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Leyendo la Sangre del Olimpo. — capítulo 4

Thalia mantenía el ceño fruncido, maldiciendo a diestra y siniestra por la suerte de su bendito sobrino. Sí, ella lo aceptaba. Iba a tener un sobrino. Otro a la lista de las personas a las cuáles vería morir.

Sacudió su cabeza, deseando apartar lo más pronto posible de entre sus pensamientos lo último. Abrió el libro, antes de dirigirle una última mirada a su hermano, y se dedicó a leer lo más rápido que se le fuera posible.

—Evan III

En cierta forma la conocía. Llevaba un vestido con estampado de flores verdes y rojas, como la falda de un Árbol de navidad. Coloridos brazaletes de plástico en sus muñecas. Vestía exactamente cómo la última vez que su padre la había visto, antes de ser dejado en Casa del Lobo.

—¿Aún la recuerdas? —Le preguntó Piper a su novio por lo bajo, viendo como éste aflojaba el agarre de su mano. Un asentimiento de parte del rubio fue su respuesta.

Su cabello, una sobre cargada corona de rizos teñidos de rubio y su olor era de limones y aerosol.

Sus ojos eran azules como los de su padre Jason, y como los suyos propios, pero brillaban con una luz quebrada, como si acabase de salir de un búnker después de una guerra nuclear. Buscando ávidamente por detalles familiares en un mundo que cambio.

—Nieto. —Ella abrió los brazos.

—¿Cómo se atreve? —Se interrumpió a sí misma Thalia, frunciendo los labios.

Annabeth le puso una mano sobre su hombro, transmitiéndole tranquilidad. La chica suspiró antes de continuar con su lectura.

La visión de Evan tembló. Los fantasmas y guls no importaban ya.

Su disfraz de Niebla se quemó. Su postura se enderezó. Sus articulaciones dejaron de doler. Su bastón se convirtió en una gladius de oro Imperial. La sensación de quemadura no desapareció. Recordaba esos días cuando él era un chiquillo curioso y veía como Levi era visitado por su abuela, Sally Jackson, o cuando visitaba a Faith y ésta se encontraba junto a su abuela.

—Oye, hermano —Jason se giró, para observar a Percy— a mamá no le molesta tener muchos nietos, ¿sabes?

Jason le dedicó una sonrisa agradecida, que fue fácilmente correspondida. Se giró, para observar como Nico intentaba llamar la atención de Will, pero éste hacía como si el pelinegro no existiera. Jason suspiró.

«Le agradeceré después» pensó el rubio.

—¿Abuela? —logró decir.

—Sí, querido. —Su imagen parpadeó—.Ven, abrázame.

—Su imagen parpadeó —susurró Annabeth. Piper le observó extrañado.

—Tú... tú no eres real.

Evan se esforzaba en poner de su encanto vocal hacia sí mismo, pero parecía no funcionar.

—Por supuesto que lo es. —La voz de Michael Varus sonaba muy lejos—. ¿Crees que Gea dejaría que un espíritu tan importante languideciera en el Inframundo? Es tu abuela, Beryl Grace, estrella de televisión, amor del rey del Olimpo, quien la rechazó no solo una vez, sino dos, en sus dos formas dividas, griega y romana. Ella merece justicia como cualquiera de nosotros.

—Hijo, no lo escuches.

El corazón de Evan temblaba. Los pretendientes se aglomeraron alrededor de él, mirando.

Soy su entretenimiento**, se dio cuenta Evan. Los fantasmas probablemente lo encontraban más divertido que dos mendigos luchando a muerte.**

La voz de Dominic se oyó a través del zumbido en su cabeza.

—Evan, mírame.

Él estaba a seis metros de distancia, sosteniendo su ánfora. Su sonrisa había desaparecido. Su mirada era feroz y dominante, tan imposible de ignorar como la pluma azul de harpía en su cabello.

Piper observó a Drew, y todas sus dudas desaparecieron. Ese chico era hijo de ella, ambos tenían la misma mirada feroz y dominante, la misma que ella le había dirigido cuando se convirtió en capitana de la Cabaña de Afrodita.

—Eso no es tu abuela—. Su voz está haciendo alguna clase de magia, como el encanto, pero más peligroso—. ¿No lo puedes sentir?'

—Él está en lo correcto. —Zoella se subió a la mesa más cercana. Pateó a un lado un plato, sorprendiendo a una docena de pretendientes—. Evan, eso es solo un remante de tu abuela, como un ara , tal vez, o...

—¡Un remanente! —El fantasma de su abuela sollozó—. Sí, mira a lo que he quedado reducida. Es culpa de Júpiter. Nos abandonó a tu padre y a mí.

—Gracias por incluirme —murmuró sarcásticamente Thalia por lo bajo.

¡Él no me ayudaría! No quise dejar a tu padre en Sonoma, cariño, pero Juno y Júpiter no me dejaron otra opción. Ellos no permitirían que estuviéramos juntos. ¿Por qué pelear para ellos?

—Porque ella no lo hizo por mí —dijo Jason, su mirada siendo feroz y vacía.

Únete a estos pretendientes. Lidéralos. ¡Podríamos ser una familia de nuevo! ¡Podría ser la abuela que siempre deseaste tener!

—No lo hagas, chiquito —dijo Afrodita, quién parecía sumamente interesada en la lectura.

Evan sintió cientos de ojos sobre él.

Esta ha sido la historia de mi vida**, pensó amargamente.**

—Igual que la mía —soltó Jason, haciendo que unos cuántos semidioses romanos se removieran en su lugar.

Todos siempre lo han observado, esperado que los lidere. Desde el momento en que llegó al Campamento Júpiter, siendo presentado como legado de Júpiter, la mayoría esperaba que él tomara las riendas, como su padre. Pero él no era Jason Grace, y nunca lo sería.

Nuevamente, los semidioses romanos se removieron, incómodos y totalmente arrepentidos por sus acciones pasadas y, al parecer, futuras.

Al igual que a su padre, lo hicieron pretor de todas formas. Como nieto de Júpiter, su futuro ya estaba asegurado.

—¡Por supuesto que no! —Chilló Thalia—. Mi sobrino será quién él desee ser, no dejaré que nadie se atreva a decirle lo contrario.

Jason observaba admirado a su hermana mayor, pero por dentro, sintiéndose totalmente agradecido.

Recordó lo que Hércules le dijo en las Escaleras de Gibraltar: " No es sencillo ser hijo de Zeus, mucho menos su legado. Demasiada presión. Eventualmente, puede hacer que un hombre se rompa "

Jason sabía que las palabras de Hércules contenían toda la razón, pero no pudo evitar ver a sus primos; a Percy y a Nico, ambos habían sufrido, llorado y gritado a causa de ser hijos de los Tres Grandes.

Ahora Evan estaba aquí, tan tenso como la cuerda de un arco.

—Abandonaste a papá y a tía Thalia —le dijo a su abuela—. Eso no fue culpa de Júpiter o Juno. Fuiste tú .

—¡Eso es, Evan! ¡Sácale las sábanas al sol a tu abuela! —Animaba Leo, haciendo que la tensión que se sentía poco a poco fuera desapareciendo a causa de las risas.

—¿Las sabanas qué? —Preguntó entre risas Percy.

—Es un dicho.

Beryl Grace retrocedió un paso. La preocupación se le notó en las líneas de expresión alrededor de los ojos, el dolor pintado en sus labios le recordó a su tía, Thalia.

—¡Oye! —Se quejó la cazadora— No me compares con esa mujer.

Aunque a Hestia no le agradaba la forma en cómo hablaba la joven de su madre, en su interior sabía que esa mujer se lo merecía.

—Querido, le dije a tu padre que volvería. Esas fueron mis últimas palabras.

«Pero no volvió» recordó Jason.

Evan tembló. Recordó los ojos vacíos de su padre mientras le contaba como su madre le había prometido volver, pero al final no lo había hecho. Había llorado, gritado y pataleado por su madre, por su hermana, hasta que los lobos llegaron por él.

La diosa del amor observó con tristeza al hijo de Júpiter, después de todo, ella podía sentir lo que el muchacho había sentido. Y él lo estaba sintiendo de nuevo, al igual que ella.

Evan conoció el sufrimiento de su padre. Evan conocía lo que era una buena madre, gracias a la suya propia y a sus tías. Evan conocía lo que era una buena abuela, gracias a Sally Jackson y  Naomi Solace.

—¿Mi mamá? —Will no ocultaba su asombro, al igual que el resto de semidioses lo hacían.

—¿Desde cuándo eres buen amigo de Jason, Solace? —Le habló Nico, Will lo observó y bufó un poco para luego sonreír.

—¿Acaso estás celoso?

Los semidioses veían divertidos la escena, al igual que Hades, Apolo, Hermes y Poseidón, mientras Atenea rodaba los ojos junto a Artemisa y Afrodita veía con ternura a los dos jóvenes. Para su sorpresa, Nico río antes de fulminar con la mirada a Will.

—Vete al Hades.

—¿Por qué? Hoy no visitamos a tu papá.

Un sonoro «ohhh» se escuchó por parte de sus amigos, mientras que Will chocaba los cinco con su padre y con sus hermanos.

Hestia le indicó a Thalia que continuara leyendo antes de que la pareja continuara peleando.

Su abuela rompió su promesa.

Las personas mienten. Las promesas se rompen.

Evan las cumplía. Mantenía sus promesas. Nunca querría abandonar a alguien en la forma en que su abuela había hecho con ellos.

Y ahora ella estaba de regreso.

Del otro lado de la mesa. Antínoo levantó su copa.

—Encantado de conoceros, nieto de Júpiter. Escuchad a vuestra abuela. Tenéis muchas quejas contra los dioses. ¿Por qué no os unís a nosotros? ¿Supongo que esta hermosa doncella y apuesto caballero son vuestros amigos? Los invitaremos. ¿Deseáis que vuestra abuela permanezca en el mundo? Podemos hacerlo. Si deseáis ser rey...

—No. —La mente de Evan le daba vueltas—. No, no soy de los tuyos.

Michael Varus lo miró con ojos fríos.

—¿Estás tan seguro, mi compañero pretor? Incluso si derrotas a los gigantes y a Gea, ¿regresarías a casa como lo hizo Odiseo? ¿Dónde está tu casa ahora? ¿Con los griegos? ¿Con los romanos? Debes elegir. Aunque nadie te aceptará.

—¡Eso no es cierto! —Habló Hazel— todos aceptaremos a Evan.

Semidioses asentían ante las palabras de la hija de Plutón, mientras que Hestia veía con orgullo a los chicos. Suschicos, principalmente a los del Campamento Mestizo. Jason no podría estar más contento de haber elegido a su propia familia.

Y, si regresas, ¿quién puede decir que no encontrarás ruinas como estas?

Evan escaneó el patio del palacio. Sin los balcones ilusorios y columnatas, no había más que un montón de escombros en una colina yerma. Sólo la fuente parecía real, vomitando arena como un recordatorio del poder ilimitado de Gea.

—Fuiste un oficial de la legión —le dijo a Varus—. Un líder de Roma.

—Tal como tú lo fuiste —dijo Varus—. Las lealtades cambian.

—¿Crees que pertenezco a esta gente? —preguntó Evan—. ¿Un grupo de perdedores muertos esperando una limosna de Gea, lloriqueando porque el mundo les debe algo? Alrededor del patio, fantasmas y guls se pusieron de pie y sacaron las armas.

—¡Cuidado! —Dominic le gritó a la multitud—. Cada hombre en este palacio es su enemigo. ¡Todos les apuñalarán por la espalda a la primera oportunidad!

Durante las últimas semanas, el encanto de Dominic se había vuelto realmente potente. Él decía la verdad, y la gente le creía. Se miraron de reojo los unos a los otros, con las manos apretando las empuñaduras de sus espadas.

—Ese es mi hijo —dijo Drew, sonriendo con arrogancia. Piper suspiró con rendición, mientras el resto la veía perplejo.

—¿Cómo estás segura que es tuyo?

Drew rodó los ojos. —Porque además de McLean, yo soy la única que posee embrujahabla.

Los chicos asintieron, pero había una duda rondando por su cabeza: ¿quién fue el idiota que terminó atado a la insoportable Drew Tanaka? Y ¿por qué su hijo no se parece a ella?

Y aunque el suyo propio fuera fuerte, fuera poderoso,

—Dioses —exclamó Percy— suficiente tenemos con Piper, ¿y ahora también a su hijo?

La mayoría río ante la expresión de horror del hijo de Poseidón.

el de su novio era mejor.

Drew amplió su sonrisa.

La abuela de Evan dio un paso hacia él.

—Querido, se sensato. Renuncia a tu misión. Su Argo II nunca podría hacer el viaje a Atenas. Incluso si lo hiciera, está el asunto de la Atenea Partenos.

Will se abrazó a lo más cercano que tenía; la pierna de su padre. Mientras que los semidioses amigos de Nico se veían nerviosos, Hazel se empezaba a morder las uñas y Hades rogaba que su futura nieta estuviera bien. El propio Nico empezaba a hiperventilar.

Un temblor lo recorrió.

—¿Qué quieres decir?

—No finjas ignorancia, mi querido. Gea sabe lo de tus amigos. Nya, Faith nieta de Hades y Chuck el sátiro. Para matarlos, la Madre Tierra ha enviado a su hijo más peligroso; el cazador que nunca descansa.

El entrenador Hedge casi vomita mientras su esposa Mellie apretaba a su pequeño hijo contra su pecho, Clarisse La Rue apretó su lanza haciendo que sus nudillos se tornaran blancos. Will Solace se desmayó mientras Nico perdía el poco color que tenía.

—Apolo —le llamó Zeus, éste se giró para observar a su padre mientras sostenía a Will— despierta a tu hijo.

El dios del sol asintió, para chasquear sus dedos frente al rostro de un hijo, haciendo que éste volviera en sí.

Pero tú no tienes que morir.

Los guls y fantasmas se acercaron, doscientos de ellos enfrentándose a  Evan en anticipación, como si fuera a guiarlos en el himno nacional.

El cazador que nunca descansa**.**

Artemisa contuvo la respiración.

Evan no sabía quién era, pero tenía que advertirles a Nyah y a Faith.

Lo que significaba que tenía que salir de aquí con vida.

Miró a Zoella y a Dominic. Estaban a la espera de su señal.

Se obligó a mirar a su abuela a los ojos. Recordaba cuánto había rogado a Júpiter, a Afrodita, a cualquier dios tener una abuela propia cuando era un niño. Pero Evan ya no era un niño. Era un veterano de batalla, un semidiós que se había enfrentado a la muerte innumerables veces.

El último comentario hizo que Piper se tornara pálida.

Y lo que vio frente a sí no era su abuela; al menos, no lo que su abuela debía ser, cariñosa, amorosa, desinteresadamente protectora.

—Como madre no fue nada de eso —dijo Thalia, frunciendo el ceño— mucho menos lo sería como abuela.

Jason asintió en silencio.

Zoella lo había llamado un remanente.

Michael Varus le había dicho que lo que sostenía a los espíritus aquí eran sus deseos más fuertes. El espíritu de Beryl Grace literalmente brillaba con necesidad. Sus ojos exigían la atención de Evan. Sus brazos se extendían, desesperados por poseerlo.

—¿Qué quieres? —preguntó— ¿Qué te trajo aquí?

—¡Quiero vida! —exclamó—. ¡Juventud! ¡Belleza! Tu abuelo podría haberme hecho inmortal. Podría haberme llevado al Olimpo, pero me abandonó. Tú puedes arreglar las cosas, Evan. ¡Eres el guerrero que me enorgullece!

Su aroma a limón se volvió acre, como si estuviera empezando a arder. Evan recordó algo que su tía Thalia le había dicho. Ella se había vuelto cada vez más inestable, hasta que su desesperación la había vuelto loca. Ella había muerto en un accidente de auto, el resultado de conducir ebria.

El vino aguado en el estómago de Evan se revolvió. Decidió que si vivía más allá de este día nunca volvería a beber alcohol.

—Una sabia decisión —halagó Atenea, viendo disimuladamente a Dionisio.

—Eres una manía —decidió Evan, la palabra le provino de sus estudios en el Campamento Júpiter de hace mucho tiempo—. Un espíritu de locura. Eso es lo a lo que has sido reducida.

—Soy todo lo que queda —estuvo de acuerdo Beryl Grace. Su imagen parpadeó a través de un espectro de colores—. Abrázame, hijo. Soy todo lo que te queda.

El recuerdo del Viento del Sur le habló en la mente: " No podéis escoger a vuestros progenitores. Pero podéis elegir vuestro legado "

Evan sintió como si hubiera sido reensamblado, una capa a la vez. Sus latidos se estabilizaron. El frío dejó sus huesos. Su piel se calentó en el sol de la tarde.

—No —dijo con voz ronca. Echó un vistazo a Zoella y Dominic—. Mi lealtad no ha cambiado. Mi familia se acaba de ampliar. Soy un hijo de Grecia y de Roma, al igual que mi padre. Será mejor que te largues, antes de que pierda el poco respeto que tengo hacia ti—Regresó la mirada hacia su abuela por última vez—. No soy, ni nunca he sido tu nieto.

Miles de aplausos y silbidos se escucharon en la sala de tronos de parte de los semidioses. Mientras exclamaban cosas desde «¡Ese es mi hijo!»hasta «¡Patéales el trasero, hombre!».

Hizo la antigua señal para alejar el mal, tres dedos curveados en forma de garra sobre el corazón, y el fantasma de Beryl Grace desapareció con un suave siseo, como un suspiro de alivio.

El gul, Antínoo dejó a un lado su copa. Estudió a Evan con una mirada de perezoso disgusto.

—Bueno, entonces —dijo—, supongo que tendremos que mataros.

Todos los enemigos alrededor de Evan se le acercaron.

Un par de quejas se escucharon, sabiendo que era el final del capítulo, mientras tanto, un semidiós alzaba su mano.

¡Mil graciaaaaas! Por sus comentarios, sus favoritos, ¡por todo! Sino fuera por ustedes, ésta historia no funcionaría. ¡Infinitas gracias!<3