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Lily's Shoebox — capítulo 19

La mañana de San Valentín Lily tuvo que bajar sola a desayunar, su magnífico novio no se encontraba ni en su habitación ni en su sala común, eso provocó que Lily arrugara la nariz y bajara a desayunar de mal humor. Se suponía que hoy, catorce de febrero era el día de los enamorados, era un día para que pasaran juntos, que fueran una horrible pareja empalagosa que no se separara para nada, que le recordara lo increíble que era y si ella lo quisiera que le diera de comer con comentarios estúpidos. ¿Por qué su novio no había ido a despertarla con un ramo de flores o con chocolate? Eso era lo que hacían los novios normales para San Valentín. Cuando llegó al Gran Comedor y lo vio sentado junto con Sirius mientras discutían como dos perros rabiosos por el último trozo de beicon se recordó que su novio no era un chico normal. Era James Potter y tenía un novio llamado Sirius Black.

—Buenos días. —Saludó una alegre Lily para todos sus amigos pero fulminando con la mirada a los dos mejores amigos que le respondieron con un gruñido. —¿No os parece el día más bonito del mundo? —Intentó hacer reaccionar a su novio, no hubo resultado positivo, James acababa de lanzarle a Sirius una cucharada de huevos revueltos que le golpeó de lleno en su rostro. —Brilla el sol, aún hay algo de nieve, los pájaros cantan, no hay nada que hacer aunque estemos castigados…

—Evans, por qué no nos dices de una vez que quieres. ¡No, James! —Gritó la última parte de la frase, golpeó la mesa tirando el tenedor contra esta y se cruzó de brazos fastidiado y enfadado. Le gruñó a Lily, otra vez. Por su culpa había perdido el último trozo de beicon de la fuente y tenía que ver como James se regocijaba en eso.

—Eres la mejor novia del mundo, Lils. —La felicitó el chico con gafas.

—Tú el peor. —Le reprochó dejándolo completamente desconcertado.

—¿Por qué? ¡Aún no me han castigado hoy! Tampoco me he metido con Snivelly, no me he quedado durmiendo hasta la hora de comer ¡siendo sábado! No he puesto entrenamiento de quidditch… ¿qué he hecho mal?

—¿De verdad, James? —Con un violento movimiento Lily dejó el cuchillo con el que untaba su torrada en la mesa.

James miró a sus amigos, Sirius seguía demasiado rabioso para darle una respuesta, Peter estaba más perdido que él, incluso, y Remus estaba demasiado ocupado observando embobado a Elisabeth y hablando con ella. Miró a Marlene, lo encontraba demasiado divertido para ayudarle, sonreía  con maldad y movía los labios llamándole "pardillo", Abie no estaba presente, sólo de cuerpo, suspiraba como si estuviera enamorada; miró a Mary suplicante, intentó chivarle que día era pero se calló con la furiosa y fulminante mirada de Lily.

—¿Qué ocurre? ¡De verdad que no tengo ni idea Lily! ¿Es tu cumpleaños?, ¿el cumpleaños de tu madre?, ¿padre?, ¿perro?, ¿es una de esas fechas que recuerdan las novias por muy estúpidas que sean o por qué estamos castigados y no podemos ir a Hogsmeade?, ¿el cumpleaños de algún famoso con el que te tocas por las noches? ¡Oye!, ¿por qué te tocas pensando en un famoso y no en mí? —Mary le indicó a James por gestos que se callara, que era lo mejor que podía hacer, seguía completamente desconcertado, pero le hizo caso.

Lily siguió desayunando en silencio, todos parecían notar la tensión  que emanaban sus miradas asesinas y fortuitas a su novio, la brusquedad de sus gestos y como arrugaba la nariz de esa forma que gritaba a todo el mundo que estaba enfadada. Todos menos su novio, que volvía a reír con Sirius, a quien se le había pasado ya el enfado. James, después de intentar hablar con Lily tres veces y no conseguir ninguna clase de respuesta, ni buena ni mala, había vuelta a su sitio maldiciendo a todo el sexo femenino y su complicado funcionamiento.

—¿Qué haréis hoy al no poder ir a Hgosmeade? —Les preguntó Remus a sus dos amigos intentando huir de la burbuja de Lily  adentrarse a la de sus amigos.

—¿Volar? Podríamos ir a jugar a quidditch.

—O dejarnos ver un rato por el castillo y usar el mapa. —Sonrió con complicidad Sirius hacia James que entendió perfectamente que le quería decir.

James sonrió, sonrió desafiante, atrevido, temerario; de esa forma que quería decir que le podría acarrear un nuevo castigo pero que no le importaba. Cerró la mano en un puño y lo hizo chocar con el de Sirius cerrando la idea y dándola por buena.

—Casa de los gritos, a las doce.

—¿Hay algo que os importe mínimamente? Algún día os expulsarán.

—¡No pueden expulsarnos por pisar la línea roja con la punta del dedo gordo!

—Vosotros hace años que pisáis la línea roja con la punta del dedo gordo. Os esperaré un cuarto de hora, si a las doce y cuarto no habéis llegado lo entenderé como que no habéis podido salir. —Ambos amigos asintieron con la cabeza, sabían cómo funcionaba, no era la primera vez que les castigaban sin una salida a Hogsmeade.

—¡Eres increíble, James! —Lily  se levantó de la mesa enfadada y abandonó el Gran Comedor con pasos largos y violentos. Estaba roja, no tanto como su cabello pero era considerable y para tenerlo en cuenta. —Estúpido James Potter, estúpidos Merodeadores, estúpido catorce de febrero, estú…

—¿Estúpido mundo? —Escuchó como una voz se burlaba a sus espaldas de sus maldiciones, se estaba burlando y era una voz que en otras circunstancias y en susurros haría que se le erizara el bello, y un escalofrío de nervios recorrería su cuerpo como si la hubiera atravesado un rayo.

—Vete a la…

—Te estás convirtiendo en una rebelde desde que te castigaron, Lils. —Seguía burlándose. Avanzaba  a su lado con ese andar típico de él, con las manos en los bolsillos, insolente, chulesco, arrogante, desvergonzado. Su sonrisa era altanera, divertida, guasona, burlona.

—¿No te esperaban en Hogsmeade, Potter?

—Uh, la cosa va dura, mucho, para que me llames por mi apellido.

—Eres estúpido.

James cogió a Lily de la mano obligándola a detener el paso, se encontraban en medio de una de las escaleras de la Gran Escalera, se había detenido y volvía a cambiar de dirección, al placer, como de costumbre, cosa que cuando tenías prisa maldecías en todos los idiomas que conocías. El entrecejo de Lily seguía fruncido, su mirada era seria, su expresión furiosa, su cuerpo estaba tenso como si quisiera evitar hacer algún gesto del que después se arrepintiera, por su lado James sonreía, sonreía como aquel que sabe algo que la otra persona no, seguro de sí mismo, estaba relajado, todo su cuerpo emanaba despreocupación, su mirada era jovial. Lily amenazaba tormenta. James entrelazó sus dedos con los de Lily, se acercó a ella y con la mano libre le apartó un mechón que se había escapado de su trenza. Le gustaba como le quedaban las trenzas a Lily, nunca tiraban del todo de su cabello, eran rebeldes y le daban un aire desenfadado, más natural, más Lily y no tan Lily Evans Premio Anual.

—A las doce menos cuarto en la sala común. —Le informó exigiéndole su presencia.

—¿Qué te hace creer que quiero ir a tu cita con Sirius Black y con tus amigos?

—¿Quién ha hablado de ellos? Yo te aviso que nuestra sita empieza a esa hora.

—Reformularé mi pregunta, ¿qué te hace pensar que iré a nuestra cita?

—Porqué te estás muriendo de ganas de ver que te he preparado por San Valentín, ¿te creías que me iba a olvidar?—Preguntó James presuntuoso y manteniendo la diversión en la mirada ante la descolocación de Lily.

—¿Te lo recordó Remus, cierto?

—Por supuesto. —Admitió James empezando a reír, pasó la mano por su cabello despeinándolo, esta vez no era en disculpa ni repelente, esa vez quería decir "completamente pillado".

Lily se rió con él, ladeó la cabeza y alzó la mirada para poder encararlo, lo miraba enternecida. Se mordió el labio inferior, ese chico era un completo desastre, pero era su desastre y estaba perdidamente enamorada de él.

—No me vas a adelantar nada, ¿cierto?

—Por supuesto. Si lo quieres saber a las doce menos cuarto en la sala común, ahora voy hacer un poco de alboroto por allí con Sirius, para hacer notar nuestra indignación por no poder ir a Hogsmeade, ¿crees que podemos darle una pista falsa a Filch sobre un pedido sospechoso?

—Eso es muy poco original viniendo de vosotros.

—Cierto, voy  a pensar en algo de camino al baño, creo que es un perfect.

—Eres asqueroso, vete ya. —Se rió de nuevo sin saber muy bien que cara poner ante la información no necesaria que le había revelado su novio, ¿era mejor vergüenza o pudor? Lily soltó su mano y le empujó para que se fuera de allí.

James se carcajeó ante el ligero rubor que habían revelado las mejillas de Lily y como esta se cubría los ojos con la palma de su mano. Le gustaba cuando sus comentarios hacían aparecer esa Lily más correcta y decorosa. Se inclinó hacia ella y le dio un fugaz y corto beso en los labios provocando una sonrisa bobalicona en los labios de su novia antes de irse corriendo en dirección a su habitación.

A las doce menos cuarto Lily, puntual como siempre, apareció en su sala común en busca de James. Había decidido ponerse ropa cómoda y bambas como calzado, sí era San Valentín pero su novio no le tendría preparado nada normal y corriente, no iba con su forma de ser ni esas ideas cruzaban, aunque fuera por despiste, por su mente. Resopló cuando vio que James no estaba entre los estudiantes que la ocupaban, estaba lleno de compañeros de primero y segundo y de un Sirius que hacía malabares mientras le aplaudían. De su novio no había rastro. ¿Era demasiado pedir que fuera puntual una vez en su vida?, ¿si le proponía ir a conocer a sus padres también llegaría tarde? Seguramente, y seguramente se inventaría una tonta excusa como que no había encontrado sitio para aparcar su dragón. Cuando un pañuelo cubrió sus ojos Lily dio un respingo en el mismo sitio causado por el susto de dejar de ver y que todo se volviera oscuro de golpe. Siempre había pensado que la vista sería uno de los sentidos que más le dolería perder junto con el oído. Llevó sus manos hacia el pañuelo y lo resiguió palpando hasta que encontró las manos de la otra persona. Eran grandes, con algunas duricias, una tirita en el dedo pulgar y había una pulsera de hilo en su muñeca.

—¿James?

—El increíble, magnífico, único e inigualable…

—Señor Humildad. —Le cortó Lily con sarcasmo.

—No lo habría expresado mejor.

—¿Dónde vamos? ¿Por qué no puedo ver? —Preguntó una curiosa, nerviosa y ansiosa Lily. Le gustaban las sorpresas, le gustaba James, confiaba en él, pero no confiaba en su mente ni en sus alocadas ideas.

—Ha empezado tu cita de San Valentín.

—¿Era necesario vendarme los ojos? Hay muchas escaleras en Hogwarts y peldaños trampa. Me voy a caer, me voy a romper una pierna y pasaremos San Valentín en una cama de la enfermería con la atenta mirada de la señora Pomfrey vigilando que no hagamos nada.

—Que mente más sucia tienes, Evans, ¿qué hacíamos en la enfermería? Puede, si es una buena idea y está a la altura, que la sigamos y terminemos allí.

—¡Eres un guarro!

—¡Has empezado tú! —Se defendió James.

James fue dándole indicaciones todo el camino, algunas no tenían mucho sentido como que se rascara la cabeza o se metiera el dedo dentro de la nariz provocando que se ganara una reprimenda o que Lily intentara golpearle, algunas también eran falsas como un falso escalón, columna o un falso ataque de Peeves, y también podría asegurar que había hecho el camino más largo posible para confundirla y que no supiera a dónde iban ni reconocer el camino. Lo siguiente que notó fue la horrible sensación de vértigo que provocaba la aparición, cosa que la alarmó y la puso nerviosa, no sabía que estaba ocurriendo y tener los ojos vendados la sofocaba y empezaba a darle como una sensación de claustrofobia. Cuando notó de nuevo el suelo firme debajo de sus pies se quitó el pañuelo de los ojos consiguiéndolo al segundo intento, el nudo de James había sido  fuerte; con un movimiento brusco para poder ver dónde estaban e intentar entender que había ocurrido.

—Donde… ¿dónde estamos? —Preguntó una descolocada y confundida Lily, no reconocía nada de lo que la rodeaba pero tenía muy claro que eso no era Hogwarts, que eso no era Hogsmeade ni tampoco sus alrededor y por ende que estaba metido en un gran lío si alguien se daba cuenta de que había desaparecido.

—¡Bienvenida a nuestra futura casa! —Le anunció un muy alegre James Potter señalándole que había detrás de ellos.

Lily parpadeó un par de veces intentando asumir la información que James, con una radiante y emocionada sonrisa, le estaba trasmitiendo. Parpadeó dos veces más y se dio la vuelta para ver la casa que se encontraba detrás de ella, que necesitaba algunas reformas pero que en otro tiempo había sido de lo más acogedora y agradable, y volvió a mirar a James.

—James, dónde estamos y por qué no estamos en Hogwarts. —Dijo Lily despacio y haciendo respiraciones profundas, intentando mantener sus nervios bajo control.

—Estamos en Bristol, Lils, nos hemos aparecido después de pasearnos un rato por Hogwarts para que todos nos vieran, meternos en un túnel secreto que lleva a Hogsmeade y puf, desaparición y aparición. —Explicó James como si realmente no hubieran hecho nada, simplemente despertarse y bajar a desayunar como hacían todas las mañanas antes de ir a casa.  —Siempre te escucho decir que cuando te gradúes te encantaría venir a vivir aquí y con el buen tiempo coger la bici y hacer el camino que hay hacia Bath, así que he movido algunos hilos y ¡tachán! —Abrió los brazos hacia la nueva casa para volver a mostrársela a Lily.

Lily no sabía cómo reaccionar, tenía una pelea interna: gritar, patear y echarle la bronca del año por esa irresponsabilidad y jugársela a que los expulsaran por haber abandonado Hogwarts cuando no podían hacerlo o felicitarlo por ese gran domino de la aparición que ya sabía que tenía, también se debatía entre matar a James por esta locura o llenarle de besos por esa locura o si sencillamente sorprenderse por saber que le escuchaba cuando le hablaba sobre sus sueños, aspiraciones y deseos.

—Pero tú dices que odias Bath, que es como el bicho raro de Inglaterra por tener ese microclima y por estar tan lleno de turistas. También dices que serías incapaz de coger la bici para ir hasta allí, que no llegarías y morirías por el camino por ser un fumador. —Se rió Lily recordando sus palabras en una de sus últimas discusiones sobre dónde irían a vivir cuando abandonaran Hogwarts. Pasó sus manos alrededor de su cuello.

—Podría hacer un esfuerzo por la chica a la que quiero e ir algún día hasta Bath. —James rodeó la cintura de Lily con sus brazos y juntó su frente con la suya. Sonreía alegre.

Miraba a Lily a los ojos, se perdía en su profundidad, era una de las cosas que más le gustaba de esa chica pelirroja. La que más eran esas graciosas pecas que cubrían su rostro.

—¿Serías capaz de venir a vivir conmigo a Bristol? Tan lejos de tu casa y de la comida de tu madre. —Susurró Lily bromeando.

—Te seguiría al fin del mundo.

—¿Antes has dicho que me quieres?, ¿me quieres, James?

—Te amo. —Susurró James después de unos segundos de silencio y de haber negado con la cabeza sin dejar de sonreír satisfecho y con confianza.

Ese era uno de esos momentos que Lily querría que duraran para siempre, ellos dos solos, sin ningún Sirius Black a su alrededor, sin una guerra que les amenazara fuera de las paredes del colegio, sin ninguna presión por estar en séptimo y a punto de graduarse; solo ellos con la ilusión, emoción y excitación ante la idea de un futuro juntos, de iniciar una nueva aventura justo cuando las puertas de Hogwarts se cerraran a sus espaldas empujándoles a una nueva vida, sólo ellos y un tiempo que parecía detenerse pero a la vez pasando más rápido de lo normal, ellos y el latir de sus corazones, ellos y sus respiraciones acompasadas. Lily se dio cuenta de algo, era la primera vez que James le decía que la amaba, era la primera vez que James le había dicho, también, que la quería. Abrió los ojos de golpe. Su relación con James le gustaba porque era la misma que tenían cuando no tenían la palabra "novios" o "pareja" pesando encima de sus hombros, seguían siendo amigos con los beneficios de una relación amorosa y también con las pegas. Pero le acaba de decir que la amaba. James había dado el primer y segundo gran paso. Le había dicho que la amaba y le había propuesto irse a vivir juntos cuando terminaran Hogwarts.

—Te amo, James Potter. —Susurró Lily acariciando la nuca del chico con gafas con la yema de sus dedos sonriendo emocionada, se mordió el labio inferior al darse cuenta de lo que acaba de hacer, de lo que acaba de decir y de que la habían escuchado decirlo en voz alta. No era el mismo peso que cuando lo escribía en un papel o le había contado a su hermana que estaba enamorada de él, ahora había dicho las dos grandes palabras, "te amo" y sí, era cierto, ella amaba a James Potter. —Y dime, podremos dar una vuelta por nuestra futura casa.

—Podemos hacer lo que queramos, es nuestra.

La contagiosa sonrisa emocionada de James se dibujó en los labios de Lily. Fue la primera en romper el contacto visual entre ellos, alejó su cuerpo del de su novio y entrelazando sus dedos con los de él tiró para llevarlo hasta la entrada principal. La puerta de la entrada chirrió cuando empujó de ella, la vaya que decoraba su casa y la delimitaba necesitaba una mano de pintura, al igual que la fachada que también debía ser renovada, el césped estaba descuidado, había maleza y algún que otro agujero causado por algún perro, la puerta principal era de madera, era antigua, al igual que toda la casa que en algún momento debió pertenecer a una importante familia, tenía un aire señorial; dentro estaba lleno de telarañas y polvo, podría competir sin ningún problema con la Casa de los Gritos en la categoría de dejadez y abandono, el papel se despegaba de las paredes, había restos de humedades, no había ningún mueble, había ventanas rotas  aunque todas estaban cegadas con tablones de madera se habían colado hojas dentro, también algún animal había hecho de esa casa su hogar. Las escaleras parecían que en cualquier momento se desmoronaría bajo sus pies. Había corriente de aire. Lily sonrió y miró a James.

—Tiene mucho trabajo.

—Es para hacerla completamente nuestra. Bienvenida a casa, futura señora Potter.