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Escondida — capítulo 1
-Tienes que recordarlo - con el sol dándole en la espalda me hablaba, no podía ver sus ojos y sólo escuchaba en las silabas temblorosas una voz que quizás se rompería. Y las sentía, las lágrimas rodando por mis mejillas como pedazos de mi alma que caían en la terraza de una lejana ciudad hindú. -Sé que puedes volver y recordar una noche sin luna donde sentiste todo, donde pudiste comprender que podías tener el corazón roto y me sonreíste clavándote en mí, como una daga en mi espalda, tu sonrisa se rompió cuando las lagrimas ensombrecieron tu rostro y en medio de un jardín lleno de cosas inservibles me mostraste por primera vez las lagrimas de la chica escondida, de aquella que nunca sería buscada, de aquella que estaría detrás de un gran árbol en la espera de que alguien se diera cuenta de que faltaba y vi tus dientes apretados para ser silenciosa, para dejar sólo tus lagrimas caer hasta un césped mal podado. No me moví ¿recuerdas? Te miré hasta que tus lagrimas se terminaron y observaste al cielo mientras me pedias perdón. Mis manos temblaban, tenía una burbuja en el pecho que encerraba impotencia y no pude volver a mirarte a los ojos esa noche -el cielo se volvió purpura a su espalda y el sol se perdió detrás de los edificios, apreté los labios y lo miré, sus ojos estaban rojos y llenos de lagrimas, pero no permitía que ellas brotaran, parecía que no me veía a través de los recuerdos, del agua que nublaba los ojos cafés. - Nos quedamos ahí esa noche, bajo estrellas sin nombre. Y sólo podía repetirlo, en voz tan baja para que no me escucharas, que yo te buscaría sin descanso, detrás de cada árbol y en cada lugar del mundo y cuando terminara con este, lo haría en cualquier otro mundo, porque no podías seguir siendo la chica escondida para siempre, no podías seguir llorando en silencio y pidiendo perdón. No podías volver a estar en el mundo con un corazón roto que habías reparado tu sola, que seguía resquebrajándose. No podías seguir viendo el cielo sin luna encerrando a la chica que quería ser encontrada y durmiendo para no recordar. -temblorosa di dos pasos para atrás cuando él secó sus ojos para encararme. Lo hice con el impulso de que se acercaría, con el deseo de correr lejos.
-No podrás encontrarme -dije con una voz muy aguda, frunciendo la boca para reprimir un jadeo. Los ojos los sentía pequeños, pesados, como si quisieran cerrarse y no ver aquello que dolía. -Hace tiempo que me he perdido ¿sabes? -había respirado fuerte para alejar las lágrimas y sentí seca la garganta. Me miraba decepcionado, quizás, últimamente me era indescifrable como las partituras que me ponía enfrente emocionado esperando mi reacción. Escalofríos recorrieron mi cuerpo completo y aunque rogué a mis ojos dejaran de verlo no lo hicieron. Dio un paso hacía mi, con las manos en los bolsillos y los hombros caídos en una representación absoluta de la derrota, mirando hacía un punto lejano sobre mi hombro.
- ¿Por qué no solo lloras, haces ruido, ruges y gritas al cielo? - su voz fue un susurro que por poco no escucho y el viento me dio de lleno en el rostro como si me alentara y le di la espalda. Escuché sus zapatos arrastrarse por el piso. Mis rodillas flaquearon al tiempo que por mi garganta algo trepaba impidiendo el paso del aire. - ¡Vamos! -Gritó - ¡Quiero escucharte llorar, tan fuerte que se desgarre tu garganta, tan fuerte que el viento se vea humillado! - su voz pretendía ser divertida, pero los atisbos de cansancio se mostraban por doquier. Pero lloré y a pesar de que los hipidos del llanto ya estaban saliendo de mi garganta, a penas yo podía oírlos. Las imágenes se proyectaron como flashes de memoria y rostros sin sonrisas me miraron por todos lados, podía sentirlos a todos, podía sentir que lloraban conmigo y entonces mis piernas cedieron y quedé en cuclillas, agarrando mis rodillas y llorándole al atardecer morado de un país de personas desconocidas, llorando con sonido que nunca humillo a los bramidos del viento.
Levanté los ojos que pesaban y me asomé sobre el hombro para comprobar que él no se había ido, durante todo el rato había estado callado y de cuclillas frente a la barandilla fingía mirar la ciudad con los ojos empañados, no le hablé. Miré de nuevo hacía enfrente y la ciudad me contó una historia de dos jóvenes que en el lugar más alto de la India se habían fundido con el horizonte y en silencio miraban todo sin volver a llorar.
Me asusté cuando me golpeó la realidad atrapando al sol por fin y volviéndolo todo oscuro, lentamente me arrastré hacia atrás, en un impulso, apoyándome en las manos mientras las luces artificiales comenzaban a iluminar la ciudad, una serie de focos encendió consecutivamente en la terraza borrando la oscuridad y entonces me detuve a pocos centímetros antes de impactar contra él. De nuevo en cuclillas, como si fuera más seguro estar en esa posición, replegando todo dentro de nosotros. Y aunque su posición era más relajada, podía ver su miedo, así como podía sentir sus palpitaciones a través de su piel, porque lo conocía más de lo que yo a nadie conocía, más de lo que hubiese querido, porque de pronto volvía a saber todo de él.
Solté una especie de suspiro con rezagos de llanto y eché la cabeza hacia atrás, las estrellas sin nombre volvían como cada noche. Él seguía en un silencio apabullante, que me aplastaba más fuerte que la gravedad y me empequeñecía en aquella enormidad.
-Si tus ojos no me miran de nuevo ¿crees que pueda volver a vivir? - mi voz sonó como un murmullo asustado, me paralice ante la idea de lo que pasaría en los futuros minutos y poco a poco fui dejándome caer en el polvoriento piso.
En mi hombro un hormigueo me sacudió y cuando mis ojos brincaron a ese lugar vi su sien cerca de mis labios.
- ¿Quieres huir de mi?
-Más que nada. -Vi que sonreía mientras echaba la cabeza hacia atrás para ponerla en su hombro. No supe en qué momento nos habíamos movido, pero estábamos horizontales a la barandilla y bajábamos lentamente para recostarnos, aun con la cabeza en el hombro del otro como si encajáramos en un rompecabezas incompleto. -Si me voy, tu sonrisa no me despertara de nuevo ¿cómo se soporta eso?
-No se soporta, quizás solo se ignora. Las personas han dejado de buscar sonrisas al amanecer.
- ¿Por qué? -esa última frase me había impactado en el pecho, me resultaba difícil comprenderlo y estoy segura de que mi voz reveló asombro.
-Por qué no lo sé.
- ¿Y si ya no hay sonrisas al amanecer y pierdo la tuya? ¿Qué hago entonces?
-Sonríes tú.
-Pero…
-No vas a perderme. - sonaba muy seguro de eso.
- ¿Puedes prometerlo?
-No
- ¿Entonces? Eso no funciona para mí.
-Buscaré a alguien que me remplace entonces. -parecía que tenía respuestas a todo lo que le decía.
- ¿Será como tú?
-Es poco probable.
-Entonces no lo quiero.
- ¿Qué quieres entonces?
-Alejarme de ti y quedarme. Mirarte por siempre, pero duele. Que te fundas conmigo en el horizonte para ya jamás llorar. Quiero que…quiero que me encuentres. -Sabía que estaba sorprendido, lo sabía porque él contenía la respiración. -No quiero que nadie más me encuentre. -susurré y él se dio la vuelta, lo imité. Nuestros ojos quedaron a la misma altura y a través de ellos vi el universo explotar.
-Eres la persona más extraña del universo.
- ¿Eso crees?
-Estoy completamente seguro.
- ¿Y es malo?
-Creo que es mejor estar con la persona más extraña del universo que con la más normal.
-Pero quizás la más normal no te haga llorar -él rió ligeramente.
-Quizás, quizás no me haga llorar, ni me haga estar confundido todo el tiempo. Quizás solo veamos televisión sin verla y comamos la misma comida siempre, quizás nunca viajemos hasta un lugar solo para tirarnos a ver el cielo y quizás el pecho no me duela tanto -mis labios se tensaron y baje la mirada. Era hora, tal vez, de dejarlo marchar -Pero oye -dijo después de un rato dándole un golpecito a mi frente para que lo mirara -A la más normal no la querría tanto como a ti. -A través de sus ojos vi los míos iluminarse y mis mejillas se tensaron para crear una gran sonrisa.
- ¿Me quieres mucho?
-Más de lo que sería sano.
- ¿Estás enfermo?
-Eso es tu culpa
- solté una risa breve y rodeo mi cabeza con su mano para acariciar mi mejilla.
-Si cuando no estás siento que el mundo se desvanece, es porque te quiero ¿no?
-Eso dicen.
-Entonces supongo que te quiero mucho.
-Y yo te quiero mucho a ti. -Mi corazón palpitó más rápido y junté nuestras frentes.
- ¿Dormiremos aquí? -preguntó y yo asentí, sabía que no podríamos levantarnos después de estar sin dormir por dos días. Al menos el viento no soplaba tan frío y mis parpados comenzaron a cerrarse arrullados por el vaivén de su mano sobre mi mejilla y en el duermevela escuché palabras hechas por su voz que no tuvieron sentido en ese momento.
-De ahora en adelante todo será difícil pues tengo que encontrarte, a pesar de que estas a mi lado.