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Historia 190400 — capítulo 16

Luego del desayuno y de darle un pequeño premio a Hedwig por llevarle el correo, el  niño se dispuso a ir a clases.

Los alumnos que esperaban fuera de las aulas se ponían de puntillas para mirarlo, o se daban la vuelta en los pasillos, observándolo con atención. Harry deseaba que no lo hicieran, porque intenta concentrarse para encontrar el camino de su clase.

 En Hogwarts había 142 escaleras, algunas amplias y despejadas, otras estrechas y destartaladas. Algunas llevaban a un lugar diferente los viernes.

Otras tenían un escalón que desaparecía a mitad de camino y había que

recordarlo para saltar. Después, había puertas que no se abrían, a menos que

uno lo pidiera con amabilidad o les hiciera cosquillas en el lugar exacto, y

puertas que, en realidad, no eran sino sólidas paredes que fingían ser puertas.

También era muy difícil recordar dónde estaba todo, ya que parecía que las

cosas cambiaban de lugar continuamente. Las personas de los retratos

seguían visitándose unos a otros, y Harry estaba seguro de que las armaduras

podían andar.

Los fantasmas tampoco ayudaban. Siempre era una desagradable

sorpresa que alguno se deslizara súbitamente a través de la puerta que se

intentaba abrir. Nick Casi Decapitado siempre se sentía contento de señalar el

camino indicado a los nuevos Gryffindors, pero Peeves el Duendese encargaba

de poner puertas cerradas y escaleras con trampas en el camino de los

que llegaban tarde a clase. También les tiraba papeleras a la cabeza, corría las

alfombras debajo de los pies del que pasaba, les tiraba tizas o, invisible, se

deslizaba por detrás, cogía la nariz de alguno y gritaba: ¡TENGO TU NARIZ!

Pero aún peor que Peeves, si eso era posible, era el celador, Argus Filch.

Harry y Ron se las arreglaron para chocar con él, en la primera mañana. Filch

los encontró tratando de pasar por una puerta que, desgraciadamente, resultó

ser la entrada al pasillo prohibido del tercer piso. No les creyó cuando dijeron

que estaban perdidos, estaba convencido de que querían entrar a propósito y

los amenazó con encerrarlos en los calabozos, hasta que el profesor Quirrell,

que pasaba por allí, los rescató.

Filch tenía una gata llamada Señora Norris, una criatura flacucha y de color

polvoriento, con ojos saltones como linternas, iguales a los de Filch. Patrullaba

sola por los pasillos. Si uno infringía una regla delante de ella, o ponía un pie

fuera de la línea permitida, se escabullía para buscar a Filch, el cual aparecía

dos segundos más tarde. Filch conocía todos los pasadizos secretos del

colegio mejor que nadie (excepto tal vez los gemelos Weasley), y podía

aparecer tan súbitamente como cualquiera de los fantasmas. Todos los

estudiantes lo detestaban, y la más soñada ambición de muchos era darle una

buena patada a la Señora Norris.

Y después, cuando por fin habían encontrado las aulas, estaban las clases.

Había mucho más que magia, como Harry descubrió muy pronto, mucho más

que agitar la varita y decir unas palabras graciosas.

Tenían que estudiar los cielos nocturnos con sus telescopios, cada

miércoles a medianoche, y aprender los nombres de las diferentes estrellas y

los movimientos de los planetas. Tres veces por semana iban a los

invernaderos de detrás del castillo a estudiar Herbología, con una bruja pequeña

y regordeta llamada profesora Sprout, y aprendían a cuidar de todas las

plantas extrañas y hongos y a descubrir para qué debían utilizarlas.

Pero la asignatura más aburrida era Historia de la Magia, la única clase dictada por un fantasma. El profesor Binns ya era muy viejo cuando se quedó

dormido frente a la chimenea del cuarto de profesores y se levantó a la mañana

siguiente para dar clase, dejando atrás su cuerpo. Binns hablaba

monótonamente, mientras escribía nombres y fechas, y hacia que Elmerico el

Malvadoy Ulrico el Chifladose confundieran.

El profesor Flitwick, el de la clase de Encantamientos, era un brujo

diminuto que tenía que subirse a unos cuantos libros para ver por encima de su

escritorio. Al comenzar la primera clase, sacó la lista y, cuando llegó al nombre

de Harry, dio un chillido de excitación y desapareció de la vista.

La profesora McGonagall era siempre diferente. Harry había tenido razón

al pensar que no era una profesora con quien se pudiera tener problemas.

Estricta e inteligente, les habló en el primer momento en que se sentaron, el día

de su primera clase.

—Transformaciones es una de las magias más complejas y peligrosas que

aprenderéis en Hogwarts —dijo—. Cualquiera que pierda el tiempo en mi clase

tendrá que irse y no podrá volver. Ya estáis prevenidos.

Entonces transformó un escritorio en un cerdo y luego le devolvió su forma

original. Todos estaban muy impresionados y no aguantaban las ganas de

empezar, pero muy pronto se dieron cuenta de que pasaría mucho tiempo

antes de que pudieran transformar muebles en animales. Después de hacer

una cantidad de complicadas anotaciones, les dio a cada uno una cerilla para

que intentaran convertirla en una aguja. Al final de la clase, sólo Hermione

Granger había hecho algún cambio en la cerilla. La profesora McGonagall mostró

a todos cómo se había vuelto plateada y puntiaguda, y dedicó a la niña una

excepcional sonrisa.

La clase que todos esperaban era Defensa Contra las Artes Oscuras, pero

las lecciones de Quirrell resultaron ser casi una broma. Su aula tenía un fuerte

olor a ajo, y todos decían que era para protegerse de un vampiro que había conocido en Rumania y del que tenía miedo de que volviera a buscarlo. Su

turbante, les dijo, era un regalo de un príncipe africano como agradecimiento

por haberlo liberado de un molesto zombi, pero ninguno creía demasiado en su

historia. Por un lado, porque cuando Seamus Finnigan se mostró deseoso de

saber cómo había derrotado al zombi, el profesor Quirrell se ruborizó y

comenzó a hablar del tiempo, y por el otro, porque habían notado que el

curioso olor salía del turbante, y los gemelos Weasley insistían en que estaba

lleno de ajo, para proteger a Quirrell cuando el vampiro apareciera.

Harry se sintió muy aliviado al descubrir que no estaba mucho más

atrasado que los demás. Muchos procedían de familias muggley, como él, no

tenían ni idea de que eran brujas y magos. Había tantas cosas por aprender

que ni siquiera un chico como Ron tenía mucha ventaja.

El viernes fue un día importante para Harry y Ron. Por fin encontraron el

camino hacia el Gran Comedor a la hora del desayuno, sin perderse ni una vez.

—¿Qué tenemos hoy? —preguntó Harry a Ron, mientras echaba azúcar

en sus cereales.

—Pociones Dobles con los de Slytherin —respondió Ron—. Snape es el

Jefe de la Casa Slytherin. Dicen que siempre los favorece a ellos... Ahora

veremos si es verdad.

—Ojalá McGonagall nos favoreciera a nosotros —dijo Harry La profesora

McGonagall era la jefa de la casa Gryffindor; pero eso no le había impedido

darles una gran cantidad de deberes el día anterior.

Justo en aquel momento llegó el correo. Harry ya se había acostumbrado,

pero la primera mañana se impresionó un poco cuando unas cien lechuzas

entraron súbitamente en el Gran Comedor durante el desayuno, volando sobre

las mesas hasta encontrar a sus dueños, para dejarles caer encima cartas y

paquetes.

Hedwigno le había llevado desde la carta de su madre. Algunas veces volaba

para mordisquearle una oreja y conseguir una tostada, antes de volver a dormir

en la lechucería, con las otras lechuzas del colegio. Sin embargo, aquella

mañana pasó volando entre la mermelada y la azucarera y dejó caer un sobre

en el plato de Harry Este lo abrió de inmediato.

Querido Harry*(decía con letra desigual),*

sé que tienes las tardes del viernes libres, así que ¿te gustaría

venir a tomar una taza de té conmigo, a eso de las tres? Quiero que

me cuentes todo lo de tu primera semana. Envíame la respuesta con

Hedwig.

Hagrid

P.D: ven solo.

Harry cogió prestada la pluma de Ron y contestó:

«Sí, gracias, nos veremos más tarde», en la parte de atrás de la nota, y la envió con Hedwig.

Fue una suerte que Hagrid hubiera invitado a Harry a tomar el té, porque la

clase de Pociones resultó ser la peor cosa que le había ocurrido allí, hasta

entonces.

Al comenzar el banquete de la primera noche, Harry había pensado que no

le caía bien al profesor Snape. Pero al final de la primera clase de Pociones

supo que no se había equivocado. No era sólo que a Snape no le gustara

Harry: lo detestaba.

Las clases de Pociones se daban abajo, en un calabozo. Hacía mucho

más frío allí que arriba, en la parte principal del castillo, y habría sido

igualmente tétrico sin todos aquellos animales conservados, flotando en frascos

de vidrio, por todas las paredes.

Snape, como Flitwick, comenzó la clase pasando lista y, como Flitwick, se

detuvo ante el nombre de Harry

—Ah, sí —murmuró—. Harry Potter. Nuestra nueva... celebridad.

Draco Malfoy y sus amigos Crabbe y Goyle rieron tapándose la boca.

Snape terminó de pasar lista y miró a la clase. Sus ojos eran tan negros como

los de Hagrid, pero no tenían nada de su calidez. Eran fríos y vacíos y hacían

pensar en túneles oscuros.

—Vosotros estáis aquí para aprender la sutil ciencia y el arte exacto de

hacer pociones —comenzó. Hablaba casi en un susurro, pero se le entendía

todo. Como la profesora McGonagall, Snape tenía el don de mantener a la

clase en silencio, sin ningún esfuerzo—. Aquí habrá muy poco de estúpidos

movimientos de varita y muchos de vosotros dudaréis que esto sea magia.

No espero que lleguéis a entender la belleza de un caldero hirviendo suavemente,

con sus vapores relucientes, el delicado poder de los líquidos que se deslizan a

través de las venas humanas, hechizando la mente, engañando los sentidos...

Puedo enseñaros cómo embotellar la fama, preparar la gloria, hasta detener la

muerte... si sois algo más que los alcornoques a los que habitualmente tengo

que enseñar.

Más silencio siguió a aquel pequeño discurso. Harry y Ron intercambiaron

miradas con las cejas levantadas. Hermione Granger estaba sentada en el

borde de la silla, y parecía desesperada por empezar a demostrar que ella no

era un alcornoque.

—¡Potter! —dijo de pronto Snape—. ¿Qué obtendré si añado polvo de

raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo?

¿Raíz en polvo de qué a una infusión de qué? Harry miró de reojo a Ron,

Que parecía tan desconcertado como él. La mano de Hermione se agitaba en el

Aire.

—No lo sé, señor —contestó Harry.

Los labios de Snape se curvaron en un gesto burlón.

—Bah, bah... es evidente que la fama no lo es todo.

No hizo caso de la mano de Hermione.

—Vamos a intentarlo de nuevo, Potter. ¿Dónde buscarías si te digo que

me encuentres un bezoar?

Hermione agitaba la mano tan alta en el aire que no necesitaba levantarse

del asiento para que la vieran, pero Harry no tenía la menor idea de lo que era

un bezoar. Trató de no mirar a Malfoy y a sus amigos, que se desternillaban de

risa.

—No lo sé, señor.

—Parece que no has abierto ni un libro antes de venir. ¿No es así, Potter?

Harry se obligó a seguir mirando directamente aquellos ojos fríos. Sí había

mirado sus libros en casa pero ¿cómo esperaba Snape que se

acordara de todo lo que había en Mil hierbas mágicas y hongos?

Snape seguía haciendo caso omiso de la mano temblorosa de Hermione.

—¿Cuál es la diferencia, Potter; entre acónito y luparia?

Ante eso, Hermione se puso de pie, con el brazo extendido hacia el techo

de la mazmorra.

—No lo sé —dijo Harry con calma—. Pero creo que Hermione lo sabe.

¿Por qué no se lo pregunta a ella?

Unos pocos rieron. Harry captó la mirada de Seamus, que le guiñó un ojo.

Snape, sin embargo, no estaba complacido.

—Siéntate —gritó a Hermione—. Para tu información, Potter; asfódelo y

ajenjo producen una poción para dormir tan poderosa que es conocida como

Filtro de Muertos en Vida. Un bezoar es una piedra sacada del estómago de

una cabra y sirve para salvarte de la mayor parte de los venenos. En lo que se

refiere a acónito y luparia, es la misma planta. Bueno, ¿por qué no lo estáis

apuntando todo?

Se produjo un súbito movimiento de plumas y pergaminos. Por encima del

ruido, Snape dijo:

—Y se le restará un punto a la casa Gryffindor por tu descaro, Potter.

Las cosas no mejoraron para los Gryffindors a medida que continuaba la

clase de Pociones. Snape los puso en parejas, para que mezclaran una poción

sencilla para curar forúnculos. Se paseó con su larga capa negra, observandocómo pesaban ortiga seca y aplastaban colmillos de serpiente, criticando atodo el mundo salvo a Malfoy, que parecía gustarle. En el preciso momento enque les estaba diciendo a todos que miraran la perfección con que Malfoyhabía cocinado a fuego lento los pedazos de cuernos, multitud de nubes de un ácido humo verde y  un fuerte silbido llenaron la mazmorra. De alguna forma,Neville se las había ingeniado para convertir el caldero de Seamus en unengrudo hirviente que se derramaba sobre el suelo, quemando y haciendoagujeros en los zapatos de los alumnos. En segundos, toda la clase estabasubida a sus taburetes, mientras que Neville, que se había empapado en lapoción al volcarse sobre él el caldero, gemía de dolor; por sus brazos y piernasaparecían pústulas rojas.

—¡Chico idiota! —dijo Snape con enfado, haciendo desaparecer la poción

con un movimiento de su varita—. Supongo que añadiste las púas de erizo

antes de sacar el caldero del fuego, ¿no?

Neville lloriqueaba, mientras las pústulas comenzaban a aparecer en su

nariz.

—Llévelo a la enfermería —ordenó Snape a Seamus. Luego se acercó a

Harry y Ron, que habían estado trabajando cerca de Neville.

—Tu, Harry Potter. ¿Por qué no le dijiste que no pusiera las púas?

Pensaste que si se equivocaba quedarías bien, ¿no es cierto? Éste es otro

punto que pierdes para Gryffindor.

Aquello era tan injusto que Harry abrió la boca para discutir, pero Ron le

dio una patada por debajo del caldero.

—No lo provoques —murmuró—. He oído decir que Snape puede ser muy

desagradable.

Una hora más tarde, cuando subían por la escalera para salir de las

mazmorras, la mente de Harry era un torbellino y su ánimo estaba por los

suelos. Había perdido dos puntos para Gryffindor en su primera semana... ¿Por

qué Snape lo odiaba tanto?

—Anímate —dijo Ron—. Snape siempre le quitaba puntos a Fred y a

George….

—Será mejor que vaya a ver a hagrid….nos vemos luego.

Salieron del castillo cinco minutos antes de las tres y Harry cruzó los terrenos

que lo rodeaban. Hagrid vivía en una pequeña casa de madera, en el borde del

bosque prohibido. Una ballesta y un par de botas de goma estaban al lado de

la puerta delantera.

Cuando Harry llamó a la puerta, se oyeron unos frenéticos rasguños y varios

ladridos. Luego se oyó la voz de Hagrid, diciendo:

—Atrás, Fang, atrás.

La gran cara peluda de Hagrid apareció al abrirse la puerta.

—Entra —dijo— Atrás, Fang.

Lo dejó entrar, tirando del collar de un imponente perro negro.

Había una sola estancia. Del techo colgaban jamones y faisanes, una

cazuela de cobre hervía en el fuego y en un rincón había una cama enorme

con una manta hecha de remiendos.

—Estás en tu casa —dijo Hagrid, soltando a Fang, que se lanzó

Contra Hagrid comenzó a lamerle las orejas. Como Hagrid, Fangera

evidentemente mucho menos feroz de lo que parecía.

—La próxima vez, puedes traer a tu amigo, Te pedí venir solo, porque tengo una sorpresa para ti. Entren ya.

Desde una pequeña puerta trasera sus padres aparecieron.

—¡Mamá…Papá!- corrió a abrazarlos- ¿Qué hacen aquí?

—Queríamos verte…¿no creíste que íbamos a dejarte solo por meses cuando acabamos de unirnos verdad?- pregunto james.

—Te ves hermoso en tu uniforme…..le dijo Lily- me recuerdas a un niño apuesto que iba conmigo a la escuela.

Hagrid, que estaba volcando el agua hirviendo en una gran tetera y sirviendo pedazos de pastel.

 Harry se sentó en medio de james y Lily .

—Y mis hermanos?

—Jo, está en la escuela. Te envio saludos- le dijo su padre

—Los bebes están con la sra. Mitchel

Harry les contó  lo de la clase de Snape.

—imbécil…-mascullo James, Lily le envio una mirada significativa y james acabo por callar

—Serverus, tiene un grave problema de autoestima, se quiere muy poco a si mismo, difícilmente pueda querer a su alumnos.- explico Lily- no le hagas caso

—Pero realmente parece que me odie.

—¡Tonterías! —dijo Hagrid—. ¿Por qué iba a hacerlo?

Sin embargo, Harry no podía dejar de pensar en que Hagrid había mirado

hacia otro lado cuando dijo aquello.

—¿y en general, además de pociones…estas cómodo aquí? —se apresuro a preguntar lily—¿necesitas que te enviemos algo?

—estoy bien— Harry se preguntó si su madre no estaba cambiando de tema a propósito—aun me cuesta un pco encontrar las clases, por las escaleras cambiantes, Pero en verdad estoy bien.

—no dudes en pedirnos lo que necesites harry—le pidió su papá.

—¿y cómo van los bebes? —pregunto Hagrid.

Mientras sus padres, le contaban a Hagrid sobre Chris y Amanda, Harry miró el recorte del periódico que estaba sobre la mesa. Era de El Profeta

RECIENTE ASALTO EN GRINGOTTS

Continúan las investigaciones del asalto que tuvo lugar en Gringotts el

31 de julio. Se cree que se debe al trabajo de oscuros magos y brujas

desconocidos.

Los gnomos de Gringotts insisten en que no se han llevado nada.

La cámara que se registró había sido vaciada aquel mismo día.

«Pero no vamos a decirles qué había allí, así que mantengan las

narices fuera de esto, si saben lo que les conviene», declaró esta tarde

un gnomo portavoz de Gringotts.

Los gnomos de Gringotts insisten en que no se han llevado nada.

La cámara que se registró había sido vaciada aquel mismo día.

«Pero no vamos a decirles qué había allí, así que mantengan las

narices fuera de esto, si saben lo que les conviene», declaró esta tarde

un gnomo portavoz de Gringotts.

Harry recordó que Ron le había contado en el tren que alguien había

tratado de robar en Gringotts, pero su amigo no había mencionado la fecha.

—¡Hagrid! —dijo Harry—. ¡Ese robo en Gringotts sucedió el día de mi

cumpleaños! ¡Pudo haber sucedido mientras estábamos allí!

Aquella vez no tuvo dudas: Hagrid decididamente evitó su mirada. Gruñó y

le ofreció más pastel. Harry volvió a leer la nota. «La cámara que se registró

había sido vaciada aquel mismo día.» Hagrid había vaciado la cámara

setecientos trece, si puede llamarse vaciarla a sacar un paquetito arrugado.

¿Sería eso lo que estaban buscando los ladrones? Lanzó una mirada interrogante a sus padres, pero también estos apartaron la mirada.

—Será mejor que regresemos a casa—dijo james levantandose—Jo enseguida regresará a casa.

—asi es—respondió lilian y abrazo a su hijo—nos veremos pronto cielo

—adiós mamá—le dio un beso en la mejilla y se acercó a su padre— Hasta pronto papá.

—hasta pronto hijo, escríbeme para contarme como te fue en tus clases de vuelo…será mejor que también tu regreses al castillo.

—Bien, saluden a jo y a los bebes de mi parte.

—asi será.

James tomó la mano de Lily y partieron escondidos, Harry se reunió con Ron cerca del lago

Mientras Harry y Ron regresaban al castillo para cenar, Harry

pensaba que ninguna de las clases le había hecho reflexionar tanto como

aquella merienda con Hagrid. ¿Hagrid habría sacado el paquete justo a

tiempo? ¿Dónde podía estar? ¿Sabría algo sobre Snape que no quería decirle?