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Hermione y la lucha de dos magos — capítulo 1

Llovía aquella tarde de fin de Verano en la ciudad de Londres, que , como siempre, se encontraba abarrotada de gente. A pesar de aquello, era un día muy importante que había hecho salir a todas las brujas y magos de sus casas, pues comenzaba un nuevo año escolar en la escuela de Hogwarts, de Magia y Hechicería. Tras varios meses de reconstrucción de un castillo que había terminado en ruinas, el expreso del andén nueve y tres cuartos esperaba impaciente por llevar a sus alumnos a los terrenos del colegio.

Hermione acababa de

atravesar el muro que separaba al mundo muggle del mágico. Estaba muy emocionada. Por fin podría disfrutar de un curso escolar. Podría dedicarse enteramente a estudiar, a sacarse los E.X.T.A.S.I.S y a conseguir un empleo. Además había un chico de pelo rojo como el fuego con el que parecía que tenía una relación. Es cierto que habían hablado de eso desde que meses atrás se habían besado a cientos de metros bajo el suelo, en la cámara de los secretos, pero tampoco habían llegado a definirse como algo serio. Las preocupaciones que la jover bruja tenía eran nimias, en cambio, con respecto a ese tema, pues después de las heroicidades acontecidas meses atrás, eso no se podían considerar "problemas".

Con cariño, se despidió

de sus padres, y se subió al expreso, que la llevaría en unas horas a su segundo hogar. Todos los años esperaba por sus amigos, pero este, había llegado demasiado pronto, por lo que iba a ser mejor que fuese subiendo. Tras cruzar varios compartimentos ya llenos, encontró uno vacío. Abrió la puerta, colocó su maleta y pertenencias en un estante superior, y se sentó tranquilamente a leer *El Profeta,*el periódico mágico más conocido.

No

fue llegar a la tercera página, cuando alguión petó en su compartimento. Hermione alzó la vista, y vio a un joven chico de pelo rubio. Draco Malfoy. El chico que llevaba años metiéndose con ella y que finalmente, en la batalla de Hogwarts, se había decantado por no ser un ogro integral.

-Hola-

dijo tímidamente.

-Hola-

le contesta Hermione, que se sentía muy violenta.

-El

resto de compartimentos están llenos, y realmente no me quiero sentar con los de mi casa-, le informaba mirando al suelo-. Me preguntaba si... podría sentarme aquí.

Era

lo último que la joven bruja se iba a esperar que le dijera. Pero como educada persona que era, se lo permitió. Al rato, el expresó empezó a moverse, y Hermione se preguntaba dónde estarían sus compañeros Harry y Ron, aunque se suponía que estarían con Ginny y Neville compartiendo ranas de chocolate.

Draco

estuvo durante todo el trayecto dándole conversación, y ella, aunque no entendía realmente por qué, le contestaba de manera grata. No conocía a ese chico. Él no era Draco Malfoy. Y si lo era, el Draco Malfoy de hacía siete años no existía. Éste era agradable, e intentaba siempre que no hubiese silencios incómodos.

Cuando

ya se encontraban al final del viaje en tren, se dio cuenta Hermione de que la lluvia se había detenido. Horas hablando con Draco, y había sido tan sumamente interesante que no se había enterado del sol que ahora brillaba en lo alto.

Bajando

al rato del tren, Draco se despidió de manera muy extraña. Miraba al suelo, y le costaba encontrar las palabras. Hermione también se sentía extraña, pero no le disgustaba del todo esa sensación. Cuando se dio la vuelta, vio a sus amigos, que la miraban incrédulos. Sobre todo Ron, que se le notaba muy celoso y cabreado. Cuando ella se acercó al grupo, Ron se dio la vuelta y se marchó directo al castillo, mientras el resto no entendía lo que estaba pasando ni por qué se relacionaba Hermione con él. Pero a ella no le importaba. "No es tan malo" se excusaba. Y pronto tendría que conversar con Ron porque sabía que aquello no acabaría nada bien si no se arreglaba ya.

Mientras

el grupo avanzaba hacia los carruajes tirados por thestrals, Hermione contempló por primera vez, su última llegada al castillo como estudiante. Y viendo como el sol brillaba y el castillo resplandecía, se dio cuenta entonces de lo tonta que había sido al desear un año aburrido. Deseó así que fuera muy largo, y estuviese lleno de aventuras.