarto y los otros dos estaban a las puertas de sus respectivas habitaciones.

Abriendo los brazos de par en par, los dos padres invitaron a un abrazo en grupo familiar y sus tres hijos corrieron a abrazarlos. "¿Lo tenéis todo preparado? ¿Quién tiene ganas de aprender magia?". Les preguntaba el padre a los pequeños y los dos varones levantaron la mano quedando la pequeña desolada.

  • Tranquila Luna -Arrodillándose ante ella la consolaba-. Dentro de dos años iras tu también, Allí podrás hacerles la vida imposible a tus hermanos en el colegio -Con sus palabras consiguió hacerla sonreír.

  • Chicos tenemos que darnos prisa, los abuelos nos esperan con todos vuestros tíos y primos, para la gran cena de inicio de curso -Dando una palmada, organizaba a todo el mundo para que terminaran lo más deprisa posible, consiguiendo ponerlos a todos en marcha. - James lleva todo el día diciéndole a Albus que va a ir a Slytherin, aparte de que no paran de pelearse por ver quien se parece más a ti -Ginny apoyada en la barandilla de la segunda planta, conversaba con su marido.

  • Son hermanos, esa relación de amor y odio es normal -Mirándola con afecto, le vino a la cabeza su encuentro en el ascensor del ministerio-. Ginny ¿Conoces a Verónica Fletcher? La nueva reportera de El Profeta, la que se encargará de llevar nuestras noticias a la prensa.

  • Si…, una desgracia lo de Antón, fue todo tan deprisa que aun no me ha dado tiempo de asimilarlo -No había podido contarle lo del accidente, pero enseguida lo miró pícaramente-. Es lo que se conoce como una trepadora, ha ascendido meteóricamente en el diario y está protegida por casi toda la directiva, que la ha convertido en famosa por su columna de opinión.

  • Me gustaría saber cómo ha conseguido estar tan protegida por toda la directiva.

  • Es preciosa y tiene curvas, una mujer con ese físico, si no tiene reparos morales es capaz de llegar muy lejos, si usa todo lo que la naturaleza le proporcionó -Se acercaba al oído para susurrarle algo-. ¿Ya la has conocido?

  • Muy de cerca, casi me asalta en el ministerio.

  • Suponía que iría a por ti desde que le dieran el puesto de Antón, tiene cierta obsesión contigo.

  • ¿Y no te pone celosa eso?

  • Me pondría celosa si no tuviera plena confianza en ti, sabía que si intentaba algo me lo ibas a contar. ¿Quiere provocarte? Que lo intente -Sujetándole la solapa de la camisa lo atraía hacia sí y le daba un beso-. No tiene la mínima oportunidad.

Dándose un afectuoso abrazo, comenzaron a escuchar la llamada de sus hijos que los requerían para acabar de montar sus equipajes, como padres abnegados, fueron a cumplir con su cometido antes de partir hacia la casa de los abuelos.