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Historia 191750 — capítulo 7
Lily resopló cansada, era la hora del desayuno. Hoy, finalmente era San Valentín y ella seguía sin tener una cita. La noche anterior James la ignoró por completo. Se sentó en el mismo sofá tapizado de rojo que siempre ocupaba, junto a Sirius, y allí se quedó, como un pasmarote, jugando al Snap Explosivo junto a sus amigos. ¡Cómo se podía ser tan idiota! ¿No había notado todas sus señales? Se había pasado, con ellos, jugando hasta la una de la madrugada a ese juego de cartas, y siempre que había tenido la ocasión, aunque no viniera a cuenta, había dejado caer referencias acerca de San Valentín. ¡Chicos! Lo peor de todo, era que hoy apuntaba a que seguiría la misma dirección. Tenía que actuar. Tenía que hacer algo, aunque sólo le faltaba hacer una cartel luminoso que gritara "James, pídeme una cita". ¿Por qué James no se daba cuenta de absolutamente nada? Vale, debía aceptar que lo había rechazado centenares de veces, ¡pero ahora quería decirle que sí! Sí, estaba actuando como una niña caprichosa y mimada, pero no era su culpa haber descubierto ahora sus sentimientos. ¿Lo importante no era que finalmente sabía que le gustaba James?
—¡Lily! —Se quejó Mary. Llevaba hablándole unos cinco minutos sobre la cita que tenía hoy, y la pelirroja no le había prestado la más mínima atención en ningún momento. —Te estoy hablando, pelirroja del demonio.
—¿Qué?
—¿Se puede saber dónde tenías la cabeza? ¡Mira! Casi has doblado la cuchara.
—¡Lo siento! Me distraje.
—Lo hemos notado, llevas como cinco minutos asesinando a James con la mirada. Creo que incluso él, lo ha notado. —Intervino Marlene, como si nada. Se terminaba su zumo de naranja.
—Basta, Mary hablaba sobre su cita. —Intentó desviar el tema. Todo lo que pudiera retrasarlo, mejor.
Mary estaba entusiasmada con ser el centro de atención y que todas estuvieran pendientes de sus planes para hoy. Hablaba de ese chico con un brillo especial en los ojos, con una sonrisa bobalicona, gesticulaba para todo, tenía las mejillas ligeramente sonrojadas y cada vez que podía miraba de reojo hacia la mesa de Ravenclaw. Cuando terminó de hablar, dejó escuchar un enamoradizo suspiro, ella flotaba cada vez más arriba. ¡Era tan endiabladamente tierna! Y a la vez irritante. Lily también quería encontrarse en ese estado de embriaguez. Como la envidaba. Volvió a mirar hacia el punto de la mesa en el que se encontraba James. El chico de pelo azabache y desordenado, volvía a no llevar las gafas, se reía escandalosamente junto con Sirius, mientras observaban hacia la mesa de Slytherin. Algo le habían hecho a Severus, pondría la mano en el fuego. Decidió ignorarlo.
—Quieres mover el culo e ir a pedírselo.
—¡Me da vergüenza! —Admitió finalmente Lily sin pensárselo. Conscientemente nunca lo hubiera hecho. Ella admitir que le daba vergüenza hablar con James.
—¡Oh, por favor! Vamos, alguien se te adelantará sino.
—¿Y qué hago? ¿Cómo lo hago? ¿Qué le digo? ¿Qué me pongo?
—¡Lily! —Exclamó quejándose Marlene. A la vez le reprimía y le incitaba a que se levantara y fuera hacia James.
A Lily le pareció que la mirada que Marlene le dedicaba se mantenía por largos e insoportables minutos, pero no fue así. Lily se sintió tan cohibida, tan pequeña, que a los dos segundos se levantó de su sitio y fue en busca de James. Sin importarle que aún estuviera acompañado de sus amigos. Lily se paró al lado de James, de pie, en silencio. Vio como Sirius le daba un par de codazos, disimulado, supuso ella o esa era la intención; para llamar la atención de su amigo y advertirle de que ella estaba allí. Lily no estaba muy segura de la expresión que dejaba ver en su rostro, pero no era amable, lo dedujo por las expresiones de los dos mejores amigos. Era tan extraño ver al uno sin el otro. Puede que ni ella lo hubiera visto jamás.
—¡Evans! Yo no he hecho nada.
Lily ladeó la cabeza confundida, arrugó el entrecejo confundida. ¿James creía que estaba allí para reñirle o llamarle la atención? Negó con la cabeza apresuradamente.
—No he venido por eso. ¡Y si has hecho algo! No me lo digas. No me interesa, no quiero saberlo.
James y Sirius se miraron de reojo, inseguros, escépticos, expectantes. Puede que incluso algo temerosos. No se esperaban que Lily Evans les dijera algo así, jamás. Es más, ellos tenían la férrea creencia de que Lily Evans disfrutaba cada vez que les castigaba y podía enviarles al despacho de la profesora McGonagall.
—Entonces… ¿qué quieres Evans? ¿Quieres que nos metamos con alguien? ¿Le golpeemos o algo así?
—¡No! Por supuesto que no. Verás… —Lily jugaba nerviosamente con su cabello. Lo enredaba, lo rizaba alrededor de su cabello, lo peinaba. Cualquier cosa era mejor que mirar directamente a James a los ojos. —¿Podemos hablar en privado? —Se atrevió a decir, finalmente, aunque fue de golpe y torpe.
James asintió con la cabeza, algo reticente y la siguió fuera del Gran Comedor.
5 minutos después
—¡Lo he conseguido! ¡Lo he conseguido! —Entró gritando James en el Gran Comedor en dirección a sus amigos. Radiante se abalanzó sobre Sirius. —Lo he conseguido. ¡Os lo dije!
—¿Qué? ¿Qué ha ocurrido?
—¡Tengo una cita!
—¿Con quién tienes una cita? ¡Habla de una vez!
—¡Tengo una cita con Lily Evans! Evans me lo acaba de pedir. —Sonrió de oreja a oreja mientras se despeinaba de nuevo el cabello.
Remus y Sirius se miraron perplejos, parpadeando incrédulos. James Potter iba a tener una cita con Lily Evans. ¿Era ese el fin del mundo?