Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← No quiero decir adiós · de

No quiero decir adiós — capítulo 1

Lloviznaba. Hayley esperaba el momento perfecto para escabullirse por la ventana de su dormitorio. Ya tenía todo planeado. Nada podía fallar. No quería seguir viviendo en su casa. En ese lugar. Sus padres creían que hacían lo mejor para ella, ya tenían planeada su vida. Básicamente, querían que fuera una ama de casa, fiel a su futuro esposo, un futuro abogado de gran futuro. Pero ella no lo quería. Se había dado cuenta de eso cuando casi había perdido su virginidad con él. Hayley "Rocket" Blunt tenía dieciocho años, y dentro de poco iría a la Universidad. En realidad, no iría. Sus padres no lo sabían, pero ella planeaba huir. No quería estudiar filosofía. No quería ir a donde planeaban sus padres que fuera. No quería seguir viviendo esa vida, ya que estaba convencida de que no era para ella. Resonó un trueno, y un relámpago iluminó su habitación. Era ahora o nunca. La tormenta que lentamente se desataba cubriría sus movimientos. Nadie sabría cual sería su destino.  Había robado algo de dinero a sus padres, porque tenía muy pocos ahorros. Creía que le alcanzaba para poder llegar a New York por medio de un vuelo. No lo sabía con certeza. Lo iba a averiguar. Se levantó de su cama, y trató de hacer el menor ruido posible.  Contó los minutos entre trueno y trueno para abrir la ventana ruidosa, y con la mochila colgada, salió.  Ahogó un grito. La lluvia la empapaba mediante ráfagas heladas. Bajó por una tubería resistente, y miró una última vez su casa. No la extrañaría. Estaba segura de ello. Casi corriendo, fue hasta la casa de su mejor amigo, de quien había estado secretamente enamorada toda su vida. Arrojó una pequeña piedra a su ventana, esperando que pudiera oírla. Un joven bastante despierto abrió la ventana, y la miró. -No puedo creer que de verdad vayas a hacer esto- dijo Norman Basings, y le arrojó las llaves de su auto, que estaba cubierto con un nylon-. Déjalo en el aeropuerto, cerca de la cafetería. Donde siempre nos reuníamos para burlarnos de tu prometido. Lo pasaré a buscar mañana. -Creí que me llevarías- dijo desesperanzada Rocket, poniéndose la capucha de su campera deportiva-. Sabes que apenas pasé mi examen de conducir... Y nunca entendí tu auto. Norman vaciló. -De acuerdo. Pero si nos descubren, fingiré tener amnesia. Rocket rió, y esperó a que su amigo bajara, entre quejidos por la lluvia. -Estás demente. -Mañana tendría que ir a la Universidad. ¿Filosofía? ¿En serio? ¿Casarme con Adam Douglas? ¿¡En serio!?- dijo exasperada ella, ocupando el asiento del copiloto-. Muchas gracias por esto, Norm. En serio. Muchas gracias. Norman le sonrió. Él también estaba enamorado de ella. Nunca había podido decírselo. -Escríbeme cuando llegues- rogó Norman, y le tomó la mano-. Por favor. Puedo guardar tu secreto, puedo decirle al que sea que no sé de ti, pero por favor, manténme al tanto de tu vida allí. ¿De acuerdo? Rocket lo miró a los ojos, y asintió. Quería besarlo, desesperadamente. -Lo haré. Lo prometo. Y fue él quien la besó. Cuando se separaron, ambos sintieron como se les partían los corazones. Se abrazaron unos momentos, y él le acarició el rostro. -No te voy a pedir que te quedes porque ya sé como funciona todo con tus padres- dijo con mucha tristeza el muchacho, y apartó la vista de la muchacha-. Nunca nos dejarían estar juntos. Harían lo imposible por separarnos, y por hacer que nuestras vidas vayan por caminos diferentes. Espero que... espero que al menos podamos ser amigos, y tal vez en algún punto futuro, estar juntos. Tengo esperanzas, Rocket. Las tengo. Estoy enamorado de ti desde que tengo uso de razón, y nada me duele más que separarme de ti ahora.  Ella volvió a abrazarlo, intentando no llorar. -Te escribiré siempre, Norm. Lo haré. -Más te vale. Vete, antes de que cambie de opinión. Rocket volvió a besarlo, y con el corazón roto, salió del auto, para correr al interior del aeropuerto, ya que la lluvia arreciaba con fuerza. Y no miró atrás. Él podría tener esperanzas de un futuro juntos, pero ella sabía que no pasaría. Acababan de separarse para siempre, y tal vez era lo mejor.

-Señorita- dijo un niño de diez años, su compañero de asiento, moviéndole con delicadeza el brazo-. La azafata dijo que estamos por llegar a New York. Pensé que querría estar despierta. Rocket sonrió, somnolienta, y lo despeinó. -Muchas gracias.  -¿Quieres dulces? -No, gracias. Disfrútalas tú.  Al momento de bajar del avión, el clima estaba tranquilo. No llovía, por suerte. Cargó su mochila, y prendió por última vez su celular. Tenía veinte llamadas perdidas de su madre.  Había dejado una carta en su cama, pero eso no había bastado.  Recordando su promesa, escribió un corto texto a Norman diciendo que acababa de llegar, y que nunca más escribiría desde ese número telefónico, que luego le diría cual sería el nuevo.  Sin saber a donde ir, se subió al primer taxi que vio, y demoró unos minutos en decir cuál sería su destino. -Lléveme al primer bar que encuentre- dijo finalmente, y se recostó en el asiento trasero-. Mejor dicho, al segundo. Lléveme al segundo. Llegó a destino y pagó por el servicio, para luego entrar al bar. Quería saber si alguien necesitaba compañera de piso, o había algún motel económico. -Disculpa...- dijo a una barista, pero ella no pareció escucharla. Tenía su edad, aproximadamente. Era mayor. Mirándola mejor, se dio cuenta de que era algo mayor-. Disculpa. -Menores de dieciocho no pueden entrar... -Tengo dieciocho- dijo, y le mostró su documento-. Necesito un trabajo. Y un lugar donde quedarme. ¿Sabes de algún motel económico o de alguien que necesite un compañero de piso? La barista la miró de pies a cabeza, y le sonrió con algo de amabilidad. -Se te nota desesperada. ¿No vas a la Universidad? -No. Huí de mi casa. Larga historia. ¿Sabes de alguien o no? -Puedes fijarte en la cartelera- señaló un viejo pizarrón que tenía anuncios pegados-. Siempre dejan avisos allí. Hayley fue rápidamente, y leyó todos los anuncios en menos de tres minutos. Alguien buscaba compañero de piso. Anotó su número en una servilleta, y cuando se volteó, vio a la amable barista. -¿Dijiste que necesitas trabajo? -Sí. De lo que sea. -Nos falta una mesera para el turno de la noche. Aquí suelen tocar bandas locales, y es cuando más necesitamos ayuda. ¿Te sirve? Rocket analizó la situación. No se encontraba en posición de negociar o de buscar otras opciones. -Claro. -Bien. Ven hoy de noche y te pondré a prueba. De noche soy la encargada. Si pasas la prueba, quedas. Anota tus datos en una servilleta y los pondré en la base de datos. Hayley obedeció, y tras despedirse, miró la dirección del apartamento donde con mucha suerte viviría.  Sonrió, intentando convencerse de que lo que hacía era para bien, y salió del bar con energía. El próximo paso sería encontrar el apartamento.