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Historia 189744 — capítulo 2

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Capítulo I: La pasión esmeralda

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Debía aceptarlo, estaba perdida. No sabía dónde sentarse, y le apenaba conversar con alguien. Había sido todo un dolor de cabeza leer Historia de Hogwarts, y ya cuando parecía entender eso. Sin embargo, se sentía mejor con eso de desligarse de los muggles.

No tenía odio hacia ellos, pero no le agradaban. Todo muggle que había conocido la había tratado como un saco de basura. Esperaba, realmente, no encontrarse con desperdicios en el Mundo Mágico.

Había leído sobre las acciones de Lord Voldemort. Un hombre brillante de firmez decisiones. ¿Cómo juzgarlo? Si era como lo leía, los hijos de muggle no tenían ninguna razón para tener magia. Y los muggles no valían nada. Pero se guardó esas opiniones, puesto que su madre hablaba de su movimiento como una barbaridad.

Se había alisado lo mejor que podía el cabello. Si quería resaltar, no podía lucir como si hubiese sido atacada por un león. Sin embargo, en sus puntas habían cuidadosos rizos rebeldes, y por suerte no se veían nada mal.

Uso un lazo rosa como cinta, y su cabello lo trenzó hacia un lado. Nunca había estado tan complacida con su reflejo. Pero aún así, seguía sin puesto, y el tren ya había arrancado. Se abrió paso en un compartimento, encontrándose con un grupo bastante amplio de niños.

Junto a la puerta, siendo la primera visión que tuvo, era una niña rubia, de cabello largo y suelto, sin una sola ondulación. Sus ojos eras azules cristalinos, y sus facciones eran suaves y dulces.

A su derecha estaba otra chica, de cabello corto y recto, bastante oscuro e impecable. Era de contextura fina, y sus ojos era verdes oscuros, como pequeñas esmeraldas ennegrecidas. Sus rasgos eran toscos, pero no perdía belleza.

Al lado de la chica de cabello corto y oscuro, estaba un muchacho moreno, bastante atractivo para ser un niño de once años, como asumía que debía tener por su estatura. Ojos oscuros, igual que su cabello, y piel achocolatada.

A su izquierda, en el primer puesto, estaban dos chicos rechonchos, de cabello oscuro, uno de ojos miel y otro de ojos bastante oscuros. Estaban junto a una chica de contextura gruesa, cabello castaño claro y ojos oscuros. Pero lo que más le llamó la atención, al fondo, fue un chico rubio y estirado, de ojos grises como el mercurio y rasgos realmente hermosos y delicados.

Junto a este, en la ventana, estaba un muchacho de ojos azules como el cristal mismo, piel blanca y cabello castaño, algo revuelto. Un aura misteriosa parecía ulular a su alrededor.

—Disculpen, pensé que estaba vacío. Ya me voy —dijo con las mejillas sonrojadas como un tomate cherry, balbuceando con la nariz arrugada.

—No te preocupes, siéntate con nosotros —sonrió la chica rubia, mostrando una brillante fila de dientes blancos. Sus padres no encontrarían imperfecciones en estos.

—Espera, Daphne —masculló el rubio, que parecía ser el cabecilla de ese grupo de, lo que podía asumir, amigos. Probablemente se conocían desde antes—. ¿Cómo te llamas?

Suspiró, tratando de relajarse. Recordaba un poco la conversación de su madre con Severus Snape, pero no había entendido nada de eso.

—Hermione Granger —respondió con seguridad, tratando de que no se diera cuenta, por si acaso, que sus padres eran... Muggles—. Un placer conocerte.

—Nunca había escuchado ese apellido —musitó la de cabello negro, parpadeando, pero igual le dirigió una sonrisa algo altiva y orgullosa—. Soy Pansy Parkinson, siéntate.

Estrecharon sus manos, mientras sus pensamientos corrían al mil por hora. Ciertamente, no se sentía nada segura entre esos chicos, pero a la vez sentía algo de calidez asentarse en su estómago.

—Yo soy Daphne Greengrass —se presentó la rubia con una dulce sonrisa—. Ellos son Crabbe y Goyle, el que está al lado de Pansy es Blaise Zabini, enfrente está Millicent Bulstrode, y ese es Theodore Nott, junto a Dr...

—Soy Malfoy, Draco Malfoy —interrumpió el rubio con galantería, ofreciéndoles su mano. Esta estaba fría y tersa, la hizo temblar un poco.

—Ya me cansé de leer —dijo el castaño, Theodore Nott, dejando su libro de lado con un bufido—. Estoy ansioso.

Draco se cruzó de brazos con una pequeña risa, haciendo lindos hoyuelos en sus mejillas. Era encantador, pero estirado. Bastante snob, como solían decirlos los muggles bastardos a su persona por ser de la clase alta.

—Yo también estoy emocionada —sonrió Daphne, suspirando como una pequeña princesa. La mayoría asintió, de acuerdo en eso.

—¿Saben a qué casa van a ir? —preguntó Hermione, con la curiosidad palpándose en sus palabras.

Todos asintieron como resortes, como si la pregunta fuese demasiado obvia. Quizás sí lo era.

—Todos iremos a Slytherin —sonrió el moreno, Blaise, con orgullo—, es la mejor casa de todas. Espero que vayas ahí, eres agradable, no como los sabelotodos de Ravenclaw.

—O los inútiles de Hufflepuff —añadió Pansy Parkinson, de forma burlona—; o peor...

—Un Gryffindiota —se burló Millicent, y todos rieron, incluso ella.

Estaba decidida; iría a Slytherin. Le daba igual si sus padres eran muggles, o lo que fuera que fuese una squib. Slytherin sería su casa y ella se aseguraría de eso.

—Espero verte en Slytherin, Hermione. Sería un desperdicio de no ser así —sonrió Draco Malfoy.

O su imaginación le estaba jugando, o el rubio snob le había guiñado un ojo.

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El Sombrero Seleccionador era muy divertido. Había cantado una canción que explicaba las cualidades de cada casa, y era entretenido. Finalmente, McGonagall, como se había presentado la sub-directora, sacó una lista y comenzó a llamar gente a que se sentara en el taburete.

"Dónde harás tus mejores amigos," eso dijo el Sombrero sobre Slytherin. Le fascinaba esa casa, pero estaba nerviosa. En todo el trayecto sus amigos —¿Podía llamarlos así?— se habían burlado sobre los hijos de muggles. Esperaba que no fuese un objeto de desdén.

—Granger, Hermione.

Todo fue sumamente rápido. Cuando menos se lo esperaba, ya se encontraba sentada en el taburete. ¿Su madre no había dicho que la presentara por su apellido materno, Selwyn? De igual forma, no le dio mucha importancia.

"Vaya, qué tenemos aquí. Una mente brillante, sí, estás hambrienta de conocimientos. Te tienta la oscuridad, ¿No, pequeña?"

"—No soy una sabelotodo —le respondió la castaña en su mente—, por si piensas lo que creo que estás pensando."

"Audaz, y bastante astuta, ya veo. Eres ambiciosa, quieres ser grande y mostrar lo que vales. Eres leal y valiente, pero solo con quienes te muestran lealtad primero, y piensas antes de actuar. Pequeña manipuladora."

"—Date prisa, estás tardando demasiado."

"Eres una mestiza, hay sangre Selwyn en ti, una familia de los Sagrados Ventiocho. No vi alguien así hasta hace casi treinta años. Sé dónde llenarás tu máximo potencial... Suerte pequeña."

No sabía a qué se refería con eso, pero prefería no indagar mucho.

—¡SLYTHERIN!

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Draco Malfoy, de alguna forma, se había sentido interesado por la chica. Por lo poco que habló con ella, era inteligente, encantadora y enigmática. Sin duda le interesaba, sí. No mintió; sería un desperdicio verla en otra casa.

Cuando fue sorteada en Slytherin, aplaudió con emoción contenida en sus adentros, y frialdad en su exterior. Sin embargo, muchos profesores se muraron preocupados, y varios alumnos cuchichearon.

—Pero es hija de muggles... —balbuceó Susan Bones—, me lo dijo en el hall de bienvenida.

—¿Una hija de muggles en Slytherin? Debe haber un error —musitó un pelirrojo mugriento: Ronald Weasley.

Entrecerró los ojos con curiosidad. ¿Hija de muggles? La chica había dicho que su madre era Selwyn y su padre un Granger. ¿Acaso había mentido?

La selección siguió y ya todos habían sido sorteados. Su grupo de amigos, léase Blaise, Theodore, Crabbe, Goyle, Millicent, Daphne y Pansy estaba sentados cerca de la "hija de muggles en Slytherin". Aún le parecía irreal.

—Y-Yo... —balbuceó la castaña cuando Theodore se lo preguntó directamente. Mientras Malfoy intentaba mordisquear un pastelito sin que le diera un infarto.

—¿Qué más da? —masculló un chico de cabello castaño rojizo, con una expresión algo fría—. Soy Adolf McFreesis, prefecto de Slytherin. Bienvenida, seas sangre sucia o no ya eres de los nuestros, y nosotros cuidamos a los nuestros. Supongo que eres nuestra sangre sucia.

—Pero dijiste que eras una Selwyn —dijo Daphne con frialdad reluciendo en sus palabras.

Hermione Granger se removió algo incomoda, jadeando, como si necesitase dejar salir algo que la carcomía por dentro.

—Necesito decirles algo, no sé nada sobre eso —musitó, visiblemente nerviosa. Los Slytherin la instaron a hablar con la mirada—. Mi padre es muggle, pero mi madre sí es Selwyn, solo que es una squib. No sé lo qué eso significa y...

Todos la interrumpieron con un jadeo de alivio, excepto Draco. Él solo miraba con interés como su nariz se arrugaba suavemente.

—Significa que es una persona que nació de una familia mágica pero no puede hacer magia, lo contrario a un hijo de muggles. Y significa que eres mestiza, no sangre sucia —explicó Blaise, bebiendo juego de calabaza—. Es un alivio, casi me matas de un infarto.

Las mejillas de Hermione se encendieron en un adorable sonrojo. Draco sonrió, cruzándose de brazos.

—Los squibs son... Algo extraño, y nada que merezca respeto. Pero tu sangre es mágica, eso es bueno. Yo también soy mestizo, así que no te preocupes —bufó Adolf, el prefecto, tragándose un hielo entero—. Pero espero que aclares que no eres una sangre sucia.

—Si tu padre es muggle, ¿Simpatizas con ellos? —preguntó Pansy con cierto asco.

Hermione negó con la cabeza, sacudiendo los rizos que caían en su coleta.

—Mi padre es un asqueroso muggle, igual que todos los que he conocido. Son escoria... Y me alegra no estar ligada a ellos —dijo con orgullo, aunque él más que orgulloso —que sí lo estaba—, se sintió aliviado.

Pansy sonrió, de acuerdo con la respuesta.

—Me agradas, Hermione. Bienvenida a Slytherin —sonrió la de cabellos negros, apoyando su rostro sobre su mano—. Estoy segura de que a mis padres les agradarás también.

La chica era una Slytherin con todas las de la ley. Eso lo tranquilizó bastante.

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En Malfoy Manor, Narcissa se apresuró a leer la carta de su hija junto a su esposo. Había sido rápido, tomando en cuenta que su hijo odiaba escribir cartas.

"Queridos madre y padre;

Seguramente les sorprende que les escriba tan pronto, pero es un suceso importante y muy curioso. Conocí a una chica en el tren, se llama Hermione Granger y pertenece a la familia Selwyn.

Fue sorteada en Slytherin, y me sorprendí de escuchar que es una sangre sucia. Por suerte, nos aclaró en la mesa, es hija de un muggle y una squib. Hablé con ella, y sus padres son un asco. La tratan bastante mal. Por eso les escribo, esperaba que pudiese invitarla en Navidad junto a mis amigos.

No deben preocuparse mucho, cree en nuestros ideales de la sangre, es una excelente y brillante Slytherin, y odia a los muggles y a los sangre sucias. Con solo una semana de clase es excepcional, ha ganado muchos puntos para nuestra casa. Es muy inteligente.

Espero que lo piensen. Y quiero que me envíen una escoba.

Con cariño, D.M."

—Parece que Draco ha hecho una amiga especial —sonrió Narcissa, viendo la expresión serena de su esposo mientras envolvía la carta—. Sin embargo, me preocupa la niña. Draco no es el tipo de personas que sienten lástima, ¿En qué condiciones estará esa chica?

—No muy buenas, con un padre muggle y una madre squib —dijo este con algo de asco—. No veo nada de malo invitarla, y al parecer, si Draco la señala como 'brillante', debe ser porque le agrada de forma... Especial.

—Pobre criatura —bufó la matriarca, sentándose junto a su marido—, crecer con inmundicias debe ser terrible. Debería mostrarle el lado bueno de la magia cuando venga, sí.

—Estoy seguro de que lo harás, cariño —sonrió el hombre de ojos grises, tomando su mano y acariciando su mejilla izquierda—. Odia a los muggles, debe ser una gran pieza a nuestro favor. Los Selwyn fueron una familia muy importante en su momento, y con la muerte de Marius Selwyn... Era mortífago. Quizás, si tomamos a la niña en nuestra ala desde temprano, podemos guiarla a nuestro favor. No dudo en que estaré complacido con la adición de la niña en nuestro grupo.

—Hablas de ella como si fuese un diamante en bruto, Lucius querido —musitó esta, parpadeando—. Debemos conocerla primero, aunque tengo una buena intuición de esto

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¡Hola! En serio, no saben cuan agradecida estoy con la acogida que tuvo esta historia. No me esperaba cinco comentarios y tantas visitas con solo el prólogo.

Suelo actualizar a diario, máximo a los dos días, como mis lectores recurrentes han podido notar. Esta vez actualicé dos veces un mismo día debido a que el anterior era un corto prólogo, y este es el capítulo de hoy como tal.

Ya pudieron notar lo diferente que será del canon. Ya hay señas de Dramione, y como Hermione presenta una aversión a los muggles similiar a la de Tom Riddle. Esto puede ser peligroso para la Orden en un futuro, sí señor.