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Precioso caos (3G) — capítulo 1

Amelia se despertó sobresaltada, bañada en sudor. Había soñado con un colosal lobo negro, tan grande como un oso, que entraba a su habitación para devorarla. Casi había sentido su aliento caliente quebrando el frio de aquella noche de invierno, casi había sentido el roce de su pelaje enmarañado y cubierto de sangre seca, había sido terriblemente real. Aun veía en su cabeza esos ojos rojos, penetrantes y furiosos.

Se sentó en el borde de la cama tratando de controlar su jadeante respiración, tanteó con sus pies desnudos la alfombra hasta dar con sus sandalias de tela. Se levantó lentamente y camino hasta la ventana, contemplando la nieve caer lentamente en el jardín. En un intento de tranquilizarse, concentro la mirada en un pequeño insecto de aspecto casi delicado que no pudo identificar, el animalillo trepaba lentamente el negro marco de la ventana, ajeno a que unos ojos humanos le miraban.

Un ruido saco a Amelia de su concentración.Se volvió sobresaltada, encontrándose con un soñoliento niño de siete años que le miraba desde la puerta.

-Señorita Thomas - dijo el niño soltando un bostezo - Tenemos frio y no podemos dormir - Amelia se acercó al pequeño y le tomo la mano.

-Vamos mi niño, les llevare unas mantas - el niño asintió lentamente y ambos salieron al estrecho pasillo, Amelia tanteo la pared hasta dar con un interruptor, lo encendió y el lugar se ilumino con la débil luz de las gastadas bombillas que colgaban del techo. Camino con el niño por el pasillo cubierto por una alfombra descolorida; dieron una vuelta a la derecha, tomaron otro camino, otra vuelta a la izquierda y subieron unas rechinantes escaleras de madera. Siguieron caminando por los laberinticos y torcidos pasillos hasta llegar a una puerta pintada de azul pálido. Amelia empujo la puerta y entre la penumbra de la habitación distinguió una docena de pequeñas figuras sobre sus camas.

Un viento helado le recorrió la espalda en cuanto piso la habitación. Recorrió el techo con la vista hasta dar con lo que buscaba, un agujero entre dos vigas por el cual se colaba el frio aire de la noche. Se agacho para quedar a la altura del niño a su lado.

-Vince, trae una silla y una de las tablas que usamos para pintar, por favor cariño - el niño corrió a un alto armario y extrajo de este una pequeña tabla de madera, mientras una niña de ojos cafés le pasaba una silla a Amelia. Subió la silla con la tabla en mano y la acomodo entre las vigas de forma que el agujero quedara tapado.

Amelia extrajo delalto armario unas mantas de lana llenas de parches y las repartió entre los pequeños, los cuales se las ciñeron a los hombros como capas y formaron un círculo alrededor de ella. Amelia se sentó en el suelo de la habitación y los niños de acurrucaron alrededor de ella en busca de su protectora presencia.Comenzó a cantar con voz suave una tranquila canción sobre un pajarillo cantando sobre un limón, y uno por uno, los infantes cayeron rendidos sobre la alfombra. Finalmente, Amelia comenzó a cantar cada vez más bajo, sintiendo sus sentidos sucumbir ante el cansancio y se quedó dormida.

Despertó con la luz del sol dándole en el rostro y una manita que zarandeaba suavemente su hombro. Abrió lentamente los ojos, habituándose a la luz del día, y miro a su alrededor; se había quedado dormida en una posición poco amable para su espalda y al incorporarse la sintió algo agarrotada, sus rizos morenos estaban hechos un completo desastre y tenía el camisón arrugado. Se volvió a mirar a la niña delgada de pelo rubio que le miraba curiosa.

-Lola, buenos días preciosa - dijo Amelia acariciando con cariño su pelo.

-Buenos días señorita, la señora Meg me envió a decirle que bajara a desayunar - dijo la niña balanceándose sobre sus pies.

-Gracias Lola, bajo en un momento - la pequeña sonrió y salió corriendo hacia el pasillo. Amelia se levantó, viendo se encontraba sola en la habitación, seguramente todos los niños ya habían bajado a desayunar. Sonrió pensando en los niños y se dedicó a recoger las mantas del suelo. Esa era su vida desde hace casi cinco años, cuidar niños desamparados en aquella mansión vieja de arquitectura extraña. Si bien su vida no era especialmente emocionante, se sentía muy feliz, adoraba a los niños y ellos la adoraban a ella. Amelia en persona había fundado aquel hogar para niños. ¿Por qué? Porque Amelia era squib. Este hecho nunca le había molestado en absoluto a su padre, Dean Thomas, el cual siempre la crio con cariño y paciencia, pero su madre era una historia distinta. Su madre, una bruja sangre pura que considero el peor error de su vida haberse metido con un mestizo, y para rematar, dar a luz una niña sin una pizca de magia. Los abandono cuando ella tenía cuatro añosy nunca más supieron de ella. Mientras crecía, Amelia no pudo evitar pensar en la suerte que había tenido de que su padre fuese un buen hombre que la quiso fuese como fuese, y al mismo tiempo se preguntaba por los niños squib del mundo, nacidos en familias prejuiciosas y abandonados por algo que ellos no eligieron. Así, a sus veintisiete años fundo una casa hogar que recibía a niños squib de todo el mundo, un hogar, para aquellos que no fueron bienvenidos en sus familias.


hola, aquí la escritora :)

gracias por leer el primer capitulo y si les gusta por favor comenten, en serio me ayudan los comentarios.