Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Rosas de terciopelo · de

Rosas de terciopelo — capítulo 1

Alan Stone siempre vivió en la cuidad, y que ahora tenga que llevar una vida miserable en un barrio completamente nuevo, para él era un suplicio y más si tenía que vivir con una mujer.

Suspiró varias veces antes de entrar por el jardín, el cual estaba cubierto de toda clase de flores. Miro con pesadez las flores. Sorteó varias figuras de jardín hasta llegar a la entrada de la casa.

Observó si había algún vecino fisgón, pero al parecer no era ese el caso, cosa que lo alivió.

Respiró hondo una vez más. Se presionó a si mismo diciendo que si la persona que le abriese la puerta no le agradaba, el mismo se daba la vuelta y se marchaba para la cuidad nuevamente.

Tocó el timbre de la puerta, esperó varios minutos, hasta que alguien le abrió, dejándolo estupefacto al ver a una hermosa chica joven de cabello rubio como el sol y unos bellos ojos color azul como el cielo o incluso se podría decir que eran como el mar.

Se recompuso, aclaró la garganta. Extendió la mano para saludar a la chica.

  • Buenos días, busco a la casera de la casa-saludo Alan a la chica.

Alanise lo observaba de arriba abajo, para ella meter a desconocidos en su casa le resultaba algo peligroso. 

La abuela de Alanise, Hilda rentaba habitaciones a los estudiantes y a turistas por un módico precio.

  • Está hablando con la casera, me llamo Alanise Green-dijo Alanise.

  • Me dijeron que podía quedarme unos días en esta casa- dijo algo nervioso Alan.

  • Yo le dejo vivir aquí, mientras me pague el alquiler de la habitación que vaya a ocupar- dijo Alanise con una sonrisa.

-Está bien, solo dígame cuánto cuesta el alquiler y se lo pago-respondió Alan ya desesperado por querer entrar en la casa.

-Eso es mejor que lo hablemos dentro, ¿no le parece?, por cierto aún no me dijo su nombre-comento Alanise dejándole pasar a Alan al interior dela casa.

  • Me llamo Alan Stone- se presentó al fin Alan con una pequeña mueca.

Alanise guio a Alan hasta el salón.

El salón no era muy grande, las paredes estabas recubiertas de papel de flores, ya se comenzaba a ver algo deteriorado el papel de pared. Había una pequeña chimenea, dos mesas auxiliares, un sofá de color marrón oscuro y en los posa brazos tenía unos tapetes de ganchillo con una rosa dibujada. A los lados de las mesas auxiliares había dos sofás individuales del mismo color que el sofá. En el centro había una mesa de café no muy alta, pero tampoco muy baja, encima había un libro, varias revistas de plantas, una vela aromática y un jarrón con orquídeas lilas y blancas.

Alanise se sentó en el sofá, indicándole con un gesto de la mano, para que Alan tomase asiento en uno de los sofás.

Alan se sentó en el sofá, pero no sin antes mirar el salón, como si lo estuviese estudiando.

  • Tiene una casa muy hermosa, señorita Green-dijo Alan halagando la casa de Alanise.

  • Gracias. Ésta casa perteneció a mi abuela, ella era quien rendaba las habitaciones y ahora lo continúo yo- agradeció Alanise a Alan mientras le informaba de la casa.

  • Sé que es algo que a mí no me importa, pero ¿cómo se le ocurrió a tu abuela alquilar las habitaciones?-preguntó Alan.

  • Eso es algo que ella jamás me ha contado- dijo triste Alanise.

  • Y ¿aun así estás dispuesta a alquilarle una habitación a alguien que no conoces? Eres muy valiente o muy estúpida...-respondió Alan.

  • No soy ni valiente, ni estúpida. Simplemente hago lo que mi abuela solía hacer- dijo seria Alanise.

  • ¿Te parece bien si hablamos de la renta de la habitación para ti?-pregunto Alanise con una sonrisa mientras observaba los ojos color mercurio de Alan.

  • Claro- Dijo Alan.

Alanise comenzó a hablarle de los trámites que tendría que cubrir, Alan. Del depósito que tendría que darle cada mes. De las tareas que tendría que realizar, al estar viviendo ahí con ella.

  • Si te parece que todo está en orden, te lo piensas y me das una respuesta- comentó Alanise.

  • No tengo nada que pensar. Me quedo con esa habitación, pero si me dejas quiero poner una conducción si te parece bien- dijo Alan serio

  • Claro- instó Alanise a continuar hablando a Alan.

  • Ninguno de los dos entrará en la habitación del otro cuando no esté y sobre todo no haremos ninguna pregunta sobre en que trabajamos, yo te pago el alquiler, hago los quehaceres del hogar u nadie sabe nada del otro. ¿Estás de acuerdo?- preguntó Alan.

  • Estoy de acuerdo, pero yo también pondré otra norma. No se puede traer a esta casa a ligues, si quieres hacer esas cosas vas al motel del barrio vecino- advirtió Alanis.

  • Tranquila que contigo no lo haría ni en mis sueños- respondió divertido Alan.

Alanise sentía como la sangre subía hasta sus mejillas tiñéndolas de un color rosado.

Alan sin duda se estaba divirtiendo al ver las caras que ponía Alanise. Pero esta nueva vida aun no hacía más que comenzar, y no se lo iba a poner tan fácil a Alanise.


(Me gustó mucho esta frase y creo que tiene mucho que ver con el capítulo)

"Siempre hay que tener cuidado de saber a quién se le alquila una habitación. Nunca se debe meter a un desconocido en una casa, no se****sabe lo que puede llegar a hacer en ella".