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Maldito hurón — capítulo 28

Albus, Rose y Scorpius caminan por los jardines de Hogwarts, comentando como fueron sus vacaciones; es obvio que el de los primos fue mucho mejor. Rose aún no para de agradecer el libro que Scorpius le regaló, lo ha leído más de cinco veces y se ha convertido en su favorito. —Papá dijo que podrías venir en casa en verano —comenta Albus—. Te has convertido en un Weasley honorario, abuela Molly te quiere conocer. —¿De verdad? ¿No le importa que sea un Malfoy? —A ella nunca le ha importado eso —le informa Rose—. En cambio, mi padre, mis tíos y mi abuelo..... Pero como todos mis primos comentan lo genial que eres, quieren conocerte; se les hace difícil aceptar que un Malfoy no sea.... uh, bueno, como tu abuelo. —Entiendo, no te preocupes. Tal vez mis padres me dejan, Al. Sería divertido —dice Scorpius sonriendo. Rose se despide de ellos y va a su Sala Común, tiene que arreglar sus cosas para mañana. Se entristeció al saber que no podría llevar la escoba a Hogwarts, pero el curso siguiente si lo haría y entraría a las pruebas para ser la cazadora del equipo de Quidditch de su casa. La había dejado en un lugar seguro para que Hugo no la toque, aunque no tiene por qué preocuparse, a su hermano únicamente le gusta ver los partidos, más no jugarlos. Ya es hora del té cuando acaba y baja corriendo las escaleras para ir al Gran Comedor, más se detiene al ver a Lorcan. Camina hacia él y le pega con fuerza en el brazo, sus amigos lo miran con diversión y uno incluso murmura: "Tu novia te domina, Scamander". Ellos se van y Lorcan le sonríe a Rose, más la mira confundido. —¿Qué ocurre?  —No me viniste a visitar en Navidad —le reclama, cruzándose de brazos. —Lo siento, Rosie. No me ha dado tiempo. Papá estuvo hablando todo el tiempo de la nueva criatura que encontró y Lysander y yo estuvimos muy entretenidos con eso. Me olvide, lo siento. Rose bufa. Lorcan se para y la abraza. La verdad es que ambos siempre se han llevado muy bien, hasta el punto que James y Fred los burlan diciendo que acabarán juntos. —¿Vamos al Gran Comedor juntos?  En el camino estuvieron hablando de cualquier cosa, sobre todo de criaturas mágicas, ese es el tema de Lorcan. Rose se siente muy feliz con él, entran y se dirigen a su mesa. —¿Qué te parece si después jugamos al ajedrez? —pregunta Lorcan. —¡Claro! En ese instante llega Albus. Tiene una cara inexpresiva. —Scorpius me acaba de contar que sus padres se están divorciando. Está totalmente destrozado. Rose se levanta de un salto, con sólo una cosa en mente: consolar al maldito hurón.