Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Relatos en tiempos de paz · de

Relatos en tiempos de paz — capítulo 1

LA FAMILIA POTTER Y UNOS CUANTOS WEASLEYS

-¡Mamá! ¡Ya estoy en casa!

James Sirius Potter se sacude el polvo grisáceo que se le ha pegado a la ropa con ligeros y breves manotazos.

-¡Mamá! - Vuelve a gritar el muchacho moreno.

El ruido sordo que produce un cuerpo al caer se escucha tras él. James ni siquiera se gira para ver cómo se encuentra la menuda muchacha de ojos verdes que tose envuelta en ceniza. Vaya bruja de pacotilla. ¿Es que aún no sabe viajar por la red Flu? Sencillamente vergonzoso…

-Sígueme. - Ordena James.

Están en un saloncito para visitas que hay junto a la entrada de la casa. La familia no suele utilizarlo, salvo si papá o mamá reciben a alguien inesperadamente. Es un lugar acogedor y así evitan que los desconocidos entren al interior de la vivienda. James abre la puerta y sale al amplio recibidor empapelado en verde y rematado con madera blanca brillante. Toma el único pasillo que se ve - el cual los lleva hacia la derecha - y mueve un poco la cabeza para ver si Haworth lo sigue, tal y como le ha dicho que haga.

En casa de los Potter hay muchas puertas. Despachos, dormitorios, armarios, salones, baños aquí y allá, una sala de lectura - a la que James no suele entrar -, en fin, sus padres construyeron aquello pensando en las visitas familiares. Y no se han equivocado al hacerlo. En casa de los Potter siempre hay gente. Siempre. Ya sean o no de la familia. Y a James le gusta que así sea, porque asocia el ruido con la felicidad.

Cuando llega al final del pasillo abre una puerta blanca. Nada más entrar se encuentra a sus padres besándose entre risitas y arrumacos junto a la encimera de madera clara de la cocina.

Vomitivo.

-¡Puaj!

-¡James! - Exclama su madre, separándose de su padre de mala gana.

-¿No sois un poco viejos para esas cosas?

  • Pregunta el chico, arrugando la nariz desde la puerta.

Harry Potter sonríe de medio lado justo cuando Haworth aparece en la puerta.

-¡Alya! ¡Bienvenida! - Exclama su madre acercándose a ella con gesto sorprendido - ¡Se me había olvidado por completo que hoy venías! - Le pasa un brazo por los hombros - ¿Cómo no me has dicho nada? - Le da un manotazo a su hijo mayor, que abre la boca, ofendido - Anda, ve a avisar a tus hermanos mientras yo voy a llevar a Alya a su dormitorio.

-Ya voy yo. - Dice su padre.

-Muy bien. Yo voy a mi cuarto. - Se apresura a decir James.

-No, nada de eso jovencito. Ve poniendo la mesa. Comeremos enseguida.

-¡Mamá! - Gruñe el chico.

Pero la mirada que le lanza su progenitora no parece compasiva, así que James suspira con resignación y se dirige al armario donde guardan los manteles mientras Ginevra Potter y Alya Haworth - que hasta ese momento no ha despegado los labios - salen por la puerta de la cocina por la que segundos antes James ha entrado. Su padre, sin embargo, se dirige al fondo de la amplia sala y descorre lateralmente una puerta acristalada para salir al jardín, donde Al y Lily deben estar jugando.

James está estirando un mantel blanco sobre la mesa cuando Albus, Lorcan, Lysander y Lily entran en la cocina formando un gran estruendo.

-¿Dónde está Alya? - Pregunta Albus, colocándose bien las gafas sobre el puente de la nariz.

-Mamá la ha llevado a ver su dormitorio.

  • Contesta de mala gana James.

Y como si una alarma hubiese sonado, Lysander, Albus y Lily salen corriendo de la cocina precipitadamente. James suspira con las cejas arqueadas y cara de pocos amigos. ¡Habrase visto! Cuando él llega a casa no lo reciben con tanta alegría, es más, si pueden le rehúyen. Tener hermanos para eso. Y de Albus se lo espera, no le extraña, pero de su Lily…

-¿Te echo una mano? - Pregunta Lorcan, que es el único que no ha ido corriendo a ver a la estúpida de Haworth.

James se encoge de hombros.

-¿Estás enfadado? - Lorcan se acerca a por los platos que alguien ha dejado apilados sobre la encimera.

-¿Yo? No.

-Pues pareces enfadado.

-Pues no lo estoy.

-Entonces ¿por qué tienes esa cara de enfadado?

-No tengo ninguna cara de enfadado.

-¿Es por Haworth?

James frunce los labios.

-Es que no sé por qué tienen que invitarla. - Se queja James entre gruñidos.

-Así que tengo razón. Estás enfadado. - Lorcan va poniendo los platos sobre la mesa.

-Supongo… - Reconoce en un murmullo casi inaudible el chico.

-Es amiga de tu hermano. - Lorcan se encoge de hombros - Creo que vas a tener que verla muchas veces más por aquí, así que es mejor que aprendas a sobrellevarlo.

-Es que no la aguanto. - James se sienta bruscamente en una de las sillas que hay alrededor de la mesa de la cocina - Siempre tan perfecta. Todos creen que es maravillosa y no lo es. Va de mosquita muerta. ¿Sabes cuántas veces me han castigado por su culpa? - Lorcan lo mira desde lo alto - Yo siempre la he ignorado, ¿sabes? Siempre. Pero ella parece empeñada en ser un grano en el culo para mí.

Luego James apoya la mejilla en su puño. Está enfadado. Muy enfadado. No quiere verla. No quiere que esté en SU casa, con SUS hermanos. No quiere que Alya Haworth irrumpa en la privacidad de su hogar. Ya tiene bastante con tenerla que aguantar en el colegio, en clase y por los pasillos como para aguantarla también en su propia casa durante las vacaciones. Tiene que hacer algo. Tiene que dejarle meridianamente claro que no quiere verla cerca de él ni de los suyos.

El despacho de su padrino es muy acogedor. Siempre lo ha sido. Todo es de madera caoba y la pared está empapelada en color granate. En cuanto entras, tu mirada choca con un gran estandarte de Gryffindor. Junto a este, Harry ha colgado algunas fotos antiguas. Hay una de la Primera Orden del Fénix. James y Lily Potter salen en el centro, sonriendo. ¿Quién les iba a decir que morirían unos meses después? También tiene fotos de Dumbledore y Snape, de la familia Weasley al completo, de sus hijos, de su esposa… Pero hay una foto que a él le gusta especialmente.

Edward Remus Lupin, más conocido como Teddy, sonríe débilmente, casi con nostalgia, mientras sus ojos recorren con parsimonia el rostro de su padre, Remus Lupin. Su padrino le ha contado que encontró aquella fotografía rebuscando entre las pertenencias de Sirius después de la guerra. En ella aparecen James Potter, Sirius Black y su padre. Están agarrándose de los hombros. James está en el centro y de vez en cuando revuelve la cabellera castaña clara del joven licántropo. Junto a esta foto, Harry tiene una foto de sus padres juntos. A veces se pregunta cómo alguien puede extrañar aquello que nunca ha tenido…

-Lo siento.

Ted se da la vuelta. Harry acaba de entrar al despacho.

-Esto de la fiesta es una locura. Menos mal que tenemos a Molly para poner orden. - Sonríe el auror mientras se aproxima a su robusto escritorio para guardar unos pergaminos en uno de los cajones.

-Tranquilo. No tengo prisa. - Ted se aleja de las fotografías y camina hasta el ventanal que da al jardín trasero. Toda la familia Weasley y Potter, su familia, se afanan en decorar el lugar para la fiesta de esa noche.

-Los chicos se alegrarán mucho al saber que has venido. - Harry se acerca a él - Últimamente casi no te ven y creo que te echan de menos.

Ted sonríe de medio lado. Está seguro de que así es.

-¿Y bien? ¿Qué querías decirme?

Su sonrisa desaparece y el rostro se le tiñe de un aire serio que le hace parecer mucho más mayor de lo que es.

-He encontrado algo. - Dice, mirando a Harry a los ojos.

El auror, que hasta entonces mantenía un tono de voz jovial y despreocupado, sin duda motivado por el ambiente de la inminente fiesta, ni siquiera parpadea.

-¿Hablas en serio?

-Ojalá estuviese bromeando, aunque sería una broma muy pesada.

El silencio llena el despacho y ambos vuelven la vista hacia el jardín cuando escuchan una carcajada de la pequeña Lily.

-Aún no he podido hacerme con ningún documento, porque levantaría demasiadas sospechas, pero he visto varias evidencias.

-Entonces…

-Alguien está experimentando con ellos. Estoy seguro.

Puede oír la saliva pasando por la garganta de Harry Potter trabajosamente, y no es para menos teniendo en cuenta la situación a la que se enfrentan.

-Pero… - Harry se quita las gafas y masajea sus ojos con brío - ¿Quién puede hacer algo así?

-No lo sé. - Reconoce Ted.

-¿Cómo te has enterado? - Le pregunta su padrino.

-He hecho recuentos todos los días del material que tenemos guardado en la sala de experimentación. Todas las semanas desaparecen filtros.

-¿Cómo pueden desaparecer? ¿No se supone que un superior debería llevar un minucioso recuento de lo que tenéis allí?

-Se supone, tú lo has dicho. - Señala Ted.

-Eso nos lleva a pensar que uno de los superiores debe estar implicado en la desaparición de material. - Harry se cruza de brazos y apoya la espalda contra el marco de la ventana.

-Es difícil de creer, pero todo apunta en esa dirección.

Teddy Lupin observa en silencio a su padrino. Algunas canas salpican su cabello oscuro y pequeñas arrugas surcan sus ojos. Debe haber reído millones de veces a lo largo de su vida, sin embargo ahora parece preocupado. Muy preocupado.

-Bien. De momento no le contaremos esto a nadie. Seguirás atento a todo lo que pase en el Centro de Investigaciones Mágicas. No tenemos aún datos suficientes como para emitir sospechas o decidir qué hacer.

-¿No le vas a contar nada a tía Hermione y tío Ron?

-No. Ahora mismo están muy ocupados con todo el asunto del Ministerio de Magia, es mejor esperar un poco.

Ted asiente. Luego Harry se pone en pie y vuelve a mirar por la ventana.

-¿Qué tal con Victoire? Ginny me ha contado que la cosa no va bien…

A Ted Lupin se le hace un nudo en la garganta. Hace un mes que Victoire y él han roto. No es la primera vez, empezaron a salir muy jóvenes y han sido muchas las discusiones y reconciliaciones que han vivido, sin embargo esta vez parece diferente. Esta vez han dejado que pasen 65 días sin hablarse.

-Ya no estamos juntos. - Murmura Teddy.

Harry suspira y posa con afecto una mano sobre su hombro.

-Seguro que podéis solucionarlo.

-No sé, Harry. - Ted sonríe amargamente - Es que… Hay demasiada tierra y mar de por medio. Mi futuro está en Edimburgo y el suyo… Bueno, el suyo está en Estados Unidos, ¿no?

Las navidades pasadas, Victoire Weasley recibió una notificación de admisión por parte de la Sección de Estudios Internacionales del Ministerio de Magia. Al principio todo fue alegría y felicidad, pero cuando pusieron en su conocimiento el destino al que la enviaban la cosa se torció. El primer mes de estancia de Victoire en Estados Unidos no fue del todo mal, intentaban hablar todos los días a través de la Red Flu, pero la diferencia horaria empezó a distanciarlos. Hasta que un día Victoire le dijo que había estado pensando y que tal vez deberían darse un tiempo.

Un tiempo.

A Teddy Lupin todavía se le encoge el estómago cuando recuerda las palabras de su ex novia. ¿Cómo que un tiempo? ¿Es que ya no quiere estar con él? Teddy le dice que no necesitan darse ningún tiempo, pero Victoire le cuenta que ha estado pensando, que él es el único chico con el que ha estado y que necesita pensar si quiere estar toda su vida con la misma persona…

Y Teddy, cabreado, la manda la mierda y le dice que es una egoísta. Le pregunta si ha conocido a alguien en Nueva York, que es donde vive ahora, y vuelve a montar en cólera ante el silencio de la que entonces era su novia.

-Sé que ahora mismo estarás desolado, que pensarás que lo que os pasa no tiene solución, - empieza a decirle su padrino - pero voy a decirte algo Teddy: si merece la pena, todo saldrá bien. Ahora mismo estáis pasando por un bache. Es algo normal, sobre todo si vuestros caminos se han separado por el momento. Ginny y yo también hemos tenido nuestros altibajos, pero lo importante es que hemos sabido superarlos, y si tú crees que Victoire es la chica de tu vida, entonces deberías luchar por ella.

Teddy y Harry se funden en un caluroso abrazo. Es reconfortante tener a alguien que sea como un padre para ti. Ted siempre tendrá tanto que agradecerle a su padrino… Tanto… Le ha dado una familia, le ha pagado todos sus estudios, le ha abrazado en los malos momentos, ha limpiado sus lágrimas… Sin duda, Harry Potter es un buen hombre.

-Bajemos a ayudar a los demás antes de que Molly nos acuse de escurrir el bulto. - Aconseja con una gran sonrisa Harry.

Teddy también sonríe. Da igual lo mal que le vayan las cosas, siempre sonríe cuando vuelve a casa.

Antes de lo que esperan los invitados a la fiesta comienzan a aparecer en la residencia de los Potter. El motivo es la aprobación por parte del Consejo del Wizengamot de la instauración de un sistema democrático de elecciones en el mundo mágico, todo auspiciado por su tía, Hermione Granger. Aún deberán esperar unos meses a que todo se ponga en marcha y se hagan las reformas pertinentes, pero al menos han conseguido dar el primer gran paso.

Molly Weasley admira a su tía Hermione más que a ninguna otra persona en el mundo. Despreciada por muchos por ser nacida de muggles, nunca ha dejado de demostrar que la valía de una bruja reside en otras cosas que no tienen que ver con su estirpe familiar. Hermione Granger es inteligente, fuerte, decidida, valiente. Todo lo que a su juicio convierte a una simple persona en alguien digna de admiración.

La observa sonreír a lo lejos mientras conversa con Andrómeda Tonks y con su abuela Molly. Después deja que su mirada vuele a su alrededor, remoloneando entre los comensales que invaden el amplio jardín trasero de los Potter. Ve a sus padres - Percy y Audrey - un poco más allá, riendo a carcajadas con tío Ron, con tío George y con un responsable del Ministerio cuyo nombre Molly no recuerda. Sus primos pequeños gritan y juegan entre los setos del final. ¿Por qué tendrán que ser tan ruidosos? ¿Es que no pueden mantener la compostura ni un ratito?

-¿Por qué observas la fiesta en lugar de formar parte de ella?

Molly da un respingo sorprendido al escuchar una voz hablándole tan cerca. No ha visto llegar al melenudo chico moreno que se ha acercado a ella por detrás, pero eso no impide que Molly gruña con enfado una vez que el susto momentáneo ha desaparecido.

-¿Siempre tienes que molestar? - Le pregunta al muchacho sin mirarlo.

-Podríamos decir que es un don que tengo.

  • Dice Dev Jones con su sonrisa ladeada y esa pose de pasota que hace suspirar a su hermana.

Pero a Molly no le van nada los chicos como Dev. No le gustan nada de nada que sean tan creídos, despreocupados, desorganizados, desastres… Así que compone un gesto de hastío y decide ignorar al muchacho.

-Me encanta cuando pones esa cara. Estás realmente guapa, ¿sabes?

-¿Acaso crees que me importa lo que tú pienses, Jones? - Pregunta Molly con el ceño fruncido, abandonando la opción de mantenerse indiferente.

-Pues claro que te importa. Si no te importase no me rehuirías…

-No te rehúyo. - Puntualiza Molly, dignándose por fin a fulminarlo con la mirada.

-¿Ah no? - Dev Jones no deja de sonreír y eso la saca de quicio - Bueno, eso es lo que me pareció cuando enviaste a tu primo a nuestra cita.

-No teníamos ninguna cita.

-Sí, sí lo que lo era. Te dije que te esperaría allí.

-Yo no dije que iría.

-Si hubieses tenido una pizca de decencia lo habrías hecho.

Molly Weasley frunce los labios.

-No creo que tú seas el más indicado para hablarme de decencia. - Dice finalmente.

-Sigues sin explicarme por qué no apareciste. - Canturrea Dev.

-No tengo nada que explicarte. - Contesta Molly juntando las cejas entre los ojos - Y deja de decir esas tonterías, ¿vale?

-¿Por si nos oye Lucy?

La pelirroja lo mira seriamente. Dev ha dejado de sonreír, lo cual es muy preocupante, pero ella no pierde la calma. Toma aire y se pasa la lengua por los labios mientras los aprieta con fuerza

-No quiero que vuelvas a hablarme sobre este tema. Para mí nunca ha pasado.

Dicho esto, la muchacha se aleja de aquel rincón del jardín en dirección a sus primas Victoire, Dominique, Roxanne y Rose. Ya no sabe qué hacer para que Dev Jones no se le acerque…

El tintineo agudo de un tenedor golpeando repetidamente un cristal llama la atención de todos los presentes en la fiesta, que no son pocos. Harry Potter se ha subido a un pequeño escalón de madera que ha hecho aparecer con magia para que todos puedan verle.

-¡Buenas noches a todos! Espero que lo estéis pasando bien. - Algunos dicen "sí", otros sonríen sin más. - Quería proponer un brindis, como habréis imaginado. De lo contrario sería un poco raro que hubiese hecho aparecer un escabel de madera y me hubiese subido en él. - Se oyen risitas en el jardín - Bien…

-¡Tch! ¡Tch!

Albus Severus Potter deja de mirar a su padre para girar el rostro allí donde sus oídos han detectado la llamada. Su hermano mayor le hace señas desde un seto cercano. Parece tener prisa a juzgar por el aleteo incesante de su mano izquierda. Albus frunce el ceño, extrañado, deja a Lysander y a Alya sentados a la mesa - aunque están demasiado interesados en lo que dice su padre - y se encamina hasta su hermano. James lo agarra del pecho de la camisa en cuanto lo tiene lo suficientemente cerca y lo introduce en los setos junto a él. La claridad de las luces flotantes que sus padres han conjurado en el jardín desaparece y los ojos oscuros de su hermano brillan con preocupación.

-¿Qué te pasa? - Pregunta Albus, intentando deshacerse de las manos de James.

-Tío, Albus, tienes que ayudarme. Lorcan, Fred y yo… los tres estábamos intentando hacer una cosa y… hemos roto… será mejor que lo veas. Tienes que ayudarme o papá y mamá me matarán. - Dice muy deprisa mientras se aferra a la camisa de su hermano menor.

-Vale, vale, pero suél-ta-me. - Pide Albus, forcejeando con James hasta que consigue que le suelte.

-¿Me ayudarás?

-¿Qué remedio? No quiero que la fiesta termine con un asesinato y que papá y mamá tengan que ir a Azkaban por tu culpa.

-Ven.

James lo guía a través del seto hasta la puerta trasera de la cocina. Nadie parece fijarse en ellos dos. Todos están pendientes del brindis de su padre, mientras sueltan alguna que otra carcajada. Una vez entran dentro de la casa, las voces del jardín se convierten en ecos amortiguados apenas audibles. Su hermano lo tiene agarrado de la muñeca y tira de él sin miramientos.

-¿Qué se supone que habéis hecho esta vez? - Pregunta Albus con un tono de voz que deja entrever lo usual de aquella situación.

-Pues verás, estábamos en mi dormitorio. Hemos subido un momento porque a Fred se le ha vertido toda la salsa de arándanos encima y me ha preguntado si tenía algo limpio que pudiese ponerse. - Empieza a decir James - Entonces hemos bajado. Estábamos jugando a empujarnos y Lorcan le ha dado a Fred tan fuerte que ha salido despedido hasta una puerta que estaba abierta. Y resulta que era el dormitorio de Haworth.

Albus para en seco y mira a su hermano con inquietud. James se gira para ver qué sucede, por qué ha parado tan repentinamente.

-¿Qué habéis hecho? - Pregunta con una calma que no siente en realidad.

-Pues verás…

Albus Severus Potter se suelta del agarre de su hermano una segunda vez, lo adelanta y sube las escaleras de dos en dos. Espera que no hayan hecho nada demasiado grave en el dormitorio de Alya. Es su invitada y no quiere que el memo de su hermano le fastidie y la moleste, aunque sea sin querer. Corre por el pasillo enmoquetado hasta el dormitorio de su amiga. La puerta está cerrada, de modo que extiende una mano, la abre y…

Un montón de lo que parece ser ropa cae sobre él.

Las risas de su hermano, Fred y Lorcan llegan a sus oídos. Los maldice entre dientes y luego se maldice a sí mismo por ser tan… estúpido. Siempre se ríen de él. Es un idiota.

-Sonríe Al. - Le dice James, que ha corrido tras él hasta la habitación. El flash de una cámara le ciega los ojos. Bueno, le ciega allí donde puede ver, porque la ropa que tiene encima le obstaculiza la visión.

-¿Albus? - Se escucha a alguien preguntar desde el pasillo.

Albus se apresura e intenta quitarse la ropa de encima. Es entonces cuando se da cuenta de que lo que su hermano, su primo y Lorcan le han tirado encima es la ropa interior de Alya Haworth. Se pone rojo como un tomate cuando toma unas braguitas azules entre sus dedos índice y pulgar, separándola de sí mismo todo lo que puede.

-¿Qué pasa aquí? - Pregunta la chica de cabello negro que acaba de aparecer en la puerta.

Por unos segundos la habitación se sume en el más absoluto silencio. Ahora no solo el rostro de Albus se ha teñido de escarlata. El de Alya no se queda atrás. Esto parece divertir muchísimo más a su hermano y sus amigos, porque de nuevo los tres prorrumpen en carcajadas.

-¿¡SE PUEDE SABER QUÉ HACÉIS EN MI DORMITORIO Y CON MI ROPA INTERIOR!? - Brama la muchacha, no sin motivos.

-A-alya, l-lo si-siento, yo… - Balbucea Albus.

-¡TÚ! ¡ESTO LO HAS HECHO TÚ! - Vocifera la muchacha, arrancando de un tirón las bragas de manos de Albus y apuntando a James con un dedo amenazante, que ha estado fotografiando toda la escena - ¿¡QUÉ TE HE HECHO YO!? ¿¡EH!?

-Bueno, has venido a mi casa, así que tendrás que atenerte a las consecuencias. - Dice James con ese deje chulo que le sale con tanta naturalidad.

-¡La he invitado yo! - Exclama Albus, que ha conseguido por fin deshacerse de todas las prendas.

-No, Al, esto no es porque tú me hayas invitado, es porque yo me he atrevido a venir. - Explica Alya sin dejar de sostener la mirada de James - ¿Y sabes lo que te digo, Potter? Que sé muy bien cómo hacerte la vida imposible.

Fred y Lorcan intercambian miradas preocupadas. James Potter, en cambio, suelta un sonoro "pffff" entre hastiado y divertido.

-Yo que tú tendría cuidado, Potter. - Le dice Alya, poniendo especial énfasis en la pronunciación de su apellido - Y recoge todo esto si no quieres que tus padres te castiguen todo el verano. - Amenaza.

James Potter aprieta los labios con fuerza. Su primo Fred silba con la clara intención de burlarse de él mientras Alya le mantiene la mirada a su hermano mayor.

-Vámonos, Al. Tu hermano tiene mucho que recoger. - Dice Alya, agarrándolo de la manga de la camisa y arrastrándolo fuera del dormitorio.

No puede ver la cara que se le ha quedado a James, pero está seguro de que debe ser un poema. Se lo imagina y sonríe de lado a lado.

Es idiota.

James Sirius Potter es idiota.

Lo odia. Lo odia con todas sus fuerzas. Ni siquiera es capaz de comprender cómo pudo haber un tiempo en el que dudó sobre sus sentimientos hacia él. ¡HACIA ÉL! ¿Pero qué sapos tiene en la cabeza? Ni siquiera era taaaaaan guapo. Debe estar loca si en algún momento se ha fijado en alguien tan cruel, desconsiderado, egoísta y caprichoso como James Sirius Potter.

Da media vuelta en la cama bruscamente. No puede dormir. No puede dejar de pensar en lo estúpido que es, en su sonrisita torcida y su cara satisfecha mientras fotografía a su hermano menor cubierto con su ropa interior. Tiene que hacérselo pagar y cree saber muy bien cómo. Es cruel, sí, pero es que el primogénito de los Potter tiene que aprender una lección.

Vuelve a girarse hasta ponerse boca arriba, pensando ahora en la fiesta de esa noche. Lo cierto es que le gusta aquella familia. Le gusta que todo esté siempre lleno de gente. Le gusta que todos sean ruidosos, y griten y rían muy alto. Le gusta que discutan y al momento siguiente se estén gastando una broma… Le gusta la familia Potter y la familia Weasley. Supone que se debe a que todo es nuevo para ella en un lugar así. Al fin y al cabo, Alya está acostumbrada a estar sola con su madre. Nunca ha experimentado la alegría que supone tener una familia llena de primos y tíos. Al morir su padre tan joven…

Su madre le ha contado que su padre no tenía familia cuando murió. Era hijo único y sus padres murieron años antes que él. Regina Haworth, por su parte, tampoco tiene familia. El único hermano que tenía murió durante la Segunda Guerra Mágica y sus padres, los abuelos de Alya, murieron poco después presas de la depresión. Regina lo había pasado muy mal, sola y con una hija recién nacida a la que sacar adelante.

Alya suspira. Ahora se arrepiente un poco de haber dejado sola a su madre para poder pasar allí el fin de semana. ¿Es una mala hija que ha preferido asistir una fiesta en casa de una de las familias más influyentes del mundo mágico?

Unos golpes suenan en el pasillo. Alya Haworth frunce el ceño. ¿Quién anda fuera de su cama a esas horas? La curiosidad le puede, así que sale de la cama y se acerca a la puerta. Escucha a través de la madera. El ruido ha desaparecido, pero no se queda del todo contenta, así que abre la puerta con mucho cuidado y se asoma solo un poco, lo suficiente para ver que alguien - juraría que es Dominique, que también se ha quedado allí a dormir - baja por las escaleras hacia el piso inferior. Le nace la curiosidad de seguirla, porque Alya es curiosa desde que tiene uso de razón, pero sabe que aquella no es su casa y que sería de muy mala educación andar espiando a la familia que la ha acogido.

Regresa a su cama. Al día siguiente se irá de allí. Bill, su novio, le dijo que la esperaría en el Caldero Chorreante a media mañana. Intenta no pensar en Bill. Nunca debería haber empezado a salir con él. Dicen que lo mejor es que tu novio sea tu mejor amigo, pero claro, Alya malentendió esa frase y convirtió a su mejor amigo en su novio. Ahora no sabe cómo salir del atolladero en el que se ha metido sin romper definitivamente su amistad con Bill. Puede jurar que ha puesto todo de su parte para que aquello funcione. Ha intentado convencerse de que eso de las mariposas y los primeros nervios cuando besas a alguien no son importantes, que lo importante de verdad es querer sinceramente a la otra persona, y ella quiere a Bill, porque han pasado muchas cosas juntos, muchas horas hablando, tienen confianza,… Y todo debería ser diferente. Debería haberse enamorado de él hacía tiempo, porque la trata bien y para él no hay otra como ella, pero no, Alya no se queda sin aliento cada vez que lo ve, no le tiemblan las piernas si Bill se acerca a ella y roza sus labios con suavidad, no le…

-Haworth, ¿estás despierta? - La susurrante voz de James Sirius Potter suena al otro lado de la puerta.

Alya abre los ojos de par en par. ¿Qué hace allí? Se incorpora en la cama como si tuviese un muelle en la espalda.

-¿Haworth?

La muchacha sale de la cama una vez más. Pasa rápidamente por un espejo de cuerpo entero que cuelga de la pared.

-Estás hecha una calamidad. - Le dice el espejo.

-Tú calla. - Le amenaza la chica blandiendo un dedo en el aire.

Se arregla cómo puede el pelo corto - que se le queda de punta cada vez que se acuesta - y se asegura de que el pijama, compuesto por un pantalón corto y una camiseta de tirantes, está en su sitio.

-¿Ha…?

La chica abre la puerta de repente y se encuentra con un despeinado muchacho moreno que la mira desde el otro lado del umbral. Lleva puesto un pijama de los Chudley Cannons, el peor equipo de la historia del quidditch… Sus ojos oscuros la recorren un segundo antes de extender algo hacia ella. Ambos se quedan en silencio. Alya observa con detenimiento un pequeño lunar oscuro que James tiene cerca de la comisura derecha del labio.

-Toma. - Dice finalmente el chico, extendiendo una mano hacia ella - Y perdona por lo de esta noche. - Murmura, como si en realidad no quisiese pedirle disculpas.

Alya coge lo que James le extiende. Es una piruleta multicolor tan pequeña que cabe en la palma de su mano.

-Gracias. - Susurra Alya, que no sabe muy bien cómo tomar aquel gesto por parte de James.

-Sabes cómo hacerla crecer, ¿no?

La chica asiente. Aquellas piruletas las venden en Sortilegios Weasley. Crecen cada vez que les das un lametón, hasta un límite claro, aunque hay gente que asegura que algunas piruletas crecieron tanto que tuvieron que sacarlas de sus casas.

-¿Vas a decirle a mis padres lo de…? - James se mordisquea con nerviosismo el labio inferior.

-¿Seguirás molestando a Albus? - Pregunta Alya, girando el rostro levemente.

James la observa como si aquellas palabras no le hubiesen gustado en absoluto. Tuerce la boca, desvía la mirada unos segundos y después regresa a ella.

-¿Acaso te importa lo que pase entre Albus y yo?

-Me importa lo que le pase a Albus. Sé que lo pasa mal por tu culpa.

-Lo que yo hago es gastarle bromas. Lo pasa peor por tu culpa que por la mía. - Suelta James sin miramientos - Deberías ser sincera con él y decirle que no tiene oportunidades. Al fin y al cabo sigues saliendo con el gilipollas de Simons y sabes que mi hermano está colado por ti.

Alya entrecierra la mirada.

-Tranquilo, Albus y yo hemos hablado sobre ese tema. Somos amigos y nada más.

-No creo que él te vea solo como una amiga. - Insiste James.

-¿Has venido a pedirme perdón o a discutir conmigo?

James Potter la mira desde arriba, sopesando su respuesta. Alya se arrepiente de haber abierto la puerta. Debería haberse hecho la dormida. ¿Por qué tendrá esa fijación con aprovechar cualquier mínimo momento para hablar con él? Aunque sea para tener una discusión, es incapaz de ignorarlo. Simplemente no puede.

-No le digas a nadie lo de la piruleta, ¿entendido? - James le apunta con un dedo y alza las cejas.

-¿Qué pasará si lo hago? - Alya le dedica una mirada curiosa y una sonrisa torcida.

-Te arrepentirás y mucho. - Le asegura James.

-¿No quieres que nadie sepa que en el fondo tienes un lado sensible?

-No tengo ningún lado sensible. Lorcan me ha obligado a pedirte disculpas, eso es todo.

A Alya se le encoge un poquito el corazón en el pecho. Qué tonta es. ¿Cómo va a salir de James Sirius Potter pedirle perdón? Si está más que claro que la odia…

-Entonces no quiero la piruleta. - Dice, estampándola contra el pecho del chico.

-Ey, ey, ey. - James se apresura a cogerla al tiempo que evita que Alya le cierre la puerta en las narices - ¿Por qué te enfadas? - El muchacho sonríe cruelmente - ¿Creías que había salido de mí lo de pedirte disculpas? Ay, Haworth… Ya sabía yo que estabas colada por mí, ¿pero tanto como para creer que querría pedirte disculpas?

-Vete a la mierda, Potter. - Gruñe Alya, empujando la puerta para cerrarla definitivamente.

James empieza a reír por lo bajo y finalmente cede ante los empujones de la chica, que consigue cerrar la puerta con un golpe sordo.

-Buenas noches Haworth. Intenta no soñar conmigo, que tienes novio. - Ríe Potter desde el otro lado de la puerta.

Alya aprieta los labios con fuerza y se regaña a sí misma por ser tan estúpida. Se mete en la cama con el ceño fruncido y cruza los brazos con enfado una vez entre las sábanas. ¿Cuándo aprenderá a mantenerse alejada de él?