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Fueron Sus Ojos. — capítulo 1

Aquel día el sol del mes de Septiembre se dejaba ver entre las nubes de Gran Bretaña. Hermione Granger atravesaba la barrera entre las estaciones 9 y 10, con una fuerza increible en los brazos, debido al ejercicio que realizo durante el verano. Sus rizos color cafe claro le caían con suavidad por sus rosadas mejillas. Sus cejas cafés templadas que resaltaban la fines de su rostro. Su cuerpo tan discreto y sensual al mismo tiempo. Una piernas que eran lisas y puras, como la porcelana. Sus Ojos. Una combinación de cafe con miel, un brillo resplandeciente que se posaba en sus pupilas. Un color parecido al Chocolate. Al cruzar la barrera sus dos mejores amigos, la saludaron con una gran sonrisa. Harry, con su cabello azabache y ojos esmeraldas y Ron con su cabello cual fuego y las perlas azules que llevaba por ojos.  -Pensamos por un momento que no vendrías.-dijo sarcásticamente el Weasley que la ayudo a cargar su equipaje.  -Lo lamento, Londres es un desastre en estas épocas.-se disculpo Hermione, pasando unos mechones que sobresalían de su coleta.  -Lo bueno es que ya llegaste, así tendremos tiempo de buscar un compartimento.-dijo Harry, avanzando entre las personas, que lo miraban como siempre. Admiración, envidia, tristeza.  Hermione se sorprendió de lo bien que Harry estaba tomando todo. Hace algunos meses, la única persona que podía llamarse su familia, había muerto a manos de Bellatrix Lenstrange. Pero aun así, Harry Potter se mostraba firme, fuerte y valiente, aunque por dentro estuviera sufriendo.  Al llegar a la locomotora escarlata, las risas del Trío de Oro sonaban. Pero mientras los varones reían, Hermione se concentro en una persona que se encaminaba hacia las entradas del tren.  Su vestimenta era como siempre, totalmente negra, las manos en los bolsillos lo hacían lucir elegante y refinado. Sus cabellos platinos le caían cobre la frente, formando un aspecto rebelde. Sus facciones se notaban serenas, relajadas. Sus ojos dibujaban soledad. Los ojos de Draco Malfoy, eran inusuales a los otros. Grises como la plata, pero resplandecían como la luz de la luna. Al estar cerca de el, se podía percibir un brillo único.  Hermione lo observaba moverse entre las personas, pero algo andaba mal, o tal vez bien, pero Draco no caminaba con su temple de rey, no empujaba a los demás, tan solo caminaba, como un soldado caído.  El rubio percibió la mirada temple y cálida de la Gryffindor pero la ignoro, pues no quería atraer miradas, solo quería desaparecer y por una sola vez en su vida, no ser Draco Malfoy.  Pero sus instintos lo defraudaron. Levanto su vista de Plata hacia la castaña, y cuando noto la firmeza de sus ojos, algo en el despertó. Como una vela en una noche fría, que te brinda seguridad y armonía.  Hermione le sostuvo la mirada y un nudo se formo en su garganta. La vista de Draco no era dura como la recordaba, mostraba tristeza y simpleza. Pero ella noto algo mas, una tentación en aquella mirada del Slytherin, que la hacían desear, poder seguir sintiendo esos escalofríos que le recorrían la espalda.  Draco fue el que quito la mirada de Hermione, y siguió caminando hasta llegar un poco cerca de ella. Hermione se paso la lengua por sus labios resecos y subió al tren en busca de sus amigos, que se habían adelantado, en su descuido.  Hermione sintió la alegría de los alumnos en cada vagón, pequeños pájaros de papel volaban y se estrellaban en las ventanas, provocando las sonoras risas de los presentes.  Hermione encontró a la gente que buscaba, 10 o 15 vagones mas adelante de la entrada. Ginny, Luna, Neville, Seamus, Dean, estaban ahí, aguardando con una sonrisa su bienvenida. Al adentrarse en el vagón con sus amigos, las risas se fueron aumentando, en lo que avanzaba el camino, hacia el impotente castillo.  Mientras en la sección de Slytherin, un rubio dejaba sus cosas sin cuidado y se desplomaba con su mirada hacia los valles que cruzaban la ventana.  -¿Te encuentras bien Draco?.-sonó la voz preocupante de Pansy Parkinson.  -Algo así...-contesto el, sin darle importancia al tono de su voz, solo siguió observando.  -Se que no te gusta que me comporte así pero. ¿Necesitas algo?.-volvió a decir Pansy.  Draco se volvió hacia ella y clavo su mirada de Plata en los ojos negros como la tinta de su compañera y amiga. Draco sonrío hacia ella y negó con la cabeza, dirigiendo su mirada los demás de sus amigos y diciendo: -Anda, ve con ellos y muestra tu linda sonrisa.-lo dijo en un tono tan puro que Pansy, se sonrojo y camino hacia los otros.  Draco se sorprendió de la amabilidad con la que estaba tratando a los demás últimamente, principalmente por la razón de haber sostenido la mirada de Hermione Granger, sin sentir asco o algo parecido. En realidad nunca sintió ningún sentimiento desagradable cuando la mirada. Para ser sinceros, para Draco, Hermione no era una chica común. Varias veces la había visto estudiar o hacer sus deberes en la biblioteca, en lugar de pasear con sus amigas o de fantasear con algún cuerpo masculino de Hogwarts, como lo hacían varias de sus compañeras de casa. Hermione era madura y sensata.  Cuando el cielo se estaba tornando violeta y los primeros focos astrales aparecían, los chicos Gryffindors, junto con Luna, emprendieron su tarea de colocarse sus túnicas. Al volver a los vagones, Hermione se paro en medio del pasillo, al recordar que había olvidado ir con Sloghorn para su primera tarea en el ciclo como Perfecta. Le comunico a Ron que el también debería ir, pero el hizo sus oídos sordos y siguió caminando con los demás.  Hermione se dio media vuelta, hacia el vagón de los maestros, cuando en una curva que la locomotora dio, su equilibrio no fue el suficiente y estaba a punto de caer, antes de que unos brazos fuertes la tomaran. Iba a agradecer su atención a la persona, pero al notar quien era, los escalofríos volvieron a su espalda y sus ojos le brillaron.  -Deberías tener mas cuidado, Granger, podrías lastimarte y luego ¿Que hace la casa de Gryffindor sin lo único bueno que tiene?.-dijo Draco, quitando sus manos de la cintura delgada de Hermione.  Esta no supo si sentirse alagada u ofendida por el comentario, pero le dio igual y dijo con una sonrisa de lado.  -Gracias Draco, demasiado amable de tu parte. Al escuchar su nombre de los labios carne y con algo de brillo labial de la castaña, Draco sintió una extraña sensación de ternura.  -No hay porque Granger. Por cierto, me preguntaba si ya supiste que Sloghorn, te coloco conmigo para hacer la primera ronda de seguridad, esta noche. -Oh...no de echo iba a eso, pero gracias nuevamente por avisarme. Supongo que cambiaste que estuviera contigo -¿Que? No.  -¿Porque? -No quise quitarte la gran dicha de estar en mi compañía.-dijo Draco sonriendo de medio lado.  -Muy gracioso.-dijo Hermione, sonriendo también.  Una segunda curva, hizo que los sonrientes perdieran total equilibrio, y sus cuerpos quedaran junto a la pared, con las puntas de sus narices rozando. Las respiraciones de mezclaban en una especie de remolino caliente y frío. Las miradas de ambos, se entrelazaban. Ninguno de los dos supo porque, pero los labios de Draco fueron acercandose, como una serpiente acechando a su presa. Sus finos labios rozaron a los de la castaña, pero solo fue eso, un roze. Pero en ese movimiento, los dos sintieron una electricidad superior. Sus cuerpos se sintieron atraídos como imanes y su mente con el corazon dieron una vuelta de 180°. Draco se separo de Hermione, como sobresaltado. Los dos solo se miraron y no pronunciaron ninguna palabra, solo se miraron.  Hermione trago saliva y un pequeño sonrojo se noto en ella. Draco no paso desapercibido eso y la ternura que sentía hacia la castaña, aumento. Pero al parecer los dos se dieron cuenta de que acababa de pasar, y quienes eran ellos. Draco Malfoy y Hermione Granger, los enemigos inconfundibles, los rivales que se odiaban a muerte.  Hermione se dio la vuelta y se fue, con el corazón en un puño y con las emociones al borde de desfallecer.  Draco se quedo ahí, sintiendo los labios de la castaña en los suyos. No fue un beso como tal, pero aunque pareciera mentira, el lo sintió así. Se aclaro la garganta y se fue directo a su vagón, para poder seguir contemplando los paisajes oscuros, antes de llegar al castillo.  Hermione y Draco pasaron un poco mas de media lo que duro el recorrido faltante, pensando en lo que acababa de ocurrir, porque diablos sintieron esa atraccion terrorifica hacia el otro. Porque diablos, Draco comenzó a verla con distinta mirada.  Tal vez una hormona suelta, un Amortentia o un desorden mental, pero Draco Malfoy y Hermione Granger, al recordar su encuentro, sonrieron ante el cristal de las ventanas, donde ya se podian ver las luces de Hogwarts.