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El libro de la Tercera Generación — capítulo 1
Era otro día normal en Hogwarts... Bueno, lo que se puede considerar normal ahí. En fin, Harry se encontraba con sus dos mejores amigos, Ron y Hermione, en la mesa de Gryffindor, discutiendo sobre Dolores Umbrigde, alias "Cara de Sapo". Hace menos de una semana Dumbledore fue hechado, luego de que se enteraran del E.D. y él se culpara de haber pedido que lo funden. Decir que todo el mundo, a excepción de la mayoría de los de Slytherin, estaba furiosos por ello no era una sorpresa; a nadie le gustaba tener a la profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras como directora. Y justamente ella estaba sentada en la mesa de los profesores, con una sonrisa de autosuficiencia y aires de superiodidad, mirando a todos con desden. Pero de pronto, las puertas del Gran Comedor se abrieron de par en par, revelando al inolvidable Albus Dumbledore, que caminaba tranquilamente y con una sonrisa significativa en sus labios. La sorpresa fue mayor al ver que detrás de él, entraba un confundido Cornelius Fudge, unos curiosos Weasley (Arthur, Molly, Bill, Charlie, inclusive Percy), una aturdida Fleur Delacour, una divertida Nymphadora Tonks, un perplejo Remus Lupin, un asombrado Kingsley Shacklebolt, un malhumorado Alastor Moody y, para dejar a todos más confundidos y temerosos, Sirius Black, que cerró el grupo, caminando con tanta tranquilidad que parecía que no le importaba que cientos de personas murmuren sobre él, y no de una manera muy agradable se tiene que agregar. —¡¿Pero qué esta pasando acá?! —chilló Umbrigde, mirando a Black con odio. Este sólo le dedico un guiño de ojo que logró enfurecerla más. —Créame, Dolores, ni yo sé lo que ocurre —dijo Dumbledore—. Pero en cualquier momento nos dirán. Supongo. —Exacto —en el Gran Comedor apareció un sobre parecido a una Vociferadora, pero esta no era roja, sino verde, y no estaba gritando—. Nos faltan unas... creo... cuatro o cinco personas más, pero ya los traeremos, no se preocupen. Bueno, el punto es que ahora se sentaran todos y leerán este libro. Antes de que alguien tuviera apunto de preguntar cuál libro, uno grande, forrado con tela azul, apareció en el medio de las cinco mesas. Dumbledore se acercó, curioso, y leyó para todos el título de libro: La Tercera Generación. —Presten atención, porque no volveré a decirlo de nuevo. Este libro les dirá cómo son sus hijos... Si, sus hijos. Somos del futuro. Acá sabrán lo que les espera y además les dará fuerzas para luchar. Dos cosas más: 1) Sirius Black es inocente, lo inculparon injustamente. 2) Se hizo un hechizo contra el espacio-tiempo, osea que el tiempo afuera de las puertas del Gran Comedor se ha detenido y sólo acá avanza. Y... —Ay, cuanta formalidad—se escuchó otra voz del sobre—. Fuera, Teddy. Es mi turno de hablar. —¡Sal de ahí!—se escuchó una voz femenina—. ¡Deja a Teddy con la presentación! —No lo sé, Rosie-Posie, tal vez tenga... Un momento, ¿qué estas haciendo?... No, no, ¡deja esos pájaros!... ¡Nooo!... ¡AAHH, ME LASTIMAN! ¡BIEN, BIEN,... LO SIENTO, ROSE! —Par de inmaduros—se escuchó nuevamente la voz de Teddy—. Por donde iba... ¡Ah, si! Esas son las indicaciones, dentro de unos minutos aparecerán el resto de las personas faltantes. ¡Buena lectura!.... ¡Rose, quitale los pájaros de encima a tu primo! Y el sobre se prendió fuego, pero no quedó ni una ceniza. —Bien, ¿quién empieza a leer? Al parecer, sólo a Albus Dumbledore le parecía divertido todo aquello. —Dumbledore —dijo Fugde, recuperando el habla—, yo creo que todo esto es algo que usted hizo para arrebatarme el puesto de Ministro. —No es así, Cornelius. Y tu mismo has escuchado aquel sobre. Y si no hay nada más que decir, me gustaría leer el primer capítulo de este extraño y fantástico libro; claro que si nadie se opone. Pero todas las personas que estaban en el Gran Comedor estaban calladas, todavía procesando lo que ocurría. Dumbledore sonrió, se sentó en la mesa de Gryffindor y leyó el titulo del primer capítulo. —Victoire Weasley.