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UNFORGIVEN — capítulo 1

IUn día10 de Marzo, jueves.

Lilith cerró sus ojos azules un momento y lo volvió a ver. Su pelo negro y largo brillaba más que nunca; su sonrisa era mucho más iluminadora que en las otras veces en las que lo había visto; sus claros ojos verdes eran intensos y seductores, pero su aura era oscura, muy oscura... ¿Quién demonios era ese chico? ¿Por qué pensaba en él incesantemente? ¿Por qué lo veía? ¿Acaso existía realmente?

La pelirroja notó como sus cejas se fruncieron a la vez que sus labios, aquello era tan frustrante... ¿Cuándo había empezado a ver a aquel chico en sus pensamientos?

-Lil... -escuchó como su amiga Eva llamaba su atención, pero no abrió los ojos, no quería dejar de mirarlo.

-Señorita Clout -ahora sí que los abrió; desobedecer a su tutor no era buena idea.

La amplia e iluminada clase de treinta pupitres y paredes blancas con un tabique abarrotado de ventanas por donde la desgarradora luz de la mañana cegó a Lilith se encontraba llena de alumnos; todos y cada uno de ellos mirándola.

Decidida a pasar por alto todas aquellas miradas por parte de sus compañeros y de su amiga, la cual se encontraba a su lado, Lilith intentó descifrar por qué página iba leyendo el profesor, el cual tenía su pequeño libro de lectura sujetado por su mano derecha. 

Fue inútil el intento puesto que no lo logró, hasta que Eva, en un acto de compasión, le señaló la hoja.

El profesor volvió a retomar su lectura en voz alta y Lilith disimuló estar leyendo para mirar su reloj de pulsera negro con las cifras marcadas en blanco bajo su asiento; Había estado quince minutos divagando, perdiendo el tiempo...

El timbre sonó en el momento justo, y poco a poco todos sus compañeros fueron recogiendo sus materiales mientras charlaban, reían o repasaban un examen que tenían en la siguiente hora.

El tutor, un hombre de unos cuarenta y tantos años de cabello plateado puesto que las canas rebosaban en cantidad en su cabellera corta, le dedicó a Lilith una mirada de atención a través de sus gafas finas y marrones, pero la pelirroja la esquivó con disimulo haciendo que finalmente aquel señor se levantase de su asiento y saliese también del aula; se había librado esta vez, no habría una segunda.

-¿Se puede saber qué te pasa? -le preguntó Eva mientras recogía las cosas junto a ella y se quitaba sus gafas.

-Nada, ¿por qué? -Lilith a veces podía llegar a ser callada y pesimista, por eso no contaba sus problemas a nadie.

-Porque llevas como dos días en babia.

-Solo estaba pensando -se resignó a contestar puesto que ni si quiera ella sabía explicar con exactitud lo que le ocurría.

-Ya... -soltó la rubia mirándola de reojo -Oye, estás bien ¿verdad? Sabes que me puedes contar cualquier cosa.

Lilith se quedó inmóvil unos segundos, el único movimiento que había en ella se encontraba en sus grandes ojos color cielo, los cuales se movieron de derecha a izquierda y después se centraron en Eva. Sabía a qué se refería, dentro de poco se cumpliría un año más de la muerta de su madre y el abandono de su padre, pero realmente eso no le afectaba, vaya, ni si quiera lo había pensado.

-Estoy bien -le contestó con un movimiento de hombros acompañado con una sonrisa para restar importancia.

-Vale... -suspiró -Confío en ti ¡Por cierto! ¿Has estudiado para el examen?

Los estrechos pasillos del instituto estaban abarrotados de estudiantes, aquellos cinco minutos que había entre clase y clase eran gloriosos, trescientos segundos podían dar para mucho, y Lilith no tardaría en descubrir que le depararían a ella.

Cuando por fin llegaron a la planta principal salieron de su pabellón para dirigirse al edificio vecino donde se impartían otras clases, entre ellas arte.

La mitad de sus compañeros ya estaban dentro del aula cuando Lilith y Eva traspasaron la puerta en dirección a sus correspondientes sitios, pero algo hizo que Lilith se detuviese en mitad de la clase.

Un chico se encontraba hablando con la profesora de espaldas a ella. Era alto y delgado, de su hombro izquierdo colgaba una mochila básica aparentemente vacía, su pelo era negro y desgreñado. En la nuca, un tatuaje con forma de sol que se le asomaba por el cuello de la cazadora oscura casi parecía arder sobre su piel clara. Cuando el chico se giró con un pequeño papel en la mano sus miradas se cruzaron; Tenía los ojos verdes esmeralda, grandes y hundidos, y sus labios carnosos eran por lo que la mayoría de las chicas matarían; de hecho muchas de las adolescentes que se encontraban en la clase ya estaban inundando el aula con babas.

-¡Buenos días chicos! -soltó con energía Adela, la profesora -Venga, vamos sentándonos por favor, no tenemos mucho tiempo.

Lilith tuvo que ser empujada por Eva para llegar al sitio donde habitualmente se sentaban ya que se había quedado petrificada, en blanco, sin sentidos...

Aquel chico se sentó justo al otro lado de la clase cuando volvió a sonar la campana.

-Anda... -exclamó la rubia no muy alto desde su pupitre mientras intentaba sacar algo de su mochila, la cual estaba posada en el suelo -¿Quién es? -le preguntó a Lilith a sabiendas de que tampoco ella le conocía, simplemente para sacar conversación.

-No lo sé... -Lilith estaba desalentada, ¿Cómo que no lo sabía? Claro que sí; ella lo había visto antes, sabía cómo eran sus facciones mucho antes de que el chico se diese la vuelta; sabía de qué color eran sus ojos, ya que estaba cansada de verlos una y otra y otra vez a través de sus pensamientos o cuando, simplemente, mantenía sus ojos cerrados. La única diferencia era aquel tatuaje con forma de sol y el corte de su pelo.

Tan solo habían pasado diez minutos desde que el timbre sonó y Adela ya les había puesto y explicado el examen.

Toda la clase estaba en silencio y concentrada en el folio que tenían delante a excepción de Lilith, quien desde la otra punta del aula no paraba de mirar por el rabillo del ojo al chico nuevo, el cual para su sorpresa, o no tanta, también la miraba descaradamente. Se sintió halagada, nerviosa... y frustrada.

¿Aquello era real? ¿Aquel chico sacado de sus pensamientos estaba físicamente allí? Nadie comprendería su situación actual, aquello era indiscutiblemente algo paranormal.

Cuarenta minutos después el timbre volvió a sonar y todos los alumnos salieron del aula sonriendo; el examen no había sido muy difícil y encima ahora tocaba media hora de descanso.

El chico nuevo ni si quiera le dedicó una mirada de despedida cuando salió por las dobles puertas de la sala, aunque tampoco tenía por qué, y eso confundió a Lilith.

¿La había estado mirando durante toda la clase y ahora nada?

-¿Se puede saber qué haces? -Eva le sacó de sus pensamientos una vez más. Lilith la miró y vio su ceño fruncido y sus labios prietos.

-¿Qué? -movió su hombro derecho en señal de defensa; no había hecho nada malo y Eva era muy metomentodo.

-Que no has parado de mirar al nuevo ni un solo segundo -soltó la rubia y se acomodó sus gafas -. No es por nada pero a Sam no le gustan estas cosas y lo sabes.

Oh, Sam...

Samael, el chico más conocido de todo el instituto. Guapo, inteligente y de comprensión atlética gracias a los deportes que practicaba, de cabellos cortos, rizados y castaños y de preciosos ojos grises; El novio de Lilith.

-Él no está aquí y tú no vas a decírselo -le advirtió a su amiga mientras metía todas sus cosas sin cuidado alguno en la maleta y se alejaba de ella para salir por la puerta. El chico había salido hacía menos de un minuto, podía alcanzarlo.

-¡Pero espérame! -bramó la rubia.

Lilith salió como una bala del aula sin ni siquiera esperar a su compañera. Sus ojos azules estudiaron cada milímetro del poblado pasillo. Por un instante había pensado que el nuevo estaría allí, apoyado en la pared aguardándola, pero no. En su lugar encontró a Sam. "Hablando del rey de roma"

El castaño la esperaba algo sudoroso y figuradamente cansado, seguramente acababa de hacer gimnasia y a sabiendas del horario de su chica fue a buscarla para pasar, como de costumbre, el recreo juntos, como hacían siempre; cosa que a Lilith hasta hacía unos segundos había olvidado.

-Hola nena -le saludó acercándose a ella para dejar un casto beso sobre sus gruesos labios.

-Hola... -le contestó Lilith en un hilo de voz.

¿Pero en qué estaba pensando? ¿Qué se suponía que iba a hacer yendo detrás del otro? ¿Qué pretendía? Aquella era la primera vez en toda su relación que habría preferido no haberse cruzado con Sam, realmente quería aclarar un par de cosas con el nuevo aunque no le diese muy buena espina.

En aquel momento la rubia hizo aparición quedando petrificada al ver a la pareja junta después de la pequeña conversación que había tenido con la pelirroja.

Lo malo de Eva era que no sabía guardar un secreto, todo lo que le decían lo soltaba sin más, y aquella seguramente no sería una excepción; Lilith comenzó a preocuparse y por eso le decidió una mirada amenazadora.

-Hola chicos... -intentó disimular la rubia -Bueno y voy a la cafetería a comprar mi desayuno, ¿Queréis algo?

Lilith captó lo que Eva quería hacer con eso -quitarse del medio- , así que contestó lo más rápido posible para que Sam y ella no entablasen conversación.

-Toma -dijo Lilith sacando de sus vaqueros negros unas monedas -, cómprame lo que sea para beber por favor.

-Vale... Hasta luego.

Eva caminó pasillo abajo con la cabeza gacha, mirar a Sam a los ojos era peligroso en aquellas circunstancias; él era su mejor amigo y la conocía tan bien como Lilith.

Una vez que Eva se perdió de vista Sam miró a su chica con el ceño fruncido, sabía cuándo algo pasaba, sabía cuándo le querían ocultar cualquier cosa.

-¿Pasa algo? -preguntó sonriendo, puesto que jamás imaginaba lo que realmente surcaba las mentes de las chicas, aunque tampoco era tan grave, ¿No?

-No... -le contestó ella devolviéndole la sonrisa pero sonando poco convencida -Es que ha copiado -mintió finalmente.

-¿Copiado? ¿El qué?

-Sí, el examen de plástica -sonrió falsamente para intentar desviar el tema de conversación, aunque aquella excusa había sido de las peores que había inventado en toda su vida. Nadie en su sano juicio creería que Eva, la chica más maravillosa del mundo, la más inteligente del lugar, hubiese copiado nada.

-Qué tontería, ¿por eso está tan rara? -preguntó extrañado mientras señalaba la dirección que Eva había cogido para salir de allí sin ni siquiera saludarlo en condiciones.

Lilith se encogió de hombros a modo de respuesta mientras cogía aire por la nariz para soltarla posteriormente poco a poco por la boca; se lo había tragado, ya no había problema.

Sam se acercó peligrosamente a su chica una vez que el pasillo quedó algo más solitario haciendo que la espalda de esta chocase con la pared que tenía detrás.

-¿Podrás salir esta noche? -le preguntó con picardía muy cerca de su oído; ahí estaba otra vez insistiendo, como había hecho durante toda la semana que llevaban. Lilith sabía perfectamente lo que Sam quería, pero ella aún no estaba preparada.

-No lo sé... -le contestó haciendo una mueca -No creo que Nana me deje.

-Puedes escaparte como la semana pasada -le recordó él sonriendo nuevamente.

-Oh no, no pienso hacer eso. Sabes que me pilló y no quiero líos con ella.

-Vamos Lil... ¿Por qué le haces caso a esa vieja? No es tu madre.

Aquello fue suficiente para que Lilith le echase una mirada brutal a Sam, quien se alejó un poco de ella. A veces la pelirroja podía llegar a ser diabólica, podía llegar a asustar, y a Sam no le convenía eso. Sabía que Lilith odiaba hablar de sus padres.

-Lo siendo... -se disculpó alzando un poco sus manos.

-Te he dicho mil veces que no menciones a mi madre y que no hables de Nana como si fuese una cualquiera. Por si no lo sabes gracias a ella puedo estar aquí, si Nana no se hubiese quedado con mi tutela ahora estaría en a saber dónde.

-Lo sé, lo sé, lo siento, culpa mía.

-Claro que es culpa tuya -afirmó la pelirroja mientras lo rodeaba para recorrer el interminable instituto y reunirse con Eva en la cafetería. Sam se había pasado, Lilith le había hablado mil veces de su situación familiar y aun así parecía que al chico se la traía floja.

Transitando por el estrepitoso recreo por fin llegó a la cafetería y buscó a Eva con la mirada. Llevaba ya un buen rato sin ella así que seguramente ya habría pedido y estaría sentada en algunas de las mesas.

Lilith la divisó al final de la sala y emprendió su viaje a través de todos los estudiantes, de las mesas y de las sillas para llegar junto a ella. Cuando por fin lo hizo su amiga no desayunaba sola, el chico nuevo estaba con ella haciéndole compañía.

-¡Lil! -llamó Eva la atención de su amiga ya que la pelirroja se había quedado sin saber que hacer, igual que en clase de arte -Vamos, ven.

Decidida a demostrarle lo poco que le impresionaba la presencia del chico de cabellos oscuros se acercó a la mesa y se sentó indiferente en la silla que estaba junto a Eva quedando de frente al nuevo.

Realmente la curiosidad la invadió y millones de preguntas sin respuestas se formularon en su cerebro: ¿Qué hacían juntos? ¿Se conocían? Imposible. Aunque... si no era así ¿Habían hecho tan buenas migas en tan solo diez minutos?

-Cam, esta es Lilith -presentó la rubia a su amiga, y la cara de Cam cambió de repente; ahora parecía mucho más tenso, como si quisiese hacer algo que no podía permitirse. Lilith pareció ser la única que lo notó, como si sus movimientos y sus gestos se le hiciesen conocidos -. Lil, este es Cam.

-Lo sé... -afirmó casi sin querer. Ahora que tenía a Cam delante no podía negarlo, era mucho más guapo en persona que cuando ella se lo imaginaba. Bueno, imaginaba... cuando lo veía en sus pensamientos mejor dicho.

-¿Lo sabes? -le preguntó extrañada su amiga -¿Sabías que se llamaba Cam?

-Bueno no... -se excusó, y justo en aquel momento Cam la cortó.

-Claro que lo sabe, ha estado mirándome toda la clase, lo habrá leído en mi archivador.

Aquella voz escuchada por primera vez fue casi como un cosquilleo; fue como oír aquella canción que tanto te gusta pero que no consigues recordar el nombre. Sin embargo, aquella manera en la que lo había soltado delante de Eva había sido descortés, una cualidad que le pegaba bastante basándose en sus pintas.

El chico llevaba unos pantalones negros pegados, unas brillantes botas negras de motorista, una camiseta holgada blanca y una cazadora de cuero negra muy parecida a la que tenía ella.

Lilith no supo que contestar aunque tenía mil y una respuestas en la cabeza, pero simplemente por el hecho de pensar que tenía que malgastar saliva solo para responderle a aquella provocación se le hacía pesada la conversación.

-Bueno, eh... -Eva intentó romper aquel silencio incómodo en el que se habían profundizado -Ya la irás conociendo, es muy divertida, un poco borde a veces pero enseguida te acostumbras.

-Me lo imagino.

Lilith miró a Eva de reojo, ¿Qué procuraba hacer vendiéndola como si fuese una amiga a la que el nuevo pudiese comprar o puntuar?

Estaba claro que el primer contacto con el muchacho no había sido bueno, y Eva tampoco ayudaba mucho.

Ahora que lo pensaba mejor, Lilith sabía realmente que el chico se llamaba Cam, un nombre muy inusual que, de hecho, no recordaba hasta que Eva lo había nombrado.

¿Pero por qué le sonaba? ¿Por qué parecía que lo conocía? ¿Por qué se había sentido incluso celosa al haber visto a su mejor amiga a solas con él? ¿De qué habrían estado hablando? ¿Le habría preguntado por ella? A fin de cuentas se había pasado toda la clase mirándola; aunque eso no era muy anormal, habitualmente los chicos se solían fijar en ella. Era una chica alta y delgada de tez normal; su cabello era largo, liso y pelirrojo, tenía pequeñas pecas en torno a su nariz perfilada y sus pómulos marcados. Sus ojos eran grandes y azules y sus labios gruesos y rosados. Su Nana, la mujer que la cuidaba puesto que sus padres prácticamente se podía decir que no existían, le decía que era como un súcubo.

-Bueno Cam, ¿eres de por aquí? -peguntó Eva dándole otro bocado de tantos a su sándwich.

El moreno resopló como si no supiese explicar bien de donde era. ¿No era tan difícil, no? Todos hemos nacido en un lugar determinado y eso no se puede olvidar.

-Si por aquí te refieres a Luisiana, no -contestó haciendo que las finas cejas de ambas chicas se fruncieran.

-¿De dónde eres entonces? -aquella pregunta formulada por la pelirroja no sonó muy agradable, casi parecía que le atacaba y no era su intención, pero pareció salirle por inercia.

-No sé donde nací exactamente, he viajado mucho durante toda mi vida..

-¿¡A sí?! -los ojos azules de Eva se abrieron de repente -Yo también he viajado mucho -al perecer tenían cosas en común, y Lilith no sabía si aquello le gustaba o le molestaba -Tal vez hemos coincidido y todo.

-Lo dudo -le dijo Cam -, me acordaría de ti.

Eva miraba al muchacho como una tonta enamorada, Cam sin embargo simplemente miraba a Eva de una forma amistosa, así que Lilith tomo medidas al respecto, notaba que sobraba en aquella mesa y no lo iba a consentir.

Le dio un pequeño toque a la pierna de Eva por bajo el tablero y después apoyó su barbilla en sus manos.

-¿Y dónde has estado? -quiso saber la pelirroja para evitar que el contacto visual de Cam se centrase en Eva; realmente no le importaba que la mirase, pero sí que quería saber cuáles habían sido aquellos lugares; Lilith no había salido nunca de Luisiana, y cuando Eva por ejemplo volvía de alguno de sus viajes le encantaba escuchar sus historias y sus descripciones.

-Así que recuerde... -Cam elevó su mirada verde; Normalmente cuando alguien quiere acordarse de algún acontecimiento pasado suele hacer esa acción, y a Cam le dio resultado -Moscú, Italia, Inglaterra, en el Tíbet, en Francia...

-¡Oh! -le interrumpió Eva -Yo también he estado en Francia, ¿Por qué zona estuviste?

-En Versalles y Paris, ¿y tú?

-Estuve en Paris hace cuatro años, ¿Cuándo fuiste tú?

Cam se quedó en silencio unos momentos, mojó la comisura de su labio inferior con su lengua y después miró a Eva. Aquellos movimientos tan cuidadosos y meticulosos parecían controlados paso a paso, como si algo le pudiese salir mal y tuviese que estar controlándolo todo.

-El año pasado.

-Vaya... ¿Y te gustó?

-Es uno de los lugares que más me gustan, el francés se me da bien -ambas chicas se quedaron en silencio para que Cam pudiese continuar con su relato, y el chico volvió a hacer la misma acción de antes; mirada hacia arriba -. Estuve en Egipto y en Georgia hará no mucho. También en Israel.

Cuando Cam soltó aquel último país Lilith se estremeció, los ojos de ambos se conectaron y ella se sintió terriblemente acorralada. ¿Israel?

Pequeños fragmentos de imágenes -no sabría decir si reales o imaginarios- aparecieron en su memoria; Un vestido blanco, un río, una capilla, y un destello dorado.

Acto seguido en su mente se recreó una representación, una representación que parecía un recuerdo.

Flash back

-No pondré un pie ahí -escuchaba como decía el muchacho mientras señalaba un templo.

-Entonces no me amas -aquella muchacha le resultaba terriblemente familiar, sus ojos estaban llenos de lágrimas a la espera de que pudiesen ser expulsadas.

-Te amo más de lo que nunca habría creído posible, pero eso no cambia nada.

Fin Flash back

Los chasquidos provocados por la mano derecha de Eva hicieron que Lilith saliese del trance en el que se había adentrado inconscientemente. Se sentía mareada y descolocada; No quería estar allí.

La pelirroja se levantó tambaleándose y cogió su maleta gris del suelo.

-¿Estás bien? -le preguntó su amiga.

-No... -le contestó la pecosa franca pero sin mirarla -Creo que voy a salir a que me dé el aire.

-¿Quieres que te acompañe? -Cam se ofreció señalando la puerta del comedor con la cabeza, pero Lilith no se iba realmente de allí para despejarse, sino para alejarse de él.

-No, tu no.

Lilith salió de la cafetería como nunca lo había hecho, ¿Qué había sido eso? ¿Acaso era algún recuerdo olvidado y renacido justo en aquel momento? ¡Oh, por dios! Aquello ya era demasiadas coincidencias, había vivido demasiadas emociones en muy pocas horas.

-¡Lil! -Eva salía rápido pero sin correr por la verja del instituto persiguiendo a Lilith, quien junto a Sam se disponía a volver a casa.

La pareja se giró a la vez al escuchar el nombre de la susodicha. Lilith había pasado las tres horas que quedaban de clases sin prestar la mínima atención a Eva, cosa extraña por su parte puesto que las dos chicas eran puro torbellino en las últimas horas, incluso los profesores se extrañaron.

Eva llegó algo asfixiada al lado de su amiga, quien la miraba sin ganas, estaba claro que se sentía molesta por algo.

-¿Estás mejor? -le preguntó para romper el hielo, no sabía cómo empezar aquella conversación que tanto necesitaba tener.

-¿Mejor? -Sam miró a Lilith a la espera de que esta le explicase lo que había sucedido; no había estado con ella en el recreo como de costumbre así que probablemente se había perdido algo importante.

-Estoy bien -contestó Lilith rodando los ojos y girándose sobre sí misma para emprender de nuevo el camino que tenía pensado recorrer antes de que Eva apareciese.

-Hey, espera... -Eva sujetó la muñeca de Lilith fuertemente para que esta no pudiese alejarse más -¿Qué te pasa? ¿Estás enfadada?

-¿Enfadada por qué? -Sam; el pobre Sam, se sentía perdido en aquella extraña conversación que estaban manteniendo las chicas, y para colmo ninguna de las dos le aclaraba nada.

-No estoy enfadada, Eva -contestó Lilith alzando un poco la voz y soltándose malamente de su agarre -. Estoy cansada, ¿Vale? Ha sido un día raro.

-¿Por Cam? -preguntó de nuevo Eva y Lilith abrió sus ojos azules para que la rubia se diese cuenta de que no quería hablar de aquel tema delante de Sam.

-¿Qué Cam? -Sam arrugó su frente y miró frenéticamente a ambas chicas para que alguna de las dos le contestase.

-Cameron Briel -le respondió Eva como si nada -. ¿Lo conoces?

-He oído hablar de él. ¿Está aquí? -Sam titubeó y Lilith se quedó mirándolo con el ceño fruncido y sus los ojos clavados en su rostro.

-Sí, está en nuestra clase. Ha venido nuevo hoy -Eva olvidó la presencia de Lilith y se centró en la plática con Sam; al parecer a la rubia le gustaba hablar de Cam, como si lo conociese y pudiese dar toda la información posible a las personas que le preguntaban.

-Y... ¿Habéis hablado con él? -indagó el moreno.

-Pues lo cierto es que...

-No -negó la pelirroja.

-¿Seguras? -volvió a preguntar Sam desconfiado y esta vez miró a Eva.

-S-sí, seguras... -contestó ella.

-Sam, vete si quieres -soltó Lilith de pronto acercándose a su amiga -. Voy a acompañar a Eva a su casa, se me olvidó ayer un libro allí y tengo que recogerlo para unos ejercicios que nos han mandado.

Samael miró dudoso a la pelirroja pero finalmente accedió, se giró y comenzó a caminar hacia donde su casa se ubicaba.

Lilith y Eva cogieron el camino opuesto al que la pelirroja iba en un principio, y mientras caminaban por una de las aceras de Luisiana la conversación volvió a retomarse.

-¿Por qué le has mentido? -preguntó Eva.

-No, por qué le he mentido no. ¿Por qué no te has callado? Joder Eva, te dije que no quería que le dijeses nada.

-¿Qué tiene de malo hacerse amiga de un compañero de clase?

Lilith se quedó callada; ahí tenía razón, no había nada de malo en crear una amistad con personas nuevas, pero aquel era el caso, Cam no era alguien nuevo para Lilith.

-¿Cómo es que se ha quedado contigo? -preguntó de repente la pelirroja en un tono de voz que no le gustó ni a ella.

-¿Es eso? ¿Estás celosa?

-No estoy celosa, solo quiero saberlo.

-Estaba delante de mí en la cola y nos pusimos a hablar en lo que despachaban a los que estaban adelante -contestó la rubia como si aquello fuese un interrogatorio. -¿Te ha molestado eso entonces?

-No -volvió a negar la pelirroja haciendo que su pelo liso se tambalease ­-, pero podrías haber evitado eso de "a veces es muy borde pero te acostumbras" -intentó imitarla de una manera algo exagerada.

-Solo quería parecer simpática.

-¿Dejándome mal a mí? -la acusó.

-¡Vamos Lil! ¿¡Qué más te da?! ¿Qué problema tienes?

-Déjalo Eva...

Lilith se dio media vuelta sin ni siquiera pensarlo, se acomodó su mochila gris y comenzó a andar de nuevo en dirección a su casa.