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Maldito hurón — capítulo 10

Rose llega puntual a su castigo. El profesor Longbottom y la profesora Melanie Chillton, la Jefa de la Casa Slytherin, decidieron que ella y Malfoy deberían limpiar el salón de trofeos. Lo único que fastidia más a los niños que otra cosa es tener que compartir el mismo castigo. Entra al salón para descubrir con sorpresa que Malfoy ya se encuentra ahí con las cosas que necesitan para cumplir su castigo. Él asiente con la cabeza en forma de saludo y ella hace lo mismo, cada quien toma lo que necesita y se alejan lo más que pueden del otro. El único sonido que se escucha es el de sus reparaciones, ninguno se habla, ni siquiera se miran. Se ignoran mutuamente, como si el otro no estuviera ahí. Si Albus estuviera ahí, los miraría exasperado, rodaría los ojos y murmuraría: "Que inmaduros". Llevan la mitad de su tarea hecha y siguen sin hablarse, pero ambos están aburridos y el tiempo pasaría más rápido si conversaban un poco, aunque sea del clima. Sólo que son demasiado orgullosos para comenzar a hablar. Finalmente, Malfoy suspira. —¿Hiciste la tarea de Transformaciones? Aparte de Defensa Contra las Artes Oscuras, los Gryffindor y los Slytherin también comparten Transformaciones. —Si, ya la terminé. —Pero si hay que entregarla la semana que viene. Rose se encoge de hombros. —No me gusta dejar las cosas para último momento. —Oh, pues yo hago eso. Ella sonríe un poco, tomando el siguiente trofeo que hay. Su sorpresa y admiración aparecen al ver que lleva el nombre de su madre y se le fue otorgado por graduarse con los mejores honores. Espera que algún día ella pueda tener un trofeo igual. —Albus me dijo que irías mañana a casa de Hagrid con nosotros —comenta Rose. —Si. Dijo que a Hagrid no le importaría. —¿Y no tienes planes? Mañana es sábado, capaz te juntarán con tus amigos —Malfoy baja la vista, avergonzado y se pone rojo. Rose lo mira confundida—. ¿Qué pasa? —Aparte de mis primos y Albus, no tengo amigos —revela sin mirarla. Rose abre los ojos confundida, realmente creía que el niño tenía una gran cantidad de amigos. —Al ser un Malfoy, muchas personas creen que soy igual a mi abuelo —explica y se encoge de hombros, fingiendo indiferencia, pero ella detecta un poco de tristeza y angustia en sus ojos. Rose suspira, ella es una de esas personas que piensan eso. Pero toma una decisión, por mucho que sabe que eso molestará a su padre, James y Fred. —Rosebud Weasley —dice, estirando su brazo. Malfoy la ve confuso—, pero si me dices así, no dudaré en darte una patada en tu trasero; llámame Rose. Él sonríe. —Scorpius Malfoy —dice de vuelta, estrechando su mano. —¿Sabes? Por mucho que seas mi amigo, siempre serás para mí un maldito hurón.