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Y es que el roce hace el cariño. — capítulo 1

Albus nunca había entendido muy bien que significaba que el roce hace el cariño, a ver, que él solito llegaba a entender que cuanto más tiempo pasas con alguien más le quieres, aunque no tenía claro que eso se cumpliese de verdad, su hermano James y Charlotte Butler  llevaban siete años en la misma casa compartiendo clases y sala común y se odian, ya se había olvidado del número de veces que había visto a James simular una arcada al ver a la rubia o cuantos años llevaba está burlándose de él cada vez que acaba castigado. No lo entendía, le parecía que sonaba bien, que era algo bonito y hasta un tanto romántico, pero seguía sin comprender su significado, o por lo menos así fue hasta que un día su abuela le hizo abrir los ojos.

Era una tarde de verano, semanas antes de que el joven Potter comenzara su último curso, se encontraba en la cocina viendo como su abuela hacia galletas para que merendaran todos sus nietos, hacia bastante que Molly había comenzado a hablarle sobre la familia mientras preparaba la masa y ahora, con el horno ya encendido y los dulces comenzando a dorarse, se había girado sonriente para mirar al que siempre seria su pequeño, removerle el pelo y con una simple frase conseguir que se juntaran las piezas que faltaban.

-Al, lo que pasa es que el roce hace el cariño y en esta familia siempre ha habido mucho de las dos cosas.

En ese momento todo le encajo a la perfección, él porqué Vic odiaba tanto a la sabelotodo de su prima francesa y adoraba tanto a Rose, lo que conseguía que Lily y Hugo parecieran uno o que Lucy y Dom se entendieran sin necesidad de palabras.

Sin embargo la cosa no quedó ahí, su mente inquieta siguió pensando en ello durante sus últimas semanas de vacaciones, expandiendo el radio de acción de tales palabras, llevándolas más allá de la familia e incluyendo a todos sus amigos en la ecuación. Así era más fácil toparse con la razón por la cual Stella y Charley eran tan amigos a pesar de ser polos opuestos, lo que hacía que Helen y Mia con tan pocas palabras se compenetraran a la perfección o Jasper y Steve lo aclararan todo casi sin hablar… se pasó días analizando las relaciones de sus  amigos y primos, sorprendiéndose por cada cosa nueva que descubría y estando cada vez más seguro de que su abuela tenía razón, hasta el punto de que llego el día de volver a Hogwarts sin olvidarse de aquel asusto.

Cuando se habían reunido todos en un compartimento en el que obviamente no cabían comprobó hasta qué punto había acertado, en frente suya se encontraba Scorpius con Rose sentada encima suya por la falta de hueco, como había intuido durante las vacaciones solo había amistad entre ellos, la pelirroja podría comportarse igual con cualquiera de sus primos y a nadie le parecería raro, al lado de ellos estaban Jasper y Steve, teniendo el ultimo la espalda apoyada en la pared y las piernas sobre el pelinegro sin que este se quejara o mostrara algún tipo de molestia, en el suelo se encontraban Helen y Mia, compartiendo el espacio de forma que las dos podían estirarse cómodamente, a su lado Albus tenía a Stella, que estaba recostada encima de Charley y picándole por qué según ella había engordado este verano y ahora era incluso mejor almohada que el año pasado, a lo que el chico respondía despeinándola y amenazándola con quedarse sin almohada. Por ultimo quedaba Rachel, esa chica pelirroja y menuda que se encontraba sobre las rodillas de Albus con la cabeza apoyada en su pecho y la barbilla del chico posada sobre su cabellera.

Al echar un vistazo a todos sus compañeros Albus había dejado inconscientemente a Rachel para el final, a pesar de tenerla sobre sus piernas, y no fue hasta que se fijó en ella que no se dio cuenta de que en ningún momento se había parado a analizar su relación como con los demás. Albus la adoraba, eso lo tenía muy claro desde hace bastante, la consideraba una de sus mejores amigas y era incapaz de recordar un solo día en el castillo en el que no hubiera hablado con ella. Era una chica bajita y delgada que a pesar de su característico pelo le costaba hacerse notar, con lo cual parecía bastante a gusto, ya que cuando no era así su timidez la hacía acabar poniéndose roja hasta las orejas. También era un poco insegura, le costaba decidirse y dejar clara su opinión, Albus estaba seguro de que habría sido víctima de todo tipo de bromas si en primero ellos no hubiesen dado una lección a los que se atrevieron a ponerla el pelo verde. Pero era muy cariñosa y amable, capaz de hacer cualquier cosa por sus amigos y una sonrisa preciosa, le encantaba esa sonrisa, sobre todo si él era la causa y haría lo que fuera por que siguiera regalándolas, una chica muy generosa que daba sin pedir nada a cambio, que se fijaba en las pequeñas cosas que los demás pasaban por alto y con un doble sentido para saber cuándo alguien se encontraba mal.

Adoraba pasar tiempo con ella más que con nadie, verla sonreír, hacer un mohín cuando las cosas no salían del todo bien y como se mordía el labio al tratar de entender las partes más difíciles de cada asignatura… el pelinegro sabía que Rachel no era simplemente una amiga más, que en cierto modo era algo totalmente distinto, aunque no tenía claro el porqué, la abrazó pegándola más a él mientras pensaba en esto, la chica respondió mirándole brevemente con una de sus brillantes sonrisas y apoyando su cabeza sobre el otra vez, con la nariz rozando su cuello, él poso sus labios sobre la melena pelirroja y dejo escapar un suspiro.

Habían hecho falta años y una charla con su abuela para que, sin que ella lo pretendiera, ayudara a su querido nieto a darse cuenta de que Rachel no era una amiga más como Mia, Helen o Stella, que esa chica que no le llegaba ni a la barbilla, con los cabellos de fuego y un aspecto angelical era mucho más que eso para él, en ese momento todo cobro sentido, entendió como él podía llegar a sonrosarse por unas palabras suyas o acabar odiando a un chico solo porque la hablara, y es que la quería, no, el verbo querer se quedaba corto para expresar sus sentimientos, él la amaba, con todas las letras, nunca había estado más seguro de nada en su vida. Bajo la mirada para verla acurrucada en su pecho y por un momento estuvo seguro de que ella lo correspondía, un solo segundo, justo antes de que las dudas inundaran su pecho, pero ella volvió a sonreírle, como si supiera que era lo que él necesitaba, y esos pensamientos abandonaron su mente al instante, porque le daba igual si ella le amaba o no, le valía con seguir teniéndola a su lado y verla sonreír.