Extraño sentimiento — capítulo 21
Rose le sonríe cálidamente a su hermano, mientras que éste sigue escribiendo en su pergamino. Puede que ella haya sacado el cerebro de su madre, pero Hugo también es listo, solo que bastante vago, hay que presionarlo para que empiece a ser tarea. Le lee un poco más del libro de Herbología y él muerde levemente su pluma, antes de continuar escribiendo con fluidez, empezando a comprender el bulbo rebotador. —¿Entonces hoy hacen las pruebas de Quidditch? —pregunta Hugo—. Me gustaría postularme como guardián. —Sabes que los de primer año no pueden participar en las pruebas. —Estúpida regla —se queja el castaño. Rose le pellizca una mejilla. —El próximo año lo harás y entrarás al equipo. Su hermano menor suspira y continúa con su tarea, dando algunas ojeadas al libro Mil hierbas mágicas y hongos para saber como continuar. Rose está a punto de felicitarlo por su hermosa y delicada letra cuando ve algo que la descoloca. Scorpius está entre los estantes, buscando algún libro en especifico, con el ceño fruncido por la concentración. Eso no es lo que le molesta a Rose, sino que unas tres chicas de Ravenclaw que están a tres mesas de ella ríen tontamente mientras lo miran. Siente el enojo crecer en su pecho. Hugo chasquea los dedos frente a ella. —¿Estás bien? Estás roja. Rose se levanta bruscamente de la mesa, haciendo saltar a su hermano, y se dirige con paso decidido hacia Scorpius, con la clara intención de marcar territorio. Él no se da cuenta de su presencia hasta que ella lo besa con enojo en la boca, aunque éste le corresponde, no la ha visto en todo el día de ayer por las pruebas que el equipo de Slytherin tuvo que hacer en busca de un nuevo golpeador. Rose relaja el ritmo del beso cuando él pasa sus brazos alrededor de su cintura y encantada escucha los bufidos de molestia de las tres chicas de Ravenclaw. —Ey, ¿a qué viene eso? —pregunta Scorpius, sonriendo a Rose. Ésta se encoge de hombros. —¿No puedo besarte? —pregunta en su lugar, aunque gira la cabeza para ver como las tres chicas salen indignadas de la biblioteca. Scorpius ríe. —Entonces Albus no se equivocaba al decir que eres celosa —Rose le sonríe culpable. Scorpius le da una caricia en el cabello que la hace suspirar—. No tienes que preocuparte, Rosie. Yo solo tengo ojos para ti. Sonriendo alegremente, ella recuesta su cabeza en el pecho de él, sintiéndose feliz, sobre todo cuando antes él le da un corto beso. Y ahí está la segunda etapa por el extraño sentimiento.